3. A Elena Garro, 11 de julio de 1935

Octavio Paz

 

Paz celebra con este peculiar poema-carta que sus amores con Helena cumpliesen tres meses de edad, el 11 de julio de 1935. Paz nunca lo publicó, si bien el poema abunda en ideas e imágenes que aparecen en la poesía del periodo 1935-1937, verdaderas creencias profundas[1] como la naturaleza espiral del amor o la música/danza como vehículo del deseo en llamas (una creencia profunda que aparece todavía en Blanco, de 1967). El paralelo más directo es con el poema que lleva el numeral VI (13:62) de Raíz del hombre (1937), uno de los que después fueron expulsados de Libertad bajo palabra. “Aniversario” fue inédito hasta que lo publiqué en la Zona Paz hace unas semanas. Se comenta en Los idilios salvajes (pp. 140-141). (G.S.)


 

Aniversario.

 

Si la danza nos entrega su más exaltado fuego,
¡qué aires tibios nos devoran lentamente![2]
Nos disolvemos en la llameante música
y un largo vértigo,[3] una dulce violencia nos arrastran
sin que sepamos si danza nuestro cuerpo con otro, amado,
y si tú eres solamente la deseada o la que reclinas tu rostro en el mío,
un rostro extraño, que no era el tuyo,
gozosa y abandonada.

Si la espiral adversa y amorosa nos reconquista del silencio
y nos devuelve a nuestra sangre, a nuestra soledad
¡qué desconocidos, frente a nosotros mismos, que ardíamos ya!

Porque después del aire mezclado de música,
de la penetración de ternura conmovida,
de tus cabellos en tu cuello desfallecido,
entre mi mano trémula y mis labios mudos,
después de la intimidad dulce y obscura de tu sangre:
¿dónde tu voz?
¿el signo efímero que te ata a pequeñas costumbres, a la elegancia (o a la ingenuidad)?
¿dónde nosotros, tú?
¿tu nombre mismo, Helena, dónde,
…………… [si sólo somos un poco de ternura en la música?[4]

Una mujer nueva nacía de mis manos,
te sentía surgir dulcemente
del estremecido júbilo de mi tacto,
desconocida,
coléricamente adorada.

Sí, Amiga Estremecida, Amante Desolada,
nacida de la música, entre sutiles fuegos, risas,
(y subterráneamente de la terca angustia de Octavio)
Tierna Hija Mía,
un nuevo nombre cesa,
el signo que te ate a un tiempo inmóvil en el año,
a una mano desesperada y amorosa,
a mi tiempo y mi mano.

x x x x

 

Después, un día distante: en los días de la Danza Flamígera,
en el de más bello nombre y orlada de risas, flores, fuego,
ardíamos dulcemente,
si la música nos entregaba
en la danza sus más febriles secretos.

Y todo porque amamos a una mujer rubia
(no queremos saber si todavía existe)
y nunca supimos si ella nos amaba.

11 de julio de 1935.

 

 

NOTAS

[1] Sobre lo que llamo las creencias profundas de Paz véase Los idilios salvajes, pp. 25 y ss.

[2] En el citado poema “VI” (13: 62) se lee: “¡qué lentos aires tibios nos devoran!”

[3] En “Vigilias I” (13:142), fechadas en agosto de 1935, hay una laboriosa descripción de este “vértigo”.

[4] En el poema “VI” (13: 61) se lee:

¿dónde tu voz, tu nombre mismo, dónde?,
¿dónde nosotros, tú, si solo somos
en la música un poco de ternura?

Autores

  • Paz, Octavio

Tipología

  • Carta

Lustros

  • 1935-1939
Anterior
Siguiente