En la mirada de Alejandra Pizarnik

Alejandra Pizarnik

Alejandra Pizarnik. Fotografía de Sara Facio.

 

Alejandra Pizarnik llegó a París en 1960, año en que conoció a Paz, entonces agregado cultural de la embajada de México en Francia. Ambos compartieron un mismo círculo de amigos: Julio Cortázar, Aurora Bernárdez, Olga Orozco, Fernando de Szyszlo, Roger Caillois, Italo Calvino, André Pieyre de Mandiargues y su pareja, Bona Tibertelli de Pisis, etc., además de lecturas e intereses poéticos comunes. Fue Paz quien la presentó con Germán Díaz Arciniega, director de Cuadernos del Congreso por la Libertad de la Cultura, en cuya redacción trabajaría por esas fechas al tiempo que colabora en revistas como Les Lettres Nouvelles y La Nouvelle Revue Française.

 

La siguiente carta forma parte de la dilatada e intensa correspondencia entre Alejandra Pizarnik y André Pieyre de Mandiargues: Correspondance, Paris-Buenos Aires / 1961-1972 (Ypsilon Éditeur, 2018), iniciada durante los años que vivió en París (1960-1964) y sostenida hasta su muerte en 1972.


 

 

De Alejandra Pizarnik a André Pieyre de Mandiargues

 

Buenos Aires 13 décembre 1971

 

Três cher André,

……………ta lettre m’a donnée beaucoup de joie et aussi d’inquiétude à cause de ton allusion à Bona qui, semble-t-il, ne se sent aussi merveilleusement que mon amitié pour elle le désire avec force (la force des désirs doit servir, n’est-ce pas? surtout pour guérir…).

……………Maintenant, je t’écris vite pour te raconter que je viens de démander une renouvellement de la bourse Guggenheim (qu’on m’a donné en 1969) et que j’ai mis ton nom le premier dans la liste de personnalités qui puissent garantir sur la vérité de mon «maudit métier», de mes recherches, etc. (Les autres noms sont : Octavio P.[az], Julio Cortázar, et Borges (et peut-être aussi Italo Calvino).

……………Je t’écrirai bientôt une vraie lettre.

……………Je t’embrasse avec tendresse (et a Bona !) TUYA

Alejandra

 

****

 

Buenos Aires 13 de diciembre de 1971.

 

Querido André,

……………tu carta me ha dado mucha alegría y también inquietud a causa de tu referencia a Bona que, al parecer, no se siente tan maravillosamente como mi amistad por ella desea con tanta fuerza (la fuerza del deseo debería servir, ¿no es así?, sobre todo para curar…).

……………Ahora te escribo rápidamente para informarte que acabo de solicitar una renovación de la Beca Guggenheim (que me dieron en 1969) y en la que pongo tu nombre en la lista de personalidades que pueden garantizar la verdad de mi “maldito trabajo”, mi investigación, etc. (Los otros nombres son: Octavio P.[az], Julio Cortázar y Borges (y quizás también Italo Calvino).

……………Te escribiré una carta real pronto.

……………Te abrazo con ternura (¡y a Bona!) TUYA

Alejandra


 

Retrato de Pizarnik.

 

En la siguiente carta, publicada en Cartas: Alejandra Pizarnik/León Ostrov (Buenos Aires: Eduvim, 2012), Pizarink menciona su relación con Paz.


 

 

De Alejandra Pizanik a León Ostrov

 

Muy querido León Ostrov:

 

……………Le envié hace poco una carta desde una hermosa piecita, que ya no existe para mí, pues estoy de nuevo con mi familia, hasta fines de este mes. Después va a venir Agosto y no sé qué haré, hay un vacío en Agosto, una distancia hecha de un precipicio, que necesitaré saltar o, lo mejor, cambiaré de camino. Le dije que le contaría sobre mi encuentro con S. de Beauvoir, pero me es penoso rememorarlo. Quizás, y casi como siempre, veo con ojos lúgubres cosas que objetivamente no lo son. Razonablemente hablando, tal vez fue un encuentro como cualquier otro del estilo: una periodista preguntando sobre esto y aquello; y la entrevistada que responde. Pero yo no me he recuperado aún de lo que fue para mí este encuentro: despertar y sentir que el corazón me lleva y me trae. Horribles sacudidas. Taquicardia. Esto fue nuevo. No era mi viejo miedo “espiritual” posible de traducir en metáforas. Un nuevo miedo: cuerpo y alma encontrados por vez primera, reunidos, celebrando nupcias horribles. Traté de beber, pero la primera gota me obligó a permanecer tendida en la cama varios minutos, asistiendo a algo como una revolución. Imposible pensar. Imposible todo.  Imposible también la lenta agonía —con la mano en el corazón— de mi ser paseándose hasta que se hizo la hora y yo entré en Les Deux Magots rogando y rogándome que mi voz surgiera —pues mi miedo más profundo (el de los exámenes) era que la garganta se cerrara. Y cuando llegó me calmé un poco pues su aspecto no es en modo alguno aterrador. Le pregunté —con una seriedad excesiva, con la voz estrangulada, con el ritmo del corazón siempre delirante— sobre la mujer y el arte y algunas otras idioteces por el estilo que respondió con algunas frases de El segundo sexo. Cuando finalizamos me preguntó a su vez sobre mí y mis cosas: y le dije de mis poemas, de mi preocupación por la palabra, de mi angustia por mis poemas actuales, etc., exagerando un poco, por supuesto, cuando dije, por ejemplo que “lo único que me interesa en este mundo es hacer poemas”, lo que la sorprendió, sin duda, y me pidió mis libros. Creo que contenía o reprimía su interés por mí, no sé por qué, pero seguramente a causa de su tiempo escaso, y cuando nos despedimos, me insinuó que vuelve de Brasil —se va ahora con Sartre— en Octubre, por lo que estará “a mi disposición”. Bueno, yo me quedé dos horas en el café —ella ya se había ido— y me sentí repentinamente bien: “ya pasó el miedo”, me decía. Lo mismo que en los exámenes.

……………De más está decir que el corazón jamás volvió a molestarme sino que lo que sucedió fue festejo exclusivo para “el encuentro” (título de un cuento que hice sobre lo que acabo de contar). Olvidaba decirle que S[imone] de B[eauvoir] me dijo que “por qué soy tan tímida y cómo voy a hacer para persistir en los reportajes con tamaña timidez”. Me pregunto cómo haré ahora para escribir un artículo sobre las idioteces que le pregunté. Quiere que se lo envíe cuando se publique. (Conoce ese poema de Eliot: “¿y cómo podría yo atreverme?”).

……………Hablando de poemas hice varios nuevos y no son malos. Leo a Góngora y a los surrealistas y me preocupo por la palabra —no sólo en la frase sino en sí, sino y sobre todo en sí. Creo haber hecho un pequeño progreso en los últimos poemas. Y descubrí que se puede hacer poemas sin tener nada pensado, sin pensar, sin sentir, sin imaginar, en cualquier instante y a cualquier hora. En suma, “el poema se hace con palabras…” Y con ganas de hacerlo, agrego.

……………Eso tal vez, para justificar mi apasionada declaración sobre mi vocación poética —de la que me siento tan insegura como con todo— a S[imone] de B[eauvoir].

……………También dibujo. Le mostré lo que hice a Octavio Paz y lo estima mucho. Con Paz tengo una relación rara. Hay algo misterioso —nada sexual— que nos une y nos obliga a una familiaridad que asomó en cuanto nos vimos.

……………Volviendo a lo del encuentro me dejó anonadada. Me refiero siempre al miedo incomprensible que sentí y que siento cuando me animo a recrearlo. “El miedo pegado a mi rostro como una máscara de cera”. Qué no me animaría a hacer ahora para desmentirme mi terror, mi ser cobarde. Ir al fuego, al agua, a la perdición, al suplicio, sí, pero es tan fácil; lo que no podría hacer es otro reportaje. Y esto es para reírse. O no.

……………El reportaje fue el martes. Desde entonces hasta hoy, viernes, no he salido de esta casa —de mi cuarto sombrío y no muy lindo. Ha llovido hermosamente y me han faltado ganas y motivos de moverme. Leí varios libros, escribí varios poemas, no hablé con nadie —sino los saludos convencionales de siempre— y descubrí que me sentía —apenas me atrevo a decirlo— “casi feliz”. Exceptuando las veces en que me “acordaba”. “Estás en París; tienes que salir, tienes que ver”. Entonces la angustia. “Mañana; juro que mañana saldré”. Pero un nuevo libro, pero tal vez un nuevo poema. Y el silencio interno tan agradable después de haber leído muchas horas, después de haber escrito. Ese silencio como una mano de terciopelo. Tal vez un poco de hastío, pero no obstante, una sensación casi de dicha, una tristeza tan dulce que deviene alegría. Un olvido absoluto de la realidad, de su horror. “Pero no puedes pasarte la vida encerrada leyendo y haciendo poemas como Calipso, la tortuga —electrónica— poeta”. ¿No puedo? ¿No se puede? ¿Por qué no se puede? ¿Por qué hay gente que trabaja diez y quince horas por día en lo que le gusta y no siente que “no se puede”? Pero “no se puede”. Está dicho. Hay que trabajar en cosas serias y ganarse la vida. Por otra parte, esta concentración de ahora en la lectura y poesía no puede durar mucho. Mañana o pasado retornaré a mi nebulosa mental y arrastraré un solo libro durante meses, en los que no escribiré una sola línea. No obstante necesito leer, lo necesito para sobrevivir; estoy absolutamente convencida de necesitar alimentos poéticos para mi poesía. Lo que se llama técnica —si bien no existe— pero hay algo diferente que llaman con este nombre equívoco. Yo lo necesito. Necesito hacer bellas mis fantasías, mis visiones. De lo contrario no podré vivir. Tengo que transformar, tengo que hacer visiones iluminadas de miserias y de imposibilidades. No sé si me explico bien. Por eso, hoy, por ejemplo, me apliqué varias horas a Góngora. Lectura un poco penosa la vez primera. Y no obstante él “sabía”. Se daba cuenta de las palabras, de todas y de cada una.

……………Aún no sé qué haré —me refiero a la “realidad”. Para quedarme necesito pensar en ganarme la vida. Cuando pienso en ello pienso que no es justo aplazar siempre las cuestiones que siento urgentes: leer, escribir, etc. Razonablemente hablando: pueden hacerse las dos cosas. Sí. Pero mi sueño, mi aspiración más grande se enlaza a mi signo astrológico: Tauro —el mismo que el de Balzac— signo asociado a la fecundidad, a la capacidad de trabajo, a la voluntad, del que estoy desviada por alguna aberración pero gimiendo siempre por incorporarme a sus fieles: sólo seré feliz cuando escriba innumerables volúmenes, cuando escriba sin detenerme durante días y meses y años. Pero qué quiero escribir o sobre qué, me pregunto, si en mí hay sólo silencio. Pero no me convenzo. Y la vieja aspiración sigue, frustrada y persistente.

……………Otra vieja frustración —y esta carta deviene crónica— es el estudio. Saber que lo necesito para mis poemas, lo necesito para justificarme. (No sé ante quién pero no deja de aterrarme que, en un sentido social, si yo leo a Góngora para mí estoy “perdiendo el tiempo” mientras que si lo leo para un examen “trabajo” y “me beneficio”). Además en tanto no finalice los estudios seré siempre una vagabunda. Pero cómo seguir si “el miedo se adhiere a mi rostro como una máscara de cera” cuando pienso en los exámenes, en hablar en público. La primera solución que se me presenta es el psicoanálisis. Quizás me ayude a poder hablar sin miedo. Pero si no fue posible curarme con su ayuda, por qué será posible con otra, cuál será mejor, es que acaso hay alguien mejor que usted en Buenos Aires. Y no sólo el no poder hablar me lleva a pensar en este tratamiento: es también el pasado que aquí despertó, que me sobreviene en oleadas, que me molesta como una invasión de moscas venenosas. Me debato y mato, pero vienen más y más. Hasta que caigo y viene el silencio.

……………Todo esto que cuento y digo sucede hoy. Mañana tal vez despierte y sonría con cierto desprecio por la obsesiva de ayer, por sus planes “burgueses”, por su anhelo de seguridad. Y tal vez la neurosis sea esencialmente un anhelo de seguridad. Un no saber que ella no existe. (Descubrimiento durante el viaje). Pero aunque mañana venga Otra y pasado Otra, mi visión de la felicidad es siempre la misma: un poder trabajar en y con las cosas que uno quiere. Me pregunto si hay posibilidad de cura cuando alguien no lo puede. Si no puede trabajar es porque no quiere, no tiene cosas que quiere. ¿Y alguien que es así está enfermo?

……………Oh me gustaría conversar con usted de estas cosas.

……………Hablé por teléfono con Verdevoye y tal vez nos veremos la semana próxima. Perdón por mi lentitud en buscar las revistas: comenzaré “mañana”. Perdón también por esta carta aburrida y excesiva. Abrazos para usted y Aglae.

 

Alejandra

15 de julio de 1960


 

Alejandra Pizarnik. Fotografía de Sara Facio

Los siguientes son fragmentos de entradas de los diarios de Pizarnik, tomados de Diarios (Nueva edición de Ana Becciu), (Lumen, 2013).


 

 

16 de noviembre de 1959

 

¡Noviembre, ya! Desconozco el día y el mes que vivo. ¿Es importante?

Soñé con Octavio Paz. Hay una escena de un film en que dos personas conversan. De pronto surge una mano transparente gigantesca. Yo, que soy espectadora, señalo la belleza de esa escena. Luego O[ctavio] P[az] está conmigo en el suelo. Nos abrazamos. A nuestro lado están E. y M., abrazadas también. Luego pasa la mujer de O[ctavio] P[az]. Es vieja y gorda. Yo me asombro. […]

 

 

14 de enero de 1961

 

Soñé con Octavio P[az]. Yo tenía un automóvil muy grande y muy viejo y no sabía qué hacer con él, dónde dejarlo, adónde ir. Después, Octavio se queda con Towas (¿o era lunel [sic]?) Y yo me quedo sola con mi gran automóvil.

(Inútil explicar que el auto era como el del sábado pasado, en la rue Gay-Lussac.)

[…]

 

 

9 de enero de 1963

 

[…] Salamandra de Octavio Paz. —A veces, en unos poquísimos poemas, el lenguaje se vuelve opaco y vacilante. Esto es curioso. Como si un gran actor, en medio de una tirada de versos que recita como un ángel se pusiera a balbucear. «Afasia», diría A. D. Octavio [Paz] es, más que nadie, el poeta de la poesía. Lo más poético es el acto de poetizar. De ello es de donde parte para arribar a ello. El poeta y las palabras. El decir. Es ésta su peculiaridad. Además, la cantidad de veces que dice «frente» y «sangre». Preguntarle por qué se refiere tanto a la «frente».

Quiero escribir sobre el silencio y la sensación de futilidad que me produce el lenguaje oral. (Ej. De O. O. en el hotel).

 

 

1 de julio de 1964

 

[…] Escribir todos los días. Hoy hice muy poco. Ayer también.

Necesito todo el día para mí. Pero no. Se trata de limitarse, de leer un sólo libro, escribir un sólo poema.

Terminé el libro de Octavio [Paz]. Su maravillosa inteligencia.

Noción de la soledad como período provisorio de purificación. Luego, la comunicación. ¿O. es demasiado optimista, demasiado elemental? ¿La comunicación puede durar más de un instante?

[…]

 

 

27 de abril de 1966

 

Muerte inacabable, olvido del lenguaje y pérdida de las imágenes. Cómo me gustaría estar lejos de la locura y de la muerte. Vivo, por ahora, mirando el reloj. ¿Y a quién preguntar? Me faltan ganas de tener ganas. No quiero preguntar a nadie. Apagaron la luz en mí —no del todo puesto que sufro. La muerte de mi padre hizo mal mi muerte. Mi terror de andar y moverme y comer y respirar. Me asfixio yo sola. Sólo tengo paz por la noche cuando leo, olvidada y perdida, lejos de mí y aun del libro que leo. ¿Y la esperanza en la literatura? Aún quedan resabios y sin embargo no sé qué decir ni cómo ni para qué.

El artículo sobre Octavio [Paz] me enferma. Es demoníaco esto que me hace aceptar artículos.

 

 

3 de mayo de 1966

 

Largas horas con el artículo de Octavio [Paz]. Por momentos estaba contenta. Esto me da la ilusión de estar creando. No sé por qué trato con desprecio filisteo al ensayo sobre [Luis] Cernuda. Tal vez porque intuyo que es arbitrario o que la poesía de [Luis] C[ernuda] es inferior y menos compleja de lo que O[ctavio Paz] dice. Mi dificultad con las comas es parte de mis dificultades con el lenguaje articulado y estructurado. Supongo que pertenezco al género de poeta lírico amenazado por lo inefable y lo incomunicable. Y no obstante, no lo deseo ser. De allí mis períodos de obsesión por la gramática. En cuanto al pequeño libro bello, sólo sabré si puedo hacerlo cuando me decida a hacerlo. En literatura, el talento no prueba nada. Pero ¿qué decir en ese libro? ¿Y por qué no me dedico a las prosas? Porque son poemas, pertenecen a lo inefable. Pero en ellas me expresé enteramente. Además, hay algo que las une. Sí, pero yo quisiera un libro, no fragmentos.

 

 

16 de junio de 1967

 

[…] Conferencia sobre surrealismo: peor aún que el folleto de Guillermo de Torre. El nuevo dato del «cadáver» y la rebelión contra «la loca de la casa» están en cualquier revista comercial. Son tan sabios que ni un profesor de letras lo repetiría (o sí, no sé). Y eso hubiera enviado a la NRF. Y, además. Considera que Octavio Paz no entendió a [André] Breton. Pasa que O[ctavio Paz] le resultó aburrido, sin duda. Demasiado bello el idioma y demasiada la envidia.

[…]

 

 

25 de octubre de 1968

 

No leo, no escribo. Ignoro quiénes me impiden hacerlo; si F., si el Dr. P. R., si la inminencia del viaje, si el haber descubierto que no tengo una vivienda tan silenciosa como yo quería (esto último ha constituido una alta traición).

Mi emoción ante la actitud de Octavio [Paz]. Entonces la valentía existe… Es tan importante para mí que exista alguien capaz de renunciar a la seguridad…

Creo que quiero prescindir de F. y por no hacerlo no escribo. Desde los 18 años he venido jugando a la muerte. Nada de pactos ni alianzas triviales. F. trivializa mis días y mis noches aun si ella es poética. Pero me evade de la alta tensión de la soledad desesperada.

 

 

4 de noviembre de 1968

 

[…] Siento que P. R. se va a morir pronto y que yo me reconciliaré con él. Sabré, entonces, que no es demoníaco y que ningún ser humano es demoníaco. No puedo o no quiero no creer en la bondad o en la ternura. He sufrido demasiado y el mal no me atrae. Además, por otra parte, ¿por qué olvidar sus bondades conmigo? No sólo sus obsequios encantadores sino su compartir tantas cosas mías. Pero tengo miedo de pensar que me ha separado de O[ctavio Paz], que ha intentado malograr mis imágenes de Octavio [Paz], [André Pieyre de] Mandiargues, Julio [Cortázar], [Jorge Luis] Borges y Silvina [Ocampo]. Olvido lo principal: Cristina. Pero si lo movieron los celos, es señal de afecto, creo. No sé, es señal de adhesión al mal gratuito (el mal es siempre gratuito).

[…]

 

 

29 de noviembre de 1968

 

[…] Lecturas: Leí el ensayo de Octavio [Paz] sobre [Claude Lévi-] Strauss. No me interesa demasiado. Quiero leer acerca del lenguaje pero no de esa manera exclusivamente mental. Queda [Franz] Kafka, [Julio] Cortázar y los poetas que quiero o debo leer: acaso [Leopoldo] Lugones, acaso proseguir con [Luis de] Góngora. Releer partes del ensayo de O[ctavio Paz] y, sobre todo, Corriente alterna.

Los libros sobre el lenguaje poco me enseñan acerca del lenguaje.

[…]

 

 

10 de diciembre de 1968

 

Esfuerzos por mantener el buen ánimo de mi madre. También de algún modo, estimulo a F. para que estudie y realice cosas. ¿Y a mí? ¿Quién me pide que escriba? Los únicos fueron Octavio [Paz] y André [Breton].

[…]

 

 

18 de junio de 1969

 

[…] Abandono la lectura de la Antología de G[erardo] Diego. Mi deseo de ser Octavio Paz es un absurdo, a mí me cuesta adquirir una cultura enciclopédica. A él no le cuesta nada porque es un intelectual innato.

Autores

  • Pizarnik, Alejandra

Lustros

  • 1960-1964
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