Conversaciones y novedades

Coincidencias y no coincidencias Octavio Paz, Efraín Huerta y José Revueltas en Mérida

Sara Poot Herrera

Año

1937

Tipología

Conversación

Temas

Paz en Mérida: la primavera socialista de 1937

 

Parque de Santa Lucía, Mérida, ca. década de 1930. Archivo del INAH

Coincidencias: 1914 y años treinta del siglo XX en Mérida, Yucatán, México

Parto de la primera coincidencia: México, 1914. Año del nacimiento de Octavio Paz, de Efraín Huerta y de José Revueltas (y también de María Félix, la 'María de los Ángeles Félix', poema de Efraín Huerta, la del elogio de Octavio Paz –"María no es bonita, es bella", "María nació dos veces: sus padres la engendraron y luego ella, después, se inventó a sí misma"–, La diosa arrodillada del guion cinematográfico de José Revueltas)[1]. Paz, Huerta y Revueltas fueron coetáneos y amigos, y hay testimonios, literarios algunos de ellos, de esta amistad; más incluso de los que ciertos estudios críticos suponen y varios registrados ya por los especialistas que los siguen de cerca y en sus relaciones mutuas: las de Paz con Huerta y Revueltas; las de Huerta con Revueltas y Paz; las de Revueltas con Paz y Huerta; las de Paz y Huerta; las de Huerta y Revueltas;[2] las de Revueltas y Paz.

Continúo con la segunda coincidencia: escritores notables los tres –poetas (sobre todo dos), narradores (sobre todo uno), ensayistas (sobre todo uno), cronistas y periodistas (digamos que los tres)–, de modo consecutivo vivieron en Mérida, Yucatán, en la segunda mitad de los años treinta del siglo XX. Es ésta, sobre todo, la coincidencia que me interesa (y que tan sólo apunto por ahora), vista desde los escritos de los tres: esto es, sus relaciones literarias, todas ellas pasando por Mérida ("que nunca son pesadas/ las cosas que por Mérida son pasadas"), en el "lejano Yucatán", al decir de Octavio Paz, quien agregó: "Yucatán era México, pero también algo diferente. No sólo por la lejanía del centro sino por la influencia de los mayas. Aprendí algo que no he olvidado: México tiene otras tradiciones además de las del centro". Esta declaración de Paz –"Yucatán era México, pero también algo diferente"– es punto importante (al menos para mí) de esta lectura: Mérida, Yucatán, como espacio de reflexión y como espacio digamos significativo en la caracterización de la nación mexicana: cómo pensaron y sintieron estos tres escritores en uno de los lugares más lejanos del centro del país al mismo tiempo que influido por una cultura autóctona, un clima distinto y un lugar con ecos de otras geografías no precisamente mexicanas. Y en Mérida estuvieron y escribieron ellos tres en la década de los treinta, años de nuevas coincidencias de este triple centenario real del catorce. Empecemos por los escritores.


Efraín Huerta y Octavio Paz en el Palacio de Minería. Fotografía de Xavier Quierarte, 9 de octubre de 1977

Coincidencias (1914) y no coincidencias (1976, 1982 y 1998)

El primero en nacer fue Octavio Paz: 31 de marzo (Ciudad de México). El segundo, Efraín Huerta: 18 de junio (Silao, Guanajuato). El tercero, José Revueltas: 20 de noviembre (Santiago Papasquiaro, Durango).

Octavio le llevaba 3 meses, 18 días a Efraín y 7 meses, 20 días a José, mientras que Efraín le llevaba 5 meses y 2 días a Pepe.

El primero en morir fue José Revueltas: miércoles 14 de abril de 1976; tenía 61 años, 4 meses, 25 días. Le sobrevivieron Efraín Huerta y Octavio Paz; faltaban dos meses para que Efraín cumpliera 62 años y Octavio Paz los había cumplido 14 días antes.

El segundo en morir fue Efraín Huerta y eso fue casi siete años después de la muerte de José Revueltas: miércoles 3 de febrero de 1982 (tenía 67 años, 7 meses, 15 días). Le sobrevivió Octavio Paz, quien también tenía 67 años.

El tercero y el último en morir fue Octavio Paz: domingo 19 de abril de 1998: tenía 84 años, 19 días. Había sobrevivido 16 años, 2 meses, 16 días a Efraín Huerta, y 22 años, 5 días a José Revueltas.[3] ¿Y María Félix? El único de los tres mayor que ella fue Octavio Paz, quien le llevaba 8 días. María Félix murió el mismo día de su nacimiento: nació el lunes 8 de abril de 1914 en Álamos, Sonora, y murió el 8 de abril de 2002 en la ciudad de México, unas horas antes de cumplir 88 años.

Las coincidencias de estos tres coetáneos insignes y de signos gloriosos de la cultura mexicana fueron en principio cronológicas y geográficas, como lo fue también que los tres, con proyectos similares de política educativa cardenista, vivieran en Mérida, Yucatán. Efraín Huerta, en 1936 (tenía 22 años y estuvo allí de septiembre a noviembre de ese año); Octavio Paz, en 1937 (en Mérida cumplió 23 años; estuvo allí de marzo a mayo); José Revueltas, en 1938 (tenía 23 años y estuvo de mayo a julio). Una coincidencia más: cada uno estuvo allí entre dos meses y dos meses y medio, y la península les abrió las puertas de su ciudad capital un año, otro y otro –1936 [Huerta], 1937 [Paz] y 1938 [Revueltas]–, y recibió los beneficios de sus acciones y sus escritos. ¿En qué otra ciudad estuvieron los tres y alrededor de la misma época y en torno a proyectos similares? (proyectos relacionados con la educación y en plena política cardenista). Me parece que en ninguna. Que hubieran nacido en 1914 y se hubieran conocido en la ciudad de México pudo ser casualidad, no los proyectos en los que se involucraron los muy jóvenes revolucionarios –veinteañeros los tres–, que entre ellos se reconocieron en su ideología y en sus ideales sociales y socialistas –¿comunista es la palabra?–, y pactaron por una amistad libre y por encima de toda sospecha.


Como prueba de esa amistad, sus dedicatorias

Sólo menciono algunas de éstas. Los años vivos de juventud son recordados por Octavio Paz en su poema 'El mismo tiempo' (1958). Pocos años después, al celebrar sus cincuenta años, Efraín Huerta dedicó a Octavio Paz 'Borrador para un testamento' (1964). La voz poética recuerda la juventud; es una boda de oro consigo mismo recordando la edad de oro de la juventud. Desde el presente se versa sobre el tiempo perfecto y sobre todo imperfecto de la juventud (éramos, descubríamos…): "¡Oh juventud, espada de dos filos!/ Juventud medianoche, juventud mediodía,/ ardiente juventud de especie diamantina!"

La diamantina nos hace recordar (López Velarde, sí) los ojos de José Revueltas, hechos diamantes por Efraín Huerta, que David Huerta recoge en 'Los ojos de diamante: Apuntes sobre la amistad de José Revueltas y Efraín Huerta'.[4] Al joven hermano (la juventud siempre presente) Efraín Huerta también le dedicó 'Recuerdo del amor',[5] y la dedicatoria / epígrafe del poema 'Ángela adorada Davis' es "Para José Revueltas que está en Lecumberri" (Huerta 1974). En 'Revueltas, sus mitologías', Efraín hizo de José su personaje:

Ese hijo de Dios, de todos los dioses,
ese joven hermano a quien una extraña tarde de ardientes y vociferantes, enterramos
en la misma fosa donde su hermano Silvestre
había reposado larguísimos años.
                                                                         Yo me sentí tristemente
alegre, porque él, José, fue mi hermano,
mi tibieza, mi tiempo juvenil y
                                                                          mi amor a la vida.                                                   
                                                                                  (Huerta en Mata 2014).


José Revueltas

En octubre de 1937 José Revueltas le había dedicado a Efraín Huerta 'Nocturno de la noche': "Cuando la noche/ cuando la angustia/ cuando las lágrimas" (Revueltas 1937). José (Pepe) estaba a punto de cumplir 23 años; Efraín ya los había cumplido.

Un año después, José Revueltas escribió un poema de juventud –'Canto irrevocable' (mayo de 1938)–, en el mismo espacio geográfico de la primera versión de 'Entre la piedra y la flor' de Octavio Paz. Uno y otro poema blanqueados de luz y de piedra, de raíces amarradas a las voces: esto es, en Mérida, lugar de reflexión. Pero ya estamos en Mérida. Y quien abrió camino fue Efraín Huerta. Fue a Yucatán cuando tenía 22 años (1936); Octavio Paz allí cumplió los 23 (1937) y José Revueltas no cumplía aún los 24 (1938). Eran jóvenes, revolucionarios, sentían en su pecho el eco español republicano (amigos de Rafael Alberti, de Arturo Serrano Plaja) y su resonancia se hacía oír entre obreros y campesinos, en mítines, salones de clases, conferencias, en hechos y palabras. En noviembre de 1976, Octavio Paz dijo de José Revueltas, fue "uno de los hombres más puros de México" (Paz 1976). Ésa fue su dedicatoria.


1936: Efraín Huerta en Yucatán

En su escrito 'Clemente López Trujillo' (del Diario del Sureste, que abrió la hojas de este periódico a los tres; allí fue donde Efraín Huerta publicó su Tercer canto de abandono), el autor de Los hombres del alba hace una crónica de su llegada a Mérida. Cuatrocientos jóvenes "apiñados, sin aire", van a un congreso de estudiantes a Mérida, llegan a Progreso en el Querétaro, barco que los lleva al Golfo de México, para allí irse de Progreso a la capital yucateca. En el camino dice Huerta que se entera del asesinato de Federico García Lorca y bajo "el cielo meridano" escribe un poema dedicado al poeta de Granada. Cuenta también que "más tarde, solo, en una ciudad como Mérida" (no explica ese "como") empieza a publicar semanalmente en el Diario del Sureste,[6] allí brinda en un escrito por las "lindísimas mujeres de Yucatán" (octubre de 1936; cuando habla de una Aída bellísima, dice: "seguramente era yucateca"), conoce Chichén Itzá y Uxmal. Vuelve a la ciudad de México en noviembre de 1936.

Vuelve y permanece "con los ojos incendiados todavía de la luz yucateca". Dice Guillermo Sheridan: "Huerta pondera ante sus camaradas la hondura mítica de Yucatán, las peripecias ideológicas de la reunión, la belleza de las mestizas y la emoción de cantar ante las fogatas himnos expropiados a las juventudes republicanas españolas". Informa Eugenia Revueltas acerca de la exposición dedicada a Efraín Huerta:

Las fotos dan el ambiente general y después hay algunas piezas muy antiguas, como por ejemplo unos carteles. Hay un cartel de 1936, tiene 78 años, invitaron a Efraín a ir a Mérida a un encuentro de juventudes socialistas de México, entonces el cartel dice: "Con la participación del estudiante metropolitano Efraín Huerta", es un tesoro no sólo por lo que corresponde a Efraín sino porque es parte de la historia del país (E. Revueltas 2014).

Un festejo más: Los hombres del alba (1944) cumple este 2014 cincuenta años.[7] Huerta, Paz y Revueltas fueron también hombres del alba.

Escribió Efraín Huerta: "Teníamos más de veinte años y menos de cien. Y nos dividíamos en vivos y suicidas" (E. Huerta 2014). Esos años tenían cuando fueron a Mérida.


1937: Octavio Paz en Mérida

Efraín Huerta llegó en barco a Yucatán (Puerto Progreso). Octavio Paz, en avión (aeropuerto internacional; nada polvoriento como un crítico, yucateco por supuesto, comentó al leer a Guillermo Sheridan).[8] Llegó el jueves 11 de marzo de 1937. 20 días después cumplió 23 años (31 de marzo de 1937). Fue secretario del Internado Federal No. 5.[9] Dio conferencias en la Casa del Pueblo (antes la Liga Central del Partido). Escribió también para el Diario del Sureste (amigo también de Clemente López Trujillo): 'Notas', 'Otra vez España', 'Crónica de Elías Nandino', 'El tercer partido', 'Elegía a José Bosch' ("Has muerto, camarada/ en el ardiente amanecer del mundo…" y la primera versión de su poema 'Entre la piedra y la flor' (1943), del que dice fue inspirado por T. S. Eliot. El personaje de su escrito, el henequén: "agricultura, comercio, industria, lenguaje". Paz comienza su poema en Mérida y planea concluirlo en Chichén Itzá. El poema está hecho con la mano de 'Piedra de sol', la voz lanza un grito que sube por los "índices de la planta de henequén": "¿Qué tierra es esta?/ ¿Qué violencias germinan/ bajo su pétrea cáscara,/ qué obstinación de fuego ya frío,/ años y años como saliva que se acumula/ y se endurece y se aguza en púas?".

El poema es un pequeño tratado de economía, de sociología, de antropología, y su poética es una propuesta de imágenes de luz, agua, piedra, llama, raíces, de una planta hecha hombre que traspasa, golpea el cielo con los dedos, las pencas del henequén. Seco, inmóvil y que finalmente "Al cabo de veinticinco amargos años/ alza una flor sola, roja y quieta./ Una vara sexual la levanta/ y queda entre los aires, isla inmóvil,/ petrificada espuma silenciosa". Este poema tocó dos veces en la musa del poeta, quien volvió a él para desplegarlo en V partes, las de los dedos de una mano, las de las pencas del henequén. Finalmente, la voz poética le habla al hombre, al indio, al sacrificado entre las espadas verdes de la planta que le da vida y se la quita: "Entre el primer silencio y el postrero,/ entre la piedra y la flor,/ tú caminas./ Tú caminas. /Tú duermes. Tú fornicas./ Tú danzas, bebes, sueñas./ Sueñas en otros labios que prolonguen tu sueño".

Últimamente han salido varias publicaciones sobre Octavio Paz en Yucatán[10]  y podemos ver por él mismo apuntes puntuales de su llegada a Yucatán. Fue inmediata y anotada su observación del entorno: "Entre la atmósfera deshabitada de las tres de la tarde, una mestiza, como un fresco relámpago, un relámpago vivo y súbito pero lleno de blanca desnudez, de inesperada y cándida frescura". Detrás de sus palabras hay una reflexión:

Con este encuentro significativo me enfrento, por primera vez a un hecho frecuente y diario en Yucatán: la presencia de lo indígena… Y aquí lo indígena no significa, precisamente, el caso de una cultura capaz de sub-vivir, precaria y angustiosamente, frente a lo occidental, sino de los rasgos perdurables y extraordinariamente vitales de una raza que tiñe e invade con su espíritu la superficial fisonomía blanca de una sociedad.


1938: José Revueltas en Mérida[11]

Llega el 11 de mayo de 1938; tenía 23 años. Enviado por la Secretaría de Educación Pública, el Consejo Educativo Nacional de las Juventudes Comunistas y el Comité Central del Partido Comunista.[12]

Diario del Sureste. Crónicas (5), del 23 de junio al 29 de julio de 1938: 'Nuevos corazones'. (23 de junio), 'Corazones del mundo' (3 de julio), 'Descenso sobre el mundo' (29 de julio). Del 12 de mayo al 25 de julio escribe cartas a Olivia Peralta, su primera esposa.[13] En la del 19 de mayo le dice: "Mérida es una ciudad agradable, limpia. Aquí la elegancia es el aseo, la blancura. Las mestizas pasean por las calles, con sus maravillosos huipiles, platicando en maya, sonando las austeras y graciosas sandalias. Las casas son color de rosa, verdes, lilas, todas tiernas, pequeñas, aspirando aire. La gente es cordial. ¡Si no fuera por el calor! [a Revueltas le tocó el calor caliente de Yucatán; más que a Paz y que a Huerta]". Conoció Mérida y otras ciudades y pueblos cercanos; recorrió los barrios de Mérida. Habla de Santiago (antiguo barrio de indios) afirmando: "No comparto las ideas de Vasconcelos sobre el españolismo, y aquí menos que en otro lugar, donde los indígenas eran muy avanzados, artistas, inteligentísimos". Revueltas reconoce lo maya, lo mestizo; observa, actúa, escribe, trabaja por su cuenta y en organizaciones sindicales, de lucha. Hace una reseña al libro de poemas de Carlos Moreno Medina titulado Arquitectura de sangre: "nos conduce [su autor] hasta las horas blancas, las horas mortales cuando se suspende el ánimo sobre el drama y la soledad. He aquí la voz juvenil, en los bordes del llanto; narrándonos su tiempo". Supo Revueltas reconocer la voz del otro, hablar como joven de otro joven, de otros jóvenes.[14] En 'Canto irrevocable' dijo: "Oigo lo que decimos todavía hoy/ oigo lo que diremos todavía". Poema que, al proponer hacer un cielo con los pulsos, terminó con: "Un cielo del que llovamos redivivos/ nuevos, virtuosamente limpios y dispuestos". Eso escribió José Revueltas en Mérida en mayo de 1938. Su canto es irrevocable.


El lejano Yucatán qué tan lejano de México

Yucatán fue lugar de reflexión, de trabajo y de creación de tres poetas que marcaron allí una línea continua de 1936 al 37 y al 38. La triple experiencia, comenzando con la historia y la geografía, fue de un otro lugar pero estando dentro: "Yucatán era México –dijo Octavio Paz–, pero también algo muy diferente. No sólo por la lejanía del centro sino por la influencia de los mayas. Aprendí algo que no he olvidado: México tiene otras tradiciones además de la del centro". Podríamos preguntar ¿dónde queda Yucatán respecto a México país, a la caracterización de la nación mexicana? También Octavio Paz declaró:

La única originalidad verdadera, la única riqueza expresiva con valor y alcance humano y nacional (típico, digamos, para emplear la palabra) es la que imprime lo maya a la población. El idioma y las costumbres, el acento autónomo, es suma (si tiene verdaderamente un acento nacional Yucatán, y no es, simplemente, un matiz, todo lo singular que se quiera de la Nación mexicana) es maya. Y lo maya es justamente aquello que con mayor horror rechazan los grandes explotadores feudales.

En mayor y menor medida, los tres escritores hacen una lectura de Mérida, de "la composición de la ciudad", e insertan a Yucatán –lo maya, el maya, los mayas, sociedad mestiza– en una concepción de nación mexicana. La lengua maya se metió al español y lo hizo yucateco. El campo se metió a la ciudad y la hizo mestiza: "Hay días en los que el campo recobra la ciudad; indígenas y mestizos le dan a Mérida entonces su verdadero carácter. La blanca ciudad se vuelve más blanca aún. Los trabajadores le dan sentido, la dignifican, muestran lo verdadero".

La Mérida de los años treinta –compleja, moderna (Paseo de Montejo, museos, bibliotecas, manicomio, de excavaciones y saqueos también), racista, sociedad de castas, culta, estratificada–, Yucatán intervenido también por migraciones culturales (española, cubana, libanesa), con un reciente pasado socialista –Salvador Alvarado, Felipe Carrillo Puerto–, lejano respecto al centro (Ciudad de México), abierto hacia fuera (relación con otras culturas, otros países) es lugar de reflexión para Huerta, Paz y Revueltas, es catalizador de una concepción más amplia de nación mexicana, es lugar donde surgen ideas. Es la península un borde (Paz), una orilla (Paz), un alba (Huerta; en el oriente), que marca su lugar –su diferencia– al mismo tiempo que se desplaza al centro y lo modifica, y al incorporarse transforma la construcción de México nación, vista limitadamente desde el centro. Así concebida, porque así lo es, habría que revisar el modo como se despacha rápidamente aquello de que Paz, Huerta, Revueltas se dieron un retiro (¿no hicieron nada?), se fueron al Yucatán rural (¿visto desde dónde?).

En cambio, y en los años treinta, los tres escritores se asomaron, se metieron, concibieron una Mérida y un Yucatán complejos, y les hablaron a la sociedad variopinta de sus derechos, y también de una guerra en España, atisbaron una ruta trasatlántica, y así lo escribieron en el Diario del Sureste, lo enseñaron en sus clases, lo hablaron en sus conferencias y en los mítines, lo versaron en las piedras de sus palmas.

Mérida parece centralizar el interés de estos tres escritores autores neurálgicos de la joven poesía y la joven prosa mexicana (joven porque eran jóvenes) alrededor de una problemática social y epistemológica. Rechazando parte de los postulados de Vasconcelos, los tres encuentran en una Mérida cosmopolita y en lo yucateco (que ellos descubren por primera vez para ellos con gran asombro) un acicate para reflexionar como una epistemología mexicana que responda al sentido de la esencia mexicana en un contexto regional y global también. Yucatán sonó a los oídos del poeta como "un caracol marino" y con Efraín Huerta, Octavio Paz y José Revueltas su resonancia llega a estos cien años de celebración. Que apenas ahora se voltee la mirada hacia donde los tres fueron caminantes es, digamos, también celebración.



NOTAS

[1] Después de ver la película El peñón de las ánimas, Efraín Huerta escribió un poema dedicado a María Félix. Se llamó 'María de los Ángeles Félix'. Octavio Paz le dedicó un ensayo y escribió el prólogo de uno de los libros sobre la artista. José Revueltas (con Roberto Gavaldón, basándose en un cuento de Ladislao Fodor) hizo el guion de la película La diosa arrodillada (1947). El programa Presencias Centenarias del STC (Sistema del Transporte Colectivo / GDF) rindió homenaje a estas cuatro figuras. Sobre María Félix, el día de su muerte (mismo 8 de abril del día de su nacimiento), véase De la Colina (2014).

[2] Véase Vargas (1992).

[3] Octavio Paz (31 de marzo de 1914-19 de abril de 1998: 84 años, 19 días). Efraín Huerta (18 de junio de 1914-3 de febrero de 1982 de: 67 años, 7 meses, 15 días). José Revueltas (20 de noviembre de 1914-14 de abril de 1976: 61 años, 4 meses, 25 días).

[4] Véase Huerta (2014).

[5] En Huerta, Los hombres del alba (1944); la dedicatoria aparece en la edición de Joaquín Mortiz, véase David Huerta (2012).

[6] Véase Talavera (2014).

[7] Columna por la que recibió el Premio Nacional de Periodismo en 1978.

[8] Véase Sheridan (2001).

[9] Director: Octavio Novaro Fiora; Secretario: Octavio Paz. Allí también Ricardo Cortés Tamayo. Véase Vallejo Sánchez (2006).

[10] Véase, p. ej., Sheridan (2001); véase también Domínguez Michael (2014): 'Yucatán, entre la piedra y el dinero' (Capítulo 3: 'Tiempo de Helena'), Octavio Paz en su siglo: "Esa idealización del campesino yucateco lo llevará a escribir uno de sus grandes dolores de cabeza, 'Entre la piedra y la flor"'(Aguilar, 2014). Nota de Octavio Paz (a la edición de 1976): "me impresionó mucho la pobreza de los campesinos mayas, atados al cultivo del henequén y a las vicisitudes del comercio mundial del sisal". Dos versiones de 'Entre la piedra y la flor'. Campesinos y chicleros.

[11] Véase Revueltas (1987: 97-107).

[12] Véase Saborit (2014).

[13] Véase Peralta (1997): "Un día cuando estaba yo embarazada y José se encontraba en Mérida".

[14] Véase Sheridan (2014).