En la mirada de otros

En la mirada de Gabriel Figueroa

Gabriel Figueroa

Año

1950

Tipología

Novedades

 

Gabriel Figueroa acompañado de Efraín Huerta, ca. 1950. Fotografía cortesía del Archivo familiar de Raquel Huerta-Nava 

Gabriel Figueroa Mateos (Ciudad de México, 1907 – Ibídem, 1997) fue un cinefotógrafo mexicano, cuya obra, entre la que se destacan trabajos como la fotografía de Los Olvidados, de Luis Buñuel, lo consagró como una de las figuras más importantes de la Época de Oro del cine nacional.


          En una carta de 11 de abril de 1951, tras la presentación de Los Olvidados en Cannes, Paz le cuenta a Buñuel: “Chagall declaró que no estaba sorprendido: sabía que usted era un gran artista. Felicitó también a Figueroa y a Halffter”.


          El fragmento que se presenta a continuación proviene del “CAPÍTULO XIII. 1950” del libro Memorias, México, Pértiga (DGE Ediciones), 2005, pp. 171-174. (AGA)



[...] En 1950, la Organización de Estados Americanos, por medio de la Panamerican Union de Washington, me ofreció un homenaje. Se realizó una exposición de fotografías fijas de mis películas, así como en un salón al lado la proyección en 16 mm de las cintas La perla, Río escondido y María Candelaria. La exposición recorrió la Unión Americana.


          Más tarde, ese mismo año, fui invitado al Festival Cinematográfico de Karlovy-Vary, Checoslovaquia, llevando la película Pueblerina (1948), dirigida por Emilio Fernández e interpretada por Columba Domínguez y Roberto Cañedo; Efraín Huerta, nuestro gran poeta, estaba invitado también. 


          Viajamos de México a París; al día siguiente volábamos a Praga. En París, Efraín llamó a Octavio Paz para saludarlo y éste, siempre tan gentil, nos invitó una copa en su casa. Ya allí, sonó el teléfono. Oímos que se disculpaba por no poder asistir a un compromiso contraído, por estar con nosotros que acabábamos de llegar. Lo interrumpí para rogarle que cumpliera, pues, podríamos vernos a nuestro regreso. La persona que llamaba era el gran escritor y dramaturgo Jean Genet, quien invitaba a Octavio Paz a la exhibición de una película corta que había realizado y que la censura francesa le había prohibido exhibir. Al oír mi nombre, le sugirió que nos invitara, pues quería conocer mi opinión. 


          Fuimos a un pequeño museo a verla. Se trataba de una película corta sobre la homosexualidad. Lo grave es que era pornográfica y había sido realizada con mal gusto. Por la imagen se explicaba por qué la habían prohibido. Al terminar, el señor Genet me pidió mi opinión. Le contesté que no hablaba francés y le rogué a Octavio Paz que me tradujera. Paz aceptó y le dije: “Es el desperdicio de material fotográfico más grande que he visto en mi vida”, lamentando desde luego haber puesto a Octavio Paz en un predicamento y, por otro lado, pensando que el señor Genet no era un experto director de cine, sino un genial autor que debería retirarse del cine.