En la mirada de Salvador Elizondo

Salvador Elizondo

Octavio Paz y Salvador Elizondo.

Salvador Elizondo (1932-2006), escritor, traductor y crítico literario, considerado una de las figuras más sobresalientes de las letras mexicanas de mitad de siglo. Formó parte del grupo de jóvenes intelectuales que se acercaron a Paz en la publicación de diferentes revistas. 

 

Paz consideró a Elizondo como un  amigo y  un prosista relevante: “se inscribe en una vía aún más arriesgada y solitaria. Su crítica de la realidad y del lenguaje no parte de la razón o de la justicia sino de una evidencia inmediata, directa y agresiva: el placer”.[1]

 

El siguiente texto se conforma de de revistas y libros referidos en nota al pie. Los párrafos sin cita inmediata pertenecen a los diarios de Salvador Elizondo, que han sido reunidos y prologados, parcialmente, por Paulina Lavista.[2] (AGA)


 

 

1953

 

[Paz y yo] coincidimos en la cena de Navidad de 1953 en casa de su concuño [Jesús] Guerrero Galván, que era mi maestro de pintura. Nos hicimos amigos y lo fuimos hasta su muerte.

Salvador Elizondo: the lonely crab” (En Letras Libres)

 

 

Miércoles 30 de abril de 1958

 

Otro mes que se acaba afortunadamente. Ya estoy trabajando la parte final de mi poema. Yo creo que será lo mejor de todo el poema. Poco a poco me estoy adentrando en mi trabajo. Ese es el único modo para eventualmente producir algo. Estoy releyendo Dubliners de Joyce. No cabe duda de que Joyce es el más grande escritor de nuestro tiempo. Tengo grandes planes de trabajo. De cine, de pintura, de poesía. Lo importante es no dispersarse. Ando muy mal de dinero, tengo miles de deudas. Le debo a todo el mundo. Espero nivelarme poco a poco. […] Lo único que producimos en alto grado de excelencia es la cursilería. La cursilería mexicana además de ser totalmente intrascendente es verdaderamente rampante. Por cierto que ayer me puse a releer a Neruda. ¡Es verdaderamente deplorable! La tragedia de los comunistas es que son todos gentes de un mal gusto verdaderamente siniestro. ¡Qué horror de gentes! Miserables. Yo ya no vivo más que para largarme de aquí. Es en lo único en que pienso. Estoy verdaderamente obsesionado con esa idea. Si por alguna razón no puedo irme me pegaré un tiro. La vida en este país es una mierda que no vale la pena ser vivida. Que pase el tiempo. Eso es lo único que importa. Iré a ver a Octavio a ver si puedo conseguir algo en la UNESCO.

 

 

 

Martes 3 de mayo de 1960

 

Ya siento las áureas de la futura creación. Un gran poema. He estado releyendo L’Anabase de Saint-John Perse. Poema fabuloso. También terminé de leer El arco y la lira. Es un libro muy inteligente. Desgraciadamente Paz hace demasiadas referencias al problema de la comunión (comunidad) poética. De todas maneras es el libro más importante que se ha producido en México. El deslinde es una mierda.[3] Estoy reuniendo todos mis ensayos para presentarlos para la beca Rockefeller. Son $2800, lo cual no es nada despreciable. Hasta ahora tengo 17 poemas para un nuevo libro. Para fin de año pienso tener unos 50 y hacer una selección y publicar un nuevo libro. Lo último que haré en esta mierda de país. A como dé lugar el año que entra me tengo que ir de aquí. Ya estoy muerto. En las páginas de mi diario la vida transcurre conforme a otra estructura del tiempo. If I turn two pages I was in Paris. [Hace dos páginas estaba en París.]

 

Salvado Elizondo, María Rodríguez, Leonora Carrington, Octavio Paz y Marie José Tramini.

 

6 de octubre de 1967

 

Confusión de sentimientos. Esas fotos. Ya va a hacer un mes que fueron hechas. El tiempo pasa vertiginosamente. Parece una reunión de día de las madres en torno a Leonora.

En la foto: dos jóvenes y Gabriel Weisz Carrington. Sentados: Salvador Elizondo, María Rodríguez, Leonora Carrington, Marie José y Octavio Paz.

 

Lunes 31 de mayo de 1971

 

Casi todo el día de mal humor y deprimido por apremios de dinero, no pagan en la universidad. Por la noche a la Librería Universitaria a la entrega del premio Toscano a David Huerta. Encuentro con Octavio Paz. Un hombre inteligente y afable. Después vinieron a casa a cenar. Ningún escritor mexicano ha sido tan amable conmigo como él. Él y su esposa estuvieron también amables con Paulina.

 

 

Sábado 5 de junio de 1971

 

Hoy fuimos a comer a casa de Helen Escobedo con Octavio Paz y con Xirau. Los invitados tuvimos que cooperarnos para comprar la comida. Me encarga Xirau ahora un artículo sobre el pasado. Creo que haré una especie de Pao Cheng strikes again. También me dijo Octavio que lo de la revista ya está en marcha y que yo seré del comité de redacción. Le propuse que formáramos un pool de escritores para que nos paguen cien pesos por cuartilla. Me basta con que sean ideas. No me importa si son originales.

 

Jueves 10 de junio de 1971

 

Hoy era la lectura de Octavio Paz en la Universidad. Fuimos pero no hubo lectura porque parece ser que hubo un choque entre la policía y los estudiantes. Se suspendió y nos fuimos todos a casa de Carlos Fuentes a tomar una copa.

Entre el público, esperando la lectura de Paz: Salvador Elizondo.

 

Sábado 21 de octubre de 1971

 

Paulina mejorada. Ayer me hablaron del PRI para pedirme que hiciera una crónica del congreso del partido. Me aburren esas cosas. No lo voy a hacer. Odio la política. No la entiendo, ni me importa. Por la noche fui a la cena que le daba Raúl Ortiz a Rosario Castellanos. Estaban los de siempre. Me contó Rosario que en la embajada el teletipo no tiene “ñ” y que todos los despachos dicen ano de Juárez al calce.

 

Hablé con Octavio. Estaba muy nervioso e irritable porque le pregunté qué opinaba acerca de eso que me habían ofrecido del PRI. El lunes comienza el paro en la Universidad y hay agitación en muchos lugares del país. Dicen que posiblemente caiga Pablo González Casanova. Hoy en la noche voy a cenar a casa de Ulalume (que esta mañana me dijo que Paz tenía delirio de persecución) y van a estar allí gentes de opinión. Esperaré a leer los periódicos mañana para hacer mi full appraisal of the situation.

 

Después de la cena en casa de Ulalume. Villoro coincide en que la situación es crítica, especialmente en la Universidad. No puede en lo personal aspirar a la rectoría porque es español, pero sería de los que apoyaran a Víctor, seguramente.

 

1972

 

La poesía no fue la menos favorecida de las artes durante el año que ya comienza a acabar, como dicen. Vio florecer 1972 algunas de las más extrañas mutaciones del laurel que pudieran concebirse. Al lado de nuestro empeñoso nacionalismo económico se significa en este año la publicación, edición mexicana, de un poema cosmopolita y políglota que en mi opinión no ha merecido suficiente atención por parte de los críticos. Se trata del poema Renga, interesantísima construcción colectiva en la que cuatro lenguas, español, inglés, francés e italiano, cuatro voces, las de Paz, Tomlinson, Roubaud y Sanguineti se conjugan en un solo poema por el que se rompen los límites precisos de la extensión de una lengua o, como diría el propio Paz, de un lenguaje.

El año literario: 1972” en Contextos[4]

 

 

Sábado 10 de febrero de 1973

 

Al fin tengo un pequeño rato libre para escribir aquí todo lo que he hecho estos últimos días desde el miércoles. El caso es que el jueves fue un día muy importante para mí porque fue como el espaldarazo de Octavio Paz. Fue la mesa redonda sobre el surrealismo, en el Museo de Arte Moderno, donde hay una exposición con obras del museo de Arte Moderno de Nueva York. Fue una apoteosis de Octavio. Tamayo no es simpático y además no sabe ni hablar ni pensar. Es un gran artista. Lo creo sinceramente. Paz habló del surrealismo y yo del significado del surrealismo. Dije que el surrealismo había suprimido la diferencia entre significado y significante y que ese era el significado del surrealismo. El único que percibió la paradoja fue Ramón Xirau. […]. Al día siguiente el Presidente cometió una paradoja surrealista tal vez como consecuencia de lo que había salido en la prensa; fue a ver, después de una ceremonia militar en el Castillo [de Chapultepec], la exposición de los surrealistas en el museo. Después de la mesa redonda fuimos a cenar con los Xirau y Paz. Octavio me repitió los elogios de mi libro que le había hecho a Montes de Oca. Que mi libro era el mejor del año. Lo que no sé es de qué año. Da igual. Ayer pasé todo el día trabajando […].

Ramón Xirau, Octavio Paz, Juan García Ponce, Salvador Elizondo y Manuel Felguérez, 9 de agosto de 1973. Foto de Paulina Lavista.

 

1974

 

La crítica de mis libros me ha interesado siempre, aunque no sé si influido. Por ejemplo, lo mejor que he leído acerca de mis cosas es lo que escribió Octavio Paz en El signo y el garabato.

Contrapuntos[5]

 

 

Domingo 1° de febrero de 1976

 

Acabo de escuchar mi programa de radio. Creo que quedó bastante bueno. Habló Octavio Paz a las 9:30. Yo estaba dormido. Anoche fuimos al box. Fue una gran noche de combates. Dormí satisfecho. Propósito de reivindicación de dos grandes sentimientos generalmente considerados como del periodo romántico de la sensibilidad: la tristeza y el amor. Valores que encuentro fijados en cosas como mi programa de hoy. Una maniobra genial del partido católico de Acción Nacional: no postula a nadie. López Portillo no tiene ningún contrincante. Hoy no he hecho absolutamente nada ¡ni pienso hacerlo! […]

 

 

Viernes 13 de febrero de 1976

 

Viernes y 13 —los supersticiosos estamos encerrados en nuestras casas. Nos despertamos con la divertida noticia del knock out de García Márquez a manos de Vargas Llosa. Le hablé a Mario para invitarlo al box. Me contestó su mujer y me dijo que hoy se van a Lima. Habló Octavio Paz para comentar todas estas cosas y el affaire Torres Fierro de Plural. Hace un rato habló mi tía Consuelo para decir que estaba muy preocupada por mi papá; que había ido a cenar con ella y que estaba muy enfermo. En su casa no contestan. Ya hablé a su oficina y con el Sr. Caballero y nadie me puede dar razón. […]

 

 

Sábado 6 de noviembre de 1976

 

Reunión de Vuelta en la sede. Todo marcha bien y parece que saldrá el 15. Los de Scherer y compañía nos mandaron a la chingada. Granados Chapa dijo que yo era prescindible. Vi su revista que salió hoy. Está horrible. Todo se lo va a llevar la chingada. Todo me aburre.

 

 

Martes 29 de noviembre de 1977

 

Le dieron el Premio Nacional a Octavio Paz. Por la mañana fui a dar mis clases y ahora me dispongo a escribir mi artículo que tendrá que ser sobre este premio. Mañana por la mañana me van a sacar para un programa de televisión sobre la Academia. Tengo poco tiempo libre para mis cosas. Mi abuela está mal, los asuntos marchan poco a poco. Ya recogió Paulina los análisis, así es que antes de quince días nos tenemos que casar pues después ya no valen.

 

 

Sábado 13 de enero de 1979

 

El jueves fuimos a la cena que Octavio Paz le dio a Carlos Fuentes. Este no está muy contento pero estuvo muy bien todo. Anoche vinieron Ofelia [Medina] y Ricky [Parra] y estuvimos platicando hasta muy tarde (…) Hoy salió —yo creo que muy prematuramente— el anuncio de la postulación de Octavio Paz para el Premio Nobel. Acaban de dar el del año pasado. Yo creo que los del unomásuno se apresuraron. Soltaron de la cárcel al Indio Fernández, quien mató a alguien. Rojas Zea quiere que le haga una gran entrevista. La cena en casa de Octavio. Muy rara; la concurrencia estaba muy mezclada. Yo era el único de Vuelta. Ya nadie quiere saber nada de Carlos Fuentes. Esa fue la impresión que tuve. Ahora todos los mexicanos están enloquecidos con la venida del Papa polaco. La belleza de este día no tiene límites. Siento que la belleza y las de la flores es un regalo de Año Nuevo que me hace mi madre desde el cielo.

Paz y Elizondo, 1970, ca.

 

Miércoles 29 de abril de 1981

 

Ya pasó todo. Salió bien la cosa. Faltaron muchos. Sofía Bassi me regaló la primera edición Mercure de France de Une saison en enfer. Paco Icaza mandó un dibujo. Habló Gironella para decir que le acababa de llegar la invitación. Después del cocktail fuimos a cenar al bar Alfonso con Octavio, Montes de Oca, Lizalde, González Pedrero y su nuera. Faltaron muchos y los que fueron daban la impresión de estar todos peleados entre ellos. Me enteré con sorpresa de que Celia ya no trabaja allí. Todas las figuras: Octavio, Jaime, Gamboa, Xirau, cumplían con las exigencias mínimas del trato social pero se mantenían en grupos aparte. Unos de otros se expresan despectivamente. […] Por fin pude hacer el elogio de las rosas que Marco Antonio le mandó a Paulina. En total oímos ocho discursos en un lapso de menos de doce horas. Han enviado mensajes de felicitación: la viuda de Yáñez, García Márquez, P.A. Palau, René Solís, con una botella de Piper-Heid.

 

 

Jueves 30 de julio de 1981

 

Ya regresó Paulina de la exposición de Vicente Rojo. Me dijo que estaban “todos”, absolutamente “todos”. Michele iba acompañada de Paz Cervantes. Octavio Paz se rompió los dos brazos y no fue, hay que hablarle mañana.

 

 

Jueves 6 de agosto de 1981

 

Hoy solía ser día de mi santo. Ya empecé a hacer lo de Xirau. Habló José Luis Martínez para decir que Octavio ya había aceptado entrar a la Academia.

 

 

Miércoles 26 de agosto de 1981

 

A ver qué tal nos va con Borges hoy. Al rato nos vamos al Palacio de Minería. Estas cosas me aburren infinitamente, pero ni modo. Ya está sonando el teléfono. Los ancianos que navegan en los montes.

 

Por la tarde. Ya fue la filmación. Todo salió más o menos bien. Borges estuvo muy afable y muy deferencial conmigo. Octavio está muy decaído. Atribuye sus males al mal de ojo que le echó Elena. Me preguntó si ya había yo leído el último libro de Elena, que es un feroz ataque contra él. Luego ya llegó Borges. Se habló de Mallarmé, Wordsworth, Baudelaire, Toulet, Laforgue, Valéry, Lugones, Whitman, Poe, Pound, Joyce, Conrad, Kipling. Paz le habló a Borges de mi tío Enrique.

 

Otra vez acá en México con Borges y Octavio Paz, nos reunieron a los tres y filmaron algo para la televisión. Este espacio propio ubicado entre el sueño y la realidad […] es donde suceden todas las cosas, yo creo. Esa reunión, por ejemplo, fue algo inclasificable: sabíamos que venía Borges porque se le rendía un homenaje oficial y muy temprano me llamó Octavio para recordarme que lo íbamos a recibir en nombre de los escritores mexicanos e iban a filmar la ocasión y todos nos envidiaban y esas cosas. Octavio llegó de lo más elegante a la cita, con un traje muy fino, y yo iba muy modesto porque había terminado de releer algunas de sus obras y no sabía que iba a hablar delante de Borges porque quería hablarle de tantas cosas y allí estaba con ellos dos y decidí hacer lo que haría un hombre sabio: me dediqué solamente a escuchar y hablé sólo cuando fue necesario y en un instante sentí todo irreal, con Octavio y Borges allí al frente y las cámaras que filmaban y había otros fotógrafos y periodistas y María Kodama con su pelo extrañamente blanco y muchas otras personas murmurando y entonces decidí que estaba soñando y que en cualquier instante iba a despertar y todo salió muy bien.

“Entrevista con Waldemar Verdugo Fuentes en Vogue México

Jorge Luis Borges, Octavio Paz y Salvador Elizondo, conversando en el Palacio de Minería para el programa La poesía en nuestro tiempo, 26 de agosto de 1981. Fotografía de Paulina Lavista.

 

Jueves 18 de noviembre de 1981

 

Anoche nos quedamos platicando hasta muy tarde y creo que mis impresiones inmediatas de la cena con el Presidente se han atenuado un poco después de un largo sueño que duró hasta el mediodía. Creo sin embargo que fue un día importante. Llegué a casa de Octavio a las 7:30 p.m. Me abrió la puerta la criada, luego me recibieron en el vestíbulo dos oficiales, un capitán y un teniente en uniforme de verano. El capitán me saludó de mano y me presentó al teniente que no soltó, cuando me saludó, un maletín que se bamboleaba de arriba a abajo en su mano izquierda. Luego apareció Marie Jo para advertirme del escalón invisible. Al pasar por el patio a la biblioteca se oía un ruido infernal de una planta eléctrica. En la biblioteca ya estaban todos los invitados y Octavio: León-Portilla, Rossi, Krauze. Octavio ha tenido que dejarse crecer la barba que le sienta muy bien. Al poco tiempo llegó Solana y estuvimos platicando hasta que nos avisaron que ya iba a llegar el Presidente. Cada vez que los meseros o los edecanes abrían la puerta se oía el estrépito de la máquina eléctrica, pero ahora se mezclaba con el de los claxons de los automovilistas que protestaban porque suspendían el tránsito en todas las calles aledañas y los silbatos de los policías que los desviaban o paraban. Octavio y Solana habían bajado a recibirlo en la puerta del edificio. Al poco rato regresaron de tal manera que cuando entró el Presidente no había nadie que nos presentara. A mí me saludó primero con un gesto de que ya me conocía. Después seguían su secretario particular, un tal Casillas, que no descubrió la pólvora como veremos un poco más adelante, y el general Godínez, Huitzilopochtli revivido, también en uniforme de verano con botines de charol, personaje muy interesante. Finalmente entraron Solana —que me presentó al Presidente—, Octavio —que nos volvió a presentar—, Marie Jo —que también nos presentó. Nos sentamos todos y empezamos a hablar de la restauración del Templo Mayor. Se habló, con exquisita ironía, de los sacrificios humanos y luego Octavio habló de los autos de fe. […] Luego el Presidente nos informó que el llamado “Ángel” no es un ángel sino una “Victoria”. Nadie supo quién lo había esculpido. Se habló luego del arq. Rivas Mercado y de su hija Antonieta. Yo referí la historia de su suicidio en la catedral de Notre-Dame. El Presidente desconocía toda esta historia. Luego Casillas felicitó a Octavio por ser uno de los últimos residentes en el Paseo de la Reforma. Entonces el Presidente le dijo [a Casillas] que si no se había dado cuenta de qué parte de la Reforma estaba al llegar a esta casa. “Me distraje, señor…” Ya no volvió a abrir la boca. Luego pasamos a cenar. Medallones de langosta, roast beef, helado con frambuesa, vinos blanco, rojo y champagne. […] Pasamos a tomar el café en el salón. Se habló de generalidades. A las 10 el Presidente se despidió. Nos quedamos un rato más con Solana y luego ya se acabó todo. Me trajo Miguel León-Portilla. Cuando llegué a casa tuve violentos vómitos nerviosos de tanto que me había esforzado por estar calmado todo el día.

 

 

Martes 7 de octubre de 1982

 

Día inocuo. Siento como que se están juntando las nubes y que va a haber cosas espectaculares. Yo lo que quisiera es ponerme a escribir, a trabajar en un proyecto verdaderamente artístico. El niño va bien. Todo va bien, menos el país. El nuevo Presidente recibe el mando en circunstancias deplorables. Yo creo que cuando termine de leer Under Western Eyes ya podré escribir nuevamente. Hacía muchísimo tiempo que no leía tanto como he leído en los últimos tres meses o cuatro. Lo que pasa es que se envicia uno con la lectura.

 

Ayer antes de ir al Colegio Nacional empecé a leer el artículo de Octavio Paz sobre Laurel en que narra su pleito con Neruda. Se lo comenté y él me contó la versión “directa” con los insultos literales. […]

 

 

1985

 

El más grande elogio que yo he recibido en mi vida fue cuando salió mi libro Miscast. Octavio Paz me habló una vez a horas totalmente inopinadas únicamente porque estaba muerto de la risa leyendo mi comedia, cosa que a mí me pasó también, es éste el único de mis libros que yo he leído muchas veces, me gusta mucho.

Los secretos de la escritura” en Revista de la Universidad

 

NOTAS

[1] Octavio Paz, “El signo y el garabato: Salvador Elizondo” en Obra completa. Generaciones y Semblanzas, México, Fondo de Cultura Económica, tomo 4, 1991, p. 384.

[2] Salvador Elizondo, Diarios 1945-1985, México, Fondo de Cultura Económica, 2015.

[3] Se refiere al texto de Alfonso Reyes: El deslinde: Prolegómenos a la teoría literaria.

[4] Salvador Elizondo, “El año literario: 1972” en Contextos, México,  Fondo de Cultura Económica, 2012, versión electrónica.

[5] Danubio Torres Fierro, Contrapuntos. Medio siglo de literatura iberoamericana, México, Taurus, 2016, versión electrónica.

Autores

  • Elizondo, Salvador

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