Conversaciones y novedades

El licenciado Paz en Campeche

Ángel Gilberto Adame

Año

1913

Tipología

Novedades

 

I

El 15 de septiembre de 1911 tomó posesión como gobernador de Campeche Manuel Castilla Brito, ante la presencia de Madero y Pino Suárez, para esas fechas aún candidatos del Partido Constitucional Progresista a la presidencia y vicepresidencia de la República.

El nuevo mandatario no era reconocido como un maderista de cepa. Según Juan Manuel Huchin Uc, si bien “Castilla Brito y un grupo de jóvenes campechanos interesados en la política local se suman al movimiento […] Brito no buscaba un reformismo fuera del porfirismo, y por esa razón no se adhiere inmediatamente al maderismo; por el contrario, […] inicia su propaganda política en favor del general Reyes.” [1]

Tras los sucesos de la Decena Trágica, en Campeche los terratenientes y la Iglesia se manifestaron en apoyo de la usurpación, mientras que Castilla Brito guardó silencio y pospuso su decisión de tomar partido. A mediados de marzo, Emeterio de la Garza jr. —un viejo conocido de los Paz— encabezó una delegación huertista que lo urge a definirse. Ante su ambivalencia, Huerta mandó llamar al gobernador a la capital y le ordenó que pusiera el mando de sus fuerzas a un par de representantes de la Federación. Mientras tanto, el 6 de junio, los congresistas Salvador Martínez Alomía y Juan Zubarán Capmany se entrevistaron con Castilla Brito y lo invitaron a sumarse al pronunciamiento de Carranza. [2]

Acorralado, el día 10 de junio de 1913 Castilla Brito adoptó al Plan de Guadalupe y convocó al 46° Batallón Rural y a las tropas irregulares acantonadas en Hecelchakán y Calkiní.[3]  De inmediato, la prensa capitalina condenó el alzamiento e Ireneo Paz usó la ironía:

Nosotros habíamos optado porque se le diera una azotaina a Castilla Brito por animal, en el supuesto de que se hubiere pronunciado contra sí mismo, esto es, contra su situación de gobernante, pero ya vemos que fue todo un pico largo una vez que se ha soplado su medio millón de pesos, con los cuales se sabrá dar buena vida mientras la tenga.[4]

Manuel Castilla Brito

Huerta mandó al general Manuel Rivera y Chávez a sofocar la rebelión. El 5 de julio, el Periódico Oficial del Gobierno local dio cuenta que el Congreso designó gobernador interino a Rivera. Según Abud Flores: 

Tres son los combates significativos que cierran este periodo. El primero de ellos se desarrolla en la ranchería “El Pital”, donde las fuerzas rebeldes derrotan a las de Rivera (6 de agosto de 1913). El segundo combate (21 de agosto) tiene por escenario un lugar llamado Saakacal, (municipio de Champotón), donde el saldo de muertos supera los 300 por ambos bandos, aunque la acción militar no fue decisiva. El tercero y definitivo encuentro se dio en Chunchintoc (municipio de Hopelchén), donde la victoria quedó a favor de las tropas federales. Fue tal la magnitud de la derrota que los rebeldes campechanos, perseguidos y dispersos, se vieron forzados a retroceder a Xcaahá donde acamparon e iniciaron las primeras negociaciones para la rendición. […] 

Castilla Brito en ningún momento estuvo presente en los combates: abandonó a la tropa que lo había secundado en la empresa, que lo reconocía como el líder del movimiento que esperaba la implementación de un programa revolucionario de gobierno; nada valió, se llevó el dinero y, vía Belice, se refugió en Nueva Orleans. [5]


General Manuel Rivera y Chávez

Al inicio del año 1913 Octavio Paz Solórzano residía en la Baja California, junto a su esposa Josefina, primero desempeñando el cargo de asesor de jueces no letrados para los Partidos Centro y Sur de dicho Territorio. A principios de marzo se informó de su renuncia y regreso a la capital. [6] 

El 19 de febrero, la Suprema Corte de Justicia de la Nación reconoció a Victoriano Huerta como presidente de la República. A la sesión correspondiente acudieron solo nueve ministros. Uno de los ausentes, Emeterio de la Garza Martínez se presentó a las cinco de la tarde, cuando ya se había efectuado la votación, “disculpando su falta de puntualidad por habérsele enfermado repentinamente de un ataque de hemiplejia su hijo, el señor licenciado José María de la Garza, que desempeña el cargo de Juez Cuarto Correccional”.[7] 

Nueve días después de estos hechos, la enfermedad que padecía el juez de la Garza lo obligó a pedir una licencia de dos meses al cargo que venía desempeñando desde el 19 de julio de 1911.[8]  Interinamente, José María Ramírez lo sustituyó. Poco después, Paz Solórzano asumiría la secretaría de dicho juzgado. Luego, el 9 de abril, el juez Ramírez obtuvo una licencia por un mes con goce de sueldo y quien quedó a cargo, temporalmente, fue el secretario Paz, y su lugar lo ocupó Félix González.[9]  Por último, el 29 de abril se informó que Paz Solórzano continuaría en el puesto en virtud de que se había prolongado la licencia del juez titular e implícitamente se anunciaba la baja de Ramírez. [10]  

En esta época, los jueces correccionales eran designados por el presidente de la República, duraban en su cargo seis años y eran competentes para conocer de la comisión de delitos que merecían una pena media menor a dos años de prisión o una multa mayor a 200 pesos.

El 7 de junio, aparecen unas cuantas líneas en La Patria dedicadas a congratular el trabajo que el juez Paz desempeñaba:

Desde que es despachado por el joven licenciado Octavio Paz, hijo del Director de La Patria, se nota que hay no sólo actividad en los trabajos, sino acierto e inteligencia en su despacho, respecto de lo que no habíamos querido decir una palabra hasta ahora que lo han hecho otros colegas para que no se crea que procedemos con parcialidad. 

Deseamos que el joven juez licenciado Octavio Paz continúa distinguiéndose en el cargo que hasta ahora con tanto tino viene desempeñando lo cual decimos no por parcialidad sino como un estímulo para la recta administración de justicia. [11] 

El primero de julio, el juez de la Garza se reincorporó a su puesto al vencerse su licencia por enfermedad. La prensa indicó: “Por informes que hemos adquirido sabemos que el licenciado Paz se le dará otro puesto de importancia en la administración de justicia, en vista de los buenos servicios que prestó durante el tiempo que estuvo al frente del referido juzgado". [12]

III

Un mes después, se informó que, por instrucciones de la secretaría de Justicia, el licenciado Octavio Paz Solórzano había sido nombrado agente del Ministerio Público especial en la causa que se le instruía a Castilla Brito y que saldría a la brevedad con dirección a Veracruz en donde se embarcaría para Campeche.[13] Se argumentó que este nombramiento tenía lugar porque el ministro Rodolfo Reyes quería “que todos los funcionarios que entiendan de este proceso sean completamente extraños a la sociedad campechana, y de esta forma puedan obrar con entera justicia”.[14] El licenciado Paz detallaría las circunstancias de su designación:

Mi situación era tremendamente desesperada. Entonces yo busqué por uno y otro lado la manera de salir de [ella y fui] al despacho del señor don Rafael Zubarán Capmany que era mi amigo; llegué al despacho y le hablé porque nos ligaba una grande amistad, porque había sido durante la época de la escuela de jurisprudencia casi el mentor de todos nosotros en materia política. […] Entonces el señor Zubarán me comenzó a platicar de la cuestión política y me dijo: “¿Qué le pareciera a usted ir a Campeche?” ¿A Campeche... de qué? “De agente del Ministerio Público para el proceso de Castilla Brito”. A mí me llamó profundamente la atención aquello porque sabía que el señor Rafael Zubarán era revolucionario y sabía que Juan su hermano también era revolucionario y estaba comprometido con Castilla Brito. Entonces yo me asombré y entramos en conversación. Me indicó que lo principal era salvar a las familias porque habían mandado allá a un Matoide, un tal Rivera, un general Rivera, que estaba cometiendo atrocidad y media: había incendiado fincas, había asesinado, había robado, en fin, estaba haciendo atrocidad y media y las familias estaban con temor […]. Entonces yo me quedé vacilando al principio sobre aquello y no le respondí si sí o no. A los pocos días me encontré con los señores Castilla, Pedro y Andrés. […] Ellos me animaron y me dijeron que era una salvación para las familias; que allá fuera porque podía impedir los actos de aquel bandolero y en alguna manera paliar algo los atropellos que se cometieran con las familias allá. Ya con aquello pues realmente me sentí algo inclinado al asunto y a los cuatro o cinco días de aquella conversación me invitaban a subir a un poderoso automóvil, un elegantísimo automóvil, en el cual iban el señor Martínez Alomia, que fue ministro en no recuerdo cuál República Sudamericana[15] y el señor Rafael Zubarán acompañado del secretario particular del licenciado Manuel Garza Aldape. [16]

El 4 de agosto se anunció que “un grupo de conocidos abogados ofrecerán muy en breve una comida al señor licenciado don Octavio Paz para felicitarlo por el nombramiento”.[17]  Paz Solórzano salió de la ciudad el viernes 8 de agosto y arribó a Campeche el martes 19.[18]  Según relataría años después, durante su estancia: 

No hubo una sola acusación, ni una sola orden de aprehensión en contra de nadie por mi causa; no molesté a ninguna familia ni a nadie absolutamente […]. Recuerdo perfectamente bien que en una ocasión una señorita de Campeche me decía: ¡qué raro que usted asista a nuestras fiestas y sea nuestro amigo siendo que debía usted ser nuestro enemigo! —No, señorita, si yo no vengo de enemigo de nadie, únicamente vengo con un papel de representante de la sociedad. Yo no podía explicarle a aquella señorita a lo que iba a Campeche. Pues bien, mi amigo íntimo en Campeche era el señor licenciado don Gonzalo Sales Guerrero [quien] me acompañaba […] a todas horas, hasta el día en que salí de Campeche; y tanto laboré en pro de la sociedad campechana […] que la única vez —advierto que solamente había tres presos, era la suma que había—, […] que pedí yo que no se declarara una libertad caucional, esa vez sí me opuse, porque habían agarrado a un individuo que se había rendido a Rivera y este individuo sí había incendiado fincas, sí había cometido mil atropellos y este hombre comprado por Rivera, por el gobernador, quería salir libre para delatar a todos los demás y mezclarlos en el asunto, y entonces me opuse; naturalmente de nada servía porque lo había echado el juez a la calle, porque tenía consigna.[19]

No osbtante esas declaraciones a posteriori, el 7 de septiembre el agente Paz formuló sus conclusiones por los delitos de sedición, robo y homicidio contra Castilla Brito, que lo hacían acreedor a la pena de muerte, la cual se mantenía en suspenso por haber huido éste a Nueva Orleans.[20] 

Además de derrotar a los alzados, Rivera sometió a la entidad manu militari. Con los vencidos no tuvo piedad. Destaca el caso del coronel José Ma. Blengio Bagundo, quien negoció su rendición y, después de un consejo sumarísimo, fue fusilado el 13 de octubre con sus hijos José y Gonzalo. Un par de testigos dieron fe de estos hechos:

A propósito de Blengio y sus dos hijos, diremos de qué manera los asesinaron después que los sentenciaron a muerte. Cuando lo iban a fusilar, sus dos hijos, […] se abrazaron de él y Blengio dijo: “si estos niños se han ido conmigo a pelear, es porque yo los he obligado; en nombre de la justicia y en nombre de todo, pido que me fusilen a mí y que se salve la vida de mis hijos”. ¡Y los han fusilado abrazados de su padre! [21]

En la revisión de esos trágicos sucesos, se cuestionó al juez de Distrito no obsequiar el amparo oportunamente y al agente federal Paz no usar el poder su cargo para evitar esos asesinatos. Pronto sus desencuentros con el gobernador fueron haciendo insostenible la posición de Paz Solórzano en la península. Según su propio dicho:

Tengo la certeza de que en Campeche nadie me quiere mal, al contrario, creo haber dejado amigos, el único enemigo era el gobernador Rivera, naturalmente, porque Rivera al saber mi conducta no podía pasarme, comprendió de lo que se trataba y pidió órdenes a Huerta y a Blanquet para mandarme aprehender y fusilar. Entonces el señor licenciado Carlos Galindo, que había sido mi profesor […] me puso un telegrama urgente avisándome que saliera inmediatamente de Campeche porque corría peligro mi vida y al mismo tiempo el joven amigo mío don Eduardo Baranda, hijo de don Joaquín Baranda, se acercó a hablarme esa noche que recibí el telegrama y me dijo: “Salga usted inmediatamente de Campeche porque Rivera lo quiere fusilar”. [22]

Paz Solórzano regresó a la Ciudad de México el jueves 20 de noviembre y se comprometió a presentar un informe sobre los acontecimientos y deslindar las responsabilidades que correspondan a todos los involucrados en el movimiento rebelde.[23]  Su padre se congratuló de su regreso “ya que sabemos que desempeñó su delicada misión con todo el beneplácito de sus superiores jerárquicos”.[24] Casi dos semanas después, declaró lo siguiente:

El señor licenciado don Octavio Paz […] nos ha manifestado que la zona se encuentra completamente pacificada, después de una lucha sin cuartel con los rebeldes castillistas.  […] La parte más interesante del relato [es que] estuvo a punto de ser fusilado por el gobernador Rivera, a pesar de haber sido enviado especialmente por el gobierno del centro; terminó con su aserto de que, a la fecha, en Campeche, Tabasco, Yucatán y Quintana Roo, no hay rebeldes.  Esto es tan debe a las siguientes causas: a que los habitantes de aquellas regiones son por naturaleza de carácter pacífico; a que la topografía del terreno no se presta, pues en suma está formando por enormes arenales o pantanos; a la falta de comestibles y agua, y, especialmente, a la escasez de armas y parque, que sólo pueden introducir los rebeldes con grandes dificultades, por agua.  A la fecha, […] solo hay en rebeldía una pequeña parte de Tabasco, pero sin bandera política, por lo que podrá decirse que esta y las de Yucatán, son pequeñas bandas de forajidos que se dedican al robo y nada más.[25]

Más tarde se informaría que Paz Solórzano asumiría el cargo de agente del Ministerio Público en el ramo penal, con sede en la cárcel de Belén[26]  y que, para estar más cerca de sus oficinas, se mudaría con su esposa a la calle de Venecia número 44, colonia Juárez.[27]  

El 9 de diciembre, el licenciado Paz declaró lo siguiente:

Rivera es el menos apropiado, se nos dice, para gobernar […] pues […] carece por completo de las más elementales reglas del tratado de cariño, es déspota, pues no permite que se le hable de ningún asunto que sea en bien del estado porque se imagina que le van a dar consejos y no los admite porque es infalible, omnipotente, o cuando menos él se lo cree, es antisociable. 
[…] Rivera no tiene secretario de Gobierno ni secretario particular, de manera que para todos asuntos, por importantes que sean, los resuelve según su criterio y está […] en cualquiera parte, menos en donde debe, sobre todo después de las dos de la tarde; díscolo y presuntuoso, por eso ha tenido choques […] No tiene nociones de lo que es la humanidad y nos basta citar [el caso de] los Blengio, en donde se mostró cruel hasta el exceso […] causando este hecho gran indignación en Campeche.  Todos estos hechos los ponemos en conocimiento del público y del Gobierno en beneficio del interés nacional, pues está bien que se ejerza todo rigor con las hordas vandálicas de Zapata, pero no con hombres pacíficos, que se les está incitando tal vez para que se levanten en armas nuevamente, es sencillamente antipatriótico.[28]

En el ambiente político quedó flotando una inquietud. Si Paz obró con probidad,[29] ¿por qué no sufrió represalias del huertismo a su regreso? Al contrario, asumió un nuevo cargo en el gobierno del usurpador y se mantuvo en él casi hasta la derrota final de Huerta. Esta sombra quedó marcada en el Diario de los Debates de la Cámara de Diputados,[30]  cuando Alonzo Romero, años después, le espetó al flamante diputado agrarista:

El ciudadano Paz dice que solamente ha cobrado sueldos en esta época; yo me permitiría interpelar al ciudadano Paz para preguntarle si en la época del huertismo no cobró sueldos. Sí los cobró; de modo que sirvió al huertismo, de modo que fue huertista.[31]     




[1] Juan Manuel Huchin Uc, “Causa criminal seguida a Manuel Castilla Brito, iniciador de la Revolución en Campeche (1909-1911), Criminalidad y delincuencia en México, (1840-1938), México, Suprema Corte de Justicia de la Nación, 2009, p. 294.

[2] José Alberto Abud Flores, Campeche: Revolución y movimiento social (1911-1923), tesis para optar por el grado de maestría en ciencia política, México, UNAM, p. 36.

[3] Felipe J. Castellanos Arcila, Calkiní en tiempos de la Revolución, consultado el 4 de abril de 2021: https://acortar.link/fUsjT

[4] “Baturrillo de noticias. La revolución en Campeche”, La Patria, 19 de junio de 1913, p. 1.

[5] José Alberto Abud Flores, op. cit., p. 40.

[6] “Nuevo asesor de la Baja California”, El Imparcial, 6 de marzo de 1913, p. 5.

[7] “La Suprema Corte de Justicia reconoce al señor general Huerta”, El Día, 23 de febrero de 1913, p. 1.

[8] “Enfermedad del Juez Lic. De la Garza”, El Diario, 28 de febrero de 1913, p. 7.

[9] “Movimientos de empleados judiciales”, El Imparcial, 9 de abril de 1913, p. 7.

[10]Nombramientos en la Secretaría de Justicia”, La Tribuna, 29 de abril de 1913, p. 7.  

[11] “El juzgado 4to Correccional”, La Patria, 7 de junio de 1913, p.3. 

[12] “Volvió a hacerse cargo del juzgado”, El Imparcial, 2 de julio de 1913, p. 6.

[13] “Agente especial en la causa de Castillo Brito”, El Imparcial, 1° de agosto de 1913, p. 8.

[14] “El licenciado Octavio Paz, agente del ministerio público”, El País, 2 de agosto de 1913, p. 6.

[15] Fue embajador carrancista para Centroamérica con sede en El Salvador.

[16] Diario de los Debates de la Cámara de Diputados, Legislatura XXIX, Año I, Periodo extraordinario, 12 de mayo de 1921, número 44. 

[17] “Fiestas y recepciones”, La Tribuna, 4 de agosto de 1913, p. 4. 

[18] “Se hicieron varias aprehensiones en Campeche. La causa de Castilla Brito”, El Diario, 22 de agosto de 1913, p. 4.

[19]Diario de los Debates de la Cámara de Diputados, Legislatura XXIX, Año I, Periodo extraordinario, 12 de mayo de 1921, número 44.

[20] “No se ha pedido la extradición de Castillo Brito. El agente del ministerio público en Campeche pide para él la pena de muerte”, El País, 7 de septiembre de 1913, p. 4. 

[21]Testimonio del senador Joaquín Lanz Galera y del gobernador Gonzalo Sales Guerrero, Diario de los Debates de la Cámara de Diputados, Legislatura XXIX, Año I, Periodo extraordinario, 11 de mayo de 1921, número 43.

[22] Diario de los Debates de la Cámara de Diputados, Legislatura XXIX, Año I, Periodo extraordinario, 12 de mayo de 1921, número 44. 

[23] “El Comisionado de Justicia en Campeche regresó a México”, El País, 25 de noviembre de 1913, p. 11.

[24] “El licenciado Octavio Paz”, La Patria, 20 de noviembre de 1913, p. 1.

[25]“3 estados han quedado completamente en paz. Llegó el licenciado Paz”, El Diario, 12 de diciembre de 1913, p. 4. 

[26] “Nuevo agente del Ministerio Público”, El País, 13 de enero de 1914, p. 8. 

[27] “Cambio de residencia”, El País, 24 de diciembre de 1913, p. 3 .

[28] Octavio Paz S., “En nombre de la paz y humanidad, debe ser sustituido el gobernador de Campeche”, La Patria, 9 de diciembre de 1913, p. 2. 

[29] Esto lo puso en duda el diputado Juan Zubarán, el hermano de su amigo, cuando lo interpeló: “¿Cree usted honrado que un ciudadano que siente la revolución como usted ha dicho, calientes las cenizas del Mártir de la Democracia, del señor Madero pudiese aceptar del régimen brutal que tenía por cimiento el crimen, como era el régimen de Huerta, un cargo especial para ir a un Estado a instruir un proceso contra revolucionarios?”. Diario de los Debates de la Cámara de Diputados, Legislatura XXIX, Año I, Periodo extraordinario, 12 de mayo de 1921, número 44.

[30] Años después, el diputado Paz pretendió deslindarse de las imputaciones agregando lo siguiente:  

El que pretendió castigar a Rivera, […] compañero Alonzo, fui yo. […] En la época de la Convención supe que Rivera estaba aquí, Yo, conociendo todos sus crímenes […] le indiqué al general Lauro Guerra, inspector general de Policía: “Los reaccionarios y los que han asesinado están paseándose tranquilamente en la calle. Yo soy testigo de los crímenes cometidos por Rivera; usted debe mandarlo aprehender”. Entonces el señor Guerra […] agarró prisionero a Rivera y lo internó en la Inspección General de Policía. Con ese motivo, naturalmente, yo me presenté inmediatamente y le hice los cargos y le dije: Usted es el gobernador, usted asesinó a los Bleijo, quemó la finca, robó los dineros del país, asesinó al otro Avila en la prisión, usted es esto y lo demás, y le hice muchos cargos. Aquel hombre se puso despavorido y la esposa de él y la hija comenzaron a ver a un sobrino de él que tenía relaciones conmigo para que influyera en favor de él. Yo no hice caso por ningún motivo; pero desgraciadamente en estos días entraron las fuerzas carrancistas y lo echaron fuera. Aquí voy a presentar precisamente una prueba de mi aserto, es la carta de este señor sobrino de Rivera en la que certifica que yo ordenaba la aprehensión y que pedía que se le castigara. Ustedes comprenden que si hubiera sido cómplice a buen seguro que lo hubiera metido preso y lo hubiera puesto en manos del Comité de Salud Pública que funcionaba especialmente para conocer los asuntos políticos de nosotros. Suplico a uno de los señores secretarios que tenga la bondad de dar lectura a esto. […] Al margen un membrete que dice: “Julio Cervantes Olaguíbel. Avenida 5 de mayo 302. México, D. F. mayo 12 de 1921. Señor licenciado don Octavio Paz. Muy estimado y fino amigo. Presente. En respuesta a la carta de usted en la que solicita mi testimonio respecto a la aprehensión y acusación en contra de mi tío el general Manuel Rivera que fue gobernador de Campeche en la época de Huerta, me permito contestarle. Que usted el año de 1915, por el mes de julio aproximadamente, ordenó su aprehensión y le acusó de diversos delitos, entre ellos el asesinato de los señores Blengio; que yo intercedí cerca de usted en su favor por ruegos de su esposa e hija, a quienes les consta estos hechos, y que el susodicho general Rivera obtuvo su libertad al entrar a esta población las fuerzas carrancistas. Y existiendo la presente carta para que haga de ella los usos que mejor le convengan. Me repito de usted afectísimo atento amigo y seguro servidor. Julio Cervantes Olguíbel”. En Diario de los Debates de la Cámara de Diputados, Legislatura XXIX, Año I, Periodo extraordinario, 12 de mayo de 1921, número 44.

[31] Diario de los Debates de la Cámara de Diputados, Legislatura XXIX, Año I, Periodo extraordinario, 12 de mayo de 1921, número 44. 


      



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