En la mirada de Luis Cardoza y Aragón

Luis Cardoza y Aragón

Luis Cardoza y Aragón y Octavio Paz. Foto de Héctor García

Consejero de la Zona Paz, Adolfo Castañón acaba de ameritar el “Premio Alfonso Reyes”. Luego de su monumental Tránsito de Octavio Paz (poemas, apuntes, ensayos), publicado por El Colegio de México en 2014, Castañón publicó Trinidad profana. Octavio Paz, Efraín Huerta, José Revueltas (México: Ediciones sin nombre, 2015), una colección de ensayos y textos, suyos y de otros, que prologa así:

 

Octavio Paz, Efraín Huerta y José Revueltas no sólo se conocieron sino que se reconocieron recíprocamente y acaso entrevieron o presintieron que formaban un conjunto. Dato clave: cada uno supo que esos otros no sólo andaban por ahí, sino que en cierto modo formaban parte de su paisaje externo e íntimo: Paz escribió sobre Huerta y Revueltas, Huerta sobre Paz y Revueltas, Revueltas sobre o aun contra o desde Paz o Revueltas… Y quizá el joven Paz tiene más que ver con el viejo Revueltas, y el joven Huerta con el último Paz. La valoración de cada uno y de los tres en conjunto representa un desafío bibliográfico, y es natural que los peritos se den más a la sombra de uno de los tres olmos y no a la de los tres o de alguno de los otros dos. Sea como sea me parecería necesario lanzar como una red algunas ideas para tratar de acercarnos a cada uno y de acercarlos a ellos entre sí, a condición, claro, de que la comprensión no vaya en merma o demérito de los otros. La formulación de este juego crítico para ensayar comprender a tres autores, presupone la conciencia de un cuarto punto de vista, el del lector, lo cual me hace pensar en la adivinanza de los gatos que cada uno desde su rincón ve tres gatos. En esta materia resbaladiza de la comprensión suele omitirse el propio perfil, ya no digamos la propia sombra. Huerta, Revueltas y Paz no sólo fueron contemporáneos y compatriotas, compartieron las experiencias del siglo, en cada uno brilla una devoradora pasión literaria y política que raya o colinda con lo religioso, con lo trágico, lo místico o lo blasfemo… Encarnan cada uno una cierta forma de piedad a veces despiadada como en Revueltas, a veces impía como en Huerta o en Paz, a veces auto-engañada como en las mentiras piadosas contadas por las abuelas en las casas de citas. En cada uno los cuerpos y los espejismos de la comunidad se entregan a la marcha o a la danza, a la acrobacia o al toreo, a la gimnasia o a la batalla.

 

Iremos reproduciendo en la Zona Paz algunas páginas de ese libro. Para comenzar, las apariciones de Paz que registra Castañón en El río. Novelas de caballería, las memorias de Luis Cardoza y Aragón (México: FCE, 1986, segunda edición 1996)


 

 

1

 

En París encontré amigos, algunos viejos amigos. Una tarde, con Octavio Paz visitamos a Paul Éluard en la rue de la Chapelle. […]

 

Encontré a Rodolfo Usigli (1905-1979) asimismo. En alguna ocasión, Paz critica cosas de México y Usigli lo interrumpe: “¿cómo puedes hablar así ante un representante extranjero?” Carcajada unánime de Octavio y mía, que aún se oye. […]

 

Octavio Paz me presentó a Henri Michaux, le dije dedicarme a la vulcanografía. Por no conocerlo aún, Paz no me presentó al Mono Gramático de culo pelón tornasolado de tautologías. [Cardoza y Aragón, Luis, Libro primero, ¿Ayer?, “Sólo venimos a soñar”, El río. Novelas de caballería, Fondo de Cultura Económica, colección Tierra Firme, primera edición, 1986, segunda edición 1996, México, p. 75].

 

 

2

 

Cuando llegué a Santiago a fines del 47, por la prensa me enteré, semanas después, de la muerte de Vicente Huidobro, ya en el 48. No lo conocí y algo lo he leído. Ignoro si el creacionismo no se hubiese inventado sin Pierre Reverdy, como lo asevera Octavio Paz. [Ibíd., Libro tercero, París, “Alfonso Reyes”, p. 240].

 

 

3

 

[…] De ahí, de esta melancolía, surge apasionadamente El laberinto de la soledad de Octavio Paz; surge el afán, el tráfago recurrente, de estudiosos de filosofía que inquieren al mexicano, para deslindarlo, definirlo, aprehenderlo. [Ibíd., Libro cuarto, México, “Los contemporáneos”, p. 380].

 

 

4

 

Salvador Novo, poesía, teatro, crítica, crónicas y memorias. Aplaudió la carnicería del 68 en Tlatelolco, tuvo mucho más talento que cinismo, y fue muy cínico políticamente. Octavio Paz, del “periodismo mercenario” de Novo recuerda que “escribía diatribas editoriales en defensa de Hitler y sus pardos ejércitos”. (…) [Ibíd., Libro cuarto, México, “Los contemporáneos”, p. 387].

 

 

5

 

[…] Crítico sobresaliente también ha sido Octavio Paz en numerosas monografías. Su conocimiento de varias literaturas, su complejidad y su felicidad expositiva y porque en terreno alguno es timorato, me complace como su poesía. [Ibíd., Libro cuarto, México, “La cartuja de Parma y muchos más”, p. 415].

 

 

6

 

Leo en Xavier Villaurrutia en persona y en obra de Octavio Paz: [ver fragmento de dicho texto de Octavio Paz]. [Ibíd., Libro cuarto, México, “Viñetas”, p. 421-244].

 

 

7

 

Octavio Paz escribió: “El mexicano siempre está lejos, lejos del mundo y de los demás. Lejos también, de sí mismo.” [Ibíd., Libro cuarto, México, “Ah, qué andurriales”, p. 428].

 

 

8

 

La conducción empírica y psicoanalítica de Ramos se profundiza, sin asomos de racismo, en lo empírico y en lo psicoanalítico de cierta poética de Octavio Paz.

 

El laberinto de la soledad muestra a Paz de cuerpo entero. En un almácigo de días límpidos y de “tiempo nublado”. Mezcla de abstracciones y lirismo, de máscaras —como él diría— que más que ocultar identifican. Lo he leído a contrapelo. ¿No es acaso estéril la labor de que los hijos pródigos se ocupen en definir la nación rayada de azteca? Como siempre, derrocha afirmaciones y perentorias negaciones inapelables. [Ibíd., Libro cuarto, México, “Ah, qué andurriales”, p. 430].

 

 

9

 

Sociólogos y antropólogos disminuyeron u olvidaron la atención en la filosofía liberal de Ramos; así también en el irracionalismo nietzscheano de Paz, que es la seducción de la palabra frente al prudente avance del filósofo; la del súbito hallazgo sin visible análisis ante el hallazgo de la meticulosidad. (…) [Ibíd., Libro cuarto, México, “Ah, qué andurriales”, p. 431].

 

 

10

 

De los grandes escritores, Alfonso Reyes y Octavio Paz son los últimos de ese periodo, si bien media entre ellos un cuarto de siglo. Por tal razón, a Reyes, por quien tengo apasionada gratitud, muerto en 1959, le sentimos tan lejos. Paz, dueño de disciplinas como las de Reyes, con intención polémica ajena a éste, se tocan por ello tangencialmente. El vuelo de Paz es más alto en el poema. Su poesía me encanta. La actualidad de Paz en el ensayo político es su pasión de reaccionario de raza.

 

La conducta de Octavio Paz, de su revista literaria y política, en lo que se refiere a las luchas centroamericanas, en particular a Nicaragua y El Salvador, coincidente con la del presidente Reagan, lo definen con precisión en tal terreno. [Ibid., Libro cuarto, México, “En la Colección Carrillo Gil”, p. 520].

 

 

11

 

El Partido Comunista Mexicano lo funda en 1919, entre otros, el hindú Manabendra Nath Roy. Ni Bassols ni Lombardo Toledano pertenecieron al Partido Comunista. Contemporáneos, Plural (con Paz) y Vuelta (nunca a la izquierda, recuerdan los bromistas), representan una ruptura de cualquier enclaustramiento y una discusión en la que se exhibe el espanto ante el socialismo. Del consejo de redacción de Vuelta se repite: descansa en Paz. [Ibíd., Libro cuarto, México, “Los sirvientes y los poetas”, pp. 544-545].

 

 

12

 

El surrealismo fue atacado, más que la exposición en sí, furiosamente por Octavio Paz y por mí. [Ibíd., Libro cuarto, México, “Estudiosos y curiosos”, p. 558].

 

 

13

 

José Bergamín organiza España Peregrina y la Editorial Séneca, que publica un tipo de libros nunca antes emprendido en México, con pastas flexibles de piel muy delgado: Obras de Antonio Machado, El Quijote, Obras de Juan de la Cruz y la antología de poesía moderna en lengua española Laurel, ordenada por dos españoles: Emilio Prados y Juan Gil Albert, y por dos mexicanos: Xavier Villaurrutia y Octavio Paz. [Ibíd., Libro cuarto, México, “Los republicanos españoles”, p. 566].

 

 

14

 

Estoy en Francia de agosto de 1948 a 1950 y traté a viejos y nuevos amigos: a Picasso, Tzara, Amorim, Éluard, Paz, Antonio Castro Leal, Jorge Carrera Andrade, Rufino Tamayo, Jorge Amado, Jaime Sabartés, Jorge Gonzáles Durán, Manuel Cabrera, Pablo González Casanova, Cándido Portinari, Arturo Serrano Plaja, Robert Ganzó, Miguel Otero Silva, Manuel Ángeles Ortiz. [Ibíd., Libro quinto, Dura patria, “El atraso nuestro”, p. 661].

 

 

15

 

(…) ¿Había aludido Pablo Neruda, en alguna parte, a Octavio Paz, quien había tomado opuesto rumbo al del chileno? Estas son las estrofas cuarta y quinta: Yo sé que el viejo joven transitorio / de pluma, como un cisne encuadernado, / (…) [Ibíd., Libro quinto, Dura patria, “Pablo Neruda”, p. 688].

 

 

16

 

En Letras de México,[1] José Luis Martínez y Octavio Paz —¿se pusieron el saco?—, le responden. Escribió el segundo:

 

Lo que nos separa de su persona (Neruda) no son las convicciones políticas sino, simplemente, la vanidad… y el sueldo. La vanidad que lo obliga a aceptar cada seis meses banquetes y homenajes de esas mismas personas que llama “carentes de moral cívica”; y el sueldo, que permite ofrecer mesa y cantina libre a una jauría que adula su resentimiento injuriando a todos aquellos que aún creen que la república de las letras nada tiene que ver con las viejas satrapías de Oriente. [Ibíd., Libro quinto, Dura patria, “Pablo Neruda”, p. 689].

 

17

 

Varias obras se han publicado sobre la matanza y el movimiento, ocurridos durante el gobierno del presidente Gustavo Díaz Ordaz (1964-1970). Destaco entre ellas La noche de Tlatelolco, por la admirable Elena Poniatowska; Los días y los años, por Luis González de Alba; Días de guardar, por Carlos Monsiváis, y Posdata, por Octavio Paz.

[…]

En Posdata no se estudia la sociedad que engendró Tlatelolco. Paz va al mundo azteca. Esta apreciación mítica, peculiar en sus desciframientos, en manera alguna esconde el crimen, como ha llegado a insinuarse. Cunden sectarismos necios en todas las tendencias.

[…]

En las exposiciones de Paz en otros temas suelen abundar exactitudes erosionadas por parcialidades. ¿Por qué olvidar que por la matanza de Tlatelolco renunció a su cargo el embajador en la India? [Ibíd., Libro quinto, Dura patria, “Tlatelolco”, p. 761].

 

 

18

 

He escrito sobre Paz, a quien conozco desde sus inicios, un librito con la amistad poética de siempre y de mi parte invariable.

 

Quiero destacar que los 58 números de Plural y los cientos y tantos de Vuelta tienen significación singular en el terreno literario. Han dado a conocer valores nacionales y extranjeros, han coadyuvado a crear un público para letras con calidad. Esta labor editorial de Paz cuenta entre sus mejores empeños. [Ibíd., Libro quinto, Dura patria, “Tlatelolco”, p. 763].

 

NOTAS

[1] Año vii, núm. 8, 15 de agosto de 1943 (vol. iv) [Nota de Cardoza y Aragón]

Autores

  • Cardoza y Aragón, Luis
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