Conversaciones y novedades

Una familia de Guadalajara

Ángel Gilberto Adame

Año

1914

Tipología

Novedades

 

Joaquín Romo

Mariana, la quinta hija de la estirpe Solórzano Preciado, nació alrededor de 1841 en la ciudad de Guadalajara.

     Tenía 26 años cuando formalizó su enlace con su paisano Joaquín Romo Torres. Previas las amonestaciones correspondientes, el matrimonio se celebró en la iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe, el 1º de julio de 1867. Meses antes, la prensa del Imperio se refirió al futuro cuñado de Rosa: “El apreciable joven don Joaquín Romo que a más de dos años ha contribuido a la organización de la biblioteca pública, y cuyo desempeño no ha dejado que desear, debido a su instrucción y laboriosidad, ha sustituido al señor director de la expresada institución”.[1]

     Siguiendo el destino de su esposo, Mariana se trasladó a la capital y la familia empezó a crecer. Elodia nació en 1869, Ana Eva en 1871—sus padrinos fueron Felipe Buenrostro y Rosa Solórzano de Paz—, Esther en 1872, Raquel en 1875, Héctor en 1878, Rebeca en 1880, Eduardo en 1882, Elena en 1884 y Alfonso en 1886.

     Ya en la metrópoli, Romo se tornó en furibundo antijuarista y se sumó con Ireneo a la campaña de apoyo a la presidencia de Porfirio Díaz. Así, el 2 de abril de 1871, los parientes políticos, junto con otros simpatizantes, le remitieron al oaxaqueño una carta a La Noria y se declararon “entusiastas admiradores de las glorias nacionales que se deben al genio y patriotismo de usted”, y le enviaron “su más cordial felicitación y hacen votos porque triunfe su candidatura en la próxima elección de presidente de la República”.[2] Además, fundó el sabatino El Pellizco, “periódico esencialmente malcriado, órgano de la gente de trueno y pesadilla de los releccionistas” el cual alcanzó 12 números. En su despedida, Romo reconoció a su mecenas:


El pobre Pellizco tiene un pequeño cargo en la imprenta de donde ha salido; así es que les rogamos a los señores agentes se dignen sacarnos de este compromisillo remitiendo los fonditos correspondientes al trimestre que termina con este número, por conducto de nuestro muy querido tutor y confesor el Padre Cobos.[3]


Tras la muerte de Juárez, colaboró con el gobierno de Lerdo, lo que nubló su relación con Ireneo, aunque nunca al grado del rompimiento. El 26 de julio de 1873 se dio la noticia:


Nuestro excelente y querido amigo que formaba parte de esta trinidad de buenos chicos redactores de Juan Diego, ha sido nombrado prefecto político del distrito de Xochimilco. Felicitamos sinceramente al buen Joaquín por la merecida distinción de que ha sido objeto, y a los pueblos del distrito que va a administrar que cuentan con una autoridad tan activa, enérgica e inteligente como la que acaba de proporcionarles el señor Gobernador.[4]


Efectivamente, Romo dejó la lucha política y puso manos a la obra en su nuevo cargo. A los pocos meses de su nombramiento, se informó que había sentenciado a muerte a Félix Pliego y Miguel Corona, dos salteadores y asesinos.[5] Pronto lo acecharon mayores peligros:


En Xochimilco ha estado a punto de estallar un motín semejante a los de Zinacantepec y Tejupilco.

Camilo Sandoval, síndico del Ayuntamiento de Xochimilco, estuvo excitando a los indígenas de Nativitas y de Tepepa a que se sublevaran con objeto de asesinar al prefecto del Distrito y a todos los coyotes, o sea los vecinos que forman el centro de la población.

Un indígena de los que fueron convocados con tan infame objeto y que como la mayor parte de los de aquel Distrito, tiene grandes simpatías por Joaquín Romo, su actual prefecto, fue a dar a éste, aviso de lo que pasaba e inmediatamente ordenó Romo la aprehensión de Camilo Sandoval, quien ha sido conducido ayer a esta ciudad convenientemente escoltado.[6]


El 13 de abril de 1874, se informó que Romo desempeñaría la prefectura de Tlalpam, puesto que ocuparía hasta la caída de Lerdo. Pronto el propio Ireneo reconocería su trabajo:


Probablemente los ricos de ese rumbo no son como los de otras partes, pues han aprestado con gusto sus bolsillos para la erección de un hospital en Tlalpam. Igual solicitud han demostrado los ayuntamientos de ese distrito, que no han de ser tan inhumanos como el de la capital. Cabe la principal gloria en esta obra de beneficencia al prefecto nuestro amigo Joaquín Romo, quien siempre infatigable en el trabajo, se propone no darse cinco minutos de descanso mientras no vea inaugurado el hospital.[7]


En el primer mandato de Díaz, estableció una Agencia General de Negocios Administrativos junto con Carlos E. Arochi. La Patria lo ayudó a publicitar su establecimiento. Al acercarse las elecciones de 1880, coincidió con Ireneo en su apoyo a Trinidad García de la Cadena. Para 1885, ya aparece en la lista de colaboradores de La Patria y en los trabajos de la Prensa Asociada. 




     El momento de mayor acercamiento entre Joaquín e Ireneo se daría en 1888, con la publicación de Guadalajara. Apuntes históricos, biográficos, estadísticos y descriptivos de la capital del estado de Jalisco, desde su fundación por el conquistador Nuño Beltrán de Guzmán hasta nuestros días, en cuyo prólogo, escrito por Ireneo, mencionaría:


Modesto, como lo son los hombres que desconfían de su propio mérito y los que realmente prestan señalados servicios a sus semejantes, él mismo dice que no ha hecho más que iniciar la obra que los historiadores inteligentes deben proseguir; pero a mi juicio ha hecho tanto como podía pedírsele para presentar el primer libro que se ha escrito de esa naturaleza. […]

Permítaseme pronunciar la última palabra como corolario de estas líneas. Esa palabra es la siguiente: deseo ardientemente que el concienzudo trabajo de mi compañero y amigo el Sr. Joaquín Romo, obtenga el premio merecido. ¿Y cuál es el mejor galardón para el autor de una obra? Que se atraiga la atención del pueblo a quien se destina y de las personas ilustradas que puedan juzgarla.


El 18 de abril de 1891, Elodia Romo Solórzano, maestra normalista al igual que Amalia Paz, contrajo matrimonio civil con un amigo de Arturo Paz, el dibujante Heriberto Adalid y Castillo. El hijo de Ireneo sería uno de los testigos. La pareja no duraría mucho tiempo: “Antes de anoche murió, siendo aún muy joven, el señor Adalid, después de una prolongada enfermedad del pulmón. Fue uno de los principales dibujantes litógrafos de la oficina del timbre y últimamente había puesto un taller de litografía por su cuenta. Fue muy honrado, muy inteligente y muy trabajador. Damos el más sentido pésame a su familia y a nuestro Director de quien fue pariente político”.[8] Durante el huertismo, su viuda fue designada Directora de la Escuela Nocturna Suplementaria del Distrito Federal.[9]

     Sin embargo, la situación económica de la familia Romo Solórzano no era boyante. Así, Arturo Paz acudió, en mayo de 1895, con Limantour y le recomendó a su primo Héctor. Este le respondió, evasivamente, que considerará sus servicios cuando existiera “una oportunidad favorable”.

     El 4 de enero de 1898, La Patria dio cuenta que Romo había sido nombrado administrador principal del distrito de Morelia. Sería el último cargo que desempeñaría.

     El 13 de diciembre de 1899, víctima de la diabetes, falleció Joaquín Romo. Tenía 58 años. La Patria destacó la noticia:


El miércoles en la tarde murió en Morelia el que fue en otro tiempo administrador y redactor de La Patria.  Durante el gobierno de Lerdo de Tejada fue prefecto de Tlalpam y Xochimilco, dejando en ambos distritos muchos y buenos amigos. Después fue por varios años empleado en el gobierno del Distrito, desempeñando con suma honradez el cargo de visitador de empeños.

Desde hace varios años, siendo gobernador de Michoacán el general Jiménez, fue llamado Romo a desempeñar la producción de rentas en la Piedad, después pasó a Pátzcuaro y últimamente el señor Mercado, brindando una gran muestra de confianza y estimación le había encomendado la oficina principal recaudadora de contribuciones de Morelia, empleo que desempeñaba satisfactoriamente aun para los causantes entre los que se ganó mucha simpatía.

Joaquín Romo fue a veces periodista y autor de algunos escritos entre los que podemos mencionar su “Historia de Guadalajara” que obtuvo un gran éxito.

Al morir deja una numerosa familia sumida en el más profundo dolor y tal vez llena de dificultades en la lucha por la vida.  Joaquín Romo era pariente político de nuestro director, a quien le damos también el pésame lo mismo que a la familia del finado por tan sensible pérdida.[10]


El 1º de noviembre de 1901, Mariana acudió a Limantour directamente:


Muy respetable e inolvidable Pepe:

Después de un paréntesis de 4 años que no había tenido el honor de dirigir a usted, me han ocurrido muchos trastornos y desgracias, entre ellas, la más lamentable, la muerte de mi querido Joaquín que después de tantos y tantos años de constante trabajo, murió muy pobre por su honradez y conciencia. Encuéntrome en una situación conflictiva, pues el único apoyo de esta numerosa familia es mi hijo Héctor, portador de la presente que no tiene trabajo y sabida que el único mérito que para usted, tengo es haber apreciado con muy buena amistad a sus dignos padres, acudo a sus grandes sentimientos para que haga algo a mi favor, colocándolo.


Sin embargo, Héctor estaba interesado en seguir los pasos en la actuación de su tío Francisco Solórzano, por lo que buscó su propio destino:


Después de una gira que hicieron por la América Central, algunos mexicanos que formaron aquí una compañía de zarzuela, está próximo a regresar el bajo don Héctor Romo, que ha hecho grandes progresos en el canto, fijándose después de haber sido tenor y barítono, en la voz de bajo, porque para ello se presta de un modo extraordinario el timbre de su voz, la que ya ha sido educada convenientemente.

Los periódicos de Guatemala han hecho calurosos elogios de ese cantante que será de seguro una magnifica adquisición para cualquiera de las compañías que están actuando en los teatros de esta capital.[11]


Mientras tanto, Mariana fallecería el 15 de enero de 1906 a los 60 años. Ireneo la recordaría de la siguiente manera:


Después de una penosa y prolongada enfermedad, falleció antier, en su residencia de la calle del Padre Lecuona, número 2, la estimable dama Mariana Solórzano viuda de Romo, hermana que fue de la señora esposa de nuestro Director.

Nosotros que conocimos de cerca a la que ha pagado su tributo a la madre naturaleza, admirando siempre sus prendas personales, en estas líneas damos nuestro más sentido pésame a su apreciable familia, y hacemos votos por el eterno descanso de la que fue buena hija y mejor madre.[12]


La carrera artística de Héctor no tuvo mayor fortuna y, el 8 de junio de 1907, falleció en la ciudad de Tampico. Tenía 29 años. El Popular dio esta lacónica nota: “El lunes anterior dejó de existir en Tampico, después de prolongada enfermedad, el galán joven y barítono señor Héctor Romo y Solórzano”.[13]

     A partir de esta última desgracia, los Romo Solórzano fueron tomando su rumbo y alejándose de los Paz Solórzano; la única que mantuvo el contacto fue Elena, quien nombró testigo de su boda con Luis Rafael Lagos, el 21 de noviembre de 1914, a su tío Ireneo Paz.

     Al día de hoy, una calle en la demarcación territorial de Tlalpan recuerda a Joaquín Romo.




[1] “Biblioteca pública”, La Sociedad, 18 de octubre de 1866, p. 3.

[2] “Felicitaciones”, El Ferrocarril, 6 de abril de 1871, p. 3.

[3] “A los señores agentes”, El Pellizco, 3 de junio de 1871, p. 4.

[4] “Joaquín Romo”, El Correo de Comercio, 26 de julio de 1873, p. 3.

[5] “Varias noticias”, La Iberia, 19 de agosto de 1873, p. 2.

[6] “Guerra de castas”, El Foro, 11 de diciembre de 1873, p. 3.

[7] “Hospital en Tlalpam”, El Padre Cobos, 9 de julio de 1874, p. 4.

[8] “El señor Heriberto Adalid”, La Patria, 29 de mayo de 1898, p. 3.

[9] “Boletín Informativo de la Secretaría de Instrucción Pública y Bellas Artes”, La Patria, 26 de agosto de 1913, p. 3.

[10] “Muerte de Joaquín Romo”, La Patria, 16 de diciembre de 1899, p. 2.

[11] “Artista mexicano”, La Patria, 28 de julio de 1904, p. 1.

[12] “Sensible fallecimiento”, La Patria, 17 de enero de 1906, p. 1.

[13] “Notas de arte”, El Popular, 15 de junio de 1907, p. 4.


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