Las cartas a Elena Garro. Primera entrega

Guillermo Sheridan

 

Octavio Paz conoció a Elena Garro a principios de 1935, cuando ambos tienen 20 años: él cumplirá 21 a fines de marzo (unos días después de la trágica muerte de su padre) y ella a fines de diciembre. De las cartas se desprende que comenzaron su trato afectivo el 11 de abril y que unas semanas más tarde, el 22 de junio —día equinoccial, sacralizado por el muchacho—, la rebautizada Helena acepta ser su novia. A poco de su encuentro —entre un paisaje de muchachas en una tardeada de barrio— el joven Paz concluiría que en el rostro de esa muchacha está la “imagen visible del mundo”.[1] La pareja se mira, se atrae y danza la obligatoria réplica del ritmo del cosmos: la “quietud en movimiento”. En la visión del joven, esa danza es una consagración y una suerte de ceremonia prenupcial. (En cambio, en la evocación de Garro, años después, la danza fue un fiasco que culminó con la orden de ser regresada a su silla).[2] A pesar de las reticencias de la muchacha, el joven decide que ella es la desconocida, su mitad complementaria.

No han aparecido las cartas que tuvo que escribir Paz entre abril y mediados de julio. Garro sí conservó, en cambio, los poemas que le envía Paz en esos meses y que inician esta entrega.

1. 11 de abril de 1935

2. 29 de junio de 1935

3. 11 de julio de 1935

4. 21 de julio de 1935

5. 22 de julio de 1935

 

NOTAS

[1] La frase aparecerá en la carta número 34 (15 de octubre de 1935). La idea, creencia profunda de Paz, puede venir de un poema de La Destrucción o El Amor (1935) de Vicente Aleixandre, a quien lee en esos días, “Unidad en ella”, donde el gran poeta español escribe que es en el “rostro amado donde contemplo el mundo”.

[2] Narro el episodio en Poeta con paisaje, p. 149 y ss.

Autores

  • Sheridan, Guillermo
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