Correspondencia

63. A Elena Garro, 27 de abril de 1937

Año

1937

Lugares

Mérida, Yucatán

Tipología

Carta

Temas

Paz en Mérida: la primavera socialista de 1937

Crónica de la vida burocrática, el escenario español, los chismes literarios y los afectos y desdenes a sus amigos, los celos, el amor y los pantalones de Helena…



Helen:

Recibí un telegrama tuyo hoy. Porque eso y no otra cosa es tu carta. No seas vaga. Cuando yo te escribo poco es porque realmente tengo mucho trabajo, en mil problemas y cosas. Te escribí el sábado, pero la carta no la pude echar, y hasta el domingo Novaro la depositó. Me dices que en el sobre te mandó saludos. Yo tuve que salir a Progreso el domingo a hablar con el Sindicato de Pescadores para la cuestión de la alimentación. El mar de Progreso es muy hermoso. Verde, quieto y puro. Dicen que más allá, en Cozumel, por ejemplo, es azul, transparente: tanto que se ve el fondo. Iremos a Cozumel, me digo. Pero hoy un alumno me dice: en Campeche el mar es azul (y yo, desde el avión, así lo vi: furiosa, apasionadamente azul) (y recordé que azul es también tu boca en ciertas inolvidables ocasiones, y que, aquí, conmigo, también lo será, como lo es, íntegramente, el mar campechano). Y me dijo, la arena es húmeda y las huellas del pie descalzo son como plata. ¡El fósforo! (Y me dije: allí iremos). Pero en el trayecto está Córdoba —algunos pueblos que nos gustan (y allí iremos)—. No sé, pero debemos ir a alguno de esos sitios.

Bien. Parece que mis asuntos van bien. Digo los de aquí: creo que ya se arregló la colaboración del Nacional[1] y otra cosilla por aquí, de modo que pronto nos veremos (un pronto, tristes de nosotros, que no lo será tanto como lo quiere nuestra desnudez, pero infinitamente más próximo de lo que mi mala suerte esperaba).

Lo de España: sin noticias. Sólo un telegrama de Ramírez. La carta de Aparicio innecesaria:[2] parece que aquí las cosas, para mí, al menos, se facilitan. Y el Gobernador y el Srio. Gral. y el Direc. del Museo, alegres de que trabaje (unas horas) con ellos.[3] A pesar de que es mucho el trabajo (la Escuela, artículos, Museo y labor social que hago) todavía (apenas duermo, pero estoy bien) tengo un poco de tiempo para escribir mi poema. Creeme que nunca me he sentido más seguro. Creo, con tristeza, que yo hubiera sido muy útil a mis amigos, mucho más de lo que yo pensaba. Y, también, de lo que ellos creen. Parece que las gentes que tradicionalmente ataqué (Lombardo y socios) lo han entendido así.[4] Quizá (es seguro casi) el año que entra yo tenga una situación en México.[5] De modo que no hay peligro de que nos quedemos aquí, encanto, dulce, golosina y alimento (¡qué poético!)[6] Y lo de España ¡lo que quiera el destino! ¡No pienso hacer nada! En primer lugar, porque no puedo. En segundo, porque es contrario a mi decoro andar gimiendo e intrigando. Que otros lo hagan. Ya sé, por experiencia, que lo mejor, en esas cosas, es la (a pesar de lo que me conmueve) impasibilidad. Impasible, pero enternecido, veré si parto o si van 2 o 3 idiotas.

Lo de [Enrique] Ramírez me alegra. A pesar de sus descuidos es uno de los mejores corazones. Y yo lo quiero. Huertita (que es, por lo que veo, un huerto público, una verdadera hortera, un tipo de legumbres y cebollas) escribe aquí artículos en que me trata con gran intimidad y llenos de elogios.[7] No entiendo eso y la actitud contigo. Creeme que lamento hayas conocido al idiota de García Rivas: yo no tengo ese gusto, pero me basta con leer las verdaderas estupideces que escribe en el Nacional.[8] Estoy creyendo que Huerta se lleva con él (y con otros semejantes) porque los une un resentimiento contra la inteligencia. ¡Qué tarde van a pasar! Y a estas horas, precisamente, en tanto que yo contemplo un puro anochecer, y sudo hermosa y saludablemente. Tengo una gran barba y un humor alegre y sublimemente mediocre. Lo menos espiritual e ingenioso. Así estoy muy bien, con mi grosera apariencia y también con cierta pereza en el alma.

Veo que la polémica en El Nacional no continuó. Mejor. Creo que los Contemporáneos se merecen una buena paliza (por tres cosas: por traidores, por traidores y por traidores: a todo, a su voz, a su patria, a los obreros y a la cultura).[9] Pero, excepto Ramírez, no había quien lo hiciera.[10] El martes, dentro de ocho días, daré una conferencia: Poesía y Nuestro Tiempo.[11] Veré si El Nacional la publica en tres artículos.[12] Mi poema sigue: se llama El Henequén. Creo que será algo nuevo. Hay partes ya casi acabadas. Será algo como del tamaño de Raíz y ya tengo 60 u 80 versos, pero todo pensado. Dime, por favor, qué opinas del principio (que no es, desde luego, lo mejor, pero que no es tampoco frío). Esa opinión la espero hace mucho.[13]

Helen: lo del paseo me parece muy mal, mucho muy mal. Esas cosas me lastiman ¿qué, tú no las tienes en cuenta? Pero tampoco, y te lo digo con rabia, si te haces fuerza, no quiero que dejes de hacerlo. Pero sabe que yo sufro y exijo que se me obedezca. Yo o lo otro. No me has dicho si fuiste al té y si continúas con esas amistades. Ojalá no. También me parece mal lo de Bracho:[14] deja eso y permanece al margen. Usigli me revienta.[15] Y el otro igual. Al diablo los dos. Respecto a lo de Rosa, al demonio también.[16] ¿Se casan R. y A.?[17] los felicito. Nosotros también pero no les digas nada. Verán. Tu asunto, ¿qué pasó? En tu casa ¿cómo siguen? ¿Qué majadería te dijeron tus tías? ¿Has hablado con mi mamá? Por favor hazlo. No intervengas en lo de Deva.[18] Es muy malo eso, y además espero de tu nobleza de alma que dejes las cosas: ya se arreglarán ellos. Y menos porque el otro sea rico. Contéstame a todo, pero principalmente a lo que hace 15 cartas te pregunto: EL NOMBRE DE ÉSE. Es la última vez que lo hago. Toda comprensión se rompe con esa absurda manera de eludir las cosas. Te juro que estoy irritado con ese silencio. Así, contesta sin falta ese punto. Ya sé quién pudo ser. Pero el nombre del canalla me lo reservo hasta confirmarlo. Respecto del bastardo puerco de Aguilar no quiero oír jamás el sucio nombre y te pido que no lo saludes jamás. De lo contrario tomaré mis medidas.

Helen: quiero que seas leal conmigo. Yo, pienso, iré pronto. No puedo precisar, pero no será a fin de año, ni dentro de seis meses; pero quiero que me digas si de nuevo estás dispuesta en todo, si en serio me quieres y si harás lo que yo diga. Y no olvides mis recomendaciones.

Helena mía: mía, dulce, pura, obstinada, desesperada Helena: tus cartas son más frías. Te amo, te quiero, y lloro y gozo por ti. ¿Recibiste mis fotos? Mándame unas tú. (Ahora que recuerdo: no salgas a la calle en pantalones.[19]) La carta de Deva todavía no llega. Encanto mío, ¿qué no me extrañas? Yo aquí todo lo guardo para ti, y pinto todo como el hombre que prepara el viaje a una reina. Reina, señora mía: todos los paisajes, todas las piedras, todo te espera. Y te espera como yo, turbadamente, con el inesperado goce de tu pelo, con la alegría súbita de tus labios, con todo el corazón y todo el cuerpo.

                                                         Octavio

Te saludan [Octavio] Novaro y Ricardo [Cortés Tamayo]. Cuéntame cosas de allá. Te beso un millón de veces un trillón de besos.

                                                         Tavo



NOTAS

[1] Lo de El Nacional se pudo arreglar pues, como se recuerda, habló con su director, Héctor Pérez Martínez. Sin embargo, Paz no colaboró como columnista fijo en ese diario.

[2] Se recordará que Enrique González Aparicio era un economista experto en Yucatán con influencias en el gobierno local.

[3] El gobernador interino Florencio Palomo Valencia, encargado de implementar las reformas cardenistas. El arqueólogo Alfredo Barrera Vázquez.

[4] Se entiende ahora el trato con César Ortiz Tinoco, lombardista importante, uno de los “socios”. Habrán sido comentarios hablados, pues no hay ninguna referencia a Lombardo en sus escritos del periodo.

[5] Posición, es decir, una plaza en el gobierno. La “empleomanía mexicana” que describe al referirse a los Contemporáneos (4:78), la obsesión de trabajar en el Estado, herencia, continúa Paz, “del patrimonialismo español y el centralismo francés”. Por otro lado, al abandonar su carrera de abogado, Paz se había condenado al periodismo o al servicio del Estado.

[6] Poco después, en 1943, citará por primera vez a Novalis y su idea de que “la mujer es el alimento corporal más elevado” (13: 236)

[7] Ese mismo día 27, el Diario del Sureste había publicado un comentario de Huerta, “Reseña metropolitana” en la que zarandea a la revista Taller poético en la que dice, lo único rescatable son los “Sonetos” de Paz. El escrito de Huerta anticipa “Las cosas turbias”, que aparecerá en El Nacional el 24 de mayo.

[8] Heriberto García Rivas, abogado y periodista, escribiría libros grises sobre comida prehispánica y letras mexicanas.

[9] En su “Prólogo” a Generaciones y semblanzas. Dominio mexicano (volumen 4 de sus Obras completas), Paz repasa la animadversión contra los Contemporáneos en esos años, pero se excluye de la campaña de marzo de 1937:

Contemporáneos entre sus colegas era general, los motivos que la inspiraban eran muy diversos: ideológicos, estéticos, morales. Pero cualesquiera que fuesen aquellos motivos, a todos los unía el mismo padecimiento: el odio. Eran una banda vociferante, borracha de bilis, amarga ambrosía de los resentidos.(4:18)

En el mismo volumen, relata la comida a la que fue invitado por ese grupo de poetas a fines de 1936 o inicios de 1937: “Todos ellos eran partidarios de la República [española]; todos estaban en contra del engagement de los escritores y aborrecían el ‘realismo socialista’” (4:74) y le señalaron las contradicciones que advertían “entre mis opiniones políticas y mis gustos poéticos”. Un par de meses después, Paz los trata de “traidores”, pero se abstuvo de escribirlo como sus camaradas Huerta y Enrique Ramírez y Ramírez.

[10] Ramírez lo intento el 16 de marzo, en “Sobre poesía y revolución” (El Nacional, p. 1), cuando critica los “asuntos diminutos y abstractos” a los que dedicaban los Contemporáneos su interés poético.

[11] El 28 de abril, aparece en el Diario del Sureste (p. 4) un suelto titulado “Plausible labor de difusión cultural de la Universidad” en el que se anuncia que la señora Cristina Moya de Martí organiza dos veladas en el auditorio de la Universidad del Sureste. En la primera, el 4 de mayo, “Octavio Paz dará la conferencia ‘La poesía y nuestro tiempo’”.

[12] No se publicó.

[13] Recordará el lector que le había mandado la primera parte del poema que cambiaría su nombre a “Entre la piedra y la flor” (véase la carta 56).

[14] El actor y director de escena Julio Bracho estaba involucrado con el Teatro Universitario en la puesta en escena de Perséfona, como Garro.

[15] Garro y sus compañeros del Teatro de la Universidad se habrán sentido muy mal con la reseña que Usigli había hecho de Las troyanas, meses antes, “Confrontación del teatro griego o la investigación inútil” (en Letras de México, 3, 25 de febrero de 1937), en la que critica severamente (sin mencionar su nombre) el papel de Garro como coreógrafa.

[16] Rosa pudo ser, como Virginia, otra de las amigas “que tienen el alma vacía”, como había dicho Paz en la carta 41.

[17] Rafael López Malo y Amalia Hernández

[18] Líos amorosos de Devaki, la hermana de Elena. Se casaría eventualmente con el pintor Jesús Guerrero Galván, miembro de la LEAR.

[19] Años después, en La llama doble (10, 297) celebrará que después de la primer guerra mundial “las mujeres salieron la calle, se cortaron el pelo, se subieron las faldas, enseñaron sus cuerpos y les sacaron la lengua a los obispos, a los jueces y los profesores”.