Conversaciones y novedades

Poetry International 70

Ángel Gilberto Adame

Año

1970

Tipología

Novedades

 

Cartel del Poetry International 70

Después del éxito del Festival Internacional de Poesía de Londres en 1967, el Consejo de las Artes de Gran Bretaña y el Poetry Book Society decidieron institucionalizarlo, primero cada dos años y luego con una periodicidad anual. Así, en la nueva década los poetas recibieron mayor atención, como se aprecia en los viajes, premios y becas aportadas por instituciones inglesas. En vez de reunirse en cafés como era la costumbre, los poetas comenzaron a encontrarse en los aeropuertos.


          Ante sus propias tragedias, Ted Hughes se alejó de la organización del Festival y le dejó la responsabilidad a Patrick Garland y Charles Osborne, “un joven colérico, excitable y con un don espectacular para el insulto al que se entregaba plenamente”[1].  La tercera edición de Poetry International tuvo lugar en el Queen Elizabeth Hall, del 25 al 27 de junio de 1970, en medio de fuertes debates en el seno del gobierno laborista de Harold Wilson sobre si, en pleno proceso electoral[2], era popular subvencionar a la cultura y, en particular, a la literatura:

El Panel de Literatura del Consejo de las Artes de Gran Bretaña […] ha “ganado tiempo” para un puñado de escritores, ha ayudado a un número de revistas moribundas a sentarse y ha intensificado las giras de sus escritores para que en 1970 visiten unas doce tierras baldías. […] Por muy poco que se pueda objetar en detalle esta estrategia, y por agradable que sea saber que muchas personas que cobran altos honorarios han estado dispuestas a trabajar en comités por nada, uno debería preguntarse si esa política es correcta.  Sin suponer que se trata de un retorno de la Edad Media, la ideología cada vez más utilitaria de la publicación moderna sugiere la necesidad de una contraparte más dinámica.  A una pregunta tan quejumbrosa, el gobierno respondería sin duda alguna que cualquier cosa más directa estaría fuera de su alcance.  Pero a partir de los excelentes ejemplos en los campos de la música y el teatro, parece extraño que el Consejo no haga la inferencia de que la literatura necesita apoyo a un nivel similar.  Decir que la ópera es intrínsecamente costosa es una respuesta superficial. Sin embargo, incluso sin un aumento sustancial, se percibe un deseo creciente en el Panel de hacer que el dinero trabaje más.  Osborne, por su parte, director adjunto de literatura desde 1966, considera que 40.000 libras esterlinas en subvenciones directas a escritores no suponen un gasto desproporcionado.  Él no tiene, dice, un sueño megalómano de millones, pero “podría y debería haberse hecho un presupuesto cercano a £ 250,000 cuando se estableció”.[3]

 


          De la organización del Tercer Festival, Osborne recuerda algunos detalles:

El joven editor Peter Jay fue nuestro mandadero, transportando poetas a través de Londres, llevando recados y permaneciendo siempre agradable a pesar del temperamento de los artistas. […] Sidney Nolan produjo un póster impresionante para nosotros. Fue tan solicitado que la mayoría de las personas a quienes se lo dimos para exhibir, simplemente se lo llevaron y lo enmarcaron. Así que lo convertí en programa, imprimiendo las fechas de las presentaciones en la parte posterior y vendiéndolo por sólo dos chelines.  Ese fue el año en que convencí a mi antiguo conocido Tennessee Williams de volar desde Key West, Florida, para unirse a nosotros y leer sus poemas.[4] 

          Además de Williams, habían confirmado su asistencia los ingleses W.H. Auden, Stephen Spender y Thom Gunn, el australiano Peter Porter, el nigeriano Wole Soyinka, los estadounidenses Carolyn Kizer y Allen Tate, el italiano Pier Paolo Pasolini, el húngaro Sándor Weöres y el alemán Günter Grass[5].  Sin embargo, el autor de El tambor de hojalata canceló su participación, por lo que los organizadores necesitaban a otro poeta de lengua extranjera. Charles Tomlinson, destacado miembro del Poetry Book Society, ya tenía en mente al personaje ideal.


Jebb, Julian. The Times (London, England), 27 de junio de 1970

          En esa época, Octavio Paz llevaba ya seis meses residiendo en un apartamento cercano al centro de Cambridge, ocupando la cátedra Simón Bolívar del Churchill College. Un archivista de la institución lo recuerda “de carácter casi ermitaño, de largas caminatas pero de pocos amigos; del salón de clase a la biblioteca y de ahí a su alojamiento”[6], y Jason Wilson afirma saber “que los Paz se escapaban de Cambridge, donde no estaban demasiado felices, a París, donde se sentían más a sus anchas y eso a pesar de las buenas relaciones que tenía la pareja con un grupo de poetas jóvenes”[7]. En medio de esta vida “agradable pero aburrida”[8], Paz aceptó participar por segunda vez en Poetry International.


          Los críticos destacaron la buena coordinación: “Garland y Osborne son prácticamente aves de la misma especie. El pájaro más joven, Garland, es producto de Oxford, mientras que Osborne es oriundo de Queensland. Ambos tienen un trasfondo teatral-literario”. Según Julian Jebb, “el principal cambio de este año está en la audiencia.  Apenas un caftán a la vista, un buen número de tweeds, un esmoquin o dos y un buen número de mujeres de mediana edad con peinados elaborados”[9].  Otros lo calificaron como “una especie de mini-Woodstock en South Bank”[10].  Se podía ver por el entusiasmo de los asistentes, la mayor parte de ellos gente muy joven y que todas las chicas agradables amaban a un poeta.


          Desde el martes 23 los poetas comenzaron a arribar y Osborne llevó un diario de las peripecias:

Thom Gunn acaba de llegar de San Francisco y “Soyinka ha volado desde Estocolmo, pero lo hemos perdido” (¿Estocolmo? Lo estaba esperando de Ibadán). Más problemas: “Abordé el avión en Roma, pero Pasolini no estaba en él”. Fueron Pasolini y Tennessee Williams los que pensé no vendrían. Sin embargo, Tennessee llegó incluso unos días antes de lo previsto. […] Lo encontré tan agradable como antes, pero vacilante, fácil de lastimar, su personalidad de alguna manera fragmentada. Hablé y bebí poco tiempo con él en su habitación, hasta que llegó un periodista con un fotógrafo para entrevistarlo.[11] 

          El dramaturgo estadounidense fue uno de los invitados que mayor interés causaron:

La habitación de Londres estaba lúgubre y en desorden. The New York Times y otros periódicos estaban esparcidos sobre la cama.  Tennessee Williams no pudo encontrar las medias de seda negras para usar con su esmoquin, así que decidió usar las celestes en su lugar.  […] Williams ha pasado recientemente por un periodo doloroso.  Una combinación de alcohol y el uso prolongado de calmantes le produjeron una crisis nerviosa y tuvo que pasar tres meses en un hospital psiquiátrico.  Está amargado por la experiencia. “Me metieron en un pozo de serpientes.  Estaba en el pabellón de los violentos. Podría haberme permitido estar en el mejor hospital de Estados Unidos.  Fue espantoso.  Allí tuve dos ataques al corazón.  Mi médico en Nueva York me dijo más tarde que ese tratamiento no era necesario”. Desnuda su alma como un personaje de una de sus propias obras. Ahora tiene 56 años. Su atención en este momento está concentrada en la poesía y ha venido a Londres para participar en las lecturas de Poetry International en el Queen Elizabeth Hall.  Dijo que tiene la intención de leer un poema […] que trata sobre su tiempo en el hospital.  “Escribirlo fue una catarsis y leerlo también lo será. Es muy venenoso, pero la mayor parte está plenamente justificada”.[12]

 


          Al día siguiente, hacia el mediodía, se ofreció un coctel de recepción en la terraza Martini. Osborne apunta:

No logré llevar a Tennessee y W.H. Auden aún no ha llegado (tampoco, por supuesto, Pasolini, quien empieza a desesperarme), pero la mayoría estaban allí: el amable húngaro Sándor Weöres, abrazando dos grandes libros que dice contienen sus poemas recopilados; Thom Gunn mostrando sus tatuajes; la encantadora Carolyn Kizer; Stephen Spender luciendo su entrañable aire de timidez impostada; Octavio Paz y su bella esposa. Pero los reporteros insistían en que apareciera Tennessee, así que pasé gran parte del evento marcando al teléfono de su hotel. “¿No podría venir unos cuantos minutos?”, le pregunté a su ayudante. “No, él cree que está agripado, y tal vez también le ha dado un vuelco el corazón”.  Impresionado, cuelgo y me rindo.  Un colega de Tennessee me dice: “Olvídalo. Lo hemos oído quejarse durante veinte años y sigue siendo el nadador más fuerte que conozco”.[13]

          Poco a poco se fue juntando todo el elenco. El italiano era el único que no aparecía: 

¿A quién encuentro para reemplazarlo en tan poco tiempo? ¿Intentaré con Robert Lowell de nuevo? No tiene mucho sentido: cuando hablé con él por última vez hace unos días, dijo: “El tipo de lectura de poesía que no me gusta es cuando tienes que compartir el programa con otros, sólo se te permiten unos veinte minutos y no te dejan discutir con el público. El jueves, en la tarde, aparece un hombre pequeño, demacrado, con traje claro y lentes oscuros, sin afeitar y con una maleta, acaba de ser llevado a mi oficina: ¡Pasolini!, ¡Eureka! [14]

          

          La inauguración fue el jueves 25, a las 7:45 de la noche. Por regla no establecida, los poetas tenían la oportunidad de leer tres poemas y, “los ofrecen como hostias, sacramentalmente, en un silencio que es a la vez acogedor y retentivo, lo que refuerza su figura sagrada, pero lo suficientemente terrenal como para mostrar los dones que poseen”.[15]


International Poetry Show 1970

          Peter Porter fue el elegido para abrir el evento. “Este escritor espléndidamente inteligente, erudito y talentoso lee su obra como si estuviera escrita para ser hablada.  Las referencias que a veces pueden aparecer deliberadamente en la página se disuelven, cuando se pronuncian en metáforas más amplias que las abrazan”[16].  Carolyn Kizer leyó lo que calificó como “un poema de amor erótico”.


          Pasolini lanzó frases como “fascista” y “burgués” sobre Patrick Garland. Muchos señalaron que el cineasta no pudo superar el tránsito de la traducción, por lo que su presentación resultó monótona. Osborne recuerda, maliciosamente, que “en el intervalo, Pasolini me preguntó si podía conocer a su intérprete, Gavin Ewart, en el bar, claramente sin entusiasmo por la reunión posterior.  Yo los presenté y me escapé”.[17]

          

          Allen Tate tuvo la mala suerte de que los altavoces fallaran, por lo que su lectura fue prácticamente ininteligible. Luego siguió Thom Gunn, quien recorrió el podio presentando sus lecturas con un agradable tono bostoniano. Pryce cuenta que “el señor Weöres leyó con un ritmo oriental y su extraño poema en un canto fue maravilloso”.[18]


Allen Tate

          Osborne señaló que la presentación de Williams “fue la más divertida”. Por sus tropiezos en el escenario, algunos lo tacharon del “quinto hermano Marx”. Primero leyó un buen poema y luego se enfrascó en un largo artículo sobre unos trapecistas rubios que, al final, se mostró reticente a concluir.

         

          El viernes 26 apareció Wole Soyinka, quien destacó por su voz hermosa y peculiar. Acababa de ser liberado de años de aislamiento en Lagos por abogar por las negociaciones con Biafra. Pasolini no “impresionó ni como personalidad ni como poeta”.[19] Auden, “a quien consideramos ahora como nuestra mascota de Poetry International, hizo su primera aparición con grandes aplausos. No lee, conoce los poemas, y parece arrancar las palabras de un teleprónter invisible. ‘¿Te sabes todos tus poemas de memoria?’.  ‘Sólo los que voy a declamar’”.[20]  


          Paz recibió buenas críticas. Pryce aseguró que sus poemas, al igual que los de Weöres, tuvieron un recibimiento exitoso en su idioma original. “Hay que admitirlo, el poeta mexicano Octavio Paz lo hizo mucho mejor que otros en las mismas circunstancias. Su largo poema ‘Lectura de John Cage’ fue inmensamente eficaz, incluso en fragmentos alternativos de español a medio entender”.[21]

El saber no es saber:
recobrar la ignorancia
saber del saber.
 
No es lo mismo
oír los pasos de esta tarde
entre los árboles y las casas
que
ver la misma tarde ahora
entre los mismos árboles y casas
después de leer

                            

          La velada terminó con Gunn. Su aspecto evidenciaba al poeta moderno, vestido de cuero, barbudo y delgado. Hubo un contraste extraordinario entre su apariencia y su poesía.

Thom Gunn          

          

          El sábado 26 apareció Spender, “más animado, aunque pedestre. […] Puede bromear por qué le sacó la lengua a D. H. Lawrence”[22].  Williams leyó su anunciado poema, “What's next on the agenda, Mr. Williams?”, que resultó un magnífico monólogo dramático”[23].  La clausura le correspondió a Auden:

Se quita las gafas oscuras, se tambalea en medio de vítores, usa el micrófono, mira su reloj y lee exactamente quince minutos.  Esta vez nos dio “Limestone Country”, otros dos poemas de paisajes, una imagen de imbécil reactiva y poco atractiva, un retrato dolorosamente preciso de un hogar de ancianos y terminó con una obscenidad alegre y desdeñosa. El control verbal sin igual permanece, pero los poemas posteriores, a diferencia de los que ha publicado, parecían demasiados preocupados por el tiempo, el dinero y la morosidad.[24] 

          

          Entrevistado sobre su presentación, Auden indicó:

Creo que estas lecturas públicas son algo bueno. La poesía es la palabra hablada. Debe leerse en voz alta, incluso cuando se lee en solitario. Sin embargo, hay el peligro que pienses en la audiencia y produzcas un efecto dramático. Por eso intento imaginar que le estoy leyendo a una sola persona. Además, ¿qué podría ser mejor para un poeta que hacer lo que disfruta y que le paguen por ello?[25]


          Después de 26 años, Paz regresaría al Queen Elizabeth Hall para una última aparición junto a su amigo Charles Tomlinson. La cita fue el lunes 10 de junio de 1996:

Entonces Tomlinson y Paz se acercan a los micrófonos, y sigue casi una hora de poesía de Paz, leída en el español original por Paz y en inglés por Tomlinson. En ese orden. […] Escuchar leer a estos dos hombres es descubrir que no hay uno, sino dos Octavio Paz de pie frente a nosotros. Uno es el Paz creado por Tomlinson. Paz-Tomlinson es un poeta que ataca con valentía el mundo a través del lenguaje y reconoce su propio sentido de importancia como aventurero intelectual. El discurso de este hombre es intrépido y casi intimidante, como si nos estuviera dando una lección necesaria sobre cómo leer una gran poesía en público. El otro es el mismo Paz, una figura mucho más muda, melancólica, vacilante en conjunto, que lee sin demostraciones y con una sensación dolorosa, casi lúgubre, de su propia interioridad.[26]




[1] Richard Davenport-Hines, Auden, Londres, Vintage, 2003. Versión electrónica.

[2] Wilson perdió las elecciones el 18 de junio y tuvo que ceder el cargo al conservador Edward Heath.

[3] “Pooter”, The Times, 20 de junio de 1970, p. 6.

[4] Charles Osborne, Giving It Away: The Memoirs of an Uncivil Servant, Londres, Secker and Warburg, 1986, p. 198.

[5] “U.S. playwright for festival” The Daily Telegraph, 7 de mayo de 1970, p. 16.

[6] Diego Gómez Pickering, “Cambridge o el año perdido de Paz”, Octavio Paz en el Reino Unido, México, FCE, 2015, p. 13.

[7] Jason Wilson, “Desde la ventana del colegio”, p. 74.

[8] La frase de Paz se la atribuye Richard Berengarten. Cfr. “Octavio Paz en Cambridge, 1970: Reflejos e iteraciones”, p. 115.

[9] Julian Jebb, “Poetry International 70”, The Times, 27 de junio de 1970, p. 21.

[10] “From our notebook”, The Tablet, 4 de julio de 1970, p. 648.

[11] Charles Osborne, “A rhyme of poets. A diary of last week´s Poetry International Festival”, The Sunday Times, 5 de julio de 1970, p. 27.

[12] Sidney Edwards, “Snakepit’ Embitters William”, The Miami Herald, 5 de julio de 1970, p. 151.

[13] Osborne, “A rhyme…”, op. cit., p. 27.

[14] Ibidem.

[15] David Pryce-Jones, “Elizabeth Hall. London Poetry International”, Financial Times, 29 de junio de 1970, p. 3.

[16] Jebb, op. cit., p. 21.

[17] Osborne, “A rhyme…”, op. cit., p. 27.

[18] Pryce-Jones, op. cit., p. 3.

[19] “From our notebook”, The Tablet, 4 de julio de 1970, p. 648.

[20] Osborne, “A rhyme…”, op. cit., p. 27.

[21] “From our notebook”, op. cit., p. 648.

[22]  Pryce-Jones, op. cit., p. 3.

[23] Osborne, “A rhyme…”, op. cit., p. 27.

[24] Jebb, op. cit., p. 21.

[25] Stacy Waddy, “Auden’s Eden”, The Guardian, 4 de septiembre de 1970, p. 10.

[26] Michael Glover, “Poetry: Octavio Paz QEH, London”, Independent, 11 de junio de 1996. Disponible en: https://cutt.ly/tko6b4J



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