Conversaciones y novedades

Canción mexicana

Ángel Gilberto Adame

Año

1900

Tipología

Novedades

 

Retrato fotográfico policiaco, número de registro 14596, 3 de noviembre de 1919, Leavenworth. Última fotografía  de RFM en vida. (Bureau of Prisons, Departament of Justice, E. U. A.)

Antecedentes

La animadversión de Ireneo Paz y los hermanos Flores Magón, en particular con Ricardo y Enrique, se remonta al inicio del siglo pasado. El jalisciense y Teodoro Flores, el padre de los oaxaqueños, habían apoyado a Porfirio Díaz en distintos momentos y éste los había defraudado. En palabras de Enrique, “el odio de mi padre hacia Díaz estallaba casi diariamente”. [1]

Pero mientras Ireneo se acomodaba a las veleidades de Díaz, los hermanos se alimentaban del odio paterno, se fueron radicalizando y, aunque asumieron el periodismo, nunca se integraron a las asociaciones del gremio que con tanto ahínco promovía Paz. Además, la brecha generacional y el hecho de que los futuros responsables de Regeneración no coincidieran en la Escuela Nacional de Jurisprudencia con los hermanos Arturo y Octavio Paz Solórzano, cerró toda oportunidad de entendimiento.

El pleito con Daniel Cabrera

Las diferencias comenzaron por un asunto que no involucraba directamente a los Flores Magón, sino al editor Daniel Cabrera —con quien los Paz tendrían una larga lista de desencuentros—, quien sería protector de los anarquistas en los siguientes años.

El 10 de julio de 1900, el gobernador de Guerrero, Antonio Mercenario denunció a El Hijo del Ahuizote, en ese entonces propiedad de Cabrera, por calumnia. El juez de la causa emitió una orden de decomiso de las prensas y piedras litográficas del periódico, así como la detención de los editores. Mercenario era conocido cercano de Arturo Paz, quien días después presentó otra denuncia, por el mismo delito, alegando que “se sintió gravemente injuriado en una caricatura […] en la que se lo representa en forma de reptil”.[2] El número en cuestión nunca saldría a la luz. 

Este acto fue visto por la prensa opositora como un claro apoyo oficial al gobernador, además de que develó (a decir de los Flores Magón, desde la tribuna de Regeneración) los engranajes de corrupción de los cercanos a Díaz. Ireneo se guardaría el reclamo y meses más tarde, dedicaría algunas letras acerca de lo ocurrido en donde se evidenciaría la hostilidad y aversión en contra de la crítica que los hermanos generarían sobre el gobierno de Díaz:

Por casualidad han llegado a nuestra mesa de redacción, dos números del periódico titulado: Regeneración que se publica en la capital, periódico que no tiene circulación alguna en el país. En dicho periódico se dirigen insultos y diatribas al referido Gran Círculo, al Primer Magistrado de la República y al Sr. General Reyes actual ministro de Guerra y Marina. 

Expresa, refiriéndose a aquella respetable corporación política, que es una vergonzante asociación, que en la manifestación de que hace referencia, deificó el absolutismo e hizo la apología de los tiranos que en el en caso de que el periódico se ocupa, lo serían los señores Díaz y Reyes.[3]

Un arrendamiento

La aspereza de Ireneo se acrecentó al tomar noticia que los Flores Magón arrendaron a Cabrera su inmueble y su imprenta. A lo largo del mes de septiembre de 1902, La Patria arremetió:

Ese desperdicio social, ese desecho de la evolución, rebelde por agotamiento, irreductible por falta de vitalidad, se llama Hijo del Ahuizote, Diario del Hogar

Esos periódicos son a manera de un girón que la valerosa prensa vieja dejó prendido en los volantes del progreso; y ahí ha quedado girando locamente, desatentadamente, con despecho de mulo uncido, azotado; herido, burlado, despreciado sin esperanza de entrar en la transformación, sin esperanza de vengar su rebajamiento y sin esperanza siquiera de vivir. 

Ese grupo detrás del cual se agazapan dos hombres derribados por la ley moral, viene a ser a modo de una nube de moscas en cuyas cabezas verdea la ponzoña, que revuela sobre un cadáver por cuyas narices asoman ya los gusanos.[4]

Luego de cuatro días, apareció otro virulento ataque del jalisciense contra El Hijo del Ahuizote

[H]ay que buscarlo en los puestos en donde limpian zapatos, porque ahí, en donde escarban por cinco centavos el lodo de las suelas, es en donde el Ahuizote refocila gratis a los imbéciles y a los bribones.[5]  

En la publicación de 12 de septiembre, las ofensas van encaminadas a la figura de Ricardo Flores Magón: 

En un párrafo vergonzante y sin cabeza, acuñado en el extremo bajo de una columna, como para que nadie reparara en él, da el Ahuizote la noticia de que Flores Magón no es su redactor. 

Felicitamos calurosamente a ese caballero, porque para ser redactor del Ahuizote necesitaba ser caballero, pero de industria… 

Francamente el Ahuizote ha tenido un rasgo de honradez, quitando de los hombros de Magón la responsabilidad de su charlatanería que el público le ha estado atribuyendo, quizás porque ve a Magón a todas horas detrás del mostrador del Ahuizote… 

Ya no tenemos nada qué decir de Magón; pero nos queda algo que preguntarle al Ahuizote. Cuando el ideal que se defiende está verdaderamente vinculado con el patriotismo, y no es un ideal mantenido en alto por la mano del borrachín que no sabe de cierto si es la bandera o la copa la que alza […] ¿Por qué tiembla detrás de su ideal el Ahuizote? [6]

Los ataques continuaron sin tregua. La Patria acusaba a la revista satírica de ser incongruente y de predicar un patriotismo para los débiles. “[N]o es posible compadecer dos conceptos suyos, armonizar dos ideas, relacionar dos principios. Se habla de patriotismo y se condena el esfuerzo encaminado a fortalecer a la patria”. [7] 

En un último artículo de ese año, Ireneo se burló del seudónimo “Escorpión” de Ricardo Flores Magón, “no en vano eligió ese nombre de pluma, pues en él no puede ser un seudónimo, que no temo su ponzoña porque ésta no puede dañar a quien tiene para las mordeduras de los bichos venenosos el anestésico de la honradez”,[8] tras la insinuación de que Ireneo editó libelos y nunca dio la cara.

Las afinidades políticas

A principios de 1903, El Hijo del Ahuizote dirigió sus ataques contra Bernardo Reyes y José Yves Limantour, e involucra a La Patria, ya que “Escorpión” aseguraba que el periódico de Ireneo favorecía a estos dos personajes:

Los dos hombres se soñaron presidentes. Uno creó la 2ª Reserva y sostuvo hojas mercenarias como La Protesta, El Popular, La Patria y otras semejantes. Fundó clubs de reservistas, persiguió a la prensa liberal e independiente, disolvió clubs liberales. El otro buscó manos mercenarias que agitasen los incensarios de El Mundo y El Imparcial, y guardó en las arcas del erario millones que son un sarcasmo en presencia de la miseria pública. Y los dos se pusieron a soñar.

Hasta que un murmullo de general descontento los sacó de su arrobamiento, para ser despedido Reyes del ministerio de guerra, y recibir Limantour la orden de arreglar los asuntos de su cartera, porque también será despedido. [9] 

El 5 de febrero, aniversario de la promulgación de la Constitución de 1857, los Flores Magón colgaron sobre el balcón de sus oficinas una manta con la leyenda “La Constitución ha muerto…”, y se fotografiaron junto a un grupo de trabajadores del periódico. Fue uno de los actos más emblemáticos de protesta en pleno auge del porfirismo. Tres días después, publicaron: 

Doloroso nos es causar al pueblo mexicano la merecida afrenta de lanzar esta frase a la publicidad: “La Constitución ha muerto…” ¿Pero por qué ocultar más la negra realidad? ¿Para qué ahogar en nuestra garganta, como cobardes cortesanos, el grito de nuestra franca opinión? Cuando ha llegado un 5 de febrero más y encuentra entronizada la maldad y prostituido al ciudadano; cuando la justicia ha sido arrojada de su templo por infames mercaderes y sobre la tumba de la Constitución se alza con cinismo una teocracia inaudita ¿Para qué recibir esta fecha, digna de mejor pueblo, con hipócritas muestras de alegría? La Constitución ha muerto, y al enlutar hoy el frontis de nuestras oficinas con esta fatídica frase, protestamos solemnemente contra los asesinos de ella, quienes teniendo como escenario sangriento al pueblo que han vejado, celebren este día con muestras de regocijo y satisfacción.[10]

Esta provocación detonó una nueva clausura del periódico y cárcel para los instigadores. A pesar de su histórico liderazgo en la prensa, Ireneo los denostó:

Un semanario que para escarnio de la prensa mexicana se publica en esta capital, cuyas mal forjadas y peor dibujadas caricaturas, están al bajo nivel de su texto lleno de diatribas e insultos para las autoridades que sólo con serlo merecen respeto; cuyos redactores pretenden pasar por mártires de calabozo y que no llegan más que a la categoría de mercachifles; que en una fiesta cívica mandan enlutar el frente del jonuco en que garrapalean sus frases tabernarias, y ponen en la fachada un letrero diciendo: “La Constitución ha muerto”, y sin embargo por sus desmanes se encuentran en la cárcel respondiendo por ellos, tienen la osadía de invocar a aquella muerta para que los ampare y pretenden escudarse tras ella para seguir insultando a mansalva.[11] 


En las oficinas de El Hijo del Ahuizote 1903.

El verdadero Bulnes

A mediados de 1904, Francisco Bulnes desató un escándalo con su libro El verdadero Juárez y la verdad sobre la intervención y el Imperio, por cuestionar la imagen consagrada del expresidente liberal. En consecuencia, Paz y otros se indignaron y lo reprobaron. Ricardo Flores Magón, desde su exilio en Laredo y bajo el seudónimo de “Anakreón”, criticó a esos censores:

Hilarión Frías y Soto, Emeterio de la Garza (jr.), Juan Dublán, Rodolfo Reyes, Heriberto Barrón, Ireneo Paz y otras personas bastante conocidas por su modo de obrar político en completo desacuerdo con el ejemplo que el Gran Juárez dio, han protestado de palabra y por escrito contra las injurias que Bulnes lanza a la memoria del Benemérito y contra la burla que el propio libelista hace de la obra del grande hombre.

Las protestas formuladas por las anteriores personas han llamado poderosamente la atención pública, porque los hombres honrados no se explican cómo estos señores que se dicen liberales, que claman contra Bulnes por las injurias asalariadas que escupió sobre Juárez, comen el pan que les obsequia un gobierno que no es liberal y viven tranquilos en un medio político que es el reverso del medio democrático que formó el Benemérito.

Para que las protestas de esos señores fueran sinceras, preciso sería que hubieran demostrado con anterioridad su amor a la memoria del Benemérito por medio de actos políticos significativos, esto es, que los que entre ellos son diputados hubieran comenzado por no aceptar una credencial que no era el producto del sufragio popular, sino del favor del general Díaz. [12]

Casi un mes después, “Anakreón” volvió a increpar a Paz, a quien tildó de reyista, y señaló: 

El reyismo es cobarde en política, por que niega a su jefe, Bernardo Reyes, y adula al General Díaz.

Que hable Heriberto Barrón, que hable Rodolfo Reyes (hijo de Bernardo Reyes), que hable Hilario Frías y Soto, que hable Ireneo Paz, que hable Diódoro Batalla, que hablen […] en suma todos los reyistas. Que manifiesten si se puede ser liberal y adular al mismo tiempo al actual Gobierno antiliberal.

¡Correligionarios! no os dejéis sorprender del reyismo. El reyismo no puede ser liberal. El reyismo está tan manchado como el cientificismo.[13]


El caso Pankhurst

Durante 1905, Ireneo y los Flores Magón tuvieron sus más fuertes disputas. El origen fueron los ataques de los hermanos al mandatario de Zacatecas, Eduardo G. Pankhurst. El tono de los insultos fue creciendo y, el 16 de septiembre, Ireneo enfrentó una durísima andanada:

El periódico de Ireneo Paz, La Patria finge indignarse y nos injuria porque hemos denunciado los robos y atentados cometidos por Eduardo G. Pankhurst, Gobernador de Zacatecas, y con ánimo de reducirnos al silencio formula la amenaza de volverse a ocupar de nosotros; esto es, de volver a dedicarnos sus insultos de mercenario que a nadie desprestigian y que sólo le han servido para crearse reputación de asqueroso rufián de la prensa nacional. 

Estamos acostumbrados a despreciar los desahogos de ese pasquín que jamás ha logrado despertar nuestra indignación, y al que, si alguna vez hemos mencionado, ha sido porque tenemos el deber de exhibir a los pícaros, entre los que ocupan prominente lugar los redactores de La Patria y especialmente su director, el célebre chantajista Ireneo Paz. En cumplimiento de ese deber, nos vemos obligados hoy a delinear el carácter de la mencionada publicación y a narrar algunas anécdotas en las que puede sorprenderse la personalidad política y moral de don Ireneo. 

La Patria no lucha por principios: es un periódico personalista consagrado a defender a determinados gobernantes y atacar a otros. No reconoce correligionarios ni adversarios políticos; cuenta simplemente con amigos y enemigos: son sus amigos los funcionarios que con él comparten el fruto de sus rapiñas, subvencionándolo, aunque sea miserablemente, y sus enemigos, los que no se dejan seducir por su repulsivas adulaciones de cocotte [14]  envejecida en el vicio, que, con acento plañidero y gestos de impudicia, implora dádivas y protecciones para mantener el lujo y comodidades a que se acostumbrara durante su mundanal juventud en que pudo vender a precio de oro complacencias y honor. 

El programa de La Patria se puede definir con facilidad: sumisión absoluta al Dictador, que puede suprimir cualquier publicación; sumisión condicional a los funcionarios que compran elogios, sumisión que acabará cuando estos dejen de pagar los encomios que se les dirijan y oposición sistemática a los que se rehúsen a favorecer el periódico, hasta obligarlos a mudar de opinión. 

Con ese programa, ha podido el mencionado pasquín sostenerse durante 26 años y realizar algunas ganancias, exiguas, añadiremos, en honor de la verdad; pues su director es reconocido por todos como un infeliz de solemnidad a quien con poco se le conforma. La Patria no tiene demanda en el público; su circulación es esforzada y limitadísima: tira 600 ejemplares que se reparten en las oficinas públicas de los listados regidos por los Gobernadores que adula. El precio de las suscripciones lo pagan los mismos gobernadores. Ireneo Paz no oculta su mercantilismo y su desvergüenza; al contrario, hace ostentación y se enorgullece de poseer tan raros timbres personales. 

Es, además, un espadachín de cierta nombradía, circunstancia que aprovechó en sus buenos tiempos para injuriar cobardemente a sus contendores en el periodismo que no estaban expertos en el manejo de las armas y a quienes procuraba orillar a las peripecias de un duelo, en el que él lucharía con inmensas ventajas. 

Pertenece al número de los lacayos que integran la Representación Nacional: es Diputado al Congreso, aun en esa Asamblea donde el servilismo es un culto, se distingue por su abyección. 

Si de estos lineamientos generales se desprende ya demasiado repugnante la fisonomía moral de Ireneo Paz; más asquerosa se le encuentra cuando se conocen detalles especiales y concretos como los que pasamos a referir. 

Durante la época en que pertenecieron a la redacción de La Patria los señores. Luis Gonzaga Iza y José Ma. Ramírez, novelista, autor de Los Picaros, Ireneo Paz tenía en su oficina una lista que denominaba "de puntos blancos y negros”:  los puntos blancos correspondían a los gobernadores que subvencionaban el periódico y los negros, a los que se negaban a protegerlo, siendo estos últimos, objeto de furiosos ataques. Las subvenciones eran mezquinas como tenían que ser, dada la escasa significación y el reconocido envilecimiento de quien las mendigaba. Los gobernadores que se hacían el agravio de permitir que los adulara el pasquín de Paz, se obligaban a tomar determinado número de suscripciones, que nunca excedió de cincuenta, y que repartían en las oficinas públicas. En la citada "lista de puntos blancos y negros”, se hacía constar el número de ejemplares que correspondía a cada gobernador, seguido de una señal que indicaba el tratamiento que debía dársele en los artículos que se le dedicaran. A los gobernadores que pagaban treinta suscripciones, se les trataba de distinguidos y tenían derecho a un artículo semanario; de muy distinguidos a los que pagaban cuarenta, con derecho a dos artículos y a algunos párrafos de gacetilla y a los que tomaban cincuenta se les incensaba diariamente, se les defendía de las acusaciones formuladas por la prensa independiente, y si preciso era, se llegaba hasta el duelo para demostrar la honradez, sabiduría y grandeza de los funcionarios que figuraban con 50 suscripciones en la celebérrima "lista de puntos blancos y negros”. 

Aquí debemos relatar un episodio que inmortalizará el cinismo de Ireneo Paz. 

La Patria hizo una oposición tenaz al general José Zubieta, gobernador del Estado de México, hasta que le concediera una subvención. El dinero de Zubieta convirtió en admiradores a sus más terribles enemigos. La Patria suspendió la campaña que sostenía contra él y consagró sus columnas a dignificar al que ayer denigrara. 

Escribía entonces en el mencionado periódico, Francisco J. Rivera (Pipo). Paz le ordenó que confeccionara un artículo encomiando la gestión administrativa de Zubieta y que procurara satisfacer la vanidad de éste, dirigiéndole los elogios más seductores, los ditirambos más elocuentes. 

Francisco J Rivera sentía que dentro de sí ardía la protesta, que su espíritu se rebelaba ante la indecorosa labor que se le encomendaba, e arrinconado por un ataque de incontenible sinceridad, le dijo:

Señor, la conciencia grita…

Sin inmutarse, imperturbable, Ireneo Paz contestó:

¡Ah!, sí, pero el interés brama.

Tal es el hombre que ayer combatía a Pankhurst y que hoy lo defiende y nos injuria porque denunciamos a la vergüenza pública los desmanes de este mal funcionario y los robos que comete para enriquecerse y para alquilar plumas mercenarias como las que esgrime el inmundo rufián Ireneo Paz. [15]

Ante estos ataques, La Patria respondió:

Con el título de Regeneración publican los Flores Magón un pasquín periódicamente en la ciudad americana de Saint Louis Mo., en el que, lanzando todo género de insultos contra las autoridades mexicanas, escarnecen a su propio país al mismo tiempo, una vez que lo suponen gobernados por bandidos. En La Patria se hizo justicia al señor gobernador de Zacatecas defendiéndole de ciertos ataques venenosos de aquel inmundo mamarracho y los Flores Magón la tomaron contra nuestro director a quien ponen como punto de media dirigiéndole su arsenal de insultos y calumnias. No deberíamos mencionar en una hoja honrada como la nuestra a gentuza tan despreciable que en el mismo suelo extranjero en donde escriben deben ser vistos con repugnancia por su innoble conducta.[16]

Periódico fundado por los hermanos Flores Magón en 1901

El belicismo no cesaba. En 1907, ahora desde la publicación Revolución, el mayor de los Flores Magón denunció la complicidad que había entre la prensa y las conveniencias del poder:

¿Iba a triunfar definitivamente la mentira? ¿El engaño de que se hacía víctima al mundo entero no podría ser descubierto al fin? ¿Hombres degradados como Reyes Spíndola y Juan Sánchez Azcona, piratas de la prensa, gusanos nacidos para alimentarse en todas las llagas, hermafroditas de honor, huérfanos de vergüenza, deyecciones sociales, hombres de esa clase, afrenta de la humanidad, oprobio de su raza y de cuya vileza se han de sentir indignadas las cenizas de sus padres?; ¿hombres de tan baja estirpe moral seguirán ocultando la verdad con la mugre de sus sesos, con el fango de sus almas? ¿El Imparcial, El Popular, El Diario, La Patria, toda esa prensa de zahúrda, hervidero de bribones, almácigo de canallas que Porfirio Díaz paga con el dinero que le arranca al pueblo, acabarían por ahogar la verdad bajo el peso de la mentira?[17]

La rebelión en Baja California

El paso de los años no disminuyó el nivel de confrontación. Cuando los Flores Magón fundaron el Partido Liberal Mexicano el 28 de septiembre de 1905, Ireneo cuestionó su ideología e incluso se burló de la calidad de sus credenciales de afiliación.[18]  

Sin embargo, al entrar a la lucha armada, los Flores Magón fueron dejando atrás los ataques personales con personajes que consideraban menores y se concentraron en difundir su ideología anarquista.

Así, en pleno auge de la rebelión de Baja California de 1911, impulsada por los magonistas y tachada por muchos de secesionista, Ireneo los acusó de “pretender constituir una república socialista”. [19] Con esa perspectiva, Enrique Flores Magón arremetió contra Madero:

El Enano se hunde. Y se hunde a sí mismo, empujado por su cobardía. Creyó que una revolución era igual a un cuartelazo; creyó que su prestigio era inmenso é inmenso su poderío, a tal grado que pudiera dominar la situación sobre todo el país, y que sacaría grandes ventajas financieras de la empresa a más de honores y glorias, y entró al movimiento armado sin comprender que una revolución que no es producto de personalismos sino del medio social desastroso e insoportable en que vive la casi totalidad de los habitantes del país no puede ser dirigido por la voluntad de un megalómano.

Y los hechos están probando que Madero no es más que un infeliz incidente de la lucha. A pesar de que el Gnomo Chato ensordece los espacios con su vocecilla de afeminado pidiendo paz en nombre de los rebeldes, estos continúan de frente, siempre avanzando, sin oír siquiera la atiplada voz del Señor Provisional cuyo desagradable eco se pierde entre el estruendo del combate, llevando sólo en sus mentes los rebeldes la idea justa de la reivindicación y la venganza, la de la destrucción de un sistema odioso que es imposible soportar y cuyo remedio será la conquista de la Libertad Económica para los habitantes de México.[20]

En ese entorno, Ireneo hacía fuertes llamados a Madero, incitando a la “urgencia de exterminar a los magonistas”.[21]

El desenlace

El recrudecimiento de la Revolución mexicana, la ruina de Ireneo y la prisión final de Ricardo Flores Magón en 1918, en la cárcel de Leavenworth en Kansas City, diluyó los años de disputas. Sería el hijo menor del jalisciense el que marcara el punto final a la confrontación.

Durante su exilio en Estados Unidos, Octavio Paz Solórzano difundió el ideario agrarista por medio de La Semana, publicación que editaba desde Los Ángeles. En esa etapa, coincidió en la práctica periodística con Flores Magón y supo de su detención por “sabotear el esfuerzo bélico” de ese país, inmerso en la Gran Guerra.

A pesar de sus diferencias ideológicas, Flores Magón sentía cierta simpatía por el zapatismo, pues consideraba que su lucha era desinteresada y genuina, aunque de corto alcance. De hecho, Antonio Díaz Soto y Gama colaboró en Regeneración.

Siendo diputado en la XXIX Legislatura, Paz Solórzano se integró a la Comisión de Relaciones Exteriores. En esa calidad, expresó su preocupación por el desempeño de los cónsules. En la sesión correspondiente al 23 de septiembre de 1920, tomó la palabra y ejemplificó varios casos de abuso por parte de las autoridades estadounidenses: “Flores Magón está preso actualmente y se le acusa de [publicar] un artículo en contra de la guerra europea; entonces se le aplicó una ley inventada últimamente en aquel país, que se llamó la ‘ley de espionaje’, y por eso se encerró a aquel compatriota nuestro y está sentenciado a veinte años de prisión […]  ¡por un artículo de periódico!”. [22]

Al día siguiente, se dio cuenta de un escrito firmado, entre otros, por el diputado Paz, en el que se exhortaba al Ejecutivo a tomar “medidas conducentes para aliviar la situación de los mexicanos que se encuentran presos en los Estados Unidos […] y especialmente para que se gestione la libertad de […] Ricardo Flores Magón”.[23]

Muchas voces se sumaron a esta causa, entre ellas la de Nicolás T. Cabral, quien el 3 de noviembre dirigió una carta al recinto legislativo en la que describía a detalle la situación del preso político. Sobre su estado de salud, comentó que además de reumas y diabetes, padecía glaucoma y cataratas, por lo que, según los médicos, estaba condenado a perder la vista. Por último, señaló: “Si los hombres que componen el nuevo Gobierno mexicano abrigan sentimientos de justicia, si representan las aspiraciones de un pueblo que por diez años ha derramado su sangre por emanciparse de la tiranía y la miseria, no dudo de que seguirán adelante los esfuerzos principiados para reparar tanta injusticia infligida a estos hombres, a quienes las generaciones futuras admirarán”.[24] 

Al enterarse de las gestiones que se hacían a su favor, el anarquista envió un mensaje a Cabral, donde le compartía su sentir respecto el apoyo que había recibido de distintos sectores políticos y obreros. Sin embargo, puntualizó su criterio moral:

Agradezco los sentimientos generosos que impulsaron a la Cámara de Diputados a acordar dicha pensión. Ellos tienen razón porque creen en el Estado y consideran honesto imponer contribuciones al pueblo para el sostenimiento del Estado; pero mi punto de vista es diferente. Yo no creo en el Estado; sostengo la abolición de las fronteras internacionales; lucho por la fraternidad universal del hombre; considero el Estado como una institución creada por el capitalismo para garantizar la explotación y subyugación de las masas. Por consiguiente, todo dinero obtenido por el Estado representa el sudor, la angustia y el sacrificio de los trabajadores. Si el dinero viniera directamente de los trabajadores, gustosamente, y hasta con orgullo, lo aceptaría, porque son mis hermanos. Pero viniendo por intervención del Estado, después de haber sido exigido —según mi convicción— del pueblo, es un dinero que quemaría mis manos y llenaría mi corazón de remordimiento.

Mis agradecimientos a Antonio Díaz Soto y Gama en particular y a los generosos diputados en general. Ellos pueden estar seguros de que con todo mi corazón aprecio sus buenos deseos; pero yo no puedo aceptar el dinero. [25]

Su actitud contribuyó a que creciera el movimiento a favor de su excarcelación. Ante la presión, el gobierno del presidente Harding lo exhortó a que manifestara arrepentimiento, a lo que contestó:

No puedo aceptar su sugestión. La indiferencia con que los trabajadores ven mis sufrimientos, no me autoriza a envilecerme. […] Ellos tienen el derecho de dejarme en las garras de sus enemigos; pero eso no me da a mí el derecho de enlodar mis ideales, que no otra cosa sería balbucir mi arrepentimiento, cuando mi corazón y mi conciencia me gritan que he obrado bien; que he cumplido con mi deber como miembro de la familia humana.[26] 

Ricardo Flores Magón falleció el 21 de noviembre de 1922. Los agraristas solicitaron que sus restos fueran trasladados a suelo nacional, pues asumieron que su movimiento podría alimentarse de su espíritu libertario. Soto y Gama expresó: 

Apenas puede uno creer que exista en los labios de un hombre tan radical y tan vehemente como Flores Magón; casi la videncia del político, la videncia del estadista […]. Todo lo previó este hombre: previó que la conquista de la tierra era la base de todas las demás libertades y que, conquistada la libertad económica del campesino, sobre esa libertad se edificaría todo el edificio revolucionario.[27]


Sepelio de Ricardo Flores Magón en 1922, muerto en la prisión de Leavenworth, Kansas.

Muchos años después, el hijo del diputado Paz, al referirse a Flores Magón, dijo que fue “uno de los hombres más puros del movimiento obrero mexicano”. [28]







[1] Hilario Topete Lara, “Los Flores Magón y su circunstancia”, Contribuciones desde Coatepec, enero-junio, número 8, P. 76. 

[2] Ricardo Flores Magón, “El asunto de El Hijo del Ahuizote”, Regeneración, 30 de septiembre de 1900, p. 7.

[3] “Insensatez”, La Patria, 5 de septiembre de 1901, p. 1.

[4]“Sedimentos periodísticos”, La Patria, 2 de septiembre de 1902, p. 1.

[5]  “Nuestra campaña de limpieza periodística”, La Patria, 6 de septiembre de 1902, p. 1.

[6] “Los cómicos de la prensa”, La Patria, 12 de septiembre de 1902, p. 1. 

[7] “Ataques a la segunda reserva”, La Patria, 13 de septiembre de 1902, p. 1

[8] “El hijo del Ahuizote indignado”, La Patria, 16 de septiembre de 1902, p.1 

[9] Ricardo Flores Magón, “Dos ambiciones”, El Hijo del Ahuizote, 11 de enero de 1903, p. 16.

[10] Ricardo Flores Magón, “La Constitución ha muerto…”, 8 de febrero de 1903.  

[11]“Nuevo León”, La Patria, 12 de mayo de 1903, p. 1. 

[12] Ricardo Flores Magón, “¡El valor civil ha muerto!”, El Colmillo Público, 18 de septiembre de 1904, p. 270.

[13] “La gangrena reyista”, El Colmillo Público, 9 de octubre de 1904, p. 655.

[14] Meretriz

[15] “El interés brama. Ireneo Paz íntimo”, Regeneración, 16 de septiembre de 1905, pp. 2 y 3.

[16] “Regeneración”, La Patria, 11 de octubre de 1905, p. 1.

[17] “Se desnuda a Porfirio Díaz”, Revolución, 10 de agosto de 1907, citado en 1907-18 | Archivo Digital de Ricardo Flores Magón (archivomagon.net)  

[18] “Tiene gran nombramiento que expide Flores Magón”, La Patria, 24 de julio de 1908, p. 2

[19] “La defensa de la Baja California”, La Patria, 27 de julio de 1911, p. 3.

[20] Enrique Flores Magón, “La revolución avanza”, Regeneración, 6 de mayo de 1911, p. 3.

[21] “Los magonistas en el norte de la República”, La Patria, 3 de agosto de 1911, p. 3.

[22] Diario de los Debates de la Cámara de Diputados, Legislatura XXIX, 23 de septiembre de 1920.

[23] Diario de los Debates de la Cámara de Diputados, Legislatura XXIX, 24 de septiembre de 1920.

[24] Diario de los Debates de la Cámara de Diputados, Legislatura XXIX, 3 de noviembre de 1920.

[25] Carta de Ricardo Flores Magón a Nicolás T. Bernal, Penitenciaría Federal de los Estados Unidos. Leavenworth, Kansas, 20 de diciembre de 1920.

[26] Ibidem.

[27] Diario de los Debates de la Cámara de Diputados, Legislatura XXIX, 22 de noviembre de 1922.

[28] Octavio Paz, El laberinto de la soledad, México, FCE, 1994, Obras completas 8, p. 137.