En la mirada de Elena Garro

Maarten van Delden

 

En realidad todos los personajes de todas las novelas
alguna vez han existido…

Elena Garro, Reencuentro de personajes

 

La gran mayoría de los retratos literarios de Octavio Paz —pensemos en los casos de Carlos Fuentes, Roberto Bolaño y Enrique Serna— se enfocan en el papel del poeta mexicano como especie de caudillo cultural de su país. Sin embargo, también hay autores quienes, sin dejar de prestar atención a Paz como figura pública, dirigen sus miradas principalmente hacia su vida privada. La más notable creadora de retratos novelísticos de la vida íntima de Paz fue, sin lugar a dudas, Elena Garro, quien extrajo de su difícil matrimonio con el poeta mexicano una gran cantidad de material para sus libros, al mismo tiempo que utilizó sus novelas para vengarse de su exmarido.

 

 

Testimonios sobre Mariana

 

Testimonios sobre Mariana (1981) es un roman à clef que cuenta la historia de una pareja latinoamericana y su hija en el París de la posguerra. Mariana es una mujer bella, enigmática y soñadora que está casada con Augusto, un famoso arqueólogo y funcionario cultural en una organización internacional con sede en la capital francesa. Nadie entre los amigos de la pareja entiende cómo llegaron a casarse, ya que Augusto y Mariana ven el mundo desde perspectivas completamente contrapuestas, y claramente no se llevan bien. Ambos se involucran en frecuentes relaciones extramatrimoniales. Mariana parece ejercer una poderosa atracción sobre muchos de los hombres en su entorno, y desarrolla relaciones íntimas primero con un rico dandy sudamericano llamado Vicente, y más tarde con un misterioso millonario llamado Barnaby. Mariana queda embarazada de Vicente, quien está casado con una mujer mucho mayor que él llamada Sabina, pero decide tener un aborto. Augusto, por su lado, también tiene aventuras amorosas con otras mujeres, algo que no trata de ocultar. Todo esto transcurre en un ambiente cosmopolita y sofisticado. Los personajes de Testimonios sobre Mariana comen en los mejores restaurantes, se hospedan en hoteles de gran lujo y emprenden largos recorridos por distintos países de Europa. Pero a pesar de las circunstancias sumamente cómodas en que se desenvuelve su vida, Mariana es una mujer profundamente infeliz. La culpa de su desventura la tiene, ante todo, su marido.

 

Augusto es un personaje tan exageradamente antipático que resulta casi cómico. Para empezar, es un marido profundamente tiránico. Cuando durante una cena Mariana comparte una opinión sobre un tema que Augusto está comentando con Sabina, él la interrumpe y le dice que se calle. En las elocuentes palabras de Vicente, uno de los tres narradores de la novela, “la orden cayó en la mesa como un manotazo desagradable.”[1] Augusto constantemente regaña a Mariana, en privado y en público, y repetidamente trata de humillarla. Es obvio que desprecia a su esposa, y llega incluso a acusarla de ser incapaz de pensar. “Mariana es muy inútil,” comenta Augusto, “es penoso convivir con ella, no piensa.”[2] Augusto se queja de la afición de su esposa por el lujo, y de su falta de sentido práctico. A pesar de que él mismo tiene una personalidad agresiva y dominante, Augusto está convencido de que ella lo controla a él. En una ocasión, explica que se sentiría muy feliz viviendo en una buhardilla dedicándose a sus investigaciones; lamentablemente, sus obligaciones hacia su familia imposibilitan la realización de ese sueño. “Mariana y la niña,” afirma Augusto, “me encadenan al dinero, a lo cotidiano y a la vida artificial.”[3] Según esta interpretación, Mariana tiene la culpa de atar a su marido a las preocupaciones de índole material. En el transcurso de la novela, la animosidad que Augusto siente hacia su esposa se vuelve más y más siniestro. Vicente está convencido que Augusto quiere destruir a su esposa. No es de sorprender, por lo tanto, que Mariana teme profundamente a su marido. Pero no sabe cómo escaparse de sus garras.

 

La novela no sólo describe el comportamiento de Augusto como marido, sino también su trayectoria profesional y su imagen pública. Augusto ha llegado a la cúspide de su campo gracias a una de serie de brillantes publicaciones sobre el sitio arqueológico de Karnak en Egipto. Además, ocupa un puesto importante en la burocracia cultural internacional. El marido de Mariana claramente disfruta de su posición y su fama, y no duda en llamar la atención a su propia importancia. “Por la mañana encontré a Augusto en su impecable despacho rodeado de prestigio, teléfonos y fotografías,” comenta Gabrielle, la secretaria de Augusto y la narradora de la segunda parte de la novela.[4] Mientras cultiva la imagen de un exitoso hombre del mundo, Augusto también se adhiere a las ideologías izquierdistas de moda en la época de la posguerra. “Augusto tenía fama de ser un revolucionario, no sólo en materia arqueológica, sino en política,” explica uno de los narradores de la novela.[5] También se le describe como “un radical de izquierda” quien reserva un odio especial para los Estados Unidos,[6] y se regodea prediciendo el fin del capitalismo.[7] La novela narra la conversión posterior de Augusto en defensor de los disidentes de la Unión Soviética. Según explica Vicente cuando Augusto viene a dar una serie de conferencias en su país: “Él se había identificado con Solzhenitzin, había hecho causa común con ellos, ya que sufría del totalitarismo político de su país.”[8] Pero sean cuales sean las preferencias políticas de Augusto en un momento dado, en la novela de Garro aparece como un perfecto hipócrita.

 

Vicente comenta que el discurso revolucionario de Augusto no compagina con el estilo de vida que lleva en París. “El lujo del restaurante,” apunta el amante sudamericano de Mariana, “contradecía las palabras de Augusto.”[9] También sospecha que la identificación que Augusto siente con Alejandro Solzhenitsyn no es nada más que una pose, ya que acaba de ser nombrado director de Museo de Arqueología de su país. ¿Cómo es posible que su amigo se identifique como disidente al estilo de Solzhenitsyn si en su país las autoridades lo celebran y cubren de honores? Lo peor, sin embargo, es la contradicción entre las creencias que defiende y la forma en que trata a su esposa. Augusto es un seguidor de Jean-Paul Sartre, y le encanta discurrir sobre los temas de la libertad y la responsabilidad. También está muy comprometido con las corrientes culturales primitivistas de su época: “Unido a un grupo de sociólogos [Augusto] buscaba en las culturas desaparecidas la vida colectiva del hombre primitivo, sus costumbres sexuales y sus hábitos eróticos, como ejemplo a seguir por el hombre occidental.”[10] En otras palabras, el hombre occidental necesita revitalizar su cultura decadente siguiendo el ejemplo de libertad y espontaneidad de las culturas primitivas. Pero Augusto no percibe la contradicción entre su defensa de la libertad, por un lado, y su incapacidad de respetar la libertad de Mariana, por otro. Mientras su marido celebra el acto de romper con las ataduras de una cultura opresiva, Mariana se siente como una prisionera en su propio matrimonio.

 

Augusto, claro está, tiene como modelo a Paz, mientras Mariana es el autorretrato de Garro. Vicente es Adolfo Bioy Casares, con quien Garro tuvo una relación amorosa cuando se conocieron en París, mientras Sabrina es Silvina Ocampo, la autora argentina y esposa de Bioy. El otro amante de Mariana, Barnaby, está basado en el escritor y cineasta mexicano Archibaldo Burns, mientras que un personaje llamado Pepe alude a José Bianco, el autor argentino y editor de la revista Sur, con quien tanto Paz como Garro tuvieron una amistad duradera. La decisión de Garro de convertir a su ex-marido en arqueólogo resulta apropiada, en parte porque en algún momento el joven Paz quiso ser arqueólogo, como señala Christopher Domínguez Michael en su biografía del poeta mexicano,[11] en parte porque la vocación de arqueólogo refleja la preocupación de Paz por excavar el pasado de su país. Paz, como sabemos, trabajó en el servicio diplomático mexicano, mientras que Augusto tiene un puesto en una organización internacional. Lo que le interesa a Garro es llamar la atención a la ambición mundana de su marido. El perfil político que Garro le da a Augusto corresponde al posicionamiento de Paz, quien en efecto se identificaba con la izquierda en la época en que vivía en París, aunque ya empezaba a distanciarse de la Unión Soviética y de los intelectuales que apoyaban al régimen comunista. Éste es un aspecto que Garro no menciona. Otro dato significativo sobre su marido que Garro deja fuera de la recreación ficticia de su matrimonio en Testimonios sobre Mariana es el hecho de que Paz fuera poeta, un poeta, además, con un fuerte arraigo en la tradición poética romántica y simbolista. Es un aspecto del perfil de Paz que no cabe en la concepción que tiene Garro del personaje de Augusto, un hombre ambicioso, autoritario y egoísta que no posee ni el más mínimo rastro de sensibilidad poética. En resumen, en Testimonios sobre Mariana Garro nos da un retrato vivaz y memorable de su exmarido durante una época clave de su vida, pero no cabe duda de que es una evocación muy parcial de Paz.[12]

Paz, Elena Garro y Elena Laura Paz Garro en su departamento de la Avenida Victor Hugo 199, París, 1947.

 

Mi hermanita Magdalena

 

Garro nos brinda otro retrato novelístico de su matrimonio con Paz en su novela póstuma Mi hermanita Magdalena (1998). La historia empieza con el relato del matrimonio en la Ciudad de México de Magdalena, una joven de diecisiete años, con un hombre mucho mayor que ella llamado Enrique. Aparentemente, Magdalena se había acercado al matrimonio como una especie de broma y después de la ceremonia vuelve a su casa como si nada hubiera pasado. Según ella, todo fue una broma.[13] Su marido, sin embargo, tiene una perspectiva diferente sobre lo sucedido, y se presenta unos días después en la casa de los padres de Magdalena para llevarla a París. La narradora de esta historia es Estefanía, la hermana de Magdalena, quien describe el matrimonio de su hermana como una catástrofe que provoca la ruina de la familia entera. El relato del matrimonio de Magdalena recuerda la versión que Garro solía ofrecer de su matrimonio con Paz, un matrimonio al que según ella fue obligada a participar en contra de su voluntad.[14] Queda claro, por lo tanto, que la novela, igual que Testimonios sobre Mariana, surge de la biografía de Garro y de la visión que ella tenía de su matrimonio con Paz.

 

Por otro lado, los vínculos entre la vida y la obra son menos contundentes que en el caso de la novela anterior. En Mi hermanita Magdalena, Estefanía viaja a París para estar con su hermana, quien entretanto se ha separado de su marido, y vive sola en un hotel mientras espera que avancen los trámites de su divorcio. Nadie sabe exactamente cómo Enrique se gana la vida. Él mismo afirma que trabaja en el negocio de la importación y la exportación; sin embargo, las dos jóvenes mujeres piensan que en realidad se dedica a algo más turbio. Como sabemos, Garro vivió en París con Paz en los años cuarenta y principios de los cincuenta, pero la acción de Mi hermanita Magdalena transcurre en 1961, en medio de la guerra de Algeria. El ambiente político turbulento de la época ofrece un contexto apropiado para la acción de la novela, que está llena de oscuras intrigas. Existe la posibilidad, por ejemplo, que Enrique esté involucrado en la venta de armas. Igual que el Augusto de Testimonios sobre Mariana, Enrique es un personaje agresivo y tiránico, pero a diferencia de Augusto, Enrique no es un intelectual. Más bien es un farsante y estafador. Cuando llega a París con su joven esposa, afirma ser un aristócrata mexicano, y se gasta enormes sumas de dinero. A Enrique le gustan los buenos restaurantes, la ropa elegante y las mujeres bellas. Magdalena y Estefanía viven presas de un fuerte sentimiento de persecución, cosa que no impide que disfruten de una larga temporada de vacaciones en la ciudad suiza de Ascona, donde Magdalena acaba involucrándose simultáneamente con tres hombres distintos. Uno de los personajes de la novela comenta que Magdalena disfruta de una gran popularidad con el sexo masculino, lo cual provoca cierta envidia en su hermana. Mi hermanita Magdalena capta la mentalidad paranoica que parece haber sido una experiencia definitoria para Garro. La figura del marido, o exmarido, en la novela, tiene menos vínculos con la figura de Paz que el Augusto de Testimonios sobre Mariana. Aun así, la novela refleja la forma en que Garro veía su matrimonio con el poeta mexicano.[15]

 

Algunas críticas han interpretado las novelas de Garro sobre su matrimonio con Paz como obras feministas.[16] Según esta lectura, Testimonios sobre Mariana y Mi hermanita Magdalena expresan una crítica a la sociedad patriarcal, y describen las catastróficas consecuencias para las mujeres de un sistema social basado en la desigualdad de género. Leer las novelas de Garro desde esta perspectiva implica que no son el retrato de un solo matrimonio o del mal comportamiento de un solo marido. En otras palabras, la lectura feminista sugiere que las dos novelas de Garro que he comentado en este ensayo son mucho más que una crítica a Paz; son investigaciones de una problemática social más amplia. Lo primero que habría que señalar es que saltar de lo particular a lo general constituye un procedimiento interpretativo sumamente común. Hay algo completamente plausible en la propuesta de ver en el marido dictatorial una representación del problema del patriarcado. Sin embargo, hay aspectos de las novelas de Garro que contradicen el mensaje político que las críticas feministas extraen de ellas. Para empezar, los narradores de Testimonios sobre Mariana y Mi hermanita Magdalena nunca conectan los casos particulares con alguna regla general. Jamás sugieren que los problemas que enfrentan las protagonistas femeninas de las novelas forman parte de una problemática social más amplia. Es posible que Garro quiera que los lectores mismos identifiquen el tema general contenido en las historias individuales, en vez de señalarlo de modo explícita ella mismo. Quizás la autora de Testimonios sobre Mariana y Mi hermanita Magdalena espera que la historia de una mujer oprimida por su marido nos haga pensar en la opresión sufrida por todas las mujeres a manos de los hombres. Sin embargo, leer a Garro desde tal perspectiva se vuelve mucho más difícil una vez que nos damos cuenta que ambas novelas giran de modo casi obsesiva en torno al tema de la atracción que ejercen las protagonistas femeninas sobre una serie de pretendientes masculinos. Si insistimos en una lectura feminista de las novelas, ¿cómo explicaríamos la preocupación de Garro por retratar a mujeres que se encuentran en el centro de la atención de los hombres? Las tramas de Testimonios sobre Mariana y Mi hermanita Magdalena contradicen el mensaje sobre la autonomía de las mujeres que las críticas feministas han visto en ellas, y sugieren que estos textos están más preocupados por el tema de cómo encontrar un buen hombre que con denunciar a todos los hombres. Y en la medida en que las novelas cuentan historias particulares, más que analizar conceptos abstractos, podemos concluir que, al crear los personajes de Augusto y Enrique, Garro estaba pensando en Paz, no en el patriarcado.[17]

 

NOTAS

[1] Elena Garro, Testimonios sobre Mariana, México, Porrúa, 2006, p. 5.

[2] Ibid, p. 37.

[3] Ibid, p. 406.

[4] Ibid, p. 265.

[5] Ibid, p. 435.

[6] Ibid, p. 117.

[7] Ibid, p. 200.

[8] Ibid, p. 161.

[9] Ibid, p. 118.

[10] Ibid, p. 442.

[11] Christopher Domínguez Michael, Octavio Paz en su siglo, México, Aguilar, 2014, p. 75.

[12] El recuento que ofrece Lucía Melgar de los años que Garro vivió en París con Paz y su hija Helena nos ayuda a reconocer tanto los vínculos como las diferencias entre la vida y la obra de la escritora mexicana. Véase Lucía Melgar, “Elena Garro en París (1947-1952),” en Lucía Melgar y Gabriela Mora, coordinadoras, Elena Garro: Lectura múltiple de una personalidad compleja, Puebla, Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, 2002, pp. 149-172.

[13] Elena Garro, Mi hermanita Magdalena (Monterrey: Ediciones Castilla, 1998), p. 19.

[14] Véase, por ejemplo, Elena Garro, “Elena cuenta su historia: Fragmentos de cartas a Gabriela Mora,” en Melgar y Mora, coordinadoras, Elena Garro, p. 283. Ángel Gilberto Adame ofrece pruebas que demuestran que Garro creó una versión ficticia de los eventos ocurridos el día de su boda. Véase Ángel Gilberto Adame, “La boda,” en Octavio Paz: el misterio de la vocación, México, Penguin Random House/Aguilar, 2015, pp. 123-129.

[15] El tema del marido o amante malhumorado y abusivo es frecuente en la obra narrativa de Garro. Es el caso, por ejemplo, de la figura de Frank en Reencuentro de personajes (1982) y de Pablo en “La culpa es de los tlaxcaltecas” (1964). Aunque estos personajes recuerdan en cierta medida a Augusto y Enrique, no existen vínculos con datos o episodios de la vida de Garro que permitirían identificar a estos personajes como representaciones de Paz.

[16] Sandra Messinger Cypess propone que Testimonios sobre Mariana debería leerse no como un roman à clef “that describe[s] [Garro’s] life with Paz and her bellicose attitude toward him” [que describe la vida de Garro con Paz y su actitud beligerante hacia él,” sino más bien como una crítica de “Mexican machista society in toto” [la sociedad machista mexicana en su totalidad]. Véase Sandra Messinger Cypess, Uncivil Wars: Elena Garro, Octavio Paz, and the Battle for Cultural Memory, Austin, University of Texas Press, 2012, p. 158.

[17] En las memorias del viaje que hizo con Paz a España durante la Guerra Civil, Garro ofrece un retrato de su marido que recuerda en muchos aspectos al Augusto de Testimonios sobre Mariana y el Enrique de Mi hermanita Magdalena. El joven Paz aparece como un hombre perentorio, impaciente e intolerante. Hacia al final de su texto, Garro comenta que “Durante mi matrimonio, siempre tuve la impresión de estar en un internado de reglas estrictas y regaños cotidianos.” Por otro lado, Garro también deja un testimonio de la generosidad de su marido cuando narra los esfuerzos de Paz por conseguirle un pasaje de regreso a México a Silvestre Revueltas, quien se había quedado sin dinero para pagar el viaje transatlántico. Véase Elena Garro, Memorias de España 1937, México, Siglo XXI, 1992, pp. 150, 144-145.

Autores

  • Van Delden, Maarten
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