Conversaciones y novedades

Paz en Ensenada

Ángel Gilberto Adame

Año

1912

Tipología

Novedades

 

Paseo Hidalgo, Ensenada 1912

El 14 de diciembre de 1887, Porfirio Díaz decretó la división del Territorio Federal de la Baja California en dos distritos. Antes de esa fecha, la mayor parte de la población se había asentado en el sur, más cercano al país por la vía marítima. Hacia fines del siglo XIX esto fue cambiando e hizo necesaria la medida. La capital inicial del Distrito Norte fue el puerto de Ensenada, y cada uno de los estos órganos administrativos quedó gobernado por un jefe político.

En 1910, cuando el puerto de Ensenada festejaba el centenario de la Independencia, la sede del Partido Liberal Mexicano se ubicaba en Los Ángeles. Aunque los magonistas se sumaron al llamado a las armas de Madero, pronto se radicalizaron. Así, continuaron con la publicación de Regeneración, se acercaron a los miembros de la Industrial Workers of the World, dirigida por Ethel Duffy, esposa del periodista John Kenneth Turner, y decidieron invadir el Distrito Norte.

Las hostilidades comenzaron 29 de enero de 1911 con la toma de Mexicali, incluyeron batallas en Tecate, Ensenada y Tijuana, y concluyeron el 22 de junio con la derrota de los rebeldes por las fuerzas del general brigadier Manuel Gordillo Escudero[1],  jefe de armas del Territorio de la Baja California. 

General Manuel Gordillo Escudero

La noche del jueves 18 de enero de 1912, el licenciado Paz, acompañado de su joven esposa, abordó el Ferrocarril Nacional Mexicano con rumbo a Ensenada con la encomienda de desempeñar el cargo de asesor de los jueces del Distrito Norte[2],  en sustitución de Joaquín Piña y Saviñón.[3] Después del viaje por tierra, los cónyuges abordaron el vapor nacional “Benito Juárez”, donde el 5 de febrero Paz Solórzano dirigiría un discurso por el aniversario de la Constitución.

Paz Solórzano arribaría a Ensenada el sábado 24 de febrero y recibió el primer ataque de la prensa oposicionista:

Ayer llegó el vapor […] que viene del Sur con un cargamento valiosísimo de empleados con sus familias. El cacique Gordillo Escudero empacó a esta gente para renovar o remover a todos los empleados actuales con los suyos. Estos cándidos vienen muy contentos, pues que les ha ofrecido no sólo altos sueldos, sino muchos y pingues negocios.[4]

El licenciado Paz de inmediato trabó amistad con Gordillo Escudero, quien había asumido la jefatura política desde el 24 de junio de 1911, y vivía momentos de enfrentamiento con los liderazgos locales. Según recordaría el flamante asesor:

Fui a la Baja California con un cargo de asesor de jueces no letrados, dado por la Secretaría de Justicia, a cargo de Jesús Flores Magón,[5] acabando de triunfar el régimen maderista. Al llegar allá me encontré, como se encontraron las demás personas que fueron nombradas por el Gobierno del señor Madero, nos encontramos con una situación en la siguiente forma: Un americanismo tremendo en la mayor parte de los habitantes del Distrito Norte. ¿Por qué? Porque una gran parte de sus componentes eran ciudadanos extranjeros que se habían nacionalizado mexicanos para adquirir tierras, porque, según la Ley Juárez, les prohibía adquirir esas tierras. Entre los principales que llegaron a Ensenada se contaba el padre del señor Ricardo Romero, don Eulogio del propio apellido y un señor Juan B. Uribe, abogado, el pícaro más grande que he conocido en mi vida y que estaba unido con el padre del señor; el Distrito Norte de la Baja California era poseído casi en su totalidad por una compañía, la Mexican Land and Colonization Company, es decir, esta Compañía Mexicana de Terrenos y Colonización había absorbido todos los terrenos, tenía una concesión bárbara expedida por el ministerio de Porfirio Díaz, Carlos Pacheco, por la cual era casi dueña del Distrito Norte, menos un grado; dicho grado era un desierto arenoso. Pues bien; nos encontramos en aquella situación y el jefe político y al mismo tiempo militar que había ido con una gran fuerza, que era Gordillo Escudero, para repeler la invasión de filibusteros que con el pretexto de establecer una república socialista, que no había tal, sino que el grupo aquel de extranjeros naturalizados mexicanos habían, por medio de Hearst, el enemigo de México, y por medio de Chandler, el director del “Times”, estos individuos se habían organizado para hacer una nueva invasión filibustera. Al ver aquello se procuró desde luego mexicanizar la región. Esto señores, los de Ensenada, capitaneados por aquel Uribe y entre los cuales se encontraba el padre del señor Romero, desde luego comenzaron a hacer una oposición tremenda, una oposición furibunda, una oposición terrible al primer decreto expedido por el jefe político; aquel primer decreto se refería a que ningún letrero de las casas de comercio debía estar escrito en inglés, sino que tenía que estar escrito en español, y que los dependientes de las casas de comercio tenían forzosamente que hablar en español. Esto, como era natural, molestó tremendamente a aquellos señores de la Baja California. Yo llegué en febrero, comencé a palpar la situación aquella; al principio trataron de ganarme; aquel pillo a que me he referido, jefe de todos esos señores, trató de conquistarse mi amistad y fue a verme en cierta ocasión a mi casa, proponiéndome la infamia más grande, que era que yo, abogado, con mi profesión libre me pusiera de acuerdo con él para despojar a un individuo. Yo demandaba, él era abogado de la parte contraria y en esa forma despojábamos a todo el mundo. Entonces comprendí el peligro enorme en que estaba la Baja California; entonces comprendí que eran ciertos los informes que se habían rendido ante el ministerio de Gobernación, acusando a todos aquellos individuos de despojar de tierras a los pobres, de despojar a los menesterosos. [6]

Durante su estancia, el licenciado Paz conocería al mayor Esteban Cantú —futuro mandatario de la localidad, que estuvo a punto de fusilarlo durante el carrancismo— y fraternizaron: “Fui muy amigo de él […] y hasta en una ocasión […] me escoltó a Tecate —todavía no se terminaba el ferrocarril— a desenterrar unos muertos, asesinados por un tal Guerrero, que se había unido a los llamados filibusteros”.[7]

Mientras tanto, Trinidad Sánchez Santos, desde El País, y José Ferrel y Félix, el antiguo amigo/enemigo de los Paz, desde El Intransigente, se convirtieron en feroces críticos del jefe militar:

Desde que el señor Gordillo arribó a este puerto, hemos estado señalando los crasos errores que iba cometiendo, hemos acudido a todas las puertas de los ministros que más directamente tienen que ver en este distrito, haciéndoles ver las inepcias, los gastos costosos e innecesarios que estaba cometiendo e implantando la nueva administración. [8]

El pleito entre Gordillo Escudero y las autoridades locales siguió escalando. Estas últimas alegaban que el militar:

Apenas habían transcurrido unos cuantos meses, cuando empezó a librar una campaña ruda y sistemática en contra de la corporación municipal, restringiendo sus atribuciones, coartando sus facultades, extendiendo nombramientos a favor de sus incondicionales con cargo a las arcas del municipio, dando permisos y concesiones para juegos de azar prohibidos y cobrando para sí los impuestos por él mismo fijados por tales disimulos, en fin una serie ininterrumpida de semejantes actos arbitrarios, que la independencia administrativa y económica del ayuntamiento estaba resultando un mito y a punto de desaparecer.[9]

Según Sánchez Santos, Gordillo Escudero intentó sumar a sus correrías a los lugareños Eulogio Romero y Gabriel Victoria y estos lo denunciaron, por lo que ordenó a Paz Solórzano darles un escarmiento:

Están verificándose tenebrosas juntas promovidas por el señor licenciado Octavio Paz y secundadas por la nata de los empleados protegidos del cacique, con el objeto de formular un programa exterminador del Ayuntamiento alzado contra el Amo y sus adictos. […] Entretanto el cacique acompañado con el señor juez de distrito y señora sigue en gira de paseo en la bella ciudad de Los Ángeles; a respetable distancia van el señor consultor, su asistente Enrique Aldrete y un sin número de policías secretos. Hoy 18 de junio lo esperaban aquí en el muelle todos sus adictos a la llegada del vapor; ahora dicen que llegará en automóvil esta misma tarde. Los incondicionales le presentarán como muestra de acendrado amor, su furibundo programa exterminador y los próximos degollados se preparan religiosamente para el fatal toque de trompeta Pedro. [10]

Días antes, con su cáustico humor[11],  el periodista tlaxcalteco había arremetido contra el hijo menor de Ireneo:

Los “dedos chiquitos” de Gordillo son el licenciado Jacinto Barrera, que dicen estaba empleado en Gobernación y lo trajo Gordillo con el empleo, completamente desusado, de consultor con sueldo de quinientos pesos mensuales; y el joven licenciado Octavio Paz, hijo del general que manda a La Patria los mamarrachos que se imprimen contra El País y contra las personas más respetables de Ensenada, y que ya habrá usted leído. Acabado de recibir de abogado, le colocó Gordillo de asesor de jueces no letrados, con doscientos cincuenta pesos mensuales de sueldo. Este individuo tiene el atrevimiento de decir que está autorizado (¿por quién?) para ejercer la profesión de abogado, ¡cómo!, ¿para ser juez y parte?, pues así es. Yo no lo he querido desnudar en mis revistas porque es un magnífico estilete que debe esgrimirse en su oportunidad. [12]

José Ferrel se sumó a la andanada:

Ha llamado grandemente la atención las juntas que se han venido haciendo en una casa particular de esta ciudad, entre varios empleados públicos, contándose entre ellos al […] licenciado Octavio Paz, al abogado consultor Barrera, que vino a esta con el fin exclusivo de entenderse de los negocios de terrenos. […] Parece que tales juntas no tienen otro objeto que fraguar un plan para la disolución del Ayuntamiento.[13]

También lo involucró en negocios ilícitos:

[14]



Visita de Octavio Paz y Josefina Lozano a E.U.A. el 6 de marzo de 1912 abordo del S.S. Victoria

Desde el anonimato de “el corresponsal”, Paz Solórzano intentaba defender a Gordillo y a su grupo:

He aquí, señores, escrito esto en marzo de 1912, el 27 de marzo. Viene después otro artículo, el 10 de abril de 1912, porque estos señores se defendían en el periódico El País y entonces titulé yo un artículo en esta forma: “Los mochos tratan de entregar la Baja California a los yanquis”. Viene otro artículo de fecha 1° de mayo, en que dije: “La Baja California merece mucha atención del Gobierno”. En todos estos artículos ataco al grupo de los partidarios del padre del señor Romero, que formaba parte de esa agrupación; por eso vino la enemistad entre él y yo, pero yo lo atacaba políticamente: “Los alacranes del Distrito Norte de la Baja California”. Otro artículo en 18 de mayo de 1912, otro artículo en 18 de mayo de 1912, “Por la Baja California ha empezado ya la ingrata tarea de los traidores”, el 20 de junio: “La verdadera situación en la Baja California".[15]

El 9 de julio, por la noche, en la cantina de Gardois “tres individuos entre ellos el hijo de un conocido cacique de aquella población, agredieron a traición al licenciado Octavio Paz, lesionándole un brazo, hecho que indignó a la culta sociedad de Ensenada".[16]

Paz Solórzano hizo responsable del ataque a Ricardo Romero, hijo de Eulogio, por apoyar a Gordillo Escudero y obstruir “sus planes antipatriotas”. Según el lesionado, Romero no sufrió consecuencias:

Después de una serie de artículos que escribí, el señor, por la espalda, yendo yo en la calle, una noche me asaltó, con tres individuos más; entonces acudió la Policía, y él y los demás corrieron. Al día siguiente el jefe político de allí mandó consignar el hecho; yo le supliqué que no hiciera nada. El juez, obrando contra su deber, por miedo al cacicazgo, por amistad a este señor, lo dejó inmediatamente en libertad. Después de esos hechos, ¿sabéis, señores, ¿cómo pagó este señor al juez aquel que lo había echado a la calle? Destruyendo su honra en los momentos en que aquel juez estaba hecho pedazos en la cama, por haberse volcado de un automóvil. Así pagó este señor los beneficios que le hicieron.[17]

El País narró otra versión:

Todo esto es inexacto, pues, muy al contrario, él fue quien provocó a Ricardo Romero, hijo de uno de los más caracterizados concejales de este municipio. Y como es un individuo impúdico, procaz y acérrimo del general Escudero, el mencionado joven Romero no se contuvo, pegándole en buena lid. El licenciado Paz es enteramente odiado en esta Ensenada, contando con reducidísimo número de amigos.[18]

El Intransigente siguió en la misma línea editorial:

El licenciado Octavio Paz continúa enviando informes calumniosos contra los honorables miembros de este Ayuntamiento, […] siendo dichas informaciones la causa de existir un odio reconcentrado contra el maniquí de Gordillo y más cuando está obcecado en decir que los miembros de dicho Ayuntamiento son filibusteros; respecto a este punto debería fijarse “el Ajolotito” (como le llama el pueblo por cariño) que él es más filibustero desde el momento que entre él y su amo Gordillo Escudero están viviendo de lo que explotan a los extranjeros con las concesiones que les han dado en Mexicali, en donde solamente a extranjeros perniciosos se les da permiso para que exploten las casas de asignación que hay en dicho lugar y que “el Ajolotito” siempre anda buscando gringos a quien explotar dados los negocios que existen, con tal que no sean mexicanos quienes los tengan. Dicho esto, caro abogadillo, ¿quién es el filibustero? [19]

Ante el número de quejas de ambos bandos, el presidente Madero designó al ingeniero Francisco Portillo para que investigara. Paz Solórzano se encargó de recibirlo personalmente.[20] Como resultado de los informes de Portillo, Mader mandó llamar al jefe político el 4 de septiembre. Jacinto Barrera [21] ejerció temporalmente el cargo y, el 6 de octubre, asumió la jefatura Carlos R. Ptanick.

Un día antes, Nueva Era publicó una carta de Paz Solórzano en la que se congratulaba de la salida de Ferrel de El Intransigente y lo acusaba de calumniarlo:

Yo no quise rectificar nunca esas noticias por varios motivos: el primero, porque a mí no se me ha atacado en mi vida pública, sino con necedades, que cualquier persona sensata que las lea comprende desde luego que no provienen sino de alguien que tiene resentimientos particulares conmigo; en segundo lugar porque la mayoría de los ataques eran dirigidos al señor general Manuel Gordillo Escudero y aunque me consta que son enteramente infundados, no quise, estando él aquí tomar su defensa para que no se creyera que lo hacía con el objeto de adularlo, además él puede defenderse por sí mismo y creo se defenderá revelando hechos que de seguro han de causar gran sensación en toda la República, pues se trata nada menos que de su integridad, defendida por el general y por todos los que nos hemos sentido con sangre mexicana en nuestras venas, porque a eso se ha reducido la lucha en este pueblo, a retirar de aquí al general, con el objeto de que un grupo […] de extranjeros naturalizados mexicanos manejados por un pillo llamado Juan B. Uribe, hagan con la Baja California lo que se hizo […] con Texas; y nosotros con todas nuestras fuerzas hemos luchado para que esto no suceda, aguantando un diluvio de injurias […]. En tercer lugar no he querido rectificar las falsas noticias publicadas por fortuna únicamente en “El País” y en el periódico que ahora dirige usted, porque sabía que era inútil estando Ferrel de Director y conociéndolo como lo conozco, pues a pesar de haberme tratado desde niño, de saber que siempre he sido honrado y patriota y deber a mi padre y a mi hermano grandes favores, ha dado cabida en “El Intransigente” a correspondencias embusteras fraguadas por los traidores de aquí, ayudados por el repórter Joaquín Piña, que está adolorido porque su padre el licenciado Piña y Saviñón fue destituido del puesto que ocupaba viniendo yo en su lugar. ¡He aquí el verdadero motivo por el que se han acogido en ese periódico los ataques que nos han dirigido!, sin que, repito, se haya procurado averiguar si las calumnias infames con que se ha pretendido manchar la reputación de personas honorables tenían algo de verdad, pues en esas correspondencias escritas con los dedos de los pies, lo mismo se ha injuriado a las maestras que son todas señoritas de sociedad de aquí, como a las damas más respetables por haber cometido el pecado de asistir un domingo a un paseo de campo al que concurrió el general Gordillo Escudero como su familia, como al glorioso Ejército Nacional y a la mayor parte de los empleados de la Federación, entre los cuales se encuentran personas honorabilísimas que no tienen más defecto que no haber hecho causa común con los bandidos, que están hace años explotando a los pobres, a los ignorantes, a los desvalidos y que han visto en nosotros una barrera infranqueable para poder seguir cometiendo sus inauditos crímenes.[22]

A pesar de los ataques de Sánchez Santos, Ireneo no dejó de lamentar su muerte acaecida el 8 de septiembre:

Una gran sorpresa, así como inmenso pesar, manifestó el director de La Patria, Lic. Ireneo Paz, cuando en de nuestras oficinas se le hizo saber por teléfono que el brioso y muy inteligente director de El País, Lic. Trinidad Sánchez Santos, había exhalado el último suspiro repentinamente. Primero Filomeno Mata, después Victoriano Agüeros y ahora Trinidad Sánchez Santos, los tres luchadores más antiguos de la prensa y quizá los más ameritados; los tres compañeros de muchos años en fiestas, en expediciones, en sociedades con entusiasmo mutuo organizadas, los tres periodistas fecundos y vigorosos que, aunque yendo por caminos diferentes y viéndose en público como fieras dispuestas a devorarse en lo particular, se trataban no sólo con estimación, sino con verdadero cariño. […] Esos tres colegas queridos, muertos, dejando en pie todavía dispuesto a regir en la brega al más viejo de los cuatro,[23] a aquel a quien siempre respetaron y dieron el primer lugar a sus determinaciones, sin duda no por más inteligente, sino por más lleno de años.[24]

El licenciado Octavio Paz y Josefina Lozano regresan a México de E.U.A. en el S. S. San Diego, el 11 de noviembre de 1912.

Ante estos hechos, Paz Solórzano decidió regresar a la capital. Mientras Josefina y él viajaban en el tren de Guadalajara, este fue asaltado, entre Pénjamo y Villaseñor, por orozquistas que fueron enfrentados por el ejército durante más de una hora y “en la refriega hubo cinco muertos y algunos heridos entre rurales y pasajeros”.[25]  Esto provocó la angustia del director de La Patria y contactó a las oficinas de El Imparcial para tener noticias acerca de lo sucedido: 

Esto nos tranquilizó y pudimos recibir a los viajeros que llegaron poco después de las 10 de la noche, porque de otra suerte cuando no obtuvimos noticias de que el tren llegaría a las tres de la mañana, hubiera sido un rato de inmensa pena para los allegados al señor Paz. [26]

La noche del martes 19 de noviembre el licenciado Paz arribó a la capital. Diez meses duró su primera estancia en Ensenada. Este viaje hizo que la amistad de la familia Paz Lozano se afianzara con Manuel Gordillo Escudero y Jacinto Barrera, y que los convidaran como testigos de nacimiento de su único hijo el 19 de mayo de 1914.



[1]Manuel Gordillo Escudero (Ciudad de México, 14 de diciembre de 1864-San Antonio, 19 de mayo de 1917), tras la caída de Madero, se sumó al huertismo. Fue juez en la causa militar contra Felipe Angeles. Falleció en el exilio.

[2] “El señor licenciado Octavio Paz rumbo a California”, La Patria, viernes 19 de enero de 1912, p. 1.

[3] “Remoción”, Nueva Era, 1° de enero de 1912, p. 5.

[4] “Cuestión política. El cacique de Ensenada”, El País, 25 de febrero de 1912, p. 7.

[5] Este dato de Paz Solórzano es inexacto. Para la fecha de su nombramiento, el secretario era Abraham González.

[6] Diario de los Debates de la Cámara de Diputados, año I, XXIX legislatura, 29 de diciembre de 1920.

[7] Octavio Paz Solórzano, Hoguera que fue, compilación, biografía, testimonios y notas de Felipe Gálvez, México, UAM, 1986, p. 305.

[8] “No soportan al cacique en Ensenada. Urge que la superioridad lo remedie”, El País, 27 de junio de 1912, p. 4

[9] Marco Antonio Samaniego López, “Las luchas políticas en Baja California durante la Revolución, 1910-1920”, Frontera Norte, enero-junio de 1994, vol. 6, núm. 11, p. 67.

[10]Íbidem

[11] Sánchez Santos fue quien le endosó el mote de “Ojo parado” a Gustavo A. Madero.

[12] “Gordillo Escudero no ha derrotado a nadie”, El País, 13 de junio de 1912, p. 4.

[13]“Celebran juntas para eliminar un Ayuntamiento”, El Intransigente, 28 de junio de 1912, p. 1

[14] Íbidem.

[15] Diario de los Debates de la Cámara de Diputados, año I, XXIX legislatura, 29 de diciembre de 1920.

[16] “Infame conducta de caciques de Ensenada”, La Patria, 24 de julio de 1912, p. 1.

[17] Diario de los Debates de la Cámara de Diputados, año I, XXIX legislatura, 29 de diciembre de 1920.

[18] “$100,000 se ganará un cacique”, El País, 18 de agosto de 1912, p. 6.

[19] “De la Baja California”, El Intransigente, 30 de agosto de 1912, p. 4.

[20] “La acusación que hace el Ayuntamiento al general Gordillo”, La Patria, 29 de julio de 1912, p.1

[21] Jacinto Barrera Villarreal (Lampazos, Nuevo León, 14 de febrero de 1875-Ciudad de México, 4 de agosto de 1945) jefe político de Toluca, secretario particular del ministro de Fomento y secretario de gobierno de Hidalgo.

[22] Octavio Paz Solórzano, “¿Pretendían la separación de Baja California? El Lic. Octavio Paz se sincera de unos cargos”, Nueva Era, 5 de octubre de 1912, p. 7.

[23] Ireneo nació en 1836, Filomeno Mata en 1845, Victoriano Agüeros en 1854 y Trinidad Sánchez Santos en 1859.

[24] “La muerte de Sánchez Santos”, La Patria, 10 de septiembre de 1912, p. 1.

[25] “El licenciado Octavio Paz en México”, La Patria, 21 de noviembre de 1912, p. 1.

[26] “A El Imparcial”, La Patria, 22 de noviembre de 1912, p. 1.