Las cartas de Paz a Elena Garro: los meses en Mérida. Segunda entrega de 1937

Guillermo Sheridan

La tarjeta carta aérea.

 

Recojo cinco de la última semana de marzo de 1937, cuando el joven adelantado de la educación popular vive su segunda semana en Mérida. Son días agitados. Se encuentra con sus camaradas de aventura (Octavio Novaro y Ricardo Cortés Tamayo) preparando el inicio de cursos de la Escuela Secundaria Federal para Hijos de Trabajadores, en tenaz combate con el local sindicato de maestros, que mira en los jóvenes “extranjeros” una intromisión en su territorio. Continúa escribiendo “Entre la piedra y la flor”, su ambicioso poema (lírico, económico y social) y preparando actividades en favor de la república española; viaja un poco (al cercano puerto de Progreso, a la zona arqueológica de Chichén-Itzá, a una hacienda henequenera); crea nuevas amistades, en especial con el poeta Clemente López Trujillo (director del Diario del Sureste, la franquicia de El Nacional en Mérida), el arqueólogo Alfredo Barrera Vázquez, el músico Samuel Martí y su esposa, Cristina Moya, que abren para los muchachos su casa en Progreso. Junto a ellos, hay otros intelectuales y artistas de México y el mundo (como Juan de la Cabada y Esther Merrill) que han hecho de Mérida un lugar preferido tanto por su pasado maya como por su inminente futuro socialista. (En mi libro Poeta con paisaje he narrado el viaje con detalle. Christopher Domínguez Michael lo mejora en el suyo, Octavio Paz en su siglo).

 

Pero todas sus tareas y actividades giran alrededor de una misión secreta, la de amar a “Helena” y ensayarse en el distanciamiento. Le escribe casi todos los días, extensamente (en esta entrega se halla, me parece, la carta más larga, una con la que le presume a Helena haber ganado el “torneo” de escribano de amor que sostiene con sus camaradas). Extensas, pero también fluctuantes, pues como ya es costumbre, las misivas son el escenario del otro, el que Paz llama en una de ellas “el triste torneo de la incomprensión”, una que, mientras más los agobia, más parece atar a estos jóvenes enamorados, enodioados. La tristeza aumenta, además, porque la distancia agudiza los celos y las inseguridades que, luego de dos años de noviazgo, los enamorados administran con enorme pericia para zaherirse y restaurarse y, una vez restaurados, recomenzar el proceso…

De nueva cuenta me permito recordar al lector que mi estudio a fondo de esta historia de amor y desamor —mi prólogo a esta correspondencia, digamos— se encuentra en mi libro Los idilios salvajes:

42. 22 de marzo de 1937

43. ¿27? de marzo de 1937

44. ¿27? de marzo de 1937

45. 30 de marzo de 1937

46. 31 de marzo de 1937

Autores

  • Sheridan, Guillermo

Lustros

  • 1935-1939
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