En la mirada de Pedro Salinas

Pedro Salinas

Pedro Salinas

 

El poeta, crítico, traductor de Proust y hasta dramaturgo madrileño Pedro Salinas (1891-1951), autor de La voz a ti debida (1933), se exilió a Estados Unidos durante la guerra civil. Paz lo respetó como poeta, aunque no le dedicó un ensayo, como sí hizo con Jorge Guillén, a quien dedicó varios. En “Poesía e historia: Laurel y nosotros” (3:99) Paz escribe que “para Salinas, como para toda la tradición de Occidente, el verdadero amor es el amor único: a una persona en cuerpo y alma”. Las cartas a Katherine Whitmore[1] dan cuenta de esta experiencia, estrechamente ligada a su amante, la destinataria de la correspondencia de la que extraemos el homofóbico párrafo que sigue. Este texto contiene, ademas, párrafos sobre Paz que aparecen en la correspondencia entre Pedro Salinas, Jorge Guillén y León Sánchez Cuesta.[2] (AGA)


 

A Katherine Whitmore

 

2 de septiembre de 1938

México sigue tratándome muy bien. Lo mismo gentes que cosas. Abunda aquí ese tipo, para mí tan poco frecuente, del admirador. Las gentes conocen mis libros mejor que en España. Vienen a hablarme de ellos, a que se los dedique. En las dos librerías principales que he visitado me tratan como a un autor de la casa y me hablan de la venta de mis libros. Claro, es La voz la que más les gusta. La indiferencia española se convierte aquí en una atención que no me esperaba. Todo esto, después de dos años de relativo incógnito en U.S.A. me sienta bien. Halaga esa parte fatal de necesidad de elogio y atención que todos los que escribimos llevamos como una condena; conscientes, como yo lo estoy, de la insignificancia de estas cosas, después de todo, pero esclavos de su realidad. No tengas miedo por lo demás, que se me suba a la cabeza y que me embriague de gloria mexicana. I can take it. Pero es curioso observar el hecho de [que] aquí es uno más conocido y estimado que en España, por lo menos si se juzga por las señales externas. Naturalmente lo que pasa es que como yo no estoy acostumbrado al papel de «hombre notable», o de «cher maître» como dicen los franceses, no sé desprenderme de los pelmas. No tengo la fórmula de quitármelos de encima con dos palabras magistrales, y les hago caso, y atiendo, por puro agradecimiento, y me hacen perder mucho tiempo. ¡Chica, no sé ser ni siquiera pequeño hombre célebre! Todo lo tomo en serio y me admiran las frases amables, y las agradezco con una sinceridad y honradez que harían sonreír de desprecio a un «literato profesional».

Voy viendo poco a poco a todos los escritores de México; maestros viejos, como González Martínez; «jóvenes maestros» como Villaurrutia, o última generación. Lo que me ha sorprendido, muy desagradablemente, es que el grupo de «jóvenes maestros» Novo, Villaurrutia, Pellicer,  etc., pertenecen todos a la clase de «enemigos de las mujeres». Novo es un descarado y cínico homosexual, que no se oculta de decirlo. Nada me importa, al fin y al cabo, pero crea una atmósfera de malaise, para mí. Todavía no me he acostumbrado a mirar con indulgencia o sonrisa escéptica e indiferente a ese tipo de personas. Y además no es posible ningún intento de trato que no sea superficial con ellos. Hay otros muy simpáticos y limpios de esa tacha, con los que me encuentro muy bien, sobre todo Miguel Lira, Huerta y Paz. Pero da asco ver cómo ha prendido entre personas de sensibilidad y finura espiritual, como Novo y el grupo suyo, el viejo vicio azteca. Mira por dónde ha venido a resolverse la contradicción entre cultura primitiva, aztequismo, y cultura refinada à la parisienne: en la coincidencia en la misma aberración. ¡Tiene gracia! Si en las gentes hay varios matices de agrado o desagrado, en cambio en las cosas de México todo sigue gustándome y emocionándome profundamente. Paseo al anochecer por las calles, entro en las iglesias, me paro ante los escaparates, y de estas correrías saco mil reminiscencias e impresiones revividas. Estoy viviendo y reviviendo, a la vez. Tú, claro, aunque conoces muy bien España no podrías sentir eso como yo, por no ser española. Pero no te puedes figurar lo que es ver trozos del pasado que se ponen en pie ante los ojos de uno, y le despiertan partes dormidas de la conciencia. ¿Sabes cómo he expresado eso en las palabras de salutación al público mexicano de mi primera conferencia en Bellas Artes? Pues recordando el título de una obra de Lope de Vega: El extranjero en su patria. No lo puedo expresar mejor. Extranjero soy, y a ratos, sobre todo en mi relación con la gente, me siento tal; pero no obstante un sentimiento de patria profunda existe para mí en las cosas. La gente, su carácter y habla son una variante, a veces muy alejada, de lo nuestro; pero las calles, las costumbres, lo mudo y tradicional, me acercan a España a cada paso. ¡Y qué de pequeños primores, de gracias menudas se cazan por las calles! ¡Qué puestos de agua y bebidas, de dulces, en esas plazas como Santo Domingo o la Concepción! ¡Qué tiendas extrañas y minúsculas, de artesanos, como en Sevilla! ¡Y esos rasgos de popularismo acertado! Figúrate que he descubierto dos rótulos de tiendas como éstos: «La guerra mundial. Carnicería». Y otro: «Las fuentes del progreso. Miscelánea». Sigue pues México proporcionándome todo un mundo de visos y reflejos españoles, que tras mis dos años de Estados Unidos, tienen un sabor hondísimo. He salido poco. Fui a Guadalupe. Estupendo, inolvidable mercadillo, de objetos religiosos y cosas populares. ¡Y qué cementerio de Tepeyac, arriba, tan inocente, tan puro, como si lo hubiesen hecho niños, y que anula toda idea grave o solemne de muerte y trascendencia! Fui a Acolman. Y allí, en la enorme lonja o terraza que hay ante el Monasterio es quizá donde más aguda se me hizo la nostalgia de ti, donde la mordedura de «lo que pudo ser» me apretó el corazón. ¡Qué hermoso sería haber estado en ese sitio tranquilo y sereno, a tu lado, pasear frente a aquel paisaje, sin hablar mucho, dejándose penetrar de esa especie de gravedad digna de lo que hay alrededor, de tristeza sin filo! Katherine, Katherine. ¿Tendrá guardada la vida aún para nosotros horas de felicidad pura, de visión serena de alma y alma, horas de amor? Yo las sueño y anhelo como nunca. Y espero…

 

Salinas y Guillén

A Jorge Guillén

 

Wellesley, 26 de septiembre de 1939

La etapa mejicana empezó muy bien. Guadalajara: nombre que le cayó encima a esta ciudad como en una rifa. Porque es andaluza pura, llena de resonancias sevillanas, hasta en las chicas, su modo de hablar y de mirar. Cancelas, rejas, flores y toda la guardarropía quinteriana, naturalmente. Gente deliciosa: hice muy buenos conocimientos, me acompañaron sin cesar, y vi casas preciosas, campo, pueblos, ruinas, en función de turista integral. Las conferencias muy bien. Admiradores de ambos sexos. Dos seres angélicos que han copiado a mano, ¡a mano!, Razón de amor. (Ah, by the way, en Méjico encontré otros dos ejemplares manuscritos.) En fin esa clase de gloria, de provincia en el extranjero, que debía ser el sueño de Salvador Rueda y el objeto de desprecio de Baroja. De allí a Guanajuato. Otro devoto: un joven licenciado, que se me presentó en la universidad con un discursito hecho todo de alusiones a mis libros. La ciudad formidable, a lo Ronda o a lo Granada, y con un provincialismo neo-romántico super azoriniano. Barroco en grandes cantidades. Minas de plata, que me han dado ganas de escribir una novela, puesta en el siglo XVIII, que empiece allí y acabe en Sevilla, la novela de la plata de Indias. Hablaremos. Peligroso. Pasé luego de dos días en ese espléndido esdrújulo de Querétaro, rara combinación de barroco delirante y Maximiliano de Austria. Y por fin llegué a la capital. Y allí se acabó el turismo y no vi más ruinas que las numerosas de los españoles en el destierro.

Emigrados por todas partes, y de toda condición, desde el científico de la Junta, al poeta moderno. Pequeña lista (incompleta por falta de memoria): Canedo, Lafora, Enzina, Salazar, Bal y Rosita, Recanséns, Gaos, Moreno Villa, Bergamín, Ugarte (con esposas), Prados, Gaya, Gil-Albert, Petere, Jarnés, Ontañon, Madinaveitia, José Giral, Joaquín Xirau, Carner, y… Domenchina con su pareja. Casi toda la lira. Además de los políticos, y embajadores, que pululan: [Manuel] Pedroso, Isabel Palencia, su esposo. De mejicanos, Reyes, Octavio Paz y su grupo. No he parado un momento: tés, comidas, tertulias y chismes. La España emigrada está dividida en dos grandes bandos políticos: negrinistas y prietistas, que se tiran a matar. Y  los intelectuales en otros dos bandos. Los de la Casa de España, que son los privilegiados, y los últimos, que ya no tienen cabida allí por estar completo el cupo. El Domenchina invariable. ¿Sabes lo que está haciendo? Una antología de poesía de hoy, para las publicaciones de la Casa de España. Según me han dicho varias personas pensaba excluirnos a Cernuda y a mí. Por desgracia los discretos que nunca faltan, le han convencido de que debe perdonarnos la vida inmortal y nos va a incluir. ¡Que lástima! Desde luego, cien paginas del Magnífico K.Q.X. [Kuan Qamón Ximénez]

Va a ser una juerga, como dice Solita Salinas. Canedo siempre fino y amable, y su gente muy simpática. Me ha hablado de ti con interés y afecto. Lo mismo Reyes. A Pepe [Bergamín] le he visto bastante. Todo está igual… Ya tiene editorial. Pero en vez que «Cruz y Raya», se llama Séneca. Y hasta la sede se parece al piso de Madrid. Quiere editarnos. Me ha dicho que te hable. Yo, por mi parte, no sé lo que haré acaso una segunda edición de La voz. La editorial se va a encargar de la revista Taller, que hasta ahora hacía el grupo de Octavio Paz, y que se convertirá en revista hispano mejicana, prolongación de Cruz y Raya. Voy a mandar una serie de poemas y una antología de Carrillo. A todo esto los escritores mejicanos del grupo Novo, Villaurrutia, lanzando epigramas contra los españoles, sobre todo contra Bergamín, llenos de recelos y envidias. Pero se han encontrado con la horma del famoso zapato, porque Pepe les ha hecho dos sonetos magistralmente quevedescos, donde el insulto llega a lo increíble. El tema se presta porque todos son Ex Illis, o jotos como se dice allí. En fin, la historia continua. Jarnés resbaladizo, apartado de todos, metida ya la cabeza y el estilo en periódicos mejicanos en donde adula sin taza a todos los escritores del país, cuando no exalta al Ortega remoto y siempre amado. Asistí al estreno de dos pamplinas suyas. No le he visto más. Prados simpático y muy proletario. Petere divertidísimo. Gaos muy bien, muy sereno, y con gran éxito femenino en sus conferencias de filosofía. Es decir: Bergson, París; Ortega, Buenos Aires; Gaos, Méjico. Moreno Villa casado, muy gracioso, como extrañado, et pour cause, de verse así. Me ha regalado un cuadro muy gracioso que ya decora nuestro living room. En conjunto el cuadro de los españoles en la emigración (no el de Moreno) resulta pintoresco, y un poco triste. Aire de naufragio, de restos, incoherente, de agarradas a cualquier tabla, de grandezas efímeras, de nostalgias provisionales, de casino, de chismes, de granja del Henar, de ilusos. ¡Qué gusto me da volver a América, a este pueblo donde nadie sabe quien es Manolo, ni Domenchina!

Lo pasé bien, pero deseando que pasara en el fondo.

 

 

A León Sánchez Cuesta

 

Baltimore, 15 de abril de 1941

En Méjico, muchos: Enrique Díez-Canedo, Juan de la Encina, Gonzalo Rodríguez Lafora, José Gaos, José Bergamín, Josep Carner, Emilio Prados, Rodolfo Halffter, Ramón Gaya, Antonio Sánchez Barbudo, Benjamín Jarnés, Eugenio Ímaz, y no sé cuántos. Todos peleados, como es natural.

 

A Jorge Guillén

 

San Juan, Puerto Rico, 29 de agosto de 1945

¿Qué sabes de amigos y conocidos? Me dicen que Alberti se ha separado del comunismo y, como es natural, se le han venido encima todos sus antiguos amigos, insaultándole. No hay duda que para no tener que dejar de ser comunista (con esas consecuencias) lo mejor en no llegar a serlo nunca. […] Ah, ¿qué tal Octavio Paz, en Middlesbury? Yo saqué buena impresión de él en Méjico, pero le conozco muy por encima.

 

NOTAS

[1] Pedro Salinas, Cartas a Jatherine Whitmore, España, Tusquets, 2016.

[2] Pedro Salinas y Jorge Guillén, Correspondencia: 1923-1951, España, Seix Barral, 1992 y Pedro Salinas y Jorge Guillén, Epistolario con León Sánchez Cuesta, 1925-1974, Madrid, Residencia de Estudiantes, 2016.

Autores

  • Salinas, Pedro

Lustros

  • 1935-1939
  • 1940-1944
Anterior
Siguiente