Dos cartas de Octavio Paz a José Lezama Lima

Ernesto Hernández Busto

José Lezama Lima. Foto tomada de Editorial Verbum

 

Ernesto Hernández Busto (La Habana, 1968) es un escritor y traductor cubano. Entre 1991 y 1999 residió en México, donde colaboró habitualmente en Vuelta y otras publicaciones mexicanas. Actualmente prepara una biografía de José Lezama Lima, trabajo del que ofrecemos un acercamiento a la amistad, la solidaridad y las cartas entre el autor de Paradiso y Octavio Paz.


 

El arco temporal entre las dos únicas cartas conservadas de Octavio Paz a José Lezama Lima dibuja una relación, la del escritor mexicano con la literatura de la llamada “generación de Orígenes”, que se prolongará en su “correspondencia cubana” con Cintio Vitier y Roberto Fernández Retamar. Un intercambio detenido, por obvias razones políticas, alrededor del año 1969, cuando Paz, como tantos otros escritores latinoamericanos, abandona las esperanzas políticas depositadas en la Revolución cubana. Estas esperanzas, aún con la porción de disidencia bien explicada en su correspondencia con Retamar, desaparecerán definitivamente luego del célebre Congreso Cultural de La Habana, en enero de 1968 (al que Paz declinó asistir por razones personales) y, sobre todo, después del primer Congreso Nacional de Educación y Cultura (abril de 1971) y del escándalo del llamado “caso Padilla”, sobre el que Paz publicó un indignado artículo en la revista Siempre (en junio de 1971).

 

En esos mismos años, Lezama Lima y sus amigos de Orígenes se convirtieron en los nuevos apestados de la cultura oficial cubana, y Paz les ofreció una solidaridad sin fisuras, de la que hay numerosos ejemplos en las páginas de Plural y Vuelta. Desde entonces hasta finales de los años ochenta, el de Paz fue un nombre prohibido en la cultura oficial cubana.

 

Pero lo que evidencian estas dos cartas es anterior: una simpatía intelectual que data de la época en que los origenistas editaban Espuela de Plata (1939-1941). Sympathos (como diría Lezama) correspondido: de pocos elogios estaba el cubano tan orgulloso como de estos que aquí aparecen. Así lo deja claro, tanto en carta a su hermana Eloísa (12 de junio de 1967), donde cita in extenso la segunda carta y alude al comentario de Paz sobre su poesía en el prólogo de Poesía en movimiento), como en la posterior inclusión de Paz (junto a Cintio Vitier y Julio Cortázar) como posible prologuista para sus Obras completas (carta del 15 de abril de 1970 a César Fernández Moreno), publicadas finalmente por la editorial Aguilar en 1975-77 con introducción de Vitier. En su correspondencia con otros dos mexicanos, Efraín Huerta y José Carlos Becerra, hay siempre elogiosas menciones a Paz, “a quien todos queremos y admiramos”.

 

En la primavera de 1970, Emir Rodríguez Monegal pide a Lezama una colaboración urgente para un homenaje a Paz (seguramente el número 74 de la Revista Iberoamericana, enero-marzo de 1971) y el 11 de mayo el cubano le responde que “es muy difícil escribir sobre Octavio Paz con un tiempo tan perentorio y escaso. Admiro y quiero mucho a Octavio Paz. Escribir sobre él es mi gusto. Haré algo, un poema, tres o cuatro, lo que sea para demostrarle mi devoción a su obra. ¿Se puede mandar un capitulillo de mi próxima novela?”. Se abre aquí la interesante cuestión de hasta qué punto aparece Paz en esa “próxima novela”, que no es otra que la inconclusa Oppiano Licario (1977), en cuya trama las referencias a la cultura mexicana juegan un destacado papel.

 

El diálogo directo había comenzado en los primeros tiempos de Orígenes, revista que se miraba en el espejo de Contemporáneos: Lezama, siempre atento a lo que sucedía en predios mexicanos, le escribe para pedirle colaboración, y el joven Paz, luego de consultar con Bernardo Clariana, le envía cinco poemas que aparecerán en el número 8, correspondiente al invierno de 1945: “Misterio”, “La rama”, “Viento”, “Espiral” y “Nubes”. Año y medio después, en otro número de la revista dedicado a México (primavera de 1947) salen otros tres poemas, “Tus ojos”, “Cuerpo a la vista” y “Nocturno” (luego “Agua nocturna”). En 1949 y 1951 se publican más poemas suyos. Todos reaparecen (con numerosas variaciones que los mejoran, incluidos cambios de título) en la primera edición de Libertad bajo palabra (1960). En total, Paz colaboró cuatro veces en la que alguna vez se permitió definir como “la mejor revista del idioma”, una frase que, por supuesto, Lezama gustaba de citar. Entre 1948 y 1968 Paz sostuvo también una interesante correspondencia con Vitier, tal vez su más atento lector en Cuba, que serviría para demostrar cómo Orígenes fue para él la mejor embajada de la literatura cubana en el panorama poético continental.

 

Sobre esa relación y esa correspondencia flota la melancolía de un encuentro personal nunca realizado. Dos veces estuvo Paz en La Habana: en 1938, a su vuelta de España y tras algunos obstáculos políticos, consigue desembarcar y pasa unas horas en la ciudad, donde tiene incluso tiempo para encontrarse con Juan Ramón Jiménez y Juan Marinello. En 1956 también hará otra escala para probar el “aire de La Habana” del que hablara Cernuda. Sucesivas invitaciones oficiales (en enero y diciembre de 1966, verano del 67 y enero de 1968), malogradas y siempre pospuestas con razones o excusas diplomáticas, lo convirtieron en el único de los grandes intelectuales latinoamericanos que no pasó por Cuba bajo el amparo de la política cultural de Casa de las Américas. Luego vendrán las polémicas en que marca su distancia definitiva con la política cultural castrista. Pero Lezama y Orígenes tuvieron siempre un lugar de simpatía crítica en su trayectoria. El ejemplo que mejor ilustra esta afinidad es el diálogo entre dos poemas, el de Lezama titulado “Octavio Paz”, incluido en su libro póstumo, Fragmentos a su imán, y la respuesta, el prólogo-poema que Paz entregó para la edición mexicana de ese libro, en la editorial Era, que precedió a la cubana: “Refutación de los espejos”.

 

El críptico poema de Lezama sobre Paz, fechado al pie en marzo de 1971 (¿tal vez el resultado de aquel encargo de Monegal?), y sobre el cual valdría la pena intentar en otro momento un ejercicio de desciframiento, empieza hablando de un “guerrero japonés”, lo cual alude a este curioso pasaje de los diarios lezamianos:

29 de julio de 1957

Me visitan Cintio y Fina, después de su regreso de México Hablamos de la prosodia mexicana Fina y Cintio hacen parodias deliciosas de la pronunciación mexicana Cintio las hace con más decisión Fina lo hace con más lentitud, desconfianza y vacilación Las palabras “ataques” e “insurgentes”, son el centro de sus ejercicios de silabeo azteca Dicen “atqs”, “insurgnts”, parece como si absorbieran una cantidad de aire, que sueltan súbitamente, como temerosos de que se les escapen, sobre las otras sílabas, que así quedan oscurecidas “No hablan, dice Cintio, silban” Como la serpiente, no como el jibarito en la mañana

Recuerdo un luchador japonés, visto en mi juventud, que en medio del combate lanzaba sílabas, para nosotros, sin sentido, pero que muy pronto creíamos descifrar, regalándoles el sentido En esa parodia azteca, el curso del aire empleado en la conversación parece ser otro. Trata como de romper las palabras, de sumergirlas, de convertirlas en serpiente, oscurecidas por una tromba diminuta, graciosa de aire.

 

A ese guerrero japonés se enfrenta años después el “jinete con yelmo de hiedra”, “jinete que segaba jardines de tinta con un largo silbido”, “pastor de imágenes” con “rostro hecho de catorce letras”. Diálogo y tributo, “Refutación en los espejos” es la declaración de Paz sobre una amistad posible hecha de palabras en vez de visiones, y la celebración de la poesía como un definitivo lugar de encuentro.

 


 

Las siguientes cartas aparecen recogidas en Fascinación de la memoria. Textos inéditos de José Lezama Lima (La Habana: Ed. Letras Cubanas, 1993), y en el número 211 (abril-junio de 1998) de la revista Casa de las Américas, “Para un epistolario cubano de Octavio Paz”, pp. 102-127, junto con otras cartas de Vitier y Roberto Fernández Retamar.

 

 

Nueva York, septiembre 17 de 1945
Sr. José Lezama Lima

Muy estimado amigo:

Perdone usted que no haya contestado inmediatamente a su amable invitación para colaborar en Orígenes. En esos días salía de Berkeley, para Los Ángeles. Más tarde fui a San Francisco, después al Este. Y viajando es difícil contestar cartas. Además, todos mis papeles andaban dispersos. Ahora, con un poco de calma, le pido perdón por mi tardanza, le agradezco la invitación y le envío unos poemas (todos con un cierto aire de familia.) Supongo que llegarán a tiempo para algún número de su revista. No la conocí hasta hace poco; [Bernardo] Clariana me prestó varios números. Es magnífica y lo felicito muy de veras. La encuentro muy inteligente, muy sensible, muy universal y al mismo tiempo muy nuestra, muy de Hispanoamérica. Además, la presentación me gusta también. Desde Espuela de Plata los sigo, a usted, a Vitier y al resto.

En su carta me pide informes sobre un libro de Cuesta, que iba a publicar El Hijo Pródigo. No sé nada; aunque aparezco en la redacción la verdad es que no tengo ninguna relación real con la revista, a pesar de que Barreda y Xavier son muy amigos míos. Desde el número cinco —más o menos— apenas si participo en su dirección. Si me cuentan entre sus redactores es por cortesía: hace cerca de dos años que dejé México.

Reciba usted, con mi amistad, mi sincera simpatía intelectual.

Suyo

Octavio Paz

Mi dirección: 10 Pine St. Mexican Consulate.
Le ruego publicar todos los poemas juntos, porque me parece que tienen cierta unidad.

[Carta mecanografiada, con adiciones manuscritas después de la firma]

 

*   *   *

 

Delhi, a 3 de abril de 1967

Querido amigo: Gracias por el envío de Paradiso y de Órbita. Gracias también por las generosas palabras que lo acompañan. Leo Paradiso poco a poco, con creciente asombro y deslumbramiento. Un edificio verbal de riqueza increíble; mejor dicho, no un edificio sino un mundo de arquitecturas en continua metamorfosis y, también, un mundo de signos —rumores que se configuran en significaciones, archipiélagos del sentido que se hace y deshace—, el mundo lento del vértigo que gira en torno a ese punto intocable que está ante la creación y la destrucción del lenguaje, ese punto que es el corazón, el núcleo del idioma. Además, es la confirmación de lo que unos pocos adivinamos al conocer por primera vez su poesía y su crítica. Una obra en la que usted cumple la promesa que le hicieron al español de América Sor Juana, Lugones y otros cuantos más. Su amigo fraternal,

 Octavio Paz

 

A José Lezama Lima, en La Habana

[Carta manuscrita sobre una tarjeta]

Autores

  • Hernández Busto, Ernesto

Tipología

  • Carta

Lugares

  • Estados Unidos de América
  • India
  • Nueva Delhi
  • Nueva York

Lustros

  • 1945-1949
  • 1965-1969
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