Un ballet que no bailó Octavio Paz

Patricio López Guzmán

Lan Adomián

 

Adolfo Castañón nos comparte un descubrimiento del libro La voluntad de crear, el primer tomo de la obra reunida del compositor Lan Adomián (1905-1979), editado por el Departamento de Humanidades de la UNAM en 1980. Entre sus páginas encontramos un breve pero sugerente intercambio entre el compositor y Octavio Paz; una novedad epistolar que desvela un proyecto inusual: el montaje de un ballet inspirado en los murales de Rufino Tamayo, con un argumento escrito por Paz.

 

Admito que no sabía quién era Lan Adomián antes de leer esta correspondencia. No es un músico fácil de conocer, pues no hay muchas grabaciones disponibles de sus obras.[1] Me parece que fue un personaje con más talento político que genio artístico, una figura rocambolesca que podría protagonizar una novela de época. Su verdadero nombre era Jakob Weinroth Waisman, nacido en una diminuta aldea de Ucrania en una familia judía. A los dieciocho años emigró a los Estados Unidos, donde participó en la efervecencia radical de los años treinta. En Nueva York trabajó para la radio y compuso canciones basadas en textos de Langston Huges, Walt Whitman y Dorothy Parker. Ahí se codea con George Antheil, Aaron Copland y Pablo Neruda; también con agentes de la embajada Soviética, lo que le vale ser interrogado durante el juicio de Julius y Ethel Rossenberg, acusados de suministrar los secretos de la bomba atómica a la Unión Soviética.[2] Escribe artículos para el Daily Worker, el periódico del Partido Comunista. Se enrola en el Batallón Abraham Lincoln para luchar por la causa República Española (aunque una dolencia pulmonar lo retiene en Valencia, lejos de los combates). Se une a colectivos de izquierda y compone canciones de propaganda. En fin, una serie de actividades que luego lo harían presa fácil de las persecuciones macartistas.

 

Era un hombre movido, eso queda claro; capaz de franquear las adversidades en poco tiempo pese a sus muchos y muy accidentados periplos. En los cincuenta se exilia en México, donde lo encontramos en fiestas de sociedad opinando con autoridad sobre política junto a Carlos Fuentes.[3] Imparte clases de teoría musical, compone sinfonías, dirige orquestas y compone música —por demás olvidable— para películas como Talpa, con un argumento de Juan Rulfo, y Canasta de cuentos mexicanos, adaptación del libro de Bruno Traven. En 1957, ya nacionalizado mexicano, compone Tamayana-mural para orquesta, un poema sinfónico de veinte minutos inspirado en la obra de Rufino Tamayo, que le da cierta fama. La obra, es el motivo que lo lanza a escribirle a Paz, cuando el poeta llevaba dos años trabajando como embajador de México en la India:

 

A Octavio Paz, Embajador de México en Nueva Delhi, India. 9 de noviembre de 1964

 

Mi admirado amigo:

Al regresar de Bruselas, estuve en París y Georges Auric me escribió, después de oír el disco de Tamayana, que era una obra de lo más notable, lo cual viniendo de una de las personalidades más importantes de la música actual (formó parte del “grupo de los seis”) es un juicio muy valioso. Auric me sugiere que busque un argumentista para un ballet de Tamayana. Rufino haría decoración y vestuario. Para mí sólo hay un argumentista: Octavio Paz, por ser uno de los grandes poetas de nuestro tiempo y por su comprensión de la obra de Rufino ¿le interesaría? Le abraza con sincera admiración,

Lan Adomián

 

 

No queda claro si Adomián y Paz se conocían antes de este intercambio. La informalidad del saludo lo hace posible, aunque ese “mi amigo” era una fórmula estándar de la época. Con igual cordialidad, Paz contesta:

 

De Octavio Paz, Nueva Delhi, India. 9 de diciembre de 1964

 

Querido amigo:

Su proyecto me interesa muchísimo y en principio acepto. Pero necesito conocer la música y algunos detalles más: cuál fue su idea al componerla, qué cuadros de Tamayo le inspiraron, etc., en suma su “idea”, aunque me doy cuenta que las ideas musicales no se “dicen” sino que se expresan en sonido. Un abrazo afectuoso,

Octavio Paz

 

 

El entusiasmo de Paz por el ofrecimiento es natural. Ya para entonces había escrito “Tamayo en la pintura mexicana” y “De la crítica a la ofrenda”, dos ensayos dedicados al muralista, así que un ballet le pudo haber interesado como una manera de difundir la obra de Tamayo más allá de los lugares acostumbrados; aunque también le debe de haber divertido la idea de colaborar en un género que le era ajeno, un reto fuera de su zona de confort.

 

A principios de 1965, Paz, quien al parecer ya había recibido el disco con Tamayana, vuelve a escribirle a Adomián:

 

De Octavio Paz, Nueva Delhi, India. 8 de enero de 1965

 

Querido amigo:

He tratado de encontrar una historia para el ballet; he desechado la idea de hacerlo así por la índole misma de su música y de la pintura de Tamayo: ambas tratan de darnos la sensación de las cosas más que las cosas mismas. Además, mi concepción del arte moderno, música, pintura, poesía y danza, excluye la idea de una historia. No digo nada nuevo con esto. Su obra misma, como la de Tamayo, son un ejemplo de esta omisión de la anécdota. Así, pienso en una coreografía dinámica que presente los temas fundamentales de la música y del objeto que la inspira (pintura de Tamayo) sin construir una historia. Al releer lo que he escrito sobre Tamayo encontré un poema que puede servir como guía de la coreografía: Ser Natural (en Libertad bajo palabra, México, 1960). Está dividido en tres partes. Para una coreografía:

Primera Parte. Irrupción de los colores sobre la escena. Surgen los elementos: la luna, el sol, el caracol, el pájaro, la guitarra, el objeto precolombino, el reloj, la mesa y demás formas de la pintura de Tamayo. Mundo material, terrestre, dinámico, popular. Aparecen los personajes: el Tragaldabas, el poeta, la mujer. Afirmación del ser. Coloración solar.

Segunda Parte. Visión nocturna. Paisaje cósmico, astros, planetas. El pedernal (alusión al mundo precolombino y símbolo de la noche). Violencia. El color rojo. El loco y otros personajes desaforados de Tamayo. Imágenes de terror en la tierra: huesos, perros, ruinas. Los pájaros crueles en el cielo. Surgen los amantes… dúo de enamorados. Coloración nocturna.

Tercera Parte. Reaparecen todos los elementos, pero en estado sonámbulo. Sueño de la materia. Surge la mujer. Todo gira en torno a ella. Ella también gira. Es la muerte y la vida. Sobre las ruinas del mundo se eleva como una flor de sangre, todo en perpetua transformación: metamorfosis, lucha de contrarios y unidad final… un personaje central: la mujer. Coloración: contraste violento entre lo nocturno y lo solar…

Dígame con franqueza qué le parece mi idea. Un abrazo afectuoso,

Octavio Paz

 

 

¿Qué habrá pensado Paz de la pieza? No he podido encontrar una grabación de Tamayana, aunque he escuchado Le matin des magiciens, de la misma época. De ser similares, dudo que la obra le haya emocionado demasiado. El estilo de Adomián en esos años se apoya en el empalme de texturas sonoras y en el aumento de la tensión sin una línea clara de desarrollo. Lo que supone una composición estrafalaria, lejos de los gustos musicales que se le conocen a Paz. Esquivando este punto, da la impresión de que Paz perdió algo del entusiasmo por el proyecto, pues la carta es una mera síntesis de “Ser natural” reducido a un andamiaje; un ejercicio que no debe haberle representado mayor esfuerzo que sacar Libertad bajo palabra del estante. La carta, en el fondo, es una respuesta rápida, diplomática, a un encargo bastante inusual.

 

Tres meses después, Adomián responde:

 

A Octavio Paz. 31 de marzo de 1965

 

Querido amigo: Perdone el retardo de mi respuesta, pero esperaba noticias de Georges Auric… y hasta la fecha… silencio. La consabida burocracia francesa y en especial de la Ópera de París. Espero esta carta le confirma mi conformidad con sus ideas sobre el guión del ballet. Un abrazo afectuoso,

Lan Adomián

 

 

La correspondencia de Adomián recuerda a esos productores de cine independientes que juntan a directores, guionistas, actores y técnicos para llevar a cabo algún proyecto, a pesar de no contar con un centavo para realizarlo. Su moneda corriente es el carisma personal, un magnetismo que mueve voluntades. A veces, con suficiente vuelo, esas empresas quijotescas logran dar resultado, aunque en el caso del ballet Tamayana, el asunto terminó frustrado por los rodeos de Auric y por el silencio de la “consabida burocracia francesa”¿Realmente habrá tenido una promesa fija de Auric para apoyar ese proyecto o habría sido una mera simulación en lo que conseguía algún apoyo?

 

Tras el fracaso del ballet reina un silencio epistolar de una década entre Adomián y Paz, luego de los cuales el compositor, al parecer de la nada, reanuda la correspondencia:

 

A Octavio Paz. 15 de enero de 1975

 

Amigo Octavio: El otro día me topé con un poema tuyo “Elegía a un compañero muerto en el frente” (1937). Enseguida “oí” la música. Barítono solo, coro de hombres y orquesta. Como sabes estuve en las Brigadas Internacionales y compuse tres canciones sobre textos de Miguel Hernández. Aquí en México compuse La Cantata de las Ausencias, textos escritos por Miguel Hernández en la cárcel. Tu poema “Elegía a un compañero muerto en el frente” ¡qué poema! ¿Me das los derechos para la composición? ¡Espero que sí! Quiero comenzar la obra. Un abrazo de tu amigo

Lan

 

 

El libro de Adomián no incluye la respuesta de Paz: ni un sí, ni un no. Aunque la idea de orquestar ese poema con la gravedad de un barítono y un coro masculino parece un concepto desafortunado. Adomián ya había utilizado esta orquestación para musicalizar el “Canto de amor a Stalingrado” de Pablo Neruda, décadas antes, y recuerda a los himnos de Hans Eisler para la República Democrática Alemana. Es decir, tiene un aire del realismo socialista; una estética ajena a Paz, quien por un silencio consciente o por el descuido de la correspondencia traspapelada nunca llegó a atender a esa solicitud.

 

Adomián se consagró como compositor en la década de los años setentas. Obtuvo el “Premio Silvestre Revueltas” de la Secretaría de Educación Pública, el premio del Instituto Goethe de Munich y la beca Guggenheim. La fama póstuma, sin embargo, le ha sido ilusoria; desde su muerte, en 1979, su obra ha desaparecido casi por completo de los catálogos, y su figura en los libros de historia se remite a los apéndices y las notas a pié de página.

 

A veces así sucede. El carisma y el arrojo no son suficientes para vencer los embates del gusto y del tiempo. Lo que perdura es involuntario: algunas palabras; el eco de unos proyectos deshilvanados ocultos en las páginas recónditas de una correspondencia…

 

NOTAS

[1] Es posible escuchar dos de ellas en el programa de radio Pentagrama, disponible el el sitio del Instituto Mexicano de la Radio.

[2] Incluso hay indicios de que pudo haber traicionado a los Rosenbergs para mantener su ciudadanía norteamericana, según cuenta Stanley Yalkowsky en The murder of the Rosenbergs, New York, Crucible Publications, 1990, pp.312-317.

[3] Rodman, Selden, Mexican Journal: The Conquerors Conquered, New York, The Devin Adair Company, 1958. pp.190-191.

Autores

  • López Guzmán, Patricio

Lugares

  • India
  • Nueva Delhi

Lustros

  • 1960-1964
  • 1965-1969
  • 1975-1979
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