1. A Elena Garro, 11 de abril de 1935

Octavio Paz

 

La energía de la pasión recién nacida es tan intensa en la nota como en el soneto que, más o menos cojitranco, registra laboriosamente la cristalización del amor: sus sangres se han atado. Lo comento con detalle en Los idilios salvajes (p. 120). Este primer poema no es inédito, pero sí la nota que lo precede. (G.S.)


 

Helena:

      Este poema de inmovilidad y pasión –de Vida– es tuyo.[1] Dance el que quiera; tú, conmigo, en el centro de la tierra, quieta, cimiento del universo.

Tuyo
Octavio

 

El aire de pureza exasperada
dulces danzas de luz inmoviliza,
y cruda luz en vértigos irisa
tu adolescente carne desolada.

¡Qué destrucciones hondas y gozadas!
¡Qué tierna voluntad de nube o brisa
en torbellino puro nos realiza
y mueve en danza nuestra sangre atada!

Hondos deleites y avidez primera,
vértigo inmóvil nos exalta y libra.
Danza la carne su quietud ociosa,

danza su propia muerte venidera,
y nuestra obscura sangre vibra
su miserable desnudez gozosa.

Abril, 1935

 

 

NOTAS

[1] Primera versión del poema que aparecerá con el numeral VII en los “Sonetos” de “Primer día” (13:53). Luego, con mayores variantes, lleva el V entre los “Sonetos” de Bajo tu clara sombra (11: 28).

Autores

  • Paz, Octavio

Tipología

  • Carta

Lustros

  • 1935-1939
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