Las cartas de Octavio Paz a Elena Garro: los meses en Mérida. Primera entrega de 1937

Guillermo Sheridan

 

 

En la primera etapa de esta correspondencia recogimos 36 cartas enviadas por Paz a “Helena” Garro entre el 11 de abril y el 15 de octubre de 1935. Recogemos ahora las que le mandó por correo aéreo, entre el 13 de marzo y el 7 de mayo de 1937, a su nueva dirección (hasta 1935 las enviaba al 130 de la calle Campeche):

Helena Garro.
Tampico 21
México, D.F.

De Octavio Paz a Elena Garro

¿Qué habrá ocurrido con las cartas que van de octubre de 1935 a marzo de 1937? Si el ritmo y la intensidad escriturales hubiesen sido los mismos —y es difícil imaginar otra cosa— habría que suponer que hay por lo menos medio centenar de cartas perdidas.

 

Las de 1937 son 28 cartas que fueron enviadas desde la llegada del joven poeta a Mérida, capital del Estado de Yucatán. Unas “Notas” que escribió Paz a poco de llegar, y que se pueden leer en “Las ‘Notas’ de la llegada a Mérida”, son un pórtico adecuado para ingresar a su estado de ánimo y a sus proyectos. La justificación de su viaje fue hacerse cargo con sus camaradas Octavio Novaro y Ricardo Cortés Tamayo de la Escuela Secundaria Federal para Hijos de Trabajadores. Pero no se trataba sólo de lograr un empleo en el gobierno (la escuela dependía de la Secretaría de Educación Pública) sino de tener un papel social que jugar en el escenario del general Lázaro Cárdenas, de salir de la capital y, claro, de una aventura más íntima, como lo explica en una de las cartas:

¿Qué fue lo que me llevó a dejar México? No sé: la aventura, el deseo de ganar dinero, la poesía, tú, el asco a una ciudad que se me había hecho insoportable y por la que ahora lloro… Todo eso, nada de eso. Huir, huir, alcanzarte. El odio, el amor. Lo que me aleja de ti, lo que me une.

 

A los tres meses de estar en Mérida —entre la alegría de enseñar a los jóvenes y visitar sitios arqueológicos, y los sinsabores propios de la vida burocrática— Paz recibió la invitación de Rafael Alberti y Pablo Neruda para viajar al Segundo Congreso de Escritores Antifascistas, en Valencia, España. A poco de volver a la Ciudad de México, la pareja contrae matrimonio para hacer el viaje. En mi libro Poeta con paisaje ya he narrado en detalle tanto el viaje a Yucatán como al de España.

 

El amor de la joven pareja, a dos años de haberse iniciado, sigue temblando entre sus dudas y sus fantasías. Son una pareja extraordinaria, en el sentido estricto de la palabra: un escritor bisoño y una escritora en ciernes que se están dando forma mutuamente. El apartamiento geográfico acentúa los juegos y azuza los celos, desde cuyo infierno el arrebatado joven Paz “ordena” (carta 40) a su novia que se abstenga de acudir a ciertos lugares, de ver a ciertas personas y de aceptar ofertas en el cine o las revistas de moda. Es previsible que esto alimente la leyenda satisfactoria de los contemporáneos cerebros y cerebras simples, y que prevalezcan sobre los cientos de páginas que Paz dedicó a explorar la complejidad de las pasiones, en sus cartas y en su obra lírica y crítica. Inflamarse en la doxa del día, o clamar justicia desde la narcisista “escuela del resentimiento” (como la llama Harold Bloom) que regentea hoy a la academia somnolienta, reforzará la vanidad simplona de los moralistas, pero sólo a fuerza de ignorar la complejidad de una historia de amor, de cuya laboriosa urdimbre son parte estas misivas. Disminuir a uno de los protagonistas de una historia de amor, termina por disminuirlos a ambos, y a su historia (y hasta al amor). En el caso de Garro y Paz, de Paz y Garro, esto ya es casi una industria de la transformación. Lanzar capirotes justicieros desde los tribunales sociológicos que han secuestrado a la literatura, siempre será más redituable que la lectura desinteresada.

 

¿Qué se le puede hacer? En lo que me corresponde, mi respuesta es el capítulo dedicado a “Elena Garro: el centro fugitivo” en mi libro Los idilios salvajes, en especial el subcapítulo “Segundo tiempo: Yucatán 1937”. Esa parte del libro de hecho podría leerse como una extensa introducción a estas misivas.

 

Las cartas circularon en México en 1999 gracias a la ambición de Jesús Garro, sobrino de la escritora. Los originales fueron vendidos más tarde a la Universidad de Princeton, donde se encuentran entre los “Elena Garro Papers” que custodia del Department of Rare Books and Special Collections de la Biblioteca Firestone.

37. 13 de marzo de 1937

38. 15 de marzo de 1937

39. 17 de marzo de 1937

40. 18 de marzo de 1937

41. 19 de marzo de 1937

Autores

  • Sheridan, Guillermo

Tipología

  • Carta

Lugares

  • México

Lustros

  • 1935-1939
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