Conversaciones y novedades

Octavio Paz en El Colegio Nacional

Ángel Gilberto Adame

Año

1958

Tipología

Novedades

 

Discurso de Paz durante su ingreso a El Colegio Nacional, 6 de agosto de 1967

[1]El Colegio Nacional se concibió como una institución diseñada para reunir a los intelectuales mexicanos más renombrados, con el propósito de ofrecerles recursos para dar continuidad a sus proyectos. Surgió también como una respuesta a la inconformidad que se generalizó entre ellos por el financiamiento gubernamental a la Casa de España en México —posteriormente conocida como El Colegio de México[2]—, sitio que congregaba a los exiliados destacados tras la guerra civil española.


          Desde su origen, se advirtió que El Colegio Nacional estaría integrado por personajes eminentes “por su ciencia y virtud”, que su sede estaría en la capital y que su lema sería “Libertad por el saber”. El secretario de Educación nombró a los primeros quince integrantes. En ese decreto se especificó la calidad vitalicia de sus miembros, el monto de los salarios a percibir y el proceso interno de inducción de nuevos aspirantes. Además, se delimitaron las fechas de inicio y término de actividades y la obligación de los integrantes de ofrecer conferencias abiertas al público.


          Fue en los cincuenta que el nombre de Octavio Paz comenzó a mencionarse como un posible colegiado. Las publicaciones de El laberinto de la soledad y Libertad bajo palabra fueron fundamentales para que se le identificara como primera figura de la literatura mexicana. Así, fue propuesto como precandidato por primera vez el 8 de septiembre de 1958 por Jesús Silva Herzog, secundado por Alfonso Reyes y Antonio Castro Leal y, el 6 de octubre, figuraba ya como candidato formal junto a Antonio Gómez Robledo y Pedro Ramírez Vázquez.[3]


          Esa elección tuvo lugar el 8 de diciembre y asistieron Alfonso Caso, Antonio Castro Leal, Daniel Cosío Villegas, Ignacio Chávez, Eduardo García Máynez, Ignacio González Guzmán, Guillermo Haro Barraza, Manuel Martínez Báez, Samuel Ramos, Alfonso Reyes, Arturo Rosenblueth, Manuel Sandoval Vallarta, Jaime Torres Bodet, José Vasconcelos y Agustín Yáñez, y fue presidida por Silva Herzog; Silvio Zavala envió su voto.[4]


          Tras el conteo de los presentes, quedó establecido que se necesitaban “12 votos para elegir y 6 para eliminar a un candidato”;[5] como escrutadores fueron nombrados Ramos y Sandoval Vallarta.[6] Satisfechos estos requisitos se procedió a la votación:


Efectuada la primera votación, el resultado del escrutinio fue: Dr. Antonio Gómez Robledo, 8 votos; Dn. Octavio Paz, 6 votos, y Arq. Pedro Ramírez Vázquez, 2 votos.

          Eliminados los Sres. Octavio Paz y Arq. Pedro Ramírez Vázquez, se procede a una segunda votación, que arrojó como resultado 10 votos para el Dr. Antonio Gómez Robledo.

          No habiendo obtenido ninguno de los tres candidatos el número de votos necesario, el presidente declara desierta la elección.



Reyes escribió en su diario: “México, diciembre 8 lunes 1958. El Colegio Nacional: elecciones desiertas por no alcanzar votos los candidatos: Antonio Gómez Robledo, Octavio Paz y un arquitecto Ramírez Vázquez que quiso colocarnos Antonio Castro Leal”.[7]


          Tres años más tarde Paz fue respaldado por Carlos Chávez, a quien envió una carta de agradecimiento: “Hace unos días nuestro común amigo, Agustín Yáñez, me dio la grata noticia: usted había sido una de las personalidades que firmó el pliego de presentación de mi precandidatura en el Colegio Nacional. Ya se imaginará usted mi alegría”.[8]


          Este nuevo proceso inició el 3 de abril de 1961, Silva Herzog volvió a presentar la precandidatura de Paz, a la que se sumaron José Adem, Carlos Chávez, García Máynez, González Guzmán y Yáñez.


          El presidente Yáñez declaró “admitida esta precandidatura, por satisfacer los requisitos reglamentarios”.[9] Sin embargo, el lugar de residencia del poeta hizo que algunos presentaran objeciones, por lo que “Silva Herzog expone que el Sr. Paz le manifestó que, en el caso de resultar electo, vendría a radicarse definitivamente en la Ciudad de México, con el fin de hallarse en aptitud de cumplir con los deberes reglamentarios”.[10]


          Sin embargo, la reticencia por su residencia continuaría en la sesión de 10 de julio: 


A continuación, el Dr. Sandoval Vallarta pide informes a los miembros firmantes del pliego de precandidatura del Sr. Octavio Paz, acerca de la seguridad de que radicará en el país en el caso de ser electo miembro de la institución, pues de lo contrario, su situación como posible candidato sería muy distinta, por cuanto considera que no es conveniente para la vida del Colegio Nacional elegir a personas que no residan en el país.

          El Dr. Silva Herzog expone que ya en la junta anterior, al proponer la precandidatura del Sr. Paz, informó que éste le había manifestado en dos o tres ocasiones su resolución de radicarse en el país en el caso de ser electo, y tiene noticia de que la misma decisión les ha comunicado a otras personas. Es el poeta de mayor altura que existe en México en estos momentos, agrega el Dr. Silva Herzog. […]

          Acto continuo, tres de los miembros que firmaron el pliego de precandidatura del Sr. Paz, o sean el propio Dr. Silva Herzog, Lic. Yáñez y Dr. Adem, ratifican sus firmas para convertirla en candidatura.[11]

         


La decisión final se tomó el 7 de agosto. Asistieron Adem, Castro Leal, Carlos Chávez, Ignacio Chávez, García Máynez, González Guzmán, Haro, Martínez Báez, Rosenblueth, Sandoval Vallarta, Silva Herzog, Víctor L. Urquidi, Yáñez y, como presidente en turno, Alfonso Caso.[12]


Acto continuo, el Dr. Caso declara que los dos únicos candidatos presentados para las elecciones que se efectuarán dentro de breves instantes, son los Sres. Octavio Paz y Fernando Benítez. En esta sesión se hallan presentes 14 miembros, o sea tres más del quorum reglamentario para elecciones. Por otra parte, según el Reglamento en vigor, el número de sufragios necesario para que un candidato resulte electo, en esta ocasión es de 11. Además, se ha recibido el voto escrito del Dr. Antonio Gómez Robledo, con el cual se forma un total de 15 votantes.

          En seguida, el propio Dr. Caso designa escrutadores al Dr. José Adem y a D. Víctor L. Urquidi. Se procede a la primera votación y el resultado del escrutinio es: 6 votos para el Sr. Paz, 5 votos para el Sr. Benítez y 4 abstenciones. Eliminado el Sr. Benítez en los términos establecidos en el penúltimo párrafo del artículo 9o del Reglamento, se repite la votación y el resultado del escrutinio es: 8 votos para el Sr. Paz y 7 abstenciones. En consecuencia, de acuerdo con lo prescrito en dicho párrafo, el Dr. Caso declara desierta la elección.[13]

          

La tercera precandidatura de Paz fue propuesta por Agustín Yáñez, en la primera sesión de 1964.[14] En vista de que se registraron cinco propuestas, en la junta de abril se declaró cerrado el periodo de nominaciones.[15] En esta ocasión, Paz no logró ser candidato.


          La cuarta y última ocasión en que Paz fue considerado, ocurrió a mediados de 1966: 


El Sr. Cisneros Chávez informa que en la segunda quincena de julio fue presentada la del poeta Octavio Paz, en pliego suscrito por los Dres. Adem, Haro y Rosenblueth. El Dr. Haro declara que reglamentariamente se convierte en candidatura, en virtud de haber sido presentada por tres señores miembros, quienes en este momento la ratifican. Estampan también sus firmas en el pliego respectivo los Dres. García Máynez, González Guzmán, Sandoval Vallarta, Silva Herzog y Sr. Urquidi.[16]


Dado que durante la sesión no se presentaron más precandidaturas, el presidente intervino nuevamente:


A consulta del Dr. Haro, se acuerda que la elección del vigésimo miembro se efectúe en la sesión del lunes 5 de septiembre próximo y, con tal motivo, el propio Dr. Haro recuerda a los señores miembros la disposición reglamentaria relativa al envío de su voto en cualquier sentido, o de su abstención, en el caso de tener que ausentarse en esa fecha; en la inteligencia de que el pliego tiene el carácter de secreto absoluto entre el señor miembro y el presidente en turno, debiendo éste proceder a su destrucción al terminar la junta.[17]



En la sesión de 5 de septiembre, a la que asistieron once miembros: Adem, Ignacio Chávez, García Máynez, Antonio Gómez Robledo, González Guzmán, Rosenblueth, Sandoval Vallarta, Silva Herzog, Torres Bodet y Urquidi, bajo la dirección de Martínez Báez, se efectuaron las elecciones:


En seguida, el Dr. Martínez Báez da lectura a las disposiciones del Reglamento Electoral, relativas al procedimiento para efectuar elecciones. Informa que tiene en su poder pliegos de los señores miembros Lic. Cosío Villegas, Maestro Carlos Chávez, Dr. Haro, Arq. José Villagrán García y Lic. Yáñez. De los señores miembros ausentes de esta junta, Dres. Caso, Castro Leal y Zavala, no se recibió ninguno. El pliego del Lic. Yáñez fue enviado en sobre abierto y en él manifiesta que, en atención al cargo que ocupa[18] y siguiendo el precedente establecido, se abstiene de participar en esta sesión de elecciones. Se acuerda contestarle de enterado. El Maestro Carlos Chávez expone en su pliego el deseo de que su voto sea conocido por los señores miembros presentes, y que algunos de ellos den fe al depositarlo en la urna. A este respecto, el Dr. Martínez Báez advierte que el enunciado del Art. 8o reglamentario se inicia estableciendo precisamente que las votaciones serán secretas.

          La satisfacción del deseo del Maestro Chávez, hace observar el Dr. Rosenblueth, implicaría una modificación al reglamento. Aconseja, y así se resuelve, que el procedimiento se ciña a lo prescrito en el art. 8o, y que se recuerde al Maestro Chávez que tal disposición es terminante.

          Acto continuo, a consulta del Dr. Martínez Báez, se acuerda que, en atención a ser ampliamente conocidas de todos los señores miembros del Colegio Nacional, la personalidad y la obra intelectuales del poeta Octavio Paz, se considera innecesaria la discusión en torno a su candidatura prevista en el art. 6o. En consecuencia, se procede a la elección.

          Efectuada, el resultado arroja 12 votos y 3 bolas de desecho. Con apoyo en el Art. 9o reglamentario, tercer párrafo, el presidente en turno declara haber sido electo 20° miembro del Colegio Nacional el poeta Octavio Paz, y todos los presentes expresan su satisfacción por haber recaído el nombramiento en un intelectual de tan altos méritos. En seguida, el presidente procede a destruir los pliegos que recibió.

          Como el Sr. Paz se halla actualmente al frente de la embajada de México en la India, se acuerda comunicarle su designación cablegráficamente y rogarle que por la misma vía se sirva manifestar su aceptación. Posteriormente se le enviará la comunicación formal, pidiéndole que fije fecha para su ingreso.

          Varios miembros desean recordar el procedimiento ulterior a la elección, y el Dr. Sandoval Vallarta procede a la lectura del Art. 12 del reglamento relativo. Terminada se acuerda que al conocerse la aceptación del Sr. Paz, se comunique la elección a la prensa de la capital,[19] anunciando al mismo tiempo que con ella ha quedado integrado El Colegio Nacional.[20]



De acuerdo con Fernando Benítez hubo reticencias en la votación, pues “no fueron los ‘escritores’ del Colegio —hubo alguna honrosa excepción— los que impusieron su candidatura, sino los hombres de ciencias”[21]. Al respecto Carlos Fuentes le escribió desde París el 1° de octubre: “Te felicito por tu elección al Colegio Nacional. Acaban de parar por aquí Benítez y Haro; éste me contó los incidentes de la elección. Más bien el único incidente: el del fruncido pacheco (con p minúscula) don Silvio Zavala, que pidió más tiempo para considerar tu candidatura.[22] Haro le contestó: ha tenido usted quince años para considerarla”.[23]


          Los preparativos para la toma de posesión de Paz siguieron su curso en El Colegio, entre ellos la designación de quien contestaría su discurso de ingreso, punto al que se dedicó casi íntegramente la sesión de octubre, que fue presidida por Torres Bodet:


A continuación, el Dr. Torres Bodet expone que va a procederse a la designación del señor miembro que deberá contestar el discurso de ingreso del vigésimo miembro, Sr. Octavio Paz. El Dr. Martínez Báez, presidente en turno saliente, da lectura al cablegrama que dirigió al Sr. Paz participándole su elección, la aceptación cablegráfica de dicho señor y la comunicación formal que el propio Dr. Martínez Báez le envió confirmándole la noticia de su nombramiento y rogándole que se sirviese señalar fecha para la ceremonia de su ingreso. A esa comunicación se acompañaron sendos ejemplares de los reglamentos. A pregunta del Dr. Torres Bodet, el Sr. Cisneros Chávez informa que no la ha contestado.

          El Dr. Torres Bodet supone que el Sr. Paz no habrá podido contestarla, por ignorar la fecha de clausura del año lectivo en esta institución y, como consecuencia, se habrá hallado impedido de proyectar su viaje a esta capital. Sugiere, y así se acuerda, que el Sr. Cisneros Chávez le escriba una comunicación aclarándole que, en virtud de que El Colegio entrará en receso desde el 15 de noviembre próximo, podría fijar fecha para su recepción anterior a ese día; pero en atención a lo apremiante del término y a la distancia, la que prefiera después del 1o de febrero de 1967, en que ya ha sido abierto el nuevo año lectivo.

          Sigue un cambio de impresiones y, después de amplia discusión, se acuerda designar al Dr. Torres Bodet para contestar el discurso del Sr. Paz, en méritos de su reconocido prestigio universal y de la cordial y antigua amistad entre ambos. El Dr. Torres Bodet acepta desde luego el encargo muy complacido.[24]



Así, Torres Bodet le escribe a Paz, el 6 de octubre, la misiva siguiente:


Querido Octavio: 

El Colegio Nacional me ha designado para hablar durante el acto en que leerá usted su discurso de recepción. Acepté desde luego, con mucho gusto. Pero el asunto plantea ciertas cuestiones que debo —y a tiempo— esclarecer con usted. 

          Una, en primer lugar. ¿Cuándo vendrá usted a México? Si fuese en la primera quincena de noviembre de 1966, tendría que excusarme yo ante mis colegas, pues habré de estar ausente del país desde el 20 de octubre hasta el 8 o 9 de noviembre, y —como usted comprenderá— no podría preparar mi texto en tan breve plazo. Si viniera usted después de febrero, sí me sería posible confirmar mi aceptación. Y acaso, en tales circunstancias, podría usted aprovechar el viaje para dar su primer curso anual: el correspondiente a 1967. 

          La segunda de mis preocupaciones obedece a mi falta de documentación. ¿Podría usted hacer que me remitiesen todos sus libros —pues no poseo muchos de los últimos? ¿Y quisiera usted enviarme, además, una selección de los artículos críticos sobre su obra: de aquellos que juzgue, personalmente, más importantes? 

          No olvide, por otra parte, que —de acuerdo con la tradición del Colegio— mi texto no será una presentación, sino una respuesta. Por consiguiente, deberé conocer con antelación su propio discurso. Y estimo que el plazo mínimo entre la fecha de recepción de su original y aquella en que termine mi estudio habrá de ser de cuarenta y cinco días, pues tengo en taller varias cosas.

          En espera de sus noticias, lo felicito por su ingreso, me congratulo de verlo entre los miembros titulares del Colegio, y le envío un cordial.


 


          La respuesta de Paz, el 31 de octubre, fue el corolario de años de disputas con Torres Bodet[25]:


Estimado Jaime:  

Ante todo, le ruego que vea en el adjetivo que acompaña a su nombre la concisa expresión de lo que realmente siento: lo estimo de verdad. Todo lo que en seguida le diré será igualmente leal. 

          No le contesté inmediatamente porque, como usted verá dentro de unos instantes, su carta provocó en mí una serie de luchas y debates interiores. Mis vacilaciones se debían a lo siguiente: el discurso de recepción que debo pronunciar en el Colegio Nacional es un acto de orden intelectual más bien que social e implica una respuesta. Así pues, es un diálogo. En los últimos tiempos se usa mucho esta palabra, casi siempre sin precisión y sin valentía. Lo que llamamos diálogo se reduce, en la vida diaria, a un intercambio de informaciones; otras veces, sobre todo en la vida política, no es sino un monólogo apenas disfrazado. En uno y otro caso es una máscara destinada a encubrir nuestras diferencias y a proclamar una ilusoria semejanza. Con frecuencia oigo y leo frases de este estilo: “mi punto de vista es distinto pero lo que usted dice no carece de razón y no será difícil llegar a un entendimiento”; “a pesar de todo, estamos de acuerdo”, etc. ¿Se puede, simultáneamente, tener y carecer de razón? ¿Cómo, si todo los separa, están de acuerdo? Michaux me decía que nada lo irritaba más que la famosa tolerancia hindú, condensada en esta fórmula: “Todas las religiones son verdaderas pero la nuestra es más verdadera”. En la vida diaria estas frases tienen una excusa: no significan nada. Otras veces designan un compromiso, una solución a situaciones que de otro modo no tendrían otra que la aniquilación de una de las partes. Nuestros diálogos son monólogos. En la esfera de lo moral, son una hipocresía; en la vida práctica son una fórmula defensiva destinada a paralizar momentáneamente al contrario, para después destruirlo o escapar de su ataque. Inclusive en los diálogos de Platón hay una tensión polémica: la dialéctica no es sino el método racional para imponer silencio al interlocutor. En la vida diaria callamos a los otros por medio de la fuerza, la autoridad u otros métodos no dialécticos; en la del espíritu, el filósofo no se contenta con reducir al silencio a su oyente: pretende convencerlo y cambiarlo. Pero el verdadero diálogo no es filosófico ni social: es confrontación de dos alteridades irreductibles y mutuo reconocimiento de que la vía de fusión, si existe, no consiente en el ejercicio del poder o de la persuasión, de la violencia o de la dialéctica. Tales son los diálogos del amor, los de la amistad auténtica e inclusive los polémicos, si los antagonistas escapan a la tentación de pulverizar al contrario. En suma, estamos condenados al diálogo y, no obstante, lo rehuimos desde el principio. Sin diálogos no habría vida social pero el verdadero diálogo destruye los fundamentos de la sociedad de esa extraña combinación de necesidad y libertad, razón y violencia. Y hay algo más: el verdadero diálogo no sólo pone en entredicho al principio de autoridad y a todos los valores sociales, sino que mina la idea misma de diálogo. Aceptar el diálogo significa no tanto reconocer las diferencias del otro cuanto admitir que uno mismo es una variedad más, otra diferencia entre las diferencias. Si el otro es realmente otro, yo no soy yo sino otro más, una alteridad, una excepción no menos ininteligible, irritante y bárbara que la del otro. El diálogo postula algo imposible: que dos seres diferentes utilicen un lenguaje común para expresar sus diferencias… El diálogo es social pero cada vez que se realiza de verdad niega a la sociedad y a sus partes, al tú y al yo.  

          Todo lo anterior me llevaría, en buena lógica, a aceptar su generoso ofrecimiento: si hay dos personas desemejantes en el pequeño mundo de la literatura mexicana actual, esas somos usted y yo. Pero varias razones me lo impiden. Me explicaré. El diálogo exige que las diferencias entre los interlocutores se expresen por medio de palabras. Paradoja extraña: el lenguaje se propone la comunicación y así debe reducir al máximo todas las diferencias. A medida que el lenguaje se perfecciona más como medio de comunicación —comunica menos: sus mensajes no trasmiten diferencias sino semejanzas, equivalencias y no oposiciones. Si el que habla tiende a negar al que escucha, el lenguaje es aún más radical: también suprime al que habla, substituye su yo particular por un pronombre personal aplicable a todos. El Yo es Otro del poeta se convierte en el Yo es Todos del lenguaje. Todos, por definición, es nadie. Para contrarrestar esta doble tendencia del lenguaje —simplificar por igual a mensajes e interlocutores— el hombre debe inventar todos los días su propio lenguaje (o su silencio particular). Si usted y yo quisiéramos conversar realmente, no acudiríamos al lenguaje neutro del intercambio ni al de la dialéctica sino al nuestro más personal: la poesía y la prosa crítica y autocrítica. Comprendo que es algo muy difícil, tanto para usted como para mí. Además, no creo que esta sea la ocasión propicia: uno debe escoger sus interlocutores y el lugar y el día del encuentro (como en los duelos). He leído y releído su carta y percibo en ella algo de mis vacilaciones: usted acepta el encargo del Colegio Nacional con gran cordialidad y sin gran entusiasmo, como un deber más. El yo de su carta es abstracto y convierte al mío en otra abstracción. Le ruego que me comprenda. No hay reproche alguno en lo que digo: sin duda yo habría hecho lo mismo. Lo que deseo subrayar es que el verdadero diálogo implica una voluntad mutua que, en este caso, no existe. Nuestro diálogo no sería una confrontación de dos seres distintos sino la reunión de dos personas civilizadas. No lo culpo; me pregunto a mí mismo: ¿rehúyo el diálogo con usted? Sí y no. Rehúyo un diálogo que haría de una ceremonia arriesgada —toda ceremonia, si lo es, entraña riesgo— una función pública. Nuestra reunión sería una nueva contribución al eclecticismo que desde hace muchos años corrompe la vida intelectual de México. Pero no rehúyo —más tarde y para siempre— dialogar con usted, en el sentido encarnizado que doy a esta palabra. 

          Encabecé esta carta con el adjetivo estimado. No dije todo lo que siento. La verdad es que profeso admiración por muchos aspectos de su obra social y literaria. Como mexicano, le tengo gratitud por todo lo que ha hecho en favor de la educación de nuestro pueblo; como lector, recuerdo siempre algunas páginas suyas. Pero no crea que pretendo ser amable: quiero ser leal, eso es todo. Y diré más: aunque la admiración y la estimación no tienen nada que ver con el diálogo, creo que usted y yo un día podremos conversar de verdad… 



El 26 de noviembre, Torres Bodet finalizó: 


Estimado Octavio: 

Siento de veras el envío de su carta del 31 de octubre. He reflexionado acerca de ello. Y deploro los motivos profundos que le inspiraron. Digo “motivos” y no “razones”, porque debo manifestarle con absoluta franqueza que no encuentro razón alguna en la complejidad de sus argumentos. 

          Se puede discrepar de alguien sin dejar de apreciarlo sinceramente, y —según usted mismo parece reconocerlo en algún párrafo de su carta— el diálogo no tiene por qué ser un monólogo a dos voces. Pero, naturalmente, me inclino ante su deseo y retiraré mi aceptación al pedido que me habían hecho los señores miembros del Colegio Nacional en su junta de octubre. 

          Me despido, deseándole todo bien.



Este intercambio epistolar generó disgusto entre varios integrantes de El Colegio. La posición adoptada al conocerlo ocurrió en la sesión del 6 de febrero de 1967, a la que asistieron Alfonso Caso (quien presidió y representó a Silva Herzog y a Villagrán García), Ignacio Chávez, García Máynez, González Guzmán, Haro, Martínez Báez, Rosenblueth (con la representación de Adem), Sandoval Vallarta y Torres Bodet:


El Dr. Caso y todos los señores miembros presentes se hallan concordes en declarar y establecer que la actitud adoptada por el Sr. Paz constituye una grave descortesía para el Dr. Torres Bodet, pero más grave aún para El Colegio Nacional que lo designó para contestar su discurso de recepción, habiendo, además, aceptado el Dr. Torres Bodet el encargo con gran complacencia.

          El Dr. Torres Bodet manifiesta que, no obstante lo ocurrido, se siente obligado a comprender la actitud del Sr. Paz, porque quizá sea el resultado de su sensibilidad especial y de su prestigio. La única posibilidad de resolver esta situación, agrega, sería designar al Dr. Haro, con lo cual se obtendría, además, gran ventaja.

          Pide que se le considere absolutamente excluido de la posibilidad de contestar al Sr. Paz, y recomienda que la resolución que se adopte no se traduzca en pérdida para El Colegio de un elemento tan valioso como el Sr. Paz. Por último, sugiere que se deje que el tiempo resuelva esta situación.

          Los Dres. Caso y Martínez Báez hacen notar que, aun cuando El Colegio Nacional no ha recibido ninguna comunicación del Sr. Paz al respecto, el Dr. Torres Bodet sí recibió una carta personal y sobre ella está informando oficialmente al Consejo en sesión reglamentaria. En consecuencia, el Consejo no puede ignorar esta situación. La respetabilidad de una institución, añade el Dr. Caso, está por encima del valor de cualquiera de sus miembros, y los del Colegio Nacional están obligados a defender su prestigio.

          Los Dres. González Guzmán y Rosenblueth aconsejan que no debe permitirse que sea rechazada la designación hecha por el Consejo en tan distinguido miembro del Colegio Nacional, y en previsión de otro caso semejante, el segundo propone la inclusión de un precepto reglamentario, previniendo que las designaciones del Consejo para contestar discursos de recepción, no podrán ser, por ningún motivo, objetados por los recipiendarios.

          El Dr. Haro recuerda que, en la sesión de octubre último, el Dr. Torres Bodet gentilmente lo propuso para contestar el discurso del Sr. Paz. Se discutieron ampliamente los motivos y razones aducidos en pro de diferentes designaciones y, finalmente, todos votaron en favor del Dr. Torres Bodet, en atención, sobre todo, a su gran renombre universal. Agrega el Dr. Haro que recibió una carta del Sr. Paz, cuya fecha no recuerda; pero sí es anterior a la recibida por el Dr. Torres Bodet, aun cuando no justifique la actitud del Sr. Paz, haría quizá más comprensible esta situación. Esgrimiendo el mismo tipo de argumentos empleados por el Dr. Torres Bodet en la sesión de octubre, en favor de la designación del Dr. Haro, el Sr. Paz le manifiesta que, necesitando de una mayor internacionalidad y de un mayor contacto con los científicos y los humanistas, había pensado en la posibilidad de que fuese el Dr. Haro quien contestase su discurso de ingreso, y que en él se proponía hablar de literatura sobre algún tema científico, como la cibernética. […]

          Advierte el Dr. Haro que, aun cuando en la junta de octubre manifestó su asentimiento para su posible designación, en las presentes circunstancias, por ningún motivo aceptaría.

          Los Dres. Caso, García Máynez y Torres Bodet sugieren que se haga una consulta entre los señores miembros ausentes de esta sesión, para ver si alguno, de entre ellos, acepta contestar al señor Paz.

          El Dr. Sandoval Vallarta propone que El Colegio Nacional no le dirija ninguna comunicación al Sr. Paz, sino que se le deje a él la iniciativa. En caso de recibirse alguna carta del Sr. Paz señalando fecha para su ingreso, que se deje correr el tiempo hasta el día que fije para venir a tomar posesión. En caso de no presentarse, que se aplique el artículo 12 del Reglamento Electoral.

          A su vez, el Dr. Rosenblueth propone que, en caso de presentarse el Sr. Paz a tomar posesión y pregunte por el Señor miembro que contestará su discurso, se le manifiesta que ningún miembro del Colegio Nacional le contestará, por haber rechazado al Dr. Torres Bodet, designado por el Consejo.

          Después de amplia deliberación, se acogen las proposiciones de los Dres. Rosenblueth y Sandoval Vallarta, y se acuerda:

I.— El Colegio Nacional dejará la iniciativa de la correspondencia al Sr. Octavio Paz.

II.— En caso de presentarse el señor Paz a tomar posesión y pregunte por el señor miembro que haya de contestar su discurso, se le dirá que el presidente en turno le dirigirá las palabras de salutación, y le entregará el diploma y el distintivo del Colegio, en la forma acostumbrada.

III.— El presidente en turno, invirtiendo el orden tradicional del programa establecido para actos de este género, inmediatamente después de la declaración de apertura se limitará a anunciar al auditorio que el señor Paz procederá a pronunciar su discurso de ingreso. Terminando éste le dirigirá las palabras de salutación y le entregará el diploma y el distintivo del Colegio Nacional, conforme a la tradición.

IV.— A pregunta de reporteros de la prensa sobre la contestación al discurso del nuevo miembro, se les manifestará que en algunas ocasiones la hay y en otras no.

V.— En caso de no presentarse el señor Paz a tomar posesión antes de fenecer el término reglamentario, se aplicará la disposición del artículo 12 del Reglamento Electoral.

          Por la situación especial en que se ha visto colocado, el Dr. Torres Bodet se abstiene de votar los puntos anteriores.[26]



          Mientras tanto, Haro intercambiaba misivas con Paz:


En la primera reunión de El Colegio, en febrero de este año (dos meses después de haberle escrito yo a usted), Torres Bodet nos informó que en una carta muy cordial usted le había sugerido que no fuera él quien contestara a su discurso y que, por lo tanto, nos rogaba que se nombrara a otra persona en su lugar. Esta situación causó cierto desconcierto, debido a que nunca antes se había rechazado directa o indirectamente a la persona designada por el Consejo por ningún miembro de nuevo ingreso. Se concluyó que lo más conveniente sería que el presidente en turno, en el momento de su toma de posesión, lo recibiera a usted en nombre de El Colegio y contestara a su disertación. Quiero aclararle que cada mes y por orden alfabético, cambia el presidente en turno en nuestro Colegio. La anterior decisión fue aceptada por unanimidad. De esta manera, contestará a usted el miembro de El Colegio que le toque en suerte ser el presidente de nuestra institución en el mes de agosto. Aunque no sé exactamente si a mí me pudiera tocar ser presidente en turno cuando usted se presentará, yo salgo hacia Praga y posteriormente a la Unión Astronómica Internacional.[27]



Como Torres Bodet esperaba, el tiempo se encargó de suavizar las posiciones. A ello contribuyó Carlos Chávez, quien no había asistido a la rijosa sesión. Su intervención en favor de Paz, se dio en la siguiente junta, que no se realizó sino hasta junio de 1967, cuatro meses después. A ella asistieron, además del músico, Adem, Caso, Ignacio Chávez, García Máynez, González Guzmán, Haro, Martínez Báez, Rosenblueth, Sandoval Vallarta, Silva Herzog, Torres Bodet, Yáñez y Castro Leal, éste último como presidente en ejercicio:


A continuación, el Dr. Castro Leal da lectura a una carta del Sr. Octavio Paz dirigida al Sr. Cisneros Chávez en fecha 25 de mayo último; así como también al proyecto del curso que se propone sustentar durante el mes de agosto sobre “El pensamiento de Claude Lévi-Strauss”, incluyendo la celebración de una mesa redonda sobre los temas de las conferencias que forman dicho curso. En su carta, el Sr. Paz destaca tres cuestiones que desea se le resuelvan cablegráficamente: La aprobación del primero de agosto próximo como fecha para su ingreso; 2a Autorización para efectuar la mesa redonda que figura en su programa y, 3a El nombre del presidente de la ceremonia de su recepción.

          En seguida, el Maestro Chávez expone que, escuchada la lectura del acta de la sesión anterior, desea formular algunas consideraciones y proposiciones relacionadas con la toma de posesión del Sr. Paz, contenidas en un memorándum al cual da lectura.

          Terminada pide que dicho documento se inserte íntegramente en el acta de esta sesión. Así se acuerda.

Memorándum del Maestro Carlos Chávez.

“Consideraciones acerca de los acuerdos tomados por el Consejo de los señores miembros del Colegio Nacional en la sesión del 6 de febrero de 1967 y proposiciones relativas, en el caso de la proyectada sesión de recepción del miembro electo Sr. Octavio Paz. Leídas por el suscrito en la sesión reglamentaria del 5 de junio de 1967.

Consideraciones.

I. No existe en nuestra Ley constitutiva ni en nuestros reglamentos —que yo recuerde— ningún precepto que establezca que todos los miembros del Colegio Nacional tengan que estar identificados entre sí en lo personal, o en lo ideológico, o en ambos aspectos.

II. En tal virtud El Colegio Nacional debe aceptar que tales diferencias pueden existir y que de hecho existen, y debe así mismo respetarlas en todos sus aspectos. Podrían citase muchos casos de intelectuales de gran eminencia —en todos los centros culturales del mundo— separados por graves diferencias en lo ideológico y en lo personal. El Colegio Nacional elige a un nuevo miembro por sus méritos propios e intrínsecos, no porque sea amigo o correligionarios de todos o algunos de los miembros presentes.

III. Ningún procepto [sic] legal o “moral”, impide pues a un miembro del Colegio expresar que no encuentra “propicia” una ocasión dada para establecer un “diálogo” con otro miembro. Este no puede considerar tal cosa como una descortesía, ni El Colegio tampoco: se trata simplemente de un hecho en que está ejerciendo el derecho de libre expresión, lo que, por otra parte, según ha quedado dicho en el acta por el Dr. Torres Bodet, se hizo en “forma cortés”.

IV. El Colegio debe aceptar, explícitamente, el hecho de que puede haber divergencias de carácter académico o personal entre sus miembros, y mantenerse estrictamente neutral ante dichas diferencias. El Consejo no tiene por qué estar informado de las diferencias de carácter académico o personal que puedan existir entre sus miembros, y suponiendo que estuviera, esta información sólo debe normar sus actos o resoluciones en un sentido positivo.

V. Teniendo en cuenta todo lo anterior, parece razonable que la única forma de evitar cualquier posible mala inteligencia sería que se estableciera la costumbre de pedir al miembro de nuevo ingreso su complacencia respecto a la persona que hubiere de contestarle, o presentarle una terna para que él eligiera.

VI. El acuerdo número 1 tomando en la sesión del 6 de febrero dispone: “1o. El Colegio Nacional no dirigirá ninguna comunicación al Sr. Octavio Paz, ni contestará ninguna que el Sr. Paz le dirija señalando fecha para su toma de posesión”.

          Es evidente que una disposición, de tal manera drástica implica el establecimiento de una “incomunicación” del Colegio con el miembro electo (una incomunicación postal) que de ninguna manera se justifica. Por otra parte, ni el Consejo del Colegio Nacional, ni nadie dentro de la República Mexicana, puede establecer que no se conteste una comunicación, pues esto implica violar el derecho constitucional de petición.

VII. El acuerdo número 2 tomado en la sesión del 6 de febrero dispone:

          “2o. En caso de presentarse el Sr. Paz a tomar posesión y pregunte por el Sr. miembro que haya de contestar su discurso, se le dirá que el presidente en turno le dirigirá las palabras de salutación, y le entregará el diploma y el distintivo del Colegio en la forma acostumbrada”.

          El cambio del plan y de los procedimientos establecidos en la sesión de toma de posesión del Sr. Octavio Paz, en la forma aquí establecida, marca, implícita pero claramente, un menosprecio que no se justifica.

VIII. El acuerdo número 3 tomado en la sesión del 6 de febrero dispone:

          “3o. El presidente en turno, invirtiendo el orden tradicional del programa establecido para actos de este género, inmediatamente después de la declaración de apertura, se limitará a anunciar al auditorio que el Sr. Octavio Paz procederá a pronunciar su discurso de ingreso. Terminado, le dirigirá las palabras de salutación y le entregará el diploma y el distintivo del Colegio Nacional, conforme a la tradición del Colegio”.

          Ninguna resolución del Consejo del Colegio Nacional o de ninguna otra persona o institución puede “limitar” en extensión ni en contenido, las intervenciones orales o escritas de los miembros del Colegio Nacional dentro de su recinto. Aceptar esto sería aceptar que los miembros del Colegio Nacional pueden recibir dictados del Consejo, lo que equivaldría a la pérdida de su libre expresión. Tal cosa es, no hay que decirlo, inaceptable.

IX. El acuerdo número 4 de la sesión del 6 de febrero dispone:

          “4o. A pregunta de reporteros de la prensa sobre la contestación al discurso del nuevo miembro, se les manifestará que en algunas ocasiones la hay y en otras no”.

          El Consejo de nuestra institución se pondrá en una situación sumamente vulnerable al hacer a la prensa una aseveración falsa. Hasta ahora, en todas las sesiones de recepción a un nuevo miembro, ha recibido contestación. Esta sería la primera vez que no la hubiere. Indefectiblemente, los periodistas y el público en general tendrían que preguntarse por qué razón se había cambiado, por primera vez, la costumbre establecida.

Proposiciones

1a. Que El Colegio Nacional por conducto de su presidente en turno dirija desde luego una comunicación al Sr. Octavio Paz para establecer de común acuerdo la fecha de la sesión en que será recibido.

2a. Que la sesión de recepción del Sr. Octavio Paz se lleve a cabo conforme a un programa idéntico al de todas las anteriores sesiones de recepción.

3a. Que en la sesión de hoy se designen tres miembros del Colegio Nacional que se propongan al Sr. Paz para que él elija uno de ellos para que le conteste su discurso de ingreso.

4a. Que quede establecido como costumbre para el futuro que El Colegio Nacional consultará con el nuevo miembro respecto a la persona que haya de contestarle en la sesión de recepción.

Junio 5 de 1967. Firmado Carlos Chávez. Miembro Fundador del Colegio Nacional.

          Acto continuo, el Dr. Caso recuerda que, según consta en el acta a la cual se dio lectura, existe la posibilidad de que el Maestro Chávez pueda contestar el discurso del Sr. Paz, ya que en la sesión anterior varios señores miembros sugirieron que se consultara a este respecto el deseo de los ausentes.

          El Maestro Chávez hace hincapié en que en este momento solamente se trata de establecer si se le contestará o no al Sr. Paz su discurso de recepción.

          El Dr. Castro Leal hace notar que la moción del Maestro Chávez implica que el Consejo revoque los acuerdos adoptados por mayoría.

          El Dr. Torres Bodet rectifica que no fueron adoptados con tal carácter, pues él insistió en que se designara al Dr. Haro, y, asimismo, en recomendar que la secuela de este asunto se conduzca de manera que no se pierda para El Colegio Nacional el valor intelectual que representa el Sr. Paz. Por otra parte, manifiesta que las proposiciones del Maestro Chávez le parecen razonables, excepto dos: la consulta al Sr. Paz acerca del Sr. miembro que desearía que le contestase, porque sería muy posible que, así como el propio Dr. Torres Bodet fue rechazado, también puedan serlo otros señores miembros; ni tampoco la norma reglamentaria relativa a la presentación de una terna al recipiendario, pues tal procedimiento no existe dentro de los cánones de ninguna asociación.

          El Dr. Martínez Báez expone que el Maestro Chávez se halla inspirado por el deseo, que todos los señores miembros también tuvieron, de ofrecer una solución adecuada, pero una costumbre tiene fuerza de ley. En instituciones como El Colegio Nacional, cuando alguna persona es admitida y recibida mediante un discurso que debe contestarle otro de los miembros, debiendo hacer el elogio de su predecesor, aun cuando haya sido persona poco estimable para el recipiendario, por respeto a la institución, a sus costumbres y a sus tradiciones, cumple hasta el final con su cometido.

          El Dr. Torres Bodet sugiere que podrían hacerse modificaciones a los acuerdos de la última sesión. Por ejemplo, en lugar de establecer que el presidente en turno solamente dirigirá al Sr. Paz algunas palabras de salutación, podría acordarse que el propio presidente le conteste.

          El Maestro Chávez mantiene su proposición original, por parecerle que el Dr. Torres Bodet solamente sugiere una transacción.

          El Dr. Caso, secundado por varios señores miembros, propone que acogiendo el consejo del Dr. Torres Bodet, se modifique el acuerdo relativo diciendo “que el presidente en turno le contestará”. Supuesto que la ceremonia de ingreso de un miembro es una sesión del Consejo, que el Sr. miembro a quien corresponda presidirla exprese todo lo que desee. Si algún otro señor miembro se propone tomar la palabra, se halla en libertad absoluta de hacerlo.

          Después de amplia discusión, se acuerda:

          Se modifica el 2o acuerdo adoptado en la última sesión, quedando en los términos siguientes:

          “En caso de preguntar el Sr. Paz sobre su toma de posesión, se le informará que el presidente en turno le contestará”.

          Asimismo, se modifica el 3er acuerdo para quedar en la forma siguiente: “El presidente en turno, después de las palabras de salutación, anunciará al auditorio que el Sr. Paz procederá a pronunciar su discurso. Terminado éste, el propio presidente en turno le contestará y, a continuación, le entregará el diploma y el distintivo del Colegio Nacional, conforme a la tradición”.

          Como consecuencia de las modificaciones que anteceden, se suprime el acuerdo 4o.

          Se deja subsistente el acuerdo 5o.

          Por cuanto a las tres cuestiones propuestas por el Sr. Paz, en su carta del 25 de mayo último, se resuelve:

1a. El Consejo acepta la fecha del martes primero de agosto próximo para efectuar la ceremonia de su ingreso a esta institución.

2a. El Consejo lo autoriza para efectuar una mesa redonda sobre los temas de las conferencias, a cuyo programa se ha dado lectura.

3a. No se sabe a quién, de entre los señores miembros, corresponderá la Presidencia en turno en el mes de agosto próximo.

          El Dr. Castro Leal explica que, conforme al orden natural, si hubiere sesión en julio correspondería presidirla al Lic. Daniel Cosío Villegas, y la de agosto al Maestro Carlos Chávez. En tal sentido se le ha informado al Sr. Paz cablegráficamente.

          El Dr. Sandoval Vallarta recuerda que, de acuerdo con la práctica establecida, las sesiones de homenaje a miembros fallecidos y las de recepción de nuevos miembros son presididas por el presidente en turno en el mes en que se efectúan.

          Agrega que la toma de posesión se considera como continuación de la sesión anterior. El Dr. Silva Herzog pide, y así se acuerda, que en la comunicación al Sr. Paz se le explique el mecanismo establecido para celebraciones de sesiones en esta institución, y el Dr. Sandoval Vallarta indica que tal comunicación debe dirigírsela el presidente en turno, por versar sobre materia académica y tener este último la representación académica del Colegio.[28]


Carlos Monsiváis expresó sobre la designación de Paz: “El Colegio Nacional, la máxima institución de nuestro establishment cultural, acepta a un escritor disidente, a un artista cuya norma ha sido invariablemente la ruptura. Y no es —obviamente— Octavio Paz quien cede, es la necesidad de una cultura que no desea extinguirse o petrificarse lo que decide tal inclusión”.[29]


          No todas las opiniones le fueron favorables. Emilio Uranga lo criticó con severidad, pues le parecía incongruente que un artista “de la ruptura” fuese también un burócrata. Así lo hizo saber en su artículo “Examen de Octavio Paz”:[30] “Cuando Octavio Paz ha celebrado que los escritores jóvenes no vivan del gobierno como un signo de salud, el consejero en este caso no se pone al nivel de los aconsejados. Y entre los miembros del Colegio Nacional hay algunos que no son empleados federales. Aunque, se me replicará: sus miembros de hecho lo son”. 


          Paz explicó sus motivos en una carta dirigida a Fuentes: “Acepté, lo confieso sin vergüenza, por dos razones que en el fondo son una: independencia. Los pocos centavos y, sobre todo, el hecho de que el Colegio es —o puede ser— una tribuna. Además, acabo de descubrir en el reglamento de labores que un miembro puede invitar a personas de su especialidad para que participen, durante su curso, en la discusión de algún tema”.[31]


          El 1° de agosto se dieron cita en el viejo inmueble de Luis González Obregón 23, un selecto grupo de representantes de la cultura, el arte, la ciencia y la política de México para dar cuenta del ingreso de Paz. Presidieron el acto Agustín Yánez, secretario de Educación Pública, el rector de la UNAM, Javier Barros Sierra, y el presidente en turno Antonio Castro Leal.  Estuvieron también el canciller Antonio Carrillo Flores, confundido entre el público entusiasta; los miembros del Colegio, Silva Herzog, Torres Bodet, Urquidi, los Chávez y Haro. Además, José Luis Martínez, Salvador Novo, Leopoldo Zea, Andrés Henestrosa, Arturo Arnaiz y Freg, Eusebio Dávalos Hurtado, Jorge Hernández Campos, entre muchos otros.


          Paz leyó su discurso de aceptación que tituló “La nueva analogía”, previo mensaje de Castro Leal, quien destacó que “al designarlo, El Colegio tomó en cuenta su importante labor literaria, especialmente en el campo de la poesía, aunque también se extiende a la crítica literaria y al ensayo”. 


          A través de la prensa, varios amigos de Paz criticaron la salutación de Castro Leal:


Octavio Paz está en México (decir “está entre nosotros”) y lo recibieron en El Colegio Nacional. Castro Leal no tuvo nada más oportuno que decir que hablar de los muertos y del gran vivo que es Pablo Neruda, a quien calificó como “el mayor poeta de América Latina” o algo así. Los designios del amor-odio intelectual son inescrutables (en general) (en América Latina son primariamente escrutables).[32]


Ofendido, Castro Leal replicó:


El señor Luis Guillermo Piazza […] critica el discurso que pronuncié, como presidente en turno de El Colegio Nacional, en la recepción del señor Octavio Paz. Lo critica con una ignorancia que puede ofender a muchos mexicanos y con una descortesía que casi ya no sorprende a nadie. Voy a tener que explicarle lo que fue mi discurso:

PRIMERO: Dar una idea al público reunido esa noche de la organización y finalidades de El Colegio Nacional. 

SEGUNDO: Rendir homenaje, en menciones necesariamente breves, a los miembros desaparecidos del Colegio.

TERCERO: Presentar al señor Octavio Paz como nuevo integrante del Colegio, dedicándole un espacio igual o mayor que a los demás miembros mencionados.

           Dentro del cuadro de mi discurso la presentación que hice del señor Octavio Paz estaba debidamente proporcionada y es elogiosa. Sin embargo, al señor Piazza le pareció “mezquina”. Ello se debe fundamentalmente a que —con una filosofía de gánster— el señor Piazza divide a la humanidad, despectivamente, en “muertos” y, reverencialmente, en “vivos”. Para él, el señor Paz es “un vivo”, y Pablo Neruda, a quien cité, “un gran vivo”.

          Los otros miembros del Colegio de que hablé son, para el señor Piazza, simplemente “muertos”. Pero en la vida de un país, de la tradición de su cultura y de las conquistas espirituales que van llevando al hombre a niveles cada vez más altos, las cosas son mucho más complicadas. Lo realizado por muchos “muertos” tiene vitalidad permanente, mientras infinitos vivos nada más vegetan, hacen un poco de ruido y desaparecen después en el olvido.

          Hay que perdonarle al señor Piazza que ignore quiénes fueron Isaac Ochoterena y Ezequiel Ordoñez (por más que éste hizo investigaciones en la propia Argentina). Son hombres de ciencia y es explicable su ignorancia en esta materia. 

          Pero que a Diego Rivera, José Clemente Orozco, José Vasconcelos, Antonio Caso y Samuel Ramos —valores no sólo mexicanos sino también continentales— los considere simplemente como “muertos” es una manifiesta ignorancia y también una descortesía para un país que le ha brindado hospitalidad y trabajo.

          Piense el señor Piazza cómo se vería en la Argentina a un inmigrante mexicano que tuviera una actitud semejante a la suya respecto a los más altos valores argentinos.[33]


Fernando Benítez clausuró el debate:


Antonio Castro Leal llevó personalmente a mi casa su respuesta a la colaboración de Luis Guillermo Piazza aparecida en un número anterior del Suplemento.  Le aclaré al señor Castro Leal que yo fui el autor de la “cabeza” donde se le acusa de mezquindad y, por tanto, Piazza —el renombrado autor de La Mafia—, no es responsable del adjetivo en cuestión.  Le dije además por qué no me había parecido generosa su intervención en el Colegio Nacional, pero como este es otro problema, me concreto a publicar la respuesta de Castro Leal […] con una sola observación: cualquier polémica literaria es saludable, pero el ataque fundando sobre la nacionalidad de un escritor no se eleva jamás al nivel de polémica literaria.[34]


Después del primer acto protocolario, Paz presidió el ciclo de conferencias “El pensamiento de Claude Lévi-Strauss”; siendo éste el primero de una prolífica producción intelectual que marcó la pauta en las discusiones literarias en México e Hispanoamérica. 



[1] Este artículo tuvo una primera versión que se publicó en Letras Libres el 21 de septiembre de 2015: https://bit.ly/3dKtUEt La diferencia fundamental entre ese texto y el actual radica en que llegó a mis manos, de manera anónima, un ensayo denominado “El vigésimo miembro”, sin autor específico, que, además de citarme varias veces, reproduce las actas de las sesiones del Consejo de El Colegio en que se trató el ingreso de Paz. Dado que esas actas no son públicas, ese hallazgo casual enriquece la narrativa y permite entender con claridad hechos que se mencionan en la correspondencia de Paz y en la prensa de la época. En un ánimo de discreción con mi bienhechor desconocido, y para facilitar la lectura, no cito textualmente las partes conducentes de ese documento, pero en esta nota dejo claro el crédito y agradecimiento correspondiente.

[2] Paz inquirió en 1944 en una carta a Octavio G. Barreda: “¿Por qué El Colegio de México, que protege a tanto mediocre extranjero con canas o sin ellas, no ayuda a los jóvenes […]?”.

[3] Cf. Libro 2, acta 125, 6 de octubre de 1958, pp. 334 y 335.

[4] Cf. Libro 2, acta 126, 8 de diciembre de 1958, pp. 337 y 338.

[5] Libro 2, acta 126, 8 de diciembre de 1958, p. 338.

[6] Cf. Libro 2, acta 126, 8 de diciembre de 1958, p. 341.

[7] Alfonso Reyes, Diario 1951-1959, edición crítica, notas y fichas bibliográficas de Fernando Curiel Defossé, Belem Clark de Lara y Luz América Viveros Anaya, México, Fondo de Cultura Económica, 2015, p. 691.

[8] Carta de Octavio Paz a Carlos Chávez.

[9] Libro 3, acta 147, 3 de abril de 1961, p. 5.

[10] Libro 3, acta 147, 3 de abril de 1961, p. 6.

[11] Libro 3, acta 148, 10 de julio de 1961, pp. 9 a 11.

[12] Cf. Libro 3, acta 149, 7 de agosto de 1961, p. 14.

[13] Libro 3, acta 149, 7 de agosto de 1961, pp. 16 y 17.

[14] Cf. Libro 3, acta 156, 3 de febrero de 1964, pp. 104 y 105.

[15] Cf. Libro 3, acta 157, 6 de abril de 1964, p. 109.

[16] Libro 3, acta 170, 1° de agosto de 1966, p. 230.

[17] Libro 3, acta 170, 1° de agosto de 1966, p. 238.

[18] Era secretario de Educación Pública.

[19] Los periódicos dieron la nota el 10 de septiembre.

[20] Libro 3, acta 171, 5 de septiembre de 1966, pp. 240 a 242.

[21] Los participantes de la votación que refiere Benítez fueron: José Adem (matemático), Daniel Cosío Villegas (historiador), Carlos Chávez (músico), Ignacio Chávez (médico), Eduardo García Máynez (abogado), Antonio Gómez Robledo (abogado), Ignacio González Guzmán (médico), Guillermo Haro (astrónomo), Manuel Martínez Báez (médico), Arturo Rosenblueth (médico), Manuel Sandoval Vallarta (físico), Jesús Silva Herzog (historiador), Jaime Torres Bodet (escritor), Víctor L. Urquidi (economista) y José Villagrán García (arquitecto).

[22] El comentario que Fuentes le atribuye a Haro debió ser antes de la elección, ya que como se citó, Zavala no estuvo presente ese día.

[23] Carlos Fuentes, carta a Octavio Paz, París, 1° de octubre de 1966, archivo personal.

[24] Libro 3, acta 172, 3 de octubre de 1966, pp. 245 a 247.

[25] Como indica Rodrigo Martínez Baracs, este desencuentro venía desde principios de la década de los cuarentas: “Mi padre había ingresado a trabajar como secretario particular de Torres Bodet en la SEP, hecho que desaprobó Octavio Paz, por considerar que al hacerlo se había integrado a ‘la mentira de México’.” “Un diferendo de Octavio Paz y José Luis Martínez”, Confabulario, suplemento cultural de El Universal, 240, domingo 14 de enero de 2018, p. 5.

[26] Libro 3, acta 173, 6 de febrero de 1967, pp. 248-254.

[27] Guillermo Haro, carta a Octavio Paz, 8 de abril de 1967. Archivo personal. [Nota al pie de Elena Poniatowska] Véase El universo o nada, México, Seix Barral, 2013, pp. 212 y 213.

[28] Libro 3, acta 174, 5 de junio de 1967, pp. 261 a 273.

[29] Carlos Monsiváis.

[30] El artículo de Uranga apareció en La Prensa el 15 de agosto de 1967.

[31] Octavio Paz, carta a Carlos Fuentes, Nueva Delhi, 7 de noviembre de 1966, archivo personal.

[32] Luis Guillermo Piazza, “Un homenaje a Octavio Paz (por falsos elogios) y desagravio (por la mezquindad de Castro Leal)”, Siempre!, La Cultura en México, 23 de agosto de 1967, p. 9.

[33] “Breve comentario de Castro Leal (presidente en turno de El Colegio Nacional) sobre la ignorancia y la descortesía de Luis Guillermo Piazza)", Siempre!, La Cultura en México, 13 de septiembre de 1967, p. 9.

[34] Fernando Benítez, “Nota”, Siempre!, La Cultura en México, 13 de septiembre de 1967, p. 9.