En la mirada de José Revueltas

José Revueltas

Octavio Paz (un poeta) y José Revueltas (un narrador) eran amigos desde 1933, cuando militaron juntos en la Unión Estudiantil Pro-Obrero y Campesino. En 1938, Revueltas publicó con su amigo en la revista Taller. En 1943, Paz escribió “Cristianismo y revolución: José Revueltas”, sobre El luto humano, en la revista Sur de Buenos Aires. En 1979 publicó un extenso alcance a aquel ensayo juvenil (“Segunda”) en el que discurre sobre lo que llama “el marxismo cristiano” de Revueltas, a su “visión agónica y contradictoria del marxismo y del cristianismo” (ambos ensayos están en Generaciones y semblanzas, el tomo 4 de sus Obras completas).

 

En Posdata, su libro de 1970 en el que analiza la crisis política, cuando Revueltas está prisionero en la “cárcel preventiva” de Lecumberri, Paz dice de él que “es uno de los mejores escritores de mi generación y uno de los hombres más puros de México”.[1] 

 

El presente texto está formado por fragmentos de La equivocaciones requeridas y Conversaciones con José Revueltas.[2]

(AGA y GS)


 

I

 

Durante una breve temporada estuve en una escuela de electricidad, dependiendo del Sindicato de Electricistas; ahí asistí a un pequeño curso, sólo que ya comenzaba el movimiento revolucionario de 1929 a hacerse ostensible. Los estudiantes, incluso, fuimos perseguidos a tiros por las azoteas del edificio aquel de la calle de Colombia número nueve. Esto me llamó la atención de manera poderosa. Sin embargo, no fui vasconcelista; sobre todo porque yo ya estaba inclinado hacia la izquierda revolucionaria y al comunismo, de tal manera que veía al vasconcelismo como un movimiento antiimperialista interesante pero muy aficionado a las fuerzas reaccionarias […].

 

En la universidad tomé contacto muy superficial con varios muchachos vanconcelistas [Enrique] Ramírez y Ramírez, [Rodolfo] Dorantes, los más jóvenes de este movimiento, desde entonces empezaron a hacerse amigos míos y después pasaron a la izquierda.

 

 

II

 

Recuerdo entre otras cosas de aquel tiempo, al [Rubén] Salazar Mallén que estuvo preso con otros compañeros, yo entre ellos, en la cárcel de Belém, en los años de 31 o 32. Recuerdo cómo los capataces de la galera latiguearon a uno de los nuestros —Guadalupe Silva, cuyo nombre no olvido— y Salazar Mallén, honrado, ardiente, fue el primero en la protesta. Ahí mismo, en esa abominable cárcel, tuvimos un problema de moral humana, extraño y difícil. Un reo común, morfinómano, nos pidió a los detenidos políticos le diéramos cierta cantidad de dinero para adquirir el veneno indispensable. Su figura era lastimosa, casi no tenía fuerzas para mantenerse en pie. No había otra forma de ayudarlo que proporcionarle lo necesario para adquirir la droga. Las opiniones se dividieron radicalmente en nuestro grupo. La mayoría hablaba de principios y de que nos era imposible, de ser consecuentes con esa moral y esos principios, proporcionar el dinero al pobre vicioso. Salazar Mallén defendió las opiniones contrarias hasta no obtener que de nuestro fondo común se le entregara al morfinómano la cantidad necesaria. Mi memoria de esos dos hechos me presenta un Salazar Mallén uncioso, lleno de generosidad, valiente e iluminado. Los carceleros lo odiaban; lo odiaban, también, los filisteos de toda laya; sus antiguos amigos literarios lo miraban durante aquella época con esa temerosa y estúpida condolencia con que los intelectuales decentes ven a los escritores malditos; también hay que confesarlo, muchos de nuestros compañeros sentían una cierta prevención incomprensiva e injusta. Estaba solo; solo y erguido.

El joven José Revueltas

 

A Olivia Peralta

 

Mérida, Yucatán, junio 5 de 1938

Efraín [Huerta] es un buen camarada y se siente comunista. ¡Está muy bien! Le mandé una carta —no te había dicho nada—, llena de pasión, de violencia. Era un llamamiento al trabajo, ya que la revolución pide más actitud constructiva que discursos y actitudes.

 

 

A Olivia Peralta

 

Mérida, Yucatán, julio 2 de 1938

Nota importante: En mi próxima carta te mandaré un artículo para El Popular. Debes entregárselo a Octavio Paz o a Enrique Ramírez. En cuanto se publique deben darte quince pesos, de los cuales puedes disponer como quieras menos enviándomelos. Que Octavio te explique cómo debes cobrar. Vale.

 

 

Libreta de apuntes

 

9 de febrero de 1955

Conversación con Ramírez y Ramírez y Rodolfo Dorantes comunicándoles mi decisión de abandonar el Partido Popular y reingresar al Partido Comunista Mexicano. Se muestran secos, sin escatimar una que otra ironía de las que son muy características en ellos.

 

 

Diario de Cuba

 

Nota sin fecha, pero que debe haber sido escrita en agosto de 1961, durante el congreso de escritores.

Con el gran Ramón Martínez Ocaranza hablamos (participa Joaquín Sánchez MacGregor) sobre algunos de los ensayos de Octavio Paz. Martínez Ocaranza expone, con más o menos humorismo admirativo, el material de alguno de ellos, no me recuerdo cuál, pero que tiene esa característica tan peculiar de las meditaciones de Octavio: brillantes y disparatadas a la vez (Disparatadas en el sentido que lo decía Bergamín). Pienso, pero no lo digo, porque de pronto no recuerdo de quién es la imagen: el pensamiento de Octavio Paz se dispara al aire. (Después me acuerdo que es Engels el que lo dice, en algún lugar: pensamientos que se disparan al aire. ¡Qué justo por cuanto a Paz!: todo él se dispara al aire; es un castillo pirotécnico, la pólvora de un torito de feria. Cuando menos en sus intentos de reflexión filosófica).

 

Nota de hoy (cuando paso en máquina el manuscrito): Vasconcelos me decía: Paz no debe hacer poesía; Paz es fundamentalmente un filósofo. Del mismo modo que todos hemos pensado siempre: Vasconcelos no debe hacer filosofía; Vasconcelos es un novelista. Bueno.

 

 

Entrevista con Ángel Olmos[3]

 

Revueltas habla con respeto reverencial de cosas tan distintas como son novela y poesía. Aquí, poetas y novelistas son como habitantes de tejados distintos. Octavio Paz, por ejemplo, dice que la novela no le dice nada, y que no deberían escribirse esa clase de libros. Los novelistas, por su lado, más bien solidarios de la opinión de Jean-Paul Sartre, que asegura que la poesía no tiene significado histórico, miran con indiferencia a los que se expresan en verso.

 

 

A Andrea Revueltas

 

Cárcel preventiva, mayo 7, 1971

El domingo pasado vino a verme Octavio Paz. Vino en compañía de [Marco Antonio] Montes de Oca. Como siempre magnífico, limpio, honrado, este gran Octavio a quien tenía más o menos ocho años de no ver, o algo así… Nuestro tema fue, por supuesto, Heberto Padilla.

 

 

Conversación con Mercedes Padrés[4]

 

—¿Cuál es su opinión sobre Octavio Paz?

—Que ha actuado a la altura de lo que él es.

—¿Y Elena Garro?

—Prefiero no hablar de esa persona.

 

 

Conversación con Elena Poniatowska

 

—Y ¿qué opinas de que Octavio Paz diga que eres uno de los hombres más puros de México?

(Sonríe y jala su piochita; hunde un poco la barba dentro de su suéter y su chamarra.)

—Es el lenguaje del amor que nos tenemos mucha gente entre sí.

—¿Y qué le pareció Posdata?

—¡Muy bien! Claro que todavía falta hacer una apreciación general teórica del movimiento que aún no se ha hecho.

—¿Tú no estás escribiendo nada sobre el movimiento?

—Al final de año pienso termina un ensayo sobre el movimiento de unas setenta páginas. Mi ensayo va a tomar en cuanta los materiales que se han escrito por gentes muy capaces. Allí está el ensayo de Gerardo Mota, un estudiante de Ciencias Políticas, muy valioso, muy bueno, el libro de Ramón Ramírez al que también recurro, aparte de todo el material mimeográfico al cual no es fácil tener acceso y que fue la conciencia real del movimiento.

 

NOTAS

[1] La introducción fue extraída del artículo “Paz y su amigo José Revultas” de Guillermo Sheridan. Disponible en: https://www.letraslibres.com/espana-mexico/literatura/paz-y-su-amigo-jose-revueltas-preso-politico

[2] José Revueltas, Las evocaciones requeridas, Era-CONACULTA, México, tomo 7,  2014 y Andrea Revueltas y Philippe Cheron (compliadores), Converesaciones con José Revueltas, Era, México, 2001.

[3] Esta entrevista se publicó en El Heraldo, el 16 de enero de 1966.

[4] Conversación del 15 de marzo de 1969.

 

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