En la mirada de otros

En la mirada de Raúl Rangel Frías

Raúl Rangel Frías

Año

1933

 

Raúl Rangel Frías, fotografía de Jesús R. Sandoval, Ca. 1930. Colección particular de Israel Cavazos Garza. 

Raúl Rangel Frías (Monterrey, Nuevo León, 10 de marzo de 1913 - ibidem, 8 de abril de 1993), fue un abogado, político y escritor mexicano. Fue rector de la Universidad de Nuevo León y gobernador de esa misma entidad.

Conoció a Paz a través de José Alvarado, durante sus años en la Escuela Nacional de Jurisprudencia. Años después se reencontrarían durante las visitas del poeta a la ciudad de Monterrey en la década de los cincuentas.

Las siguientes notas fueron extraídas de sus obras completas, que en cuatro tomos editó la UANL en 2013 (AGA)




I

Yo me fui a México a finales del 32, pero en realidad ingresé en el 33. Mi inscripción en la Facultad de Derecho es el 33 y aquí en [Monterrey] ni llegué a presentar nada de materias en la Escuela de Derecho, aunque estuve asistiendo algunas veces a sus clases.


II

Para 1933 salí por fin a la capital de la república a reiniciar mis estudios de Derecho en la Universidad Nacional. Allá iba a reencontrarme con Fernando Canales y José Alvarado y a hacer contacto con varios grupos de jóvenes capitalinos. Unos serían aquellos muchachos inteligentes, sensibles y dotados de excelente calidad literaria, filosófica y social, llamados "Los Barandales", por razón de su revista. [...]; al otro lado de las barricadas, puramente estética, me aguardaba la amistad de Enrique Ramírez y Ramírez y su grupo preexistencialista, de Juliac, Calvo, Rojas, Sánchez Cárdenas, Franco y una larga compañía de prosélitos, medio estudiantes con mucho talento y escasa disciplina, pero una gran alegría. Casi todos ellos militantes del PC o de las juventudes revolucionarias mexicanas.

El medio universitario de la Ciudad de México era una sorprendente colección de personajes, unos muy destacados e ilustres, como maestros, y muchos simples o menesterosos seres humanos y, entre ellos, algunos extravagantes y simpáticos. [...]

"Los Barandales" se habían trasladado de la Preparatoria de San Ildefonso a la Escuela de Jurisprudencia; y allí los conocí cuando hacían ahora Cuadernos del Valle de México, sus dos únicos números que se publicaron.

La amistad fue con todos ellos, pero de un modo más íntimo— de inteligencia y afecto en común— fue con Salvador Toscano, a quien yo admiraba y quería, quien a su vez me hizo especial deferencia de su simpatía y proyectos que compartimos, estudios, viajes y convites.

Manuel Moreno Sánchez, que también fue nuestro maestro, vinculado luego por lazos fraternales a Toscano —a causa de su matrimonio con Carmen— fue como un trazo de unión entre tantos jóvenes en que se repartían tendencias y sensibilidades, afines, contrarias o divergentes.

Y así era la Universidad, la Nacional de México. La huelga y la autonomía universitaria del 29, produjeron la gestación de fuerzas y tendencias ideológicas latentes en la comunidad estudiantil, en cuyo desarrollo quedamos atraídos por amigos afines y grupos en pugna.


III

José Alvarado hizo letras en sus años de aprendizaje literario al lado de otros jóvenes cuyos nombres iluminan muchos aspectos de la cultura mexicana: Salvador Toscano y Octavio Paz. Años de aprendizaje que fueron amargos también. [...]

No podría yo decir a qué más le debe su emoción, la claridad y la gracia de sus palabras; pero estoy inclinado a considerar que fueron las conversaciones en el barrio universitario de San Ildefonso, las asambleas en el Generalito de la preparatoria, las tertulias en los cafés, el deambular con su juvenil garbo y afán, casi siempre acuciado por lo más elemental para subsistir. Sin embargo, nunca se dio a la pesadumbre, al resentimiento ni a la amargura. [...]

Corrector de pruebas de galera en las mesas de plomo que diría Alfonso Reyes; habitante de aquella mágica Casa del Estudiante donde convivimos con tantos muchachos de provincia; asiduo concurrente a los pasillos de las universidades, y estudiante en sus aulas por rigor y disciplina, más que por amor a una profesión que nunca le fue grata en su ejercicio.


IV

Por mediación de José Alvarado hice amistad con Moreno Sánchez, también del grupo "Los Barandales", constituido por Salvador Toscano, Rafael López Malo, Octavio Paz, Arnulfo Martínez Lavalle, Raúl Vega Córdova y otros más; todos compañeros adelante un año y directos compañeros de banca. Me hicieron uno de ellos, por su amistad y mismas inclinaciones universitarias. Había pasado ya la revista preparatoriana.

Alrededor de aquel núcleo juvenil se movían o cruzaban por encima muchas figuras de la intensa vida intelectual, política y moral, en que yo aprendí y retengo en mi conciencia la imagen de ese mundo abigarrado, móvil y fascinante en que forjé mis años juveniles.

Los compañeros de banca eran de otro modo, aunque había entre ellos jóvenes de gran talento, poetas en formación, juristas en ciernes y una amplia gama de expresión ideológica: de los muy atildados exalumnos del Colegio Francés de Morelos, hasta representativos o exponentes de clase media y de extracción proletaria, sin faltar, por supuesto, otros como yo, procedentes de las diversas provincias mexicanas. Mis amigos de Monterrey, Alvarado y Canales, y luego Juan Guerrero Villarreal, de Ciudad Victoria, del que fuimos amigos en el Colegio Civil y luego seríamos compañeros inseparables de pensión y hospedaje, hasta el fin de la carrera; amigos entrañables para toda la vida, fértil espíritu de vitales anhelos y expresiones.

Los maestros fueron los más eminentes intelectuales de su época: Antonio Caso, en lugar primerísimo, Manuel Gómez Morin, Alfonso Caso, Medellín Ostos, Lombardo Toledano, Narciso Bassols, Mario Souza, González Aparicio, Ramón Beteta, Mario de la Cueva, Salvador Azuela, Juan José Bremer, Luis Chico Goerne, Mariano Azuela, Gabino Fraga, García Máynez, Esteva Ruiz y García López.


V

Es indudable que a nuestra generación la apaciguó el hecho de que el general Cárdenas vino a resolver muchas de las cuestiones que elevaban también nuestra vehemencia; en ellas vimos una vía de solución, por lo menos, no de conformismo, pero sí de cambio hacia una actitud más reformadora; entonces ya en otras manos un nuevo régimen, con nuevas personalidades que empezaban a elevarse y con nuevos ideales a partir de Cárdenas. Y a nosotros nos tocó el cardenismo, primero con —todavía— la continuidad de Calles, pero después, con la gran explosión que ocurrió en la Universidad de México, cuando Cárdenas se erige verdadero representante nacional.

Eso cambió todos los caminos. La Universidad entera que había venido enarbolando básicamente una actitud crítica y de enemistad con los regímenes administrativos, se transformó en una institución que encontró un camino hacia la dimensión social histórica del país, a través de los nuevos programas de la época de Cárdenas. Creo que ahí está en gran parte la clave de las transformaciones que, finalmente, lo conducen a uno a otra posición.


VI

[Del año 33 al 38 viví en México] y vengo a radicarme a Monterrey otra vez en el 39. [...] Es cuando hago el homenaje a don Alfonso Reyes en la Barra de Abogados