En la mirada de José Luis Cuevas

José Luis Cuevas

José Luis Cuevas y Octavio Paz, en la exposición del pintor en el Museo de Arte Moderno, 1976. Unomásuno.

 

José Luis Cuevas (1934-2017), dedicó su vida a las artes plásticas. Él y Octavio Paz fueron dos disidentes del dogmatismo nacionalista que asolaba a México en la década de los cincuenta. Se conocieron alrededor de 1955, los vinculó, además de su ánimo heterodoxo, un anhelo cosmopolita que cada uno vio cumplido en su disciplina. La mutua admiración los llevó a colaborar en más de una ocasión. Paz le dedicó el poema “Totalidad y fragmento”, que forma parte del volumen Los privilegios de la vista.

 

A continuación se reproducen algunos fragmentos de palabras de Cuevas sobre menciones de Paz, de forma cronológica. Unos provienen de los libros Gato Macho, Cuevario, Historias del viajero y Confesiones de José Luis Cuevas, y otros de dos entrevistas (se detalla en cada párrafo la procedencia, salvo las que se obtuvieron en El Búho. Suplemento del periódico Excélsior, donde Cuevas publicaba su columna dominical). (AGA)


 

1955

 

Juana Inés [hija de Ermilo Abreu Gómez y Ninfa Santos] vivía en una de las casas más bellas de Chimalistac, muy cerca del monumento a Álvaro Obregón […]. Por ser hija de escritores de escritores, Juana Inés conocía a los más renombrados intelectuales de México. Por ella conocería a Octavio Paz, a quien visitamos, para después ir en grupo a la casa de María Asúnsolo, en el Pedregal. [1]

 

 

1961

 

En 1961 conocí a Rodolfo Nieto. Fue en la casa que a Pedro Coronel le rentaba la viuda de Paul Éluard. Lo recuerdo en ese primer encuentro silencioso, taciturno, observándonos desde un caballo de madera […] que dividía la estancia de la casa […]. Unos días después volví a encontrarlo en casa de Julio Cortázar a dónde llegué introducido por Octavio Paz y Bona. [2]

 

Octavio Paz hizo funcionar el aparato y en su propia voz grabada escuché por primera vez la poesía de Fernando Pessoa que él mismo había traducido al español. Interrumpiendo la grabación nos explicaba de los textos y nos relataba pormenores sobre la vida del poeta portugués que había escrito bajo diferentes seudónimos. André Pieyre de Mandiargues, desde un rincón, escuchaba y miraba. En el piso, recargados en el muro, varios cuadros de un pintor oaxaqueño que vivía en la Casa de México de la Ciudad Universitaria. Antes de revelarnos a Pessoa ya Octavio nos había hablado de ese pintor llamado Francisco Toledo. Era el año de 1961 y Octavio vivía con Bona, pintora surrealista, en un apartamento de la avenida Henri Martin, en Trocadéro. Unos días antes Bertha y yo nos habíamos encontrado con Paz en la embajada de México, donde cumplía funciones de primer secretario. Hombre de gran generosidad, me había invitado a visitar a Julio Cortázar, a quien años atrás ilustré un cuento, pero al que no conocía. Ese mismo día pude departir con estos dos escritores nacidos el mismo año. El prestigio de Octavio, sin embargo, era superior. A Cortázar se le conocía tan sólo en pequeños grupos de latinoamericanos, mientras Octavio era leído y admirado en toda Europa. Al ser presentado yo a André Bretón en la apertura de una exposición de Wilfredo Lam, en la galería Du Dragon, y al haber escuchado que yo era mexicano, Bretón dijo: “mexicano como Octavio Paz”.

 

Con Octavio Paz también visité la galería de Point Cardenal donde se presentaba una exposición de Pedro Coronel, en cuyo catálogo Octavio había escrito la presentación. Mucho hacía Octavio Paz por los pintores mexicanos en París. A Rodolfo Nieto lo introdujo a la dueña de la galería de France y le dedicó un ensayo. [3]

 

 

1967

 

Algunas noches [voy con] con Bertha a los cabaretuchos de San Juan de Letrán, o en la colonia de los Doctores. En esos lugares, como en las carpas, me siento a mis anchas; llevo libretas de dibujo y tomo notas. […] Reconozco, sin embargo, que la ciudad tiene aspectos insospechados; se me han revelado alguna vez, si en mis caminatas de medianoche me acompaña alguien como Octavio Paz o Fernando Benítez, que me han señalado los elementos mágicos en algunos rincones coloniales, en ciertas callejuelas de Tacubaya y Coyoacán. [4]

 

 

1968

 

[Estando] en Santo Domingo dando conferencias sobre pintura […] una escritora de triste memoria denunció a un grupo de intelectuales —todos ellos amigos de Octavio Paz— como responsables de la masacre de Tlatelolco. Los periodistas […] me dedicaron las ocho columnas para anunciar con alborozo que la acusación de la escritora permitía que yo fuese consignado. Esto me lo comunicó Bertha por teléfono, y me dijo también que algunos amigos me aconsejaban regresar, pues corría la voz de que había huido por temor a la cárcel. Decidí hacerlo en seguida y le pedí a Bertha que comunicara mi llegada a los periódicos y a la televisión. La publicidad, en este caso, podía salvarme de ser detenido en el mismo aeropuerto. […] Mis cálculos no fallaron. [5]

 

 

1971

 

Un día de la segunda semana de octubre de 1971, Bertha, Mariana, Ximena y yo tomamos en el puerto de Acapulco el barco Oriana, de la compañía inglesa P & O que nos llevaría a San Francisco. Algunas fotos tomadas durante el viaje registran una honda preocupación en mi rostro. Las niñas felices y Berta con la serenidad que da a las mujeres el embarazo. Así estamos en la cubierta mientras contemplamos el mar. Sobre mis piernas una libreta de apuntes. Ahí está el motivo de mi preocupación. No tengo todavía el tema del libro de litografías que por encargo de Collectors Press debo realizar en el taller que Ernest de Soto tiene abierto en la calle Mina. En mi libreta de apuntes he anotado varios: uno fue sugerido por Octavio Paz durante una cena en El perro andaluz de la Zona Rosa en compañía de Ramón Xirau y las correspondientes esposas. Se llamaría Homenaje a la poesía y mis litografías saldrían de la poesía de Dante, Baudelaire, Rimbaud, Lautréamont, Arcipreste de Hita, Ezra Pound, Fernando Pessoa, Robert Lowell, Henry Michaux y Octavio Paz. El problema estaba en lograr la autorización de los que estaban vivos y además en Acapulco me encerré dos días y dos noches para leerlos a todos ellos y descubrí mi incapacidad para ilustrar a los poetas. De toda la lista que para mí elaboro Octavio quizás solo soy capaz de lograr equivalentes gráficos, de lo escrito por Dante, Baudelaire y el mismo Paz. [6]

Octavio Paz, Marie José y José Luis Cuevas, San Ángel, 1971.

 

1976

 

Marta Traba y yo habíamos tenido otros encuentros en Austin, en México y en París. En Austin estuvimos en en el simposio que organizó Octavio Paz. Ahí también después de nuestras intervenciones, habíamos sido excluidos de las fiestas de los oportunistas. [7]

 

 

1978

 

Los poetas generalmente son gentes muy próximas a los pintores, ambos, pintor y poeta, manejan imágenes, unos lo hacen con pinceles, o con lápices o con lo que sea y el poeta lo hace con la palabra. Entonces ese tipo de aproximaciones me resulta de un enorme interés; así […] hay comentarios interesantes sobre mi obra, porque son el resultado de una identificación y son aquellos que han surgido de los poetas. Me refiero sobre todo a Octavio Paz que ha escrito sobre mi obra un texto muy bello hace algunos días o un poema que escribió hace unos pocos años sobre mí; es el caso de Cardoza y Aragón que también se ha ocupado de mi trabajo. Entonces estas son las aproximaciones […] inteligentes, las aproximaciones que se llevan por medio de la sensibilidad, entre sensibilidades afines. En algún momento dado el poeta se siente afín con la obra de algún artista y lo expresa; en este caso lo más bello […] viene a ser un poema. [8]

 

 

1983

 

El recuerdo de Marta Traba debilita mi fortaleza de hombre poniendo lágrimas en mis ojos. No todo está perdido: todavía están José Gómez Sicre, Fernando Benítez, Octavio Paz, José María Tasende y algunos más que han aparecido en diferentes épocas de mi vida y que han constituido sólidos soportes que me mantienen erguido. [9]

 

Octavio Paz en alguna ocasión me dijo que hacía dibujos pero nunca los vi. [10]

 

 

1984

 

El 8 de abril, en una cena que le hacía Nadda Anhaid a Octavio Paz por sus 70 años, José Luis Cuevas, que acababa de volver de Estados Unidos, me comentaba que esa mañana le habían hecho una entrevista para la televisión española, y que el entrevistador, José Miguel Ullán, le había preguntado por sus 50 años. “Entonces le contesté que el colmo es que alguna gente andaba diciendo que yo había cumplido 50 años por puro truco publicitario”. [11]

 

Lo importante es que a Paz hay que verlo más que nada como un demócrata, como un hombre que no quiere la esclavitud y como un hombre con un gran sentido crítico hacia las posiciones extremistas de derecha e izquierda; él mismo advierte a Estados Unidos que sería una enorme torpeza cualquier intervención en Centroamérica. [12]

 

Con Paz hay una enorme admiración e identificación ideológica. Octavio Paz es una lección de valentía […], sus últimas declaraciones han sido tergiversadas por los medios masivos de comunicación, en particular su discurso de Fráncfort.  Esto, desde luego, llevó a las reacciones de incomprensión por parte de una izquierda mexicana delirante en la que se mezclan también elementos de terrible envidia porque Paz es, sin duda, el mexicano de mayor prestigio internacional. [13]

 

 

1985

 

En el aeropuerto de Buenos Aires me esperaban […]. Eran las tres de la mañana del trece de diciembre de 1985 […]. A la mañana siguiente un grupo de muchachas de filosofía y letras me visitan en el hotel. […] Squirru me recoge para llevarme a la casa de los Bioy Casares. […] Silvina [Ocampo] me pregunta por Octavio Paz y Bioy expresa su interés de que algún día le ilustre una de sus obras.[14]

 

 

19 de enero de 1986

 

Francisco Rodón me llamó por teléfono había llegado a México hace tres semanas. […] Su viaje llevaba un propósito: pintar a Octavio Paz al que admiraba mucho. […] Rodón viajó desde Nueva York donde se detuvo para comprar una tela de varios metros de largo así como tubos de óleo de primera calidad. […] Octavio Paz vivía en el sexto piso de un edificio situado en Río Lerma. Rodón, sin avisar, llegó hasta el apartamento de Octavio, cargando el inmenso lienzo y todos sus materiales de trabajo. Ese día el elevador del edificio no funcionaba y tuvo que escalar los seis pisos. Octavio no esperaba la visita del pintor y se encontraba trabajando; por consiguiente no pudo recibirlo, según parece. […] Una semana después […] volvió a tocar la puerta del apartamento de Octavio y en esta ocasión éste se negó en definitiva a posar por no disponer de tiempo para hacerlo. En pocos días viajaría a Harvard y antes tenía que terminar unos textos. […] Le sugerí que pintara [a Juan Rulfo]. [El resultado fue] el mejor homenaje que un pintor borriqueño ha rendido al más grande novelista de México. […] “¿Tú crees que ahora sí pueda pintar al poeta?”. “Yo no sé. Octavio tiene la palabra”, le contesté.

 

 

15 de marzo de 1986

 

Regresé a la Ciudad de México para poder asistir el 15 de marzo a la comida que Antonio Ariza Cañadilla ofreció a Marie Jo y a Octavio Paz en el rancho San Antonio, en Texcoco […]. En el rancho me encontraría con muchos amigos. Los recuerdo a todos. Homero Aridjis, Anita y Ramón Xirau, José de la Colina, Paz Saldivar, Ulalume González de León, Teodoro González de León, Enrique Krauze, Gunther Gerzo, Luis Mario Schneider, Álvaro Mutis y, por supuesto, Marie Jo y Octavio […]. El faraón de Texcoco, Silverio Pérez y Pachis, llegaron tarde, una media hora antes de que sirvieran los patos enlodados y la paella […]. Esa tarde, un potrillo fue bautizado con el nombre Tres Nubes, que así se llamaba un poema de Octavio Paz, quien fue el padrino de la ceremonia.  Todos, pues, estaban felices y fue una fiesta muy alegre. Una orquesta pueblerina tocaba una y otra vez “Zacazonapan”. [15]

“Placard Cuevas – Paz 1977”. Art Brokerage.

 

4 de enero de 1987

 

El día de hoy reúno en un librero que me ha traído Ximena, todos los libros que traen dedicatoria y al azar escojo algunas para reproducirlas en esta ocasión, esperando no provoquen disgustos entre los autores que todavía están vivos y por quienes siento el más profundo respeto y las más grande amistad. […] En Conjunciones y disyunciones, de Octavio Paz: “A José Luis Cuevas, maestro de la metáfora dual, ascendente, descendente, alquimista del lienzo y la línea, con la admiración de Octavio Paz, 14 de agosto de 1971”.

 

 

9 de septiembre de 1987

 

Hace poco estuve en Guadalajara. Fue cuando Juan Soriano recibió el premio Jalisco que le otorgó el gobierno del estado. Octavio Paz, Raquel Tibol y yo fuimos oradores durante el acto que tuvo lugar en el Teatro Degollado […]. Al terminar la función nos fuimos al Museo Regional, que queda a pocos metros. [16]

 

 

25 de diciembre de 1987

 

Bertha tiene por costumbre los días 25 de diciembre, a partir del mediodía, abrir la casa para que vengan los amigos a comer bacalao. La asistencia en esta ocasión fue más nutrida que otras veces. El desfile se inició a las dos de la tarde y todavía a las 11 de la noche seguían llegando amigos […]. Entre los 50 invitados, conté 11 nacionalidades distintas […]. No se trata de dar una lista completa de asistentes, pero sí quiero consignar que Fernando Gamboa acaparó la atención de muchas mujeres que se derretían con sus galanterías de mundano. Octavio Paz y María José llegaron sorpresivamente con Anita y Ramón Xirau, en cuya casa también había fiesta y permanecieron con nosotros una hora. A Octavio lo quiero mucho y escucharlo siempre es un placer. Frente a él guardo silencio: prefiero no interrumpir y oírlo. Alrededor de Octavio se hizo un círculo formado por atentos admiradores. [17]

 

 

31 de diciembre de 1988

 

Tenemos la costumbre de pasar los años nuevos con Julieta y Enrique González Pedrero. […] La pasamos muy bien y yo conversé con amigos muy queridos que no se ven con la frecuencia que uno quisiera. Anoto a algunos: Alejandro Rossi, Enrique Krauze, Gabriel Zaid, Miguel Cervantes, Octavio Paz, Ramón Xirau, Abel Quezada, Jaime García Terrés, Miguel Barbachano Ponce, Juan Soriano y Joaquín Sánchez MacGregor. [18]

 

 

8 de abril de 1989

 

Héctor Vasconcelos convoca. Primera reunión de los integrantes de la comisión del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes. La agenda del día propone discutir sobre las becas de artes y letras. Llego a la casa de Cracovia con algo de retraso. Hablo poco: estoy rendido por los ajetreos del día. Escucho y observo. Ahí están Alejandro Rossi, Fernando Gamboa, Ana Mérida, Silvio Zavala, Julieta Campos, Hugo Hiriart, Manuel Henríquez, Rufino Tamayo, Manuel Felguérez, Octavio Paz. Preside Víctor Flores Olea, lo acompaña Rafael Tovar y de Teresa […]. Octavio Paz es el que toma la palabra con mayor frecuencia, porque tiene mucho que decir. Me asombra una vez más, su claridad de pensamiento y su cultura. Salta de un tema a otro y lo hace con soltura y profundidad […]. No cabe duda: los programas México en la obra de Octavio Paz, que produce Televisa bajo la dirección de Héctor Tajonar, están haciendo historia. Yo participé en uno de ellos, ilustrando Muerte sin fin de José Gorostiza. Lo hice con un juguete precioso: una máquina computadora.

 

15 de octubre de 1989

 

Comida hoy domingo en casa de Eulalio Ferrer […]. También están Jaime García Terrés, Álvaro Mutis y Octavio Paz. Manifiesto a algunos que dentro de pocas horas estaremos celebrando la entrega del Premio Nobel a Paz, quien lo merece desde hace mucho tiempo. Les cuento que hace unas noches soñé en que Octavio era el receptor del premio. No tengo dudas de que ahora sí le harán justicia en Suecia. Estoy dispuesto a apostar por Octavio Paz. [19]

 

 

14 de octubre de 1990

 

Al mediodía de hoy 14 de octubre, llegué de Nueva York. Estuve ocho días en esa ciudad. […] En Nueva York sólo se habla de nuestro país. Se han dado dos felices coincidencias: la formidable exposición que se presenta en el Museo Metropolitano y el premio que ha ganado Octavio Paz. Ambos acontecimientos me llenan de orgullo. Octavio estaba en el hotel Drake y ahí recibió la noticia de su premiación. Ya resultó imposible llegar a él para felicitarlo. Bertha llamó por teléfono y con quien pudo hablar fue con Marie José Paz. Con Octavio imposible. Decenas de periodistas de todo el mundo lo cercaban. Yo también fui objeto de muchas llamadas. Se me hablaba para felicitarme por el hecho de ser mexicano. Muchos de los que lo hicieron ni siquiera sabían de mi amistad con Octavio. Ya en el avión, el piloto, desde la cabina, comentó a los pasajeros lo del premio y todos aplaudimos.

 

 

9 de enero de 1991

 

El año que ha terminado y, como siempre sucede, abundan las reuniones en donde uno se encuentra con amigos muy queridos, pero que se les ve poco, o por lo menos no tanto como uno quisiera. En una semana de abrazos y felicitaciones me encontré, en diferentes sitios y momentos, a Miguel Ángel Orozco, Agustín Basave, Carlos Fuentes, Eduardo Lizalde, Jaime García Terrés, Neda Anhalt, Ramón Xirau, Andre Ladousse, Jorge Castañeda, Jacobo Borges, Benítez, Reyes Heroles, Víctor Manuel Mendiola, Manuel Ulacia, Carlos Slim, William Styron, Luis Donaldo Colosio, Horacio Costa, Nissen, Bartra, Rogelio Cuéllar y Octavio Paz, a quien, por fin, pude felicitar, personalmente, por lo del Nobel.

 

 

17 de marzo de 1991

 

Viajé a París en 1961 y le renté su estudio al pintor Claude Bellegarde, situado en la rue d’Arras. Mi séjour de entonces fue de poco tiempo, pero suficiente para conocer a algunos artistas e intelectuales que me presentó Octavio Paz. Pienso en Matta, André Pieyre de Mandiargues, Julio Cortázar y Joyce Manzour. También tuve encuentros casuales y sin consecuencias con André Bretón y Henry Michaux.

 

 

23 de febrero de 1992

 

Al llegar a México me enteré que el Coloquio de Invierno seguía causando ventisca en el medio cultural mexicano. Alcancé todavía un par de entrevistas que se me hicieron vía telefónica. Han presentado el coloquio como una lucha entre dos facciones: la de la revista Vuelta y la de Nexos. Si se trata de escoger me quedo con el primer bando por la razón de que son más inteligentes.

 

 

1° de marzo de 1992

 

El distanciamiento entre Fuentes y Octavio Paz es para mí muy lamentable. Es doloroso porque a ambos los quiero mucho. Ahora bien, vuelvo a insistir, en lo referente al “coloquio”, Octavio Paz tuvo la razón. Su enojo está más que justificado. Pero la responsabilidad la tienen aquellos que lo organizaron: la UNAM, Conaculta y la revista Nexos.

 

 

22 de marzo de 1992

 

En días pasados encontré en mi archivero una carpeta con cartas de Octavio Paz. Se trata de material de primera, pues es la historia de un poema y un libro que no llegó a publicarse. El editor estaba en México y de él guardo también mucha correspondencia. Tenía el propósito de que ilustrara a Paz para una carpeta de lujo. Al principio piensa en un libro: ¿Águila o sol?, y tanto Octavio como yo estamos de acuerdo. Lo que el editor me pide son litografías y me avisa que ya ha enviado un tubo que contiene 25 hojas de transfer paper para que yo haga los dibujos que después serán pasados a la piedra. En aquella época (año de 1971) el editor estaba publicando una colección llamada Imagini e testi en la que reunía escritores y pintores de enorme prestigio. Paz pensó en mí. Después de muchas cartas que van de México a Italia y Cambridge y de aquí y allá a México e Italia, Octavio decide mejor escribir un poema que me dedica. Lo llama “Totalidad y fragmento”.

 

 

9 de mayo de 1993

 

La revista cultural Vuelta que dirige Octavio Paz fue galardonada con el Premio Príncipe de Asturias correspondiente a 1993. […] En dos ocasiones pinturas mías han ilustrado la portada de Vuelta. Un texto mío sobre Diego Rivera fue publicado hace no mucho tiempo, así que como escritor he estado presente. […] Coincidiendo con la alegre noticia […], recibí Los privilegios de la vista que reúne la segunda parte de los ensayos y poemas que Octavio Paz ha dedicado a las artes plásticas.

 

 

8 de agosto de 1993

 

No suelo asistir a las conferencias y a las mesas redondas. Por lo general me resultan aburridas e inútiles. Pero la otra noche sí la pasé muy bien durante la presentación del libro de Enrique González Pedrero: País de un solo hombre: el México de Santa Anna. […] La asistencia fue tumultuosa y pude saludar al director del Fondo, Miguel de la Madrid Hurtado, Octavio Paz, Mario Moya Palencia, Germán Carnero, Teodoro González de León, Elena Poniatowska, Eduardo Céserman, Danubio Torres Fierro, Carlos Monsiváis, Teodoro Céserman, Leopoldo Zea, Arturo González Cosío, y muchos más, a quienes volvería a encontrar en la cena celebrada después en la casa de Enrique y Julieta, aquí en San Ángel, no lejos de mi casa…

 

 

24 de octubre de 1993

 

En esta semana […] recibimos en el museo […] al expresidente de Uruguay y actual candidato para los próximos comicios, Julio María Sanguinetti. […] Ese día su agenda estaba repleta […]. Por la noche cenó con Octavio Paz.

 

 

8 de enero de 1995

 

Las doce campanadas que anunciaron el año nuevo las escuchamos en casa de Julieta Campos y Enrique González Pedrero. Ahí llegamos Bertha y yo con Vilma [Fuentes] y Bellefroid. Los otros invitados fueron Octavio Paz y Marie Jo. Paulina Lavista (sin Salvador Elizondo), Bascia y Gabriel Zaid, Alejandro Rossi, Miguel Cervantes, Ululame González de León y Danubio Torres Fierro.

 

 

15 de enero de 1995

 

Cuando Eduardo Mata se cambió a la calle de Galeana ya estaba casado con Carmen [Cirici-Ventalló]. Aparte de ellos, siendo yo un residente nuevo en San Ángel, disfruté la vecindad de otros notables intelectuales. En un condominio cercano al de Mata, vivían Octavio Paz y María José, recién llegados de Nueva Delhi. Eran apartamentos muy bonitos que rentaban Rubín de la Borbolla y su esposa la escritora Sol Arguedas. No muy lejos estaban Carlos Fuentes y Rita Macedo, Gabriel García Márquez, Pepe Donoso y Ramón Xirau, quien, igual que yo, sigue siendo colono del barrio. Los demás se fueron por otros rumbos de la ciudad.

Gabriel García Márquez, José Luis Cuevas y Octavio Paz. El País.

 

1° de septiembre de 1996

 

En mi viaje a Oaxaca me acompañaron Bertha y Cristina Derbez, subdirectora del museo. […] Fue un viaje maravilloso que marcó el inicio de mi amistad con Francisco Toledo […]. Sólo en cuatro ocasiones anteriores nos habíamos visto. La primera vez fue en 1961 en casa de Octavio Paz, quien me lo presentó y me mostró algunos de sus dibujos, que comentó con entusiasmo.

 

 

3 de noviembre de 1996

 

Ayer agoté las 173 páginas de El poeta en su tierra de un gran periodista, Braulio Peralta. Son los diálogos con Octavio Paz que editó Grijalbo. El ejemplar que tengo está dedicado a Bertha y a mí por los autores. Octavio es escueto y escribe: “A Bertha y a José Luis, con un abrazo”.

 

 

10 de mayo de 1998

 

Páginas de mi agenda.

Domingo 19: Muere Octavio Paz a las 10:35 pm. Gran consternación que nos impide dormir a Bertha y a mí. Subo a mi estudio en la madrugada y reviso los libros de Octavio. En Ladera este encuentro escrita la siguiente dedicatoria: “A José Luis Cuevas en esta ladera y en la otra. Su amigo, Octavio”.

 

Lunes 20: En El arco y la lira encuentro esta dedicatoria: “A José Luis Cuevas, amistad y admiración con un (triple a) abrazo. Octavio”. Muy temprano me llaman del programa Hola México para que diga algo sobre Paz. Hablo de eso: de la amistad y de la admiración que yo le tuve. Otras llamadas ya no las contesté. Estoy muy abatido. Me voy con Bertha a la casa de Alvarado, donde está la Fundación Octavio Paz. Las puertas están cerradas a los periodistas. Solamente a algunos allegados se les permite el acceso. La caja semiabierta permite ver el rostro del poeta. Retengo la imagen de la muerte para hacer un dibujo después. Bertha rompe en llanto. Después, formaremos parte del convoy que se dirige a Bellas Artes, donde recibirá un homenaje.

 

NOTAS

[1] José Luis Cuevas, Gato macho, México, Fondo de Cultura Económica, 1994, p. 94.

[2] José Luis Cuevas, Cuevario, México, Grijalbo, 1973, p. 165.

[3] Cuevas, Gato…, op. cit., pp. 261 y 262.

[4] Alaíde Foppa, Confesiones de José Luis Cuevas, México, Fondo de Cultura Económica, 1973, p. 213.

[5] Foppa, op. cit., p. 204.

[6] Cuevas, Gato…, op. cit., p. 267.

[7] Ibid, p. 211.

[8] Graciela Carminatti,“La crítica la han hecho los pintores (una entrevista con José Luis Cuevas)” en Revista de la Universidad de México, México, octubre de 1978, pp 2 y 3.

[9] José Luis Cuevas, Historias para una exposición, México, Premia editores, 1988, p 44.

[10] Cuevas, Gato…, op. cit., p. 299.

[11] Historia publicada en el “Cuevario” de 22 de abril de 1990.

[12] Armando González Torres, “Octavio Paz en 1984: La querella del diálogo y el ruido” en  Letras Libres, 5 de octubre de 2011.

[13] Entrevista en Foro (minuto 7:04), 21 de octubre de 1984.

[14] José Luis Cuevas, Historias del viajero, México, Premia editores, 1987, p. 49.

[15] Cuevas, Gato…, op. cit., pp. 289 y 290.

[16] Ibid, p. 390 y 391. Paz estuvo en Guadalajara los días 9 y 10 de septiembre de 1987. Sería la última vez que estaría en esa ciudad.

[17] Ibid, p. 399.

[18] Ibid, p. 400.

[19] Ibid, pp. 474 y 475.

Autores

  • Cuevas, José Luis

Lustros

  • 1955-1959
  • 1960-1964
  • 1965-1969
  • 1970-1974
  • 1975-1979
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