Correspondencia

Las cartas a Elena Garro: los meses en Mérida. Tercera entrega

Guillermo Sheridan

Año

1937

Lugares

Mérida, Yucatán

Tipología

Entrega

Temas

Paz en Mérida: la primavera socialista de 1937

 

Sobre de una carta a Elena Garro

Como se explicó en la introducción general, vamos presentando las cartas de Octavio Paz a Elena Garro en etapas cronológicas. Al lector que acceda por vez primera a este trabajo, se le recomienda revisar lo aparecido hasta ahora en la sección CORRESPONDENCIA de esta página web. 

La primera etapa recogió 36 cartas que van de abril a octubre de 1935. En esta segunda etapa se recogen las cartas enviadas por Paz durante los meses de marzo, abril y mayo de 1937. Las cinco que recojo hoy –la tercera entrega de esa segunda etapa– corresponden a los primeros días del mes de abril, tan cruel. 

El joven poeta vive en Mérida emociones de variada índole. Se educa en arqueología maya y visita Kabá, Chichén-Itzá y Uxmal. Continúa escribiendo su poema sobre el henequén “Entre la piedra y la flor” y la novela que nunca terminó. Su activismo político transita del nihilismo que lo sobrecogió ante el drama de la pobreza, en especial la de los chicleros, a un creciente compromiso con el comunismo que lo convoca desde sus lecturas, sus camaradas en la Escuela Federal para Hijos de Trabajadores y nuevas amistades como las del escritor Juan de la Cabada y el editor Clemente López Trujillo. Sus actividades políticas incluyen también su militancia en “centrales estudiantriles y obreras” (dice en una de las cartas) y en el el Comité Pro España, que defiende la causa republicana. 

El centro de su vida sigue siendo el gran espectáculo de sus amores con “Helena”. Las tensiones sentimentales se agudizan cada vez más, si es posible tal cosa. Las cartas continúan siendo la crónica de ese amor, una suerte de vicaria puesta en escena. En una de las cartas de esta entrega el mismo Paz aporta una síntesis cabal:

Todos los días ponemos a prueba nuestro amor, lo sujetamos a las peores pruebas, indefenso ante las potencias poderosas del odio, la desesperación; y él sale, siempre, vencedor, pero lleno de heridas… 

Mi comentario a fondo sobre las cartas, insisto, puede leerse en la “verdadera” introducción a esta correspondencia: el ensayo que se titula “Elena Garro: el centro fugitivo” que aparece en mi libro Los idilios salvajes. Desarollo en una sección de ese ensayo, que se titula “El amor y la odio”, mi impresión de que, más que sobre desavenencias circunstanciales, el noviazgo (y luego su vida en común) tiene como falla de origen la paradoja crucificante del amor y el odio simultáneos, el odi et amo que enunció Catulo (y que tanto interesaría a Paz a lo largo de su vida): “Amo y odio, y si me preguntas cómo, no lo sé. Pero lo siento así y así estoy escindido”. Una relación amor-odio explicable también en los términos de Marsilio Ficino en su tratado Sobre el amor (IX, p. 132), otra lectura de Paz:

¿Quién no odia a quien le ha arrebatado el alma? ¿a quien te roba de ti mismo y te reclama para sí? […] Quieres huir de el amor, quieres buscarte fuera de ti mismo, miserable, y te aferras a tu secuestrador en la esperanza de un día pagar el rescate y liberar al cautivo: tú mismo. 

                         47. 2 de abril de 1937

                         48. 3 de abril de 1937 (nocturna)

                         49. 3 de abril de 1937 (matutina)

                         50. 4 de abril de 1937

                         51. 6 de abril de 1937

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