(Introducción a) La correspondencia entre Jorge Guillén y Octavio Paz

Guillermo Sheridan

Octavio Paz con Jorge Guillén en el curso de verano de Bread Loaf, Vermont, 1945. Foto del archivo personal de Teresa Guillén

 

Jorge Guillén (1893-1984) y Octavio Paz se conocieron en Middlebury College, la universidad legendaria en Vermont, en la Nueva Inglaterra, que incluye a la escuela de Bread Loaf (se halla cerca de una montaña que asemeja una hogaza de pan). Ya en Un mexicano en Vermont, en esta misma Zona, el profesor Roberto Véguez se ha referido a la presencia de Paz en esa escuela. 

 

Middlebury fue una de las escuelas de español y de filología española más importantes del mundo moderno. A partir de 1916, contó entre sus filólogos y escritores a Pedro Salinas, Jorge Guillén, Tomás Navarro Tomás, Américo Castro, Ángel del Río, Jorge Mañach, Arturo Uslar Pietri, Fernando de los Ríos, Francisco García Lorca, Isabel García Lorca, Stephen Gilman, José María Chacón y Calvo, Mariano Picon Salas, Eugenio Florit, Samuel Gili Gaya, Concha de Albornoz, Enrique Díez-Canedo, Antonio Castro Leal, Samuel Ramos, Enrique Anderson-Imbert, Margit Frenk y dos futuros premios Nobel de literatura: Gabriela Mistral y Paz.

 

(Bread Loaf tiene su propia leyenda, pues cerca de ese campus, en una pequeña granja, vivía el poeta Robert Frost. Ahí prologó la Bread Loaf Anthology, de 1939, en la que, entre una veintena de poetas en lengua inglesa, figuran poemas de Jorge Guillén y Pedro Salinas. Y en esa granja fue que recibió la visita de Paz.)

 

Luego de un par de años en California, donde estaba desde 1943 (como puede leerse en nuestra cronología) y sin muchos planes sobre qué hacer con su vida, Paz recibió un telegrama

 …de un profesor Zenteno (algún día te hablaré de él: vale la pena) que me invitaba a dar un curso durante unas semanas del verano de 1944, en Middlebury College. No sé quién me recomendó con él. me trasladé a Nueva York (tuve que pedir prestado para el pasaje, un interminable viaje en avión) y de Nueva York en tren a Middlebury, en Vermont. Un lugar de colinas, abedules, abetos, arroyos y granjas. Allí conocí a Jorge Guillén y a don Fernando de los Ríos, que eran profesores (a mí me encargaron un curso de iniciación a la literatura española).[1]

 

No hay mayor explicación sobre por qué ese providente profesor invitó a un joven poeta tan radicalmente desprovisto de calificaciones académicas, ni si habrán intervenido en la invitación los veteranos tutelares de la escuela, Fernando de los Ríos y Paco García Lorca (cuyo hermano pasó en 1929 una temporada no muy lejos de Bread Loaf, con Philip Cummings). Supongo que la amistad de Paz con muchos poetas españoles durante los meses pasados en España en 1937 habrá tenido que ver. Y Paz había tratado en México, durante 1939, a Pedro Salinas, cuya amistad con él y con Alfonso Reyes fue una de las recompensas de ese viaje (escribí un comentario sobre ese viaje hace mucho en la revista Vuelta, “Pedro Salinas: extranjero en su patria”. Por último, otro profesor del College, Stephen Freeman, en otra historia de Middleburyopina que fue el Departamento de Estado norteamericano, por medio de su División de Estudios Culturales, el que intervino en la invitación. De haber sido así, otra vez… ¿por qué? Lo único que se me ocurre es que, si tal hubiera sido el caso, pudo deberse a que esa División vio con buenos ojos que Paz hubiese merecido la beca Guggenheim en 1943.

 

En todo caso, Paz llegó a Bread Loaf al iniciar el mes de junio y se instaló en una de las cabañas cercanas a la escuela. Poco después llegaría su esposa, Elena Garro, pero no su hija Helena, de seis años de edad, que se quedó en México al cuidado de su abuela paterna. Paz se encontró de inmediato con Guillén, a quien había leído con emoción quince años antes en el bachillerato, y con su hija Teresa, alumna del College en Bread Loaf, a quien después Paz le escribiría por lo menos una carta hermosa en la que narra su infancia en Mixcoac (la carta la reproduce parcialmente Jacques Lafaye en su libro Octavio Paz a la deriva de la modernidad. Muchos años después, en 2007, platiqué largamente en Cambridge con la cálida Teresa Guillén, ya viuda de Stephen Gilman, quien con adecuada picardía recordaba a Paz en Bread Loaf rompiendo corazones (el suyo –es decir, el de Paz–, incluido…)  

 

Guillén fue un poeta importante en la formación de Paz. Aparece en sus ensayos siempre que escribe sobre los poetas que más admira, en el que dedica a Cernuda lo mismo que en el dedicado a William Carlos Williams. Le interesaba su rechazo a los símbolos: Guillén había escrito que “los pajarillos pían sin designio de gracia” y Paz se pregunta si ¿desaparecen la gracia y el designio? Y se contesta que no, que entran subrepticiamente en el poema, sin que el poeta se dé cuenta. El “designio de gracia” no está ya en los pájaros reales sino en el texto. Fue una enseñanza que aprovechó Paz, que buscaba “cierta pureza, desnudez, abstracción… la poesía que alude indirectamente y la palabra que elude”, como le dice por carta (inédita) a Bona de Pisis.

 

Y, desde luego, escribió sobre él in extenso. En 1965, en Nueva Delhi, redactó “Horas situadas de Jorge Guillén”, ensayo que continúa en 1977, cuando le dedica sus conferencias anuales en El Colegio Nacional, “El Más allá de Jorge Guillén” (basadas en un curso que impartió en la Universidad de Harvard), que luego unifica en Fundación y disidencia, el volumen 3 de sus Obras completas (pp. 185-211), donde reitera que su fascinación obedece a aquella enseñanza previa: “negaba que hubiese estados poéticos: la poesía está en el poema, es un hecho verbal” (3:202). “Me enseñó lo que es un poema”, la suya fue “una lección verbal”:

sus poemas son verdaderos poemas: objetos verbales cerrados sobre sí mismos y animados por una fuerza cordial y espiritual. Esa fuerza se llama entusiasmo. Su otro nombre: inspiración. Otro más: fidelidad, fe en el mundo y en la palabra. El mundo de la palabra tanto como la palabra del mundo: Cántico. Ante el espectáculo del universo —no ante el de la historia— dijo una vez: el mundo está bien hecho. Frente a su obra lo único que habría que decir es repetir esas palabras.

 

La correspondencia entre Octavio Paz y Jorge Guillén (1949-1984) se encuentra en el “Archivo Personal” de éste último en la Biblioteca Nacional de España, gracias a la donación de Teresa y Claudio Guillén. Dos de las cartas que le envió Paz (la del 25 de abril de 1950 y la del 18 de diciembre de 1967) fueron reproducidas por la Biblioteca, con motivo del centenario de Paz, sin editar.

 

Con no más ánimo que el del inventariarlas, reproduzco, anoto y comento, levemente, las cartas más relevantes y, después, registro las cortesías. Alguien, algún día, quizás haga una edición cabal.

Jorge Guillén

 

Las cartas relevantes

 

1. De Paz a Guillén. París, 6 de enero de 1949

 

Muchas gracias por su preciosa tarjeta. Por la señora León[2] supe de su enfermedad, de su operación y de su restablecimiento. Esto último me alegró mucho. Ya sabe usted como lo quiero y admiro.

 

Le cuenta Paz que Marcel Bataillon da un curso sobre Cántico, al que no puede asistir por exceso de trabajo. Le pregunta si ha visto el último número de La Licorne (el número 3, de 1948) donde aparecen unos poemas de Guillén traducidos por Jules Supervielle (cuya propia poesía tradujo Guillén). Luego, agrega una breve estampa (una más) de la ciudad que tanto amó:

París, como una especie de resumen, de fruto final de nuestra civilización, sigue viviendo muriendo con una nobleza y una vivacidad que no tienen otras ciudades más jóvenes. No es una ciudad que vive del pasado, en el pasado, sino que el pasado aquí se cumple como vida que acaba. ¿Acabaron así Atenas, Florencia, Roma? Otras ciudades mueren de golpe; destruidas por un cataclismo, por una invasión. París, como un fruto, muere por dentro, pero –si no hay una nueva bomba–  su muerte será un Acabamiento.

 

Finalmente le anuncia que “mi libro está en manos de Alfonso Reyes” (la primera edición de Libertad bajo palabra, en la colección Tezontle del Fondo de Cultura Económica ) y le pregunta por Luis Cernuda y por Dámaso Alonso.

 

 

2. De Guillén a Paz. Wellesley, 4 de marzo de 1950

Un fragmento de la carta número 2

Guillén agradece el envío y la dedicatoria de Libertad bajo palabra. Su caligrafía es aún más jeroglífica que la de Paz, con el agravante de que además Guillén redacta sobre la marcha. Reproduzco el manuscrito íntegro:

 

Wellesley, 4 de marzo de 1950

Mi querido Octavio: Usted ya sabe, por inequívoca experiencia, que su libro, bien escuchado que leí de noche, me gustó mucho, me convenció. Las sucesivas lecturas Hay páginas que ya he leido seis o siete veces. Libertad bajo palabra se acrecienta en hondura, y en altura: en todas las calidades palabra como plenitud de poesía. “Invento” –repite usted en las primeras páginas, y es verdad.[3] Es usted el dueño de sí mismo, de su mundo y de su obra, y nada me parece más mayor que el dominio con que usted conduce esa Libertad entre Palabras. ¿Maestría? Mucho más. Maestría identificada a la mejor conciencia, y servida por todos los sus poderes y con todos sus poderes en servidumbre. No hay contradicción en que esa conciencia esté no deje de recibir y transmitir los mensajes más oscuros  el mensaje de las noches y los instintos sus murmullos irracionales. Abundantes multitud de Hay muchos sueños y modos de soñar en esta poesía pensada y articulada siempre con una lucidez admirable. De ahí la austeridad y una  ese contrapunto que sin cesar relaciona tan detenidamente las palabras, ese aire de austeridad que espera de su ennoblece al “protagonista”, a pesar de su manifiesta juventud. Querido Octavio: ¡qué gran presidente de su República personal es usted! Ahora  O renazca, si usted prefiere  Amante y poeta en funciones ejercicios dominados, detiene usted al relámpago en el bellísimo poema perfecto –“Relámpago en reposo”[4]—  y en efecto, invente usted a la mujer tendida, –“te pulo”; eres.- y se consiente, –¡con qué docilidad poética ante esa seria Moctezuma precolombina en “hacha esbelta”, en “flecha con que incendio la noche”. Nada más justificado que esa primera persona del presente: “incendio”. (Del final, tan inventado puede ser se impone como el único lógico: “El mar combate allá lejos con espadas y plumas”.)  Le dejaron No, no cesa el contrapunto, el concierto a dos voces, o varias voces. ¿“Himno entre ruinas”?[5] Las ruinas se acumulan, o peor aún, se abren a una Nada que es  –muy bella hermosa–, que, sin embargo, no es nada. Este todo lo heredo lado es se presenta con un rigor a lo Quevedo. (“Cuarto de hotel”,[6] “Elegía interrumpida”,[7] y tantos otros poemas.) “Irá muriendo a sorbos con nosotros”.[8] “Es un desierto circular el mundo”.[9] Ir más allá de la perspectiva quevedesca– : Quevedo “el cielo está cerrado y el infierno vacío”.[10]  Pero también resuena el Himno. “Libertad bajo palabra” me impuso primero su desolación. Las Luego, en las sucesivas poco a poco hay segundo lecturas, ¡cuántas (…) “deliciosas” he encontrado, cuántos sabores del mundo que no son los amargos! “En la calzada”: “luz que acaba en sabor, luz que se toca”.[11]  (¡La visten el olfato y el tacto!). Primavera a la[12]  Sí, “Está lleno de pájaros el mundo”, todo en el aire es pájaro. Lo Y lo mejor de todo se nos dará en el contrapunto, El poema “El pájaro” en ese poema precioso –página 69–  donde el pájaro[13], dentro de un mediodía substancial y no decorativo, se identifica –de la manera más evidente— con algo de la  con la flecha de la muerte mortal. “Sentí que la muerte era una flecha.” Tan lograda está esta maravillosa la “música” eso sí ¡que es rimar así con los ojos bien abiertos! – que se coloca al nivel –y no se me ocurre más alto elogio–  de aquella de Jorge Manrique: “Cuando tú vienes airada –todo lo pasas de claro– con tu flecha”.[14] Pero ¡cuánta afirmación poética y no sólo en esta hora! “Más allá de nosotros… una vida más vida nos reclama”[15] Déjeme usted, querido Octavio, que me agarre al último verso de “Libertad bajo palabra”: “palabras que son flores, que son frutos, que son actos.”[16] ¡Qué acto, en suma, de plenitud humana y poética en estas bellísimas, elegantísimas palabras!

      Le agradezco mucho el regalo de su libro y su dedicatoria. Y más le agradezco que el valor del libro –para mí a mis ojos, de primer orden–  deje tan ancho margen a la absoluta sinceridad que inspira esta carta.

      Carta que se va alargando con exceso. Otro día, muy pronto, contestaré a su muy amable tarjeta. (¡Ah! He leído en Luz y en Orígenes sus poemas en prosa. ¡Muy buenos!)

      Muchas gracias, querido Octavio. Y Un

Le abraza

J.G.

 

 

3. De Paz a Guillén. París, 25 de abril 1950

 

EMBAJADA DE MÉXICO
PARÍS

 

París, a 25 de abril de 1950

D.Jorge Guillén.
U.S.A.[17]

Querido Jorge Guillén:

      Su carta –esperada, deseada, temida–  me corrobora Cántico.[18] Esa carta no podía ser sino del poeta –el único que ha tenido el valor de afirmar que “el mundo está bien hecho”[19] en el momento mismo de “El Inspector de Alcantarillas” y de The Waste Land.[20] Sí, por usted, con usted, y gracias a usted, “todo en el aire es pájaro”. Su carta la guardo como un exorcismo, un talismán –contra las malas horas y las malas obras, contra las malas lenguas y las inteligencias tibias. Es la otra faz de la poesía y la mitad de su amistad –la otra está hecha de poemas, versos y recuerdos suyos–. Y no me sorprende su entusiasmo –de nuevo:  todo es alas en usted– porque si es cierto que usted es el poeta del Ser, algo así como el Parménides de la poesía moderna, también tiene mucho de Empédocles. Poeta-filósofo –que no es igual a poeta que filosofa o a filósofo que poetiza–, su poesía está hecha de fuego y hielo, y su amistad es la de esas almas húmedas capaces de simpatizar y, también, y a otras horas, de arder. Muchas gracias, Jorge Guillén, por su carta y por su poesía, y muchas gracias por su amistad.

      Por aquí pasó Teresa –rauda– con su esposo.[21] Nada tengo que decirle de ella, siempre tan guapa, tan viva y tan “bocanada de salud”.[22] Él, a quien no conocía, me pareció muy digno de su esposa. Ojalá que pronto regresen de España y los vuelva a ver –con más calma y tiempo. Creo que simpatizamos de verdad. Tengo entendido que usted también vendrá, antes de ir a México (¡buena suerte!). ¿Nos veremos? Yo estaré en París hasta el 31 de julio. Después, hasta septiembre, en la costa.

      No sé si ha leído la notícula que me dedican sus amigos de Ínsula.[23] Me abruman con “influencias” –las más insólitas: Whitman y el inevitable Neruda–  pero olvidan las verdaderas. Y entre ellas –no para velar mi voz, sino para abrirle cielo– la suya. Pero la reseña la firma un Ventura Dorestes. ¿Ventura y de Orestes? Debe ser burla o disparate ese nombre, que no se sostiene derecho.[24]

      Publiqué ya aquel librejo sobre México.[25] Si tiene ocasión, tiempo y humor, léalo (se lo ofreceré cuando pase por aquí, para evitar pérdidas). A lo mejor le ayuda a resolver los enigmas con que México –país enmascarado y tatuado, país sagrado y sórdido–  se le presentará.[26]

      Un abrazo,

Octavio Paz

 

 

4. De Paz a Guillén. Ginebra, 6 de septiembre 1951

 

PENSION KAUFMANN
MASSET & FILS Propr.
48, Tranchées
CONFORT et CALME

Genève, le 6-9-951
Tél. 4.49.75

Querido Jorge Guillén:

Hoy recibí su carta del 26 de agosto. No sé si tenga la suerte de encontrarlo a mi regreso, pues yo no pienso que podré estar en París antes del 20 de septiembre. De todos modos, apenas llegue me comunicaré con Margarita León para indagar su paradero. Le debo una larga carta, un libro o un artículo –y un abrazo, algo, en fin, que exprese lo que he sentido al ver la última y definitiva edición de Cántico. Ya se lo he dicho –ya se lo han dicho, además, otros–: su libro es como el gran SÍ del poeta a la vida. Un SÍ heroico, el pecho desnudo y sin nada que lo defienda excepto su propia confianza. ¡Qué inocentes son, querido Guillén, los grandes poetas! Son, quizás, los únicos realmente inocentes.[27] (Y los otros, los poetas de la acción: los héroes, los santos, los enamorados). La verdadera inteligencia es cándida, tiene confianza, sabe decir Sí. Gracias por su libro (y no sólo por el envío, sino por haberlo escrito y dárnoslo así a todos, para que aprendamos a cantar y a decir Sí).

      Asisto, como invitado, a una cosa que llaman Rencontres Internationales.[28] Entre las estrellas –cuyas palabras debemos luego comentar, pues como colegio de intérpretes  entre los Grandes y el Pueblo, necesariamente mudo–  se encuentra Ortega y Gasett. Espero con impaciencia conocer al monstruo. Ya le contaré mis impresiones.[29] Ojalá que usted pudiera escaparse y pasar aquí unos días. Ortega hablará el miércoles 12.

      Con la esperanza de verlo pronto, lo saluda, con la admiración y afecto de siempre, su amigo

Octavio Paz

 

5. De Paz a Guillén. París, 2 de septiembre de 1959

 

EMBAJADA DE MÉXICO
PARÍS

2 de septiembre de 1959.

Querido Jorge Guillén:

            Su carta llegó precisamente cuando le recordaba con verdadero afecto. Llegué hace algún tiempo a París[30] y una de mis primeras visitas oficiales fue al Dr. Sarrailh[31], quien me dijo que hacía unos días había dejado usted París. Después, sin duda por la necesidad que tenemos de recobrar nuestro idioma cuando vivimos en país extranjero, en algunas antologías volví a leer poemas suyos. El redescubrimiento fue maravilloso y el re-conocimiento de un gran poeta, fue fulgurante evidencia. Querido amigo: usted ha escrito algunos de los poemas más hermosos de nuestra lengua en este siglo, y todos los que escribimos le debemos mucho.

      La relectura de sus poemas coincidió con su carta. Esta circunstancia explica mi emoción.

      No sé si podamos coincidir en París, pues debo hacer un viaje oficial[32] en estos días y no regresaré sino hasta el 13 o 14 de septiembre. Pero, puesto que vive usted ahora en Europa, quizá más adelante podamos vernos.

      Por favor salúdeme a Claudio[33] y para usted, con mi admiración, un abrazo de su antiguo amigo

Octavio Paz

En cuanto me lleguen ejemplares de La Estación Violenta,[34] le enviaré uno. Pero ¿no le había ya enviado su ejemplar? Creo que sí…

 

 

6. De Guillén a Paz. Cambridge, Massachusetts, 30 de abril de 1966

 

Responde a una cortesía de Paz en la que le anuncia su voluntad de ir a verlo en abril o mayo.

 

Mi querido Octavio:

      Es ya casi un “silencioso escándalo”[35] que no haya respondido aún a su última carta a su estudio de Papeles.[36] Pero estos los papeles de febrero me llegan esta semana han llegado ahora. Además ¿querrá usted creer que su estudio ese ensayo excepcional me intimida? Es difícil ponerme, sentirme al nivel de tales “Horas situadas”, fecha importante –acontecimiento en mi carrera vida de escritor–. Ninguna voz de poeta en nuestro idioma posee más la autoridad crítica ni más el extenso auditorio que la voz de Octavio Paz. De ahí la emoción con que he seguido sus interpretaciones de mi poesía, situada por usted a tal altura y ya como en posición histórica. Sus intuiciones expresadas en tono valiente condensan todo un proceso crítico a través de lecturas y relecturas: toda una historia Y la Historia no es siempre el mal. También es creación. ¿Cómo el hombre llega a ser hombre sino es históricamente?

      Querido Octavio: le agradezco de todo corazón su interés. Espero –y conmigo Irene, Teresa, Steve, toda esta casa, que se dejarán atender en Cambridge.[37] (No vengan por favor, si es posible en un week end fin de semana.) Irene y yo nos embarcaremos el 27 de mayo. Anuncien su llegada. Me encantaría charlar con usted sobre tantas cosas y expresarle mejor mi gratitud. Un gran abrazo de su

            Jorge Guillén

 

 

7. De Paz a Guillén. Nueva Delhi, 18 de diciembre de 1967

 

Querido Jorge:

      Me alegra que le haya gustado Puertas al campo.[38] No sabe usted como me animan sus juicios y su amistad, desde aquellos lejanos (no, no tan lejanos: siempre presentes) días de Vermont en 1945. Desde que lo leí –allá por 1930, en la Preparatoria (o sea: en los años del bachillerato)– lo admiré; y desde que lo conocí personalmente, me sentí su amigo… El libro tuvo poquísimos comentarios y casi todos, sin excluir a los malévolos (que fueron, en México, la mayoría) inocuos. En España, que yo sepa, se publicó sólo una nota –pero, eso sí, muy generosa– de un joven poeta: Gimferrer. Después de Puertas al campo he publicado dos libros más, que no sé si usted ya habrá recibido (¡cambia tanto de casa y continente!): Corriente Alterna y Claude Lévi-Strauss o el nuevo festín de Esopo.[39] Los comentarios  parecidos en México, con la excepción de uno de [Gabriel] Zaid, son asombrosos por su estupidez. No crea que sufro un contagio del mal humor (justificado) que padeció Cernuda. Tampoco hablo con tristeza. Más bien estoy desconcertado y divertido: hablo, por lo visto, un lenguaje distinto al de mis paisanos, recientemente alfabetizados por Torres Bodet… Y como ya es tarde para retirarme del juego, no me queda más remedio que insistir: dentro de poco recibirá usted Blanco, un poema extenso (ojalá que Joaquín Díez Canedo, haya logrado editarlo tal como lo planeamos él y yo) y, hacia enero o febrero, un librito gemelo del dedicado a Lévi-Strauss: Marcel Duchamp o El Castillo de la pureza.[40] ¿Por qué un antropólogo y un pintor? Porque los dos reducen la significación a una operación –porque las dos son signos (no los únicos) del fin del “tiempo moderno” (el tiempo de la historia, el tiempo de Sartre, el tiempo de la vanguardia en arte, etc.) Pero, claro está, lo que más me interesa es que usted lea Blanco. Lo demás son distracciones… No me llegó el Homenaje.[41] No es imposible que se haya extraviado. El correo funciona mal, muy mal (y no sólo en la India). Además, yo estuve fuera cuatro meses: primero en Spoletto[42] [sic], después en Londres y al final, tres meses, en México. Lo mejor del viaje fue recorrer los pueblos mexicanos y enseñarle mi tierra a Marie Jose… Vuelvo a Homenaje: ¿no podría enviarme un nuevo ejemplar?… y regreso a mi asunto: en estos días salimos hacia París, por tres semanas. Pierre Schneider[43] me invitó a participar en una “rencontre” en torno a Baudelaire, crítico de arte. Volveremos a Delhi hacia el 20 de enero. No sé si el “amaos los unos a los otros” del Gandhi de ese Oriente (un Oriente muy distinto de este Oriente) no resulte, al fin de cuentas, tan terrible como el amarse a uno mismo. El Cristo de este Oriente no creía ni en el yo ni en los otros. La compasión del Bodisatva (aquel que ha renunciado al estado del Buda para ayudar a los otros) consiste en dar, sabiendo que no da nada y que, a cambio, tampoco nada recibe. Lo más extraño –lo fascinante y abismal, es que todos los seres vivientes no pueden ni deben aspirar a un estado que no sea el de Bodisatva, la perfección suprema, a condición de saber que Bodisatva es un nombre vacío. Todo esto me parece muy moderno. ¿No es lo que dice Mallarmé- y ahora los hombres de ciencia y los filósofos como Wittgenstein?[44] ¿Leyó usted el discurso de Monod, el biólogo,[45] en El Colegio de Francia? El final parece un comentario de un sutra budista. ¡Y ya no lo aburro!

      Un gran abrazo y mi admiración.

Octavio Paz

¡Saludos a todos!

Paz y Guillén en Cape Cod, Massachusetts, en 1969

 

8. De Paz a Guillén. Cambridge, 16 de octubre 1975

 

Cambridge, Mass. A 16 de Octubre de 1975

Querido Jorge:

      ¡Qué hermosa su traducción de Bonnefoy! Yves tambien, como Valéry, debe ‘aclararse’ en español –pero en el español de Jorgue Guillén. Hoy mismo la envío a Plural. Saldrá en un número próximo, con el estudio de Claude Esteban. Nuestra idea original era dedicar un suplemento a Bonnefoy y Tomás Segovia nos había dicho que a él le gustaría traducir una serie de poemas. Si nos entregase Tomás sus versiones, publicaríamos todo junto: la traducción de usted al frente y después el estudio de Esteban y los poemas traducidos por Segovia. ¿Le parece bien?[46]

      Y ahora, algo más importante: ¿cuándo nos da usted poemas suyos? Recuerdo que hace mucho nos prometió enviarnos algo…[47]

      Sí, es tristísimo lo de España. Y lo de Chile y lo de Argentina y lo de Uruguay y lo de Cuba (de eso nadie habla por un lamentable tabú “progresista”) y lo de Brasil y lo de Nicaragua y lo de Guatemala. Me temo que los pueblos hispánicos no tiene remedio. ¿Por qué? SI volviese a nacer dedicaría mi vida a esa pregunta –aunque sé que quizá no tiene respuesta.

      Pensaba enviarle un poema de cierta extensión que acabo de publicar –Pasado en claro[48]– pero prefiero esperar que usted llegue a Cambridge para entregárselo personalmente.

      Muchos y muy afectuosos saludos para Tere de parte de Marie José y de la mía. Y para usted, con nuestro cariño, nuestra admiración fiel.

            Octavio

 

 

9. De Paz a Guillén. Cambridge, Mass., 25 diciembre 1976

 

Cambridge, Mass., 25-12-976

Querido Jorge:

      En la página 49 encontrarás mi pequeño homenaje. Lástima que el formato del libro sea tan mezquino –los textos se ahogan, faltos de espacio. Pájaros enjaulados… pero nosotros estamos en libertad y volamos para todas partes.

      A Irene y a ti, en este Fin de Año que es el Comienzo –para ti y tu (nuestra) España –de otra era, el doble abrazo de marie Jo y de

            Octavio

 

El “homenaje” es el poema ideográfico que apareció en Vuelta (el libro publicado en Barcelona por Seix Barral en 1976).

“Homenaje”

 

10. De Paz a Guillén. México. 7 de febrero de 1984

 

Paz y su esposa envían un telegrama a Irene, Teresa y Claudio Guillén:

 

Telegrama

 

GUILLEN
PAEO MARITIMO 29-A
MALAGA ESPAÑA

IRENE TERESA CLAUDIO QUE TRISTEZA TAMBIEN JORGE SE NOS HA VUELTO FABULA DE FUENTES SUS AMIGOS
MARIA JOSE OCTAVIO PAZ.

 

Cita en él Paz un verso de “Los jardines”, de Guillén:

Tiempo en profundidad: está en jardines.
Mira cómo se posa. Ya se ahonda.

Ya es tuyo su interior. ¡Qué transparencia
de muchas tardes, para siempre juntas!
Sí, tu niñez, ya fábula de fuentes.

 

García Lorca le dio fama al verso cuando lo empleó como epígrafe de “Tu infancia en Menton”, poema de Poeta en Nueva York (1940). Paz alude a él al final de “Himno entre ruinas” de La estación violenta (11:197)

 

La inteligencia al fin encarna,
se reconcilian las dos mitades enemigas
y la conciencia-espejo se licúa,
vuelve a ser fuente, manantial de fábulas:
Hombre, árbol de imágenes,
palabras que son flores que son frutos que son actos.

 

Cortesías

 

1. Tarjeta postal de Paz. París, 10 febrero 1950

 

La postal muestra “Le pétit déjeneur” de Juan Gris:

“¿Qué hace usted?”, le pregunta. Espera verlo en París “a su regreso de México… Le deseo felicidad en mi país”.[49]

 

 

2. Postal de Paz. Tokio, sin fecha (1951)

 

Paz reproduce un haiku de Masaoka Shiki: 

Millionaires
Come and drink of this
clear water.
And bears.

Shi Ki

 

 

3. Postal de Paz. Nueva York, noviembre 19 de 1956

 

La postal reproduce “La Odalisque” de Matisse.

Pregunta si puede ir a visitarlo a Wellesley. “Ya se imaginará el deseo que tengo de verlo y la alegría que me dará su conversación”.

 

 

4. Postal de Paz. Nueva York, s.f. [diciembre de 1956]

 

La postal reproduce “Gourds”, de Matisse.

 Le pregunta cuándo vendrá a Nueva York, pues “tengo muchos deseos de verlo”.

 

 

5. Mensaje de Paz. Nueva York, diciembre 3 de 1957

 

Agradece su carta y le manifiesta su deseo de ir a verlo a Boston.

 

 

6. De Paz. Delhi, 21 de octubre 1963

 

Dictado (supongo que a su ayudante, Eusebio Rojas):

“Qué alegría (u orgullo) verme ha [sic] su lado en el número de septiembre de Papeles de Son Armadans!”.[50]

 

 

7. De Paz. Delhi, 11 de diciembre de 1963

 

Guillén en Florencia. Le dice Paz que “el señor Lawrence” le ha pedido un breve texto para las solapas de su libro, que le anexa.[51] 

“Aquí, en la antología Laurel –uno de los pocos libros que viajan conmigo– lo releo a veces. Sus poemas resisten el tiempo y… a la India”.

 

 

8. De Paz. Ithaca, NY, 11 de febrero de 1966

 

En papel membretado del Department of Romance Studies. Cornell University.

Le comenta que pasará cuatro meses en Cornell “Después, de nuevo a Delhi. Sería absurdo que no lograse verlo.”

 

 

9. De Paz. Ithaca, NY, a 20 de marzo de 1966

 

Lamenta no poder aceptar una invitación a Pittsburgh, para la que intermediaba Guillén, y reitera su deseo de visitarlo en abril o mayo. La “solapa” se convirtió en un “pequeño artículo”[52] que aparecerá en Papeles de Son Armadans. Agrega:

No estoy satisfecho con lo que he hecho y me prometo escribir algo más amplio y mejor escrito y pensado” Fima “su amigo que lo quiere”.

 

 

10. Postal de Guillén. Roma, 17 de octubre de 1971

 

La postal muestra las Termas de Caracalla.

Saludos de Jorge e Irene Guillén a su amigo en México.

 

 

11. Postal de Paz. México, DF, 4 de septiembre de 1972

 

La postal muestra la Pirámide de la Luna.

“La pirámide de la Luna está cubierta de sol y nosotros de memorias de Jorge, Irene, Teresa, Steve” Firman Paz y Marie Jo.

 

 

12. Mensaje de Guillén. Cambridge, Mass., 6 de enero de 1973.[53]

 

Le envía un recorte sobre Paz. Le dice que se le menciona mucho en la prensa española. Viaja a pasar el invierno en Niza. Le pide que intervenga ante la Editorial Joaquín Mortiz para que publique ya su libroOtros (y últimos) poemas[54], con el que desea celebrar sus ochenta años de edad.

 

 

13. De Paz. México, 2 de febrero 1973.[55]

 

Le agradece el envío del “recorte”. Le dice que Joaquín Díez Canedo, de Joaquín Mortiz, promete tener listo el libro de Guillén a finales del año. 

 

 

14. De Paz. México, 8 de julio de 1976

 

Carta colectiva a los amigos y colaboradores de la revista Plural luego del golpe del gobierno contra el diario Excélsior, su impresor.

 

P L U R A L
Lerma 143-601
México 5, D.F.

Señor Jorge Guillén

Estimado amigo:

      Suponemos que ya está usted enterado de los acontecimientos que culminaron en el alejamiento del Director de Excélsior y de un distinguido grupo de colaboradores de este diario.[56] Este cambio, que limita gravemente la pluralidad de opiniones en México y, por lo tanto, afecta a la libertad de expresión, no podía dejar indiferentes al Director y al Comité de Redacción de Plural.

      Conscientes Consecuentes con los propósitos que desde su nacimiento inspiraron a la Revista, nos hemos retirado y hemos cesado toda colaboración con las personas que actualmente están al frente de Excélsior.

      Estamos seguros de que usted, querido amigo, comprenderá y aprobará nuestra actitud. Asimismo, confiamos en que usted volverá a colaborar con nosotros si, como esperamos, en un futuro próximo continuamos la empresa de Plural, aunque ahora de manera independiente y con otro nombre. Ya lo pondremos al corriente de la evolución de este proyecto.

      Le damos las gracias, una vez más, por la colaboración que usted tan generosamente prestó a Plural y lo saludamos cordialmente.

Octavio Paz

[Manuscrito al calce]

Querido Jorge:

¿Adonde va este caos?
Dirigido atropello.
No hay quite: demagogia
También es tiranía.

¿Reconoces los versos?[57]

Por la copia (y con un abrazo doble)

Octavio

 

 

15. Telegrama de Paz. México, 3 de noviembre de 1977

 

Celebra la entrega del “Premio Alfonso Reyes” a su amigo.

 

 

16. Mensaje de Paz. México, 12 de enero de 1978

 

Reitera su alegría por el merecimiento del “Premio Alfonso Reyes”. Le cuenta que justo en esos días daba su curso sobre Guillén en El Colegio Nacional, del que le envía copia. Le ofrece publicarlo cuando vaya a México a recibir el premio. Y envía su cariño a “mi doble tocaya”.[58]

 

 

17. Telegrama de Guillén. Cambridge, abril de 1982

 

El poeta y su esposa, Irene, celebran que Paz haya ameritado el “Premio Cervantes”. 

 

 

18. Tarjeta de Paz, su esposa y Manuel Durán. Norman, Oklahoma,[59] 12 de junio de 1982

 

Durán, Paz y Marie Jo evocan a Guillén, mientras celebran la entrega a Paz del “Premio Internacional de Literatura Neustadt”. Escribe Paz (con su propio espacio en blanco):

 Y con el privilegio que tú me diste en Cambridge, ¡te tuteo, querido Jorge!, liróforo celeste,[60] terrestre, marítimo, ígneo –los cuatro elementos y los cuatro puntos cardinales envueltos en una forma pura, transparente y que nos ilumina: tu poesía,

que tiene muchos

nombres –aire, luz, camaleón, chispa y, ante todo, Irene.

Con un gran abrazo,

Octavio

 

 

19. Telegrama de Paz. Valladolid, 7 de noviembre de 1982

 Paz y su esposa saludan a su “querido Guillén”…

 desde Barcelona, desde Boston y desde siempre.

 

NOTAS

[1] Fechada en México el 30 de agosto de 1982. Es la número 119 en Memorias y palabras. Cartas a Pere Gimferrer 1966-1997, Barcelona, Seix Barral, p. 229.

[2] Margarita León, amiga cercana de la familia Guillén, y traductora al francés.

[3] El texto inicial, introductorio, enumera los “inventos” del lenguaje: la noche, el terror, “la quemadura y elaullido”, la desesperación, “al amigo que me inventa, mi semejante”, etc (11:23).

[4] “Relámpago en reposo” (11:118).

Tendida,
piedra hecha de mediodía,
ojos entrecerrados donde el blanco azulea,
entornada sonrisa.
Te incorporas a medias y sacudes tu melena de león.
Luego te tiendes,
delgada estría de lava en la roca,
rayo dormido.
Mientras duermes te acaricio y te pulo,
hacha esbelta,
flecha con que incendio la noche.

El mar combate allá lejos con espadas y plumas.

[5] El primer poema de La estación violenta (11:195-197).

[6] Ibid, pp. 80-82.

[7] Ibid, pp. 82-84.

[8] Este verso viene de la primera versión de “Cuarto de hotel” (13:131), muy reducido en la última (11:80).

[9] Casi al final de “Elegía interrumpida” (11:82-84).

[10] Ibidem.

[11] “En la calzada” (11:109-111).

[12] Testó el título, “Primavera a la vista” (11:49-50), pero cita de inmediato su verso final.

[13] “El pájaro” (11:52).

[14] De hecho, Manrique escribe “que si tú vienes airada” (“Coplas a la muerte de su padre”, vv. 286).

[15] Cita ahora “Más allá del amor” (11:120-121).

[16] 11:195-197.

[17] Guillén vive en Wellesley, Massachusetts, en cuyo famoso College es maestro de literatura española.

[18] La primera edición de Cántico es de 1928, en las ediciones de Revista de Occidente. Las siguientes iban aumentando el número de poemas (algo semejante haría Paz con Libertad bajo palabra: el mismo título para una obra cambiante) hasta llegar a la edición “completa” de 1950 (Ed. Sudamericana).

[19] Una de las décimas de Cántico, “Beato sillón”:

¡Beato sillón! La casa
corrobora su presencia
con la vaga intermitencia
de su invocación en masa
a la memoria. No pasa
nada. Los ojos no ven,
saben. El mundo está bien
hecho. El instante lo exalta
a marea, de tan alta,
de tan alta, sin vaivén.

[20] Yo, inspector de alcantarillas. Epiplasmas (1928) es la muy curiosa novela “surrealista” de Ernesto Giménez Caballero; The Waste Land (1922) es el poema fundacional de T.S. Eliot

[21] Como ya se dijo, Teresa Guillén es la hija del poeta. Paz la conocía desde el verano de 1945, cuando dio clases en Middlebury College, y se llegó a escribir con ella. Su esposo era el filólogo Stephen Gilman.

[22] En la enumeración de los “Puntos de partida” que van “Hacia el poema”, Paz registra “el chorro de agua. La bocanada de salud” (11:194).

[23] La revista madrileña Ínsula (1946-1988), dirigida por Enrique Canito y José Luis Cano.

[24] La ventura de Orestes, en efecto, no fue agraciada. Pero sí existió Ventura Doreste (1923-1987) poeta y editor canarino, colaborador también en la Revista de Occidente.

[25] El laberinto de la soledad (1950) había aparecido recientemente, publicado como libro por la revista Cuadernos americanos.

[26] Guillén viajaría a México en septiembre de 1950 para dar clase.

[27] Son muchas las reflexiones de Paz sobre el tema, como en Los hijos del limo (1:362).

[28] La “cosa” Rencontres Internationales de Ginebra se llevó a cabo, anualmente, de 1946 a 2007. El tema del de 1951 fue “La connaissance de l’homme au XXème siecle” y dictaron las conferencias Ortega y Gasset, Merleau-Ponty, Jules Romains. Marcel Griaule, Henri Baruk, R.P. Danielou y Charles Westphal. De acuerdo con la memoria del encuentro (en línea), Paz no participó en las discusiones. Jacques Lafaye se refiere al episodio en Octavio Paz en la deriva de la modernidad.

[29] Años más tarde, en “El mismo tiempo” (11:283), Paz evocará su charla con Ortega y Gasset en Ginebra, cuando le dijo

……………en un bar sobre el Ródano
“Aprenda el alemán
y póngase a pensar
……………olvide lo demás”

[30] Ya divorciado de Elena Garro, se había reintegrado a le embajada mexicana en París a fines de junio.

[31] Jean Sarrailh (1891-1964), el experto en la cultura española del XIX.

[32] En realidad se fue a Venecia, siguiendo a su amante Bona de Pisis.

[33] Su hijo, el escritor y filólogo Claudio Guillén (1924-2007).

[34] La estación violenta había aparecido en México, publicado por el Fondo de Cultura Económica, en 1958.

[35] En “Horas situadas de Jorge Guillén” Paz escribe que “ante las tendencias de la vanguardia los poemas de Guillén también me parecen algo así como un silencioso escándalo. Silencioso por su reserva; escándalo por su aparente negación del tiempo” (3:186).

[36] La revista mallorquina de Camilo José Cela, Papeles de Son Armadans (1956-1961) había publicado “Las horas situadas de Jorge Guillén”. Marta Portal publicó en América. Cahiers du CRICCAL un trabajo sobre mexicanos en revistas españolas y, en especial, sobre “Octavio Paz en Papeles de Son Armadans.

[37] Su esposa, Irene Paz de Guillén, su hija Teresa y su yerno, Steven Gilman.

[38] La colección de ensayos Puertas al campo había sido publicada por la UNAM en México en 1966.

[39] Los ensayos de Corriente alterna aparecieron en México, en 1967, en Siglo XXI Editores; el ensayo sobre Lévi-Strauss en el mismo año y país, pero en la Editorial Joaquín Mortiz.

[40] Blanco, publicado por la editorial Joaquín Mortiz (1967) y el libro sobre Duchamp en 1968, publicado por Ediciones Era.

[41] Homenaje. Reunión de vidas (All’Insegna del Pesce d’Oro, 1967) es una recopilación de poemas, ensayos, semblanzas y traducciones.

[42] Acudía a Spoleto al Festival Internacional de Poesía

[43] El escritor y crítico de arte Pierre Schneider (1925-2013) que trabajaría años más tarde en el ya extinto Centro Cultural de Arte Contemporáneo de Televisa, en México.

[44] Piensa obviamente en el Coup de dés del poeta y el en Tractatus del filósofo.

[45] Jacques Monod (1910-1976), había premio Nobel de medicina en 1965.

[46] “Dans le leurre du seuil” de Bonnefoy, en la traducción de Guillén, apareció en el número 53 (febrero de 1976) de Plural, junto al ensayo de Claude Esteban “El eco de una morada”. Segovia no entregó traducciones, si bien traducía a Bonnefoy desde 1957 (en la Revista Mexicana de Literatura). Prefiero, en lo personal, las traducciones de Segovia.

[47] En el número 55, abril de 1976, aparecerán cinco poemas.

[48] Apareció en 1975, publicado por el Fondo de Cultura Económica en México.

[49] José Moreno Villa narra las visitas en 1950 y en 1951 en Jorge Guillén en México”.

[50] En ese número del año VIII, Guillén publica su poema “Al margen” y Paz el suyo, “El día en Udaipur”.

[51] Se trata de Seymour Lawrence, director de la revista The Atlantic Monthly. La solapa era para la antología en inglés de Cántico. A Selection (en edición de Norman Thomas di Giovanni), que apareció en 1965, publicada por Atlantic. Ese mismo día 11, Paz le envía la “solapa”.

[52] Se refiere a “Horas situadas de Jorge Guillén”. En la antología de ensayos de Paz, The Siren and the Seashell and Other Essays on Poets and Poetry (traducción de Lysander Kemp; Austin, Texas, 1976), una nota al pie del ensayo sobre Guillén indica que fue escrito “Apropos of the publication of Cántico” en la edición de Atlantic.

[53] Esta carta figura en el archivo de la revista Letras Libres.

[54] Fue infructuoso: el libro lo publicó en 1973 Muchnik, en Buenos Aires.

[55] Archivo de Letras Libres.

[56] Paz analiza el episodio, sobre todo, en “Vuelta: cuatro notas” (1976), que se recoge en 8:563. Christopher

Domínguez Michael aporta su relato en Octavio Paz en su siglo

https://zonaoctaviopaz.com/espacios/conversacion-y-novedades/octavio-paz-en-nuestro-siglo/, pp. 358 y ss.

[57] Paz glosa “Guirnalda civil”, poema en el que Guillén dice “¿A dónde va este caos?/ Dirigido atropello./ La Providencia al quite. Dios y una tiranía”

[58] Octavio Ireneo Paz llama así a Irene Paz de Guillén.

[59] En la semblanza oficial de la entrega del premio –el llamado “Nobel norteamericano” que entrega la Universidad de Oklahoma cada dos años en la capital del estado, Norman–  se cita a Guillén: “Paz es la conciencia crítica, libre y lúcida, del mundo en que vivimos”. Entre los finalistas estuvieron Ted Hughes, Max Frisch y Leonardo Sciascia. Antes que Paz, lo recibieron García Márquez, Ungaretti, Elizabeth Bishop y Czeslaw, Milosz; después, Tomas Tranströmer, Álvaro Mutis y Claribel Alegría, entre otros. Aquí hay más información https://www.worldliteraturetoday.org/neustadt-prize/1982-neustadt-laureate-octavio-paz

[60] Cita el famoso “Responso a Verlaine” de Rubén Darío: “Padre y maestro mágico, liróforo celeste…”

Autores

  • Sheridan, Guillermo

Tipología

  • Carta
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