En la mirada de Jorge Luis Borges

Jorge Luis Borges

En el Palacio de Minería, con Borges, 26 de agosto de 1981. Fotografía de Paulina Lavista

Jorge Luis Borges, Octavio Paz y Salvador Elizondo, conversando en el Palacio de Minería para el programa La poesía en nuestro tiempo, 26 de agosto de 1981. Fotografía de Paulina Lavista.

 

Entre 1940 y 1970 surge paulatinamente el archipiélago Borges;
cada una de sus islas es un signo que, enlazado a los otros,
traza sobre el mapamundi la pregunta del principio
que es también la del fin: el asombro de la conciencia humana
sujeta al tiempo y sus quiméricas resurrecciones.

Octavio Paz (3:114)

 

Intérpretes equidistantes de su tradición, Borges y Paz mantuvieron una cordialidad accidentada. Aunque fueron contemporáneos, no sucumbieron a la intermediación de la amistad ni de la historia. Fue Adolfo Bioy Casares quien registró en su Borges (Barcelona, Destino, 2006) la controvertida memoria de su colega sobre el poeta mexicano. El lector de estas notas debe tener presente que Borges constituye la memoria de Bioy sobre sus encuentros con el escritor argentino. Así lo reconoce el propio autor: «Lo que podría hacer —explico alguna vez Bioy— es solo contar como lo vi yo, como fue conmigo. Corregir algunos errores que se cometieron sobre el, defender a Borges y, sobre todo, defender la verdad.» Las notas que se ponen al final de este texto,  corresponden a las del libro, las cuales fueron hechas por Daniel Martino. Por último, se compilaron una nota periodística y un fragmento de una entrevista a Borges sobre su voto para el premio Cervantes 1980. (AGA)


 

 

Lunes, 18 de junio de 1956

 

A la noche comen en casa Borges, [Juan Rodolfo] Wilcock, [Manuel] Peyrou y dos maricas cubanos, de la revista Ciclón: [José] Rodríguez Feo, el director, y Virgilio Piñera, el secretario de redacción. Rodríguez Feo es rico, buen mozo, menos literario que su amigo, más muchacho de sociedad; físicamente recuerda un poco a Octavio Paz.

 

 

Sábado, 25 de mayo de 1957

 

Come en casa Borges […]. Comentamos títulos absurdos. Recuerdo Libertad bajo palabra de Octavio Paz: «A continuación del título vigoroso, poemas deshilachados. Pero no agradables, no vayas a creer: en cuanto asoma la posibilidad del agrado, el poeta reacciona, no se deja ganar por blanduras, y nos asesta una vigorosa, o por lo menos incomoda, fealdad. Así cree salvar su alma».

 

 

Sábado, 15 de junio de 1957

 

Comen en casa Peyrou y Borges […]. Hablamos de [Paul-Jean] Toulet y de Apollinaire. Borges comenta, de los versos sobre la rousse: «Que vergüenza, pero el principio del poema tiene alguna dignidad.» Refiero que, en mis conversaciones francesas, la gente se escandalizaba de que en la misma base pudiera hablarse de Apollinaire y de Toulet. Borges: «¿Todos preferían a Apollinaire?». Bioy: «Es claro. Como poeta y como hombre. Helena Garro decía que a Apollinaire podía uno quererlo. Apollinaire es amplio y humano; Toulet, estrecho y literario». Borges: «Siempre hay algo inconcluso, insatisfactorio en Toulet», y emplea el argumento de la brevedad para restarle importancia (como si dijera: breve y además inconcluso).

 

Jorge Luis Borges y Octavio Paz. Unomásuno, 18 de octubre de 1978, p. 7.

Domingo, 6 de noviembre

 

Come en casa Borges […]. Octavio Paz envió a Sur un poema de amor, con el verso:

tus pedos estallan y se desvanecen.[1]

Borges: «Se vera a sí mismo como un conquistador de nuevas regiones para la poesía… Que regiones». Bioy: «Menos mal que se desvanecen». Borges: «Si no, serian esos pedos sin ruido y sin olor, de que hablan los chicos; la idea abstracta… Mejores son los versos de Quevedo:

La voz del culo, que llamamos pedo
(ruiseñor de los putos), detenida,
da muerte a la salud más presumida
y el propio preste Juan le tiene miedo.[2]

 

Poesía didáctica. Versos de tono explicativo. ¿Y que me decís de llamar al pedo ruiseñor de los putos? ¿Vos crees que Quevedo sabía tan poco de putos que imaginaba que para ellos el pedo era una suerte de reclamo, que usaban para llamarse unos a otros? ¿o en las calles se oyen fusilerías de pedos, reclamos de putos llamando a putos? O más bien quiso indicar que eran una voz dulcísima, pronunciada por la parte que les interesaba… On ne pent pas y ’aller plus loin en vulgarité: una palabra tan noble como ruiseñor, perdida entre pedo y putos. Esta escrito con mucha rabia, contra alguien. Les tendría rabia a los putos… Que bien que una cosa pueda elogiarse por su fealdad. Sin duda la línea es superior al contexto. Quevedo llamaba al culo sima barbada ».[3] Propone traducciones, ad impromptu’, the bearded pit, the hairy pit, I’ abîmé á barbe.

 

 

Miércoles, 5 de junio de 1963

 

Come en casa Borges […]. Borges: «¿No habrá franceses que escriban poemas tan insensatos como los de Neruda? ¿Vos crees que allá también habrá santones, como acá?

Leemos a Apollinaire. Borges: «Es muy casual. Llevado por la rima puede tomar para cualquier rumbo. En sus mejores momentos está muy bien: en “La jolie rousse”, en “Cors de chasse” hay versos que uno quisiera repetir. En Neruda no hay versos que uno quisiera repetir. Ademas, si uno lee a Apollinaire, tiene la impresión de que, por momentos al menos, siente lo que dice y lo dice porque quiere. Neruda no ha de recordar sus propios poemas. Nadie puede recordarlos, y si alguien se los leyera y salteara un verso, Neruda no se daría cuenta…

Borges; «Neruda cambia de estilo y de tono en un poema, sin darse cuenta. Es un bruto. Empieza bien el poema sobre Walt Whitman porque sin duda le quedo en el oído el ritmo de versos de Whitman que están leyendo, pero después llega al disparate y de pronto se le llena de negros el poema, que se convierte en otro: en un poema contra los Estados Unidos.1 Es un discípulo de Lorca, mucho peor que Lorca. El mejor Lorca es el que escribe poemas andaluces y gitanos. Cuando creyó que podía escribir de todo, cuando escribió los versos libres de Poeta en Nueva York, escribió poemas horribles. Estos poetas, en cierto modo, son muy hábiles. No se les puede acusar de insensatos, porque están jugando a ser insensatos. De todos modos, una barba con mariposas o una barba marinera son ridiculeces bastante feas». Bioy: «Neruda gusta porque a veces es cursi sin asco. Gusta a gente a quien gusta Pedro Miguel [Obligado] (que es mucho mejor), pero que sabe que Pedro Miguel esta desacreditado. Aquí pueden abandonarse al placer de la cursilería, porque viene entre modernidades feas y concretas, que les garante que el poeta no es cursi, sino moderno». Borges: «Pero ¿cómo les gusta? Esa gente, ¿nunca leyó un buen poema de Bécquer? ¿Ignora el placer que da un buen poema? Yo creo que Neruda está por debajo de [Francesco] Molinari. Siquiera Molinari es un poco misterioso». Bioy: «Octavio Paz, con dolor en el alma, condenaba en Neruda al hombre y admiraba al poeta. Estaba muy apenado».

Leemos poemas de Neruda y de Paz. Los de Paz, no libres de fealdades y estupideces, parecen mejores. Borges: «En la “Oda a Lorca”, Neruda hacia el final habla de su melancolía de hombre varonil.

 

 

Martes, 22 de octubre de 1968

 

Después de comer, llamo a Borges para hablar de la contestación a un telegrama de Helena Garro, que pide telegrafiemos nuestra solidaridad a Díaz Ordaz, ministro de gobernación mexicano, por los últimos sucesos. Explica Helena que los comunistas tirotearon al pueblo y al ejército y ahora se presentan como víctimas y calumnian; que hay peligro de que el país caiga en el comunismo. Además, pide un telegrama firmado por Victoria, Silvina, etcétera. Borges: «Victoria, como Mallea, es una de esas personas que para darse importancia quieren saber exactamente lo que firman. Es como si un soldado exigiera en la acción una justificación para cada una de las operaciones, para cada vez que va a apretar el gatillo». En cuanto a Silvina, es también cavilosa. Mucho me temo que nuestro telegrama («Rogamos haga llegar nuestra adhesión al gobierno de Mexico») reúna solo tres firmas: Borges, Peyrou y yo.

 

Borges y Paz en la capilla del Palacio de Minería, 26 de agosto de 1981.

Lunes, 24 de diciembre de 1973

 

Comen en casa Borges y Bianco. Bianco; «Le dije a Octavio [Paz] que yo no podía hacer un numero de Plural con los jóvenes escritores argentinos. Primero porque no los conocía…». Borges (como siguiendo la idea de Bianco): «Y después porque los conocías».

 

Miércoles, 17 de diciembre de 1980

 

Borges declaró, en su calidad de jurado del Premio Cervantes de ese año, que, si bien Juan Carlos Onetti fue el ganador y tenía todo su respeto, su voto fue para el otro candidato: Octavio Paz.

 

 

 Entrevista con Carlos Cortínez. Primavera de 1983

 

— Se supo en España, pese a que la votación fue secreta, que cuando se otorgó el Premio Cervantes a Onetti hubo un voto disidente en favor de Octavio Paz. Y las malas lenguas dicen que ese voto fue suyo.

Borges: No las malas. Las buenas y verdaderas lenguas.

— ¿Eso significa que puedo hacerle una pregunta sobre Octavio Paz?

Borges: Qué extraño. Admiro mucho a Octavio Paz. Me gusta lo que escribe. No tengo nada interesante que decir sobre él en este momento. Soy simplemente un lector agradecido de Octavio Paz. Y voté por él. Siento que darle el premio a Onetti fue una equivocación, pero finalmente la vida está hecha de errores, sobre todo la mía, que es una especie de antología de errores.

— Pero subsanaron esa equivocación, porque le dieron el Premio Cervantes a Octavio Paz al año siguiente.

Borges: Cierto.

Octavio Paz, Jorge Luis Borges y María Kodama, en la capilla del Palacio de Minería, 26 de agosto de 1981. Foto de Paulina Lavista.

 

NOTAS

[1] «Agua y viento» [Agua y viento (1959)].

[2] Soneto «La voz del ojo, que llamamos pedo» [p. 1943]. La lección correcta de la primera línea es ojo, no culo.

[3] Borges lee sima por cima y altera el sentido de los versos: «el requicio barbado de melenas;/ esta cima del vicio y del insulto» [«Contra don Luis de Gongora y su poesia» (p. 1648) ]. Todas las traducciones ad impromptu se basan en la idea de simay no de cimet. En la primera edición de La invención de Morel (1940), el náufrago, en un ataque de furia, llama a Morel «Lecula barbe» 893.

Autores

  • Borges, Jorge Luis

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