54. A Elena Garro, 14 de abril de 1937

Octavio Paz

Carta de amores y trabajo, pues se acerca el inicio de cursos en la Escuela, comienzan a llegar los internos y la sede aún está en obras. El lado amoroso es inquisitivo: “Helena: ¿qué clase de relación hay entre tú y yo? ¿Vivimos sólo entre palabras? ¿Vivimos? ¿Qué cultivamos? No sé, no sé. Quiero saber, quiero tocar todo, verte. Sí, la espera es larga. Larga, terrible y angustiosa. Es necesario saber de tí, tocar tu cuerpo. ¿No sientes el mismo anhelo? Yo vivo aquí en perfecto vacío, en una vida fecunda en un aspecto, pero endeble en el otro…”  (G.S.)


 

[manuscrita]

 

14 de abril 1937

 

Querida Helen:

 

Ayer recibí tu carta. La hubiera querido contestar inmediatamente, pero no pude porque llegaron los alumnos de Campeche. La escuela está llena de problemas pequeños, grandes, de toda índole. Son las 10 de la mañana y enmedio del tumulto me aíslo. Estoy contigo, entre los oficios, los alumnos, los profesores, el carpintero, el albañil, Novaro que da órdenes complicadas, la taquígrafa que es muy buena y muy barata. Contigo, aquí, solos entre tantos. Anoche fui a una cena de los compañeros telefonistas, en donde tuve que hablar.[1] Pronto te mandaré fotos de Chichén y Uxmal, maravillosas, clásicas, estremecidamente sabias, llenas de atisbos, de honduras. Preparo un ensayo grande sobre Arquitectura Maya: voy a trabajar en el Museo, para dejarle a Novaro su clase completa[2]. El sueldo es una miseria (250) pero creo que me lo van a completar a 4. Eso no importa (sólo en cierta medida). Mando mañana a la U. 12 fotos de Kabá, Chichén y Uxmal, con una pequeña nota. Me lo pidieron.[3] (A propósito, ¿ya salieron más números de esa revista? ¿qué pasó con L. de M., [4] no me la has mandado?).

 

            El lunes hablé en la Casa del Pueblo. Parte de lo que dije enmedio de un programa “yucateco”; lo publica el Diario de hoy, un tanto desfigurado.[5] La versión verdadera (del fragmento importante) es la taquigráfica que aparecerá el viernes. Te mando ahora el primer recorte (en correo ordinario).

 

            Niña: ¿qué es eso de que le compre una cabeza? Es usted una perfecta pequeño-burguesa, una aristócrata, una explotadora. ¿Qué es eso de que si te compro dulces? Si no te curas no me gustas, y si no me gustas no te beso, y si no te beso no te compro dulces. Y, si te curas, te beso y te compro para ti sola toda una fábrica de chocolates, y otra de refrescos y otra de nieve. Y te regalo entero, íntegro, con todos sus inestimables valores, el corazón del joven más feliz (a ratos) de la tierra: el mío, es decir, el tuyo. Y te entrego, gratis, a Helena, la mía: ¿aceptas?

 

            Helen: de mestiza estarás encantadora.[6] Todas las noches te imagino así, en tu hipil blanco como el almidón, tus zapatos (no huaraches, sin sandalias o zapatos de tacón alto) y tu rebozo sonoro, gritando su color, su llama viva. Y tu pelo, gringa.

 

            Quisiera saber qué ocurre con Ramírez,[7] ¿se va a Nueva York? ¿Le diste mi recado? Y, respecto del baile, ¿ya pasó? ¿fuiste? Yo quisiera que no fueras, y menos con esa gente. Me darías un disgusto muy grande si vas con esa gente. A Marga y su taquígrafo diles que si no les da vergüenza existir.[8] Que estoy como estoy, loco por ti. Que se vayan mucho al diablo.

 

            Leíste el Nacional del domingo? Hay allí una estúpida carta sobre la poesía, tímida, cobarde y oportunista.[9] La carta de un señor que no sabe qué hacer (en el sentido profundo) con su dignidad. Es, simplemente, eso. No se trata aquí de poesía (eso ya se verá, y eso, sí, produce angustia) sino de dignidad. Nada más. (A propósito, te mando mi poema: ahí está claramente dicha mi actitud personal poética). (En él, ese señor encontrará también “rapidez” y “emoción fría” y “artificio”. Y también, él y todos esos, probidad y honestidad artística. Ese joven mandó acá un poema “íntimo”, dice, a una mujer, a una cafetera o a un atardecer: todavía no hemos podido saber.) Quizá conteste (sin mi nombre, porque no se piense que yo también amo al bluff). En ese caso te mandaré el artículo y tú, directamente, lo mandas al Nacional.

 

            Lo de las fotos lo supe por el propio Ortiz que, en una carta a Tamayo, le decía que las había visto.[10] Lo de Novaro es increíble: increíble la rapidez y la mala fe. Enmedio del muy desigual (a ratos subidamente “italiano”) tono del libro, hay algunos sonetos hermosos, (203) muy superiores de lo que hacen ellos.[11] Aunque el libro es un poco cursi y, además, precipitado, (al grado que el propio Novaro me dice que sólo lo hace por compromiso, como regalo a su futura) esos tipos subhumanos no tienen derecho a hablar. Ellos ¡los eternos tartamudos! Siquiera el tocayo sabe lo que dice y es honesto artísticamente, digno y responsable.

 

            Aquí tenemos un radio tan bueno, tan poderoso, que oímos todo el mundo menos México. Es algo absurdo. Anoche oímos Madrid, en medio del silencio. Allí están nuestras almas, nuestra sangre, nuestra voz. Allí. Y la música tocaba algo trivial que, en ese momento, nos conmovía con sorda llamada, convocando a lo mejor de nosotros, a nuestra sangre, a nuestras lágrimas viriles. Pero en medio de la tristeza, sabemos que España triunfa, que triunfamos nosotros, jóvenes verdaderos, en todo el mundo.[12]

 

            Helen: la amistad de esa señora es absolutamente inconveniente.[13] ¿En qué piensas? ¿Cómo explicarte tu situación particular? ¿Cómo tu situación totalmente diversa de la suya? Por favor no me obligues a tomar este tono. ¿No te das cuenta del mundo en que vives? ¿Conoces acaso a esa señora? Estos no son prejuicios. Se trata de gente inconveniente. Y en este caso, la conveniencia (lo “debido”) no es lo que la burguesía entiende, sino lo que yo entiendo: algo más serio. También me parece arbitrario tu razonamiento acerca de que te dedicas a mil cosas porque no tienes que hacer. Esa frívola excusa y esa pueril decisión de vivir para afuera me aterran. Procura entenderme y entender mi exigencia. Para terminar: insistes en no decirme el nombre: cuando contestes esta carta yo ya sabré qué pensar respecto de esto.[14] Quiero que contestes ésta (te llegará  saldrá en el avión de la mañana, de modo que para el sábado o lunes ya tendré respuesta).

 

            Helen ¿ya se arregló tu asunto[15]? Dime eso. Y nada más de encargos.

 

            Leíste la nota de Huerta sobre María de Isaacs? Maravillosa, juvenil nota. Nunca he leído esa novela, pero la voy a comprar.[16] No creo que sea tan mala como dices. Independientemente de todo, la nota, en sí, está muy bien: leela. La de Carrillo y la de Henestrosa son, como tú dices, insubstanciales. Yo creo que un nuevo romanticismo literario brota: [17] y eso se explica porque nosotros, por primera vez en muchos años, volvemos otra vez a las lágrimas, a los celos, a la sensualidad y a la humildad de la razón. Tú, Helen, eres romántica, es decir, amiga de la caricia y el llanto, del pañuelo y el suspiro, del abandono y el grito, de la pereza y la generosidad, a pesar de la maldita ciudad. Niña mía, dulce mía, sé, siempre, buena, confidencial, blanda. Sé romántica. Sé. Eres eso: no otra cosa. Adorada, cabellera de pájaros,[18] Helena mía, mi dulce joven tibia que a la orilla del Valle llora por mí y no sabe de nada sino de mi llanto y de su esperanza, de su alegría.

 

            No sé, Helena, qué congoja siento a veces. Parece que habitamos en mundos distintos: que cuando yo te hablo tú, sin saberlo, no me contestas. Que nuestro diálogo es, en el fondo, un desesperado, angustioso monólogo. Tú, tan viva y certera, tan terriblemente viviente,[19] relámpago, espada[20]. Y tan aérea, pajarita mía, tan indefensa. Heroicamente indefensa.[21] Y me siento triste de toda esta inocencia briosa desperdiciada, a lo mejor, en los más vanos quehaceres. Pero yo, el metódico, según tú, ¿qué represento? ¿soy algo? Yo no soy nada, soy la simple costumbre, la tiranía horrenda de lo insignificante. (No sé si eso sea con respecto a ti, pero sí cuando yo me veo: a veces, eso es saludable, uno tiene una opinión bien triste de sí.)

 

            Es bueno ser ligero, sin raíces. Tú me incitas a no tenerlas. Los quehaceres familiares, todo nos limita. Sí. Lo sé. También sé lo otro. y a veces, uno sabe que su destino no es ni la aventura ni la desventura. Ni la ventura. Nada. Todo, a veces ¡tan falso! Yo aquí trabajo en otro tono, absolutamente. Aquí podemos, tú y yo, detener a la vida y resolver nuestra guerra: nuestro destino. Después, ya veremos.

 

            Anoche soñé que me casaba contigo, pero que, al llegar a nuestra casa, te cambiaban por otra; ¡me habían engañado! Y tú, mientras, vagabas en la noche. Algo espantoso. De cualquier modo que sea, yo entiendo la exigencia ideal de nuestra naturaleza, en lucha siempre con la amplitud de la vida. Y de ese conflicto vive el amor. El amor y la guerra. Yo, a ti, te vivo en diversas formas, en ásperas llamas: lejos de mí, en tus actos, dentro de mí, en mi sueño. En tus actos, en tu voz, en tu sueño, en el mío. ¿Qué cosa hay en la tierra que no te recuerde, ya como llamada, ya como pregunta?

 

            Helena: ¿qué clase de relación hay entre tú y yo? ¿Vivimos sólo entre palabras? ¿Vivimos? ¿Qué cultivamos? No sé, no sé. Quiero saber, quiero tocar todo, verte. Sí, la espera es larga. Larga, terrible y angustiosa. Es necesario saber de tí, tocar tu cuerpo. ¿No sientes el mismo anhelo? Yo vivo aquí en perfecto vacío, en una vida fecunda en un aspecto, pero endeble en el otro.

 

            Quiero tus labios, tu voz, tu cuerpo. Tus manos, tu pelo. Te quiero a ti, odio a lo que te rodea, a lo que es enemigo mío. Desde aquí te veo, desde aquí toco tu cuerpo, te beso, te lleno de bocas mías el cuerpo. Helena, Helena, ¿existo para ti, vida? ¿Vives tú, realmente, para mí? ¿Soy una sombra, un fantasma? ¿Una costumbre? Tú eres la presencia y la sed, lo horrible y la delicia, lo que me hace vivir. Eres mi creadora. Te amo, vivo en ti, por ti, para ti.

 

                        Octavio

 

NOTAS

[1] El Diario del Sureste informa que el 12 de abril Paz dijo unas palabras en la “velada de las Ligas Gremiales” en la Casa del Pueblo. El mismo día registra la presencia de Paz en la asamblea de la Unión Magisterial Revolucionaria. Y teambién ese día, se reunió con el subcomité “Pablo Moreno” de las Juventudes Socialistas Unificadas de México (JSUM).

[2] Al parecer, los dos Octavios comparten una materia y un ingreso.

[3] Supongo que le envía esas fotos a Salvador Toscano a la Universidad de México. ¿Habrán aparecido, fotos y nota? No en la Revista de la Universidad durante 1937, cuando la dirige el “Abogdo Miguel N. Lira” y se anuncia como un “Mensual de cultura popular”. En esos días, en esa revista, se entrevista a Marcelino Domingo, se critica a André Gide, se alaba al teatro soviético y Alfonso Reyes comenta a Lope de Vega. La revista se encuentra en línea.

[4] La revista Letras de México.

[5] “Palabras en la casa del pueblo”, en Diario del Sureste, no recogido en las Obras. Inicia: “Nosotros, artistas, escritores, hombres de pensamiento, estamos con el mismo gesto decidido que todos los hombres honestos de la tierra, contra el fachismo (…) la dictadura despiadad y cruel de los sectores más reaccionarios de la sociedad”. Puede leerse en línea: http://acervo.bibliotecavirtualdeyucatan.com.mx/janium/AP5/PDF/87523.pdf

[6] Suponen, pues, que ella irá a Mérida.

[7] Ramírez y Ramírez también se había pronunciado (en El Nacional, el 16 de marzo, en “Sobre poesía y revolución”) contra los poetas del grupo de Contemporáneos.

[8] Marga Garro, prima de Elena.

[9] La “Carta sobre la poesía de la juventud” de su amigo el joven poeta Alberto Quintero Álvarez, colaborador de Barandal y Taller, apareció el 11 de abril. Critica en ella No pasarán!, el poema de Paz, que le parece “emocionado, pero artificial”. Poco después, Huerta escribirá que Quintero “se colocaba en un plano absurdo: casi reñir con los poetas de su edad, sin causa sólida, y defender, por motivos que sólo él sabe, a la generación” de los Contemporáneos (en “Poesía y pobrediablismo”, 25 de julio de 1937. Puede leerse en Aurora roja. Huerta insinúa que Quintero toma el lado de los Contemporáneos por su amistad con Salvador Novo. He escrito sobre Quintero Álvarez en esta zona: https://zonaoctaviopaz.com/espacios/conversacion-y-novedades/cuatro-olvidados-en-el-barandal/

[10] Se refiere a las fotos que le tomaron y él envió a Helena, que se las mostró a Ortiz, como se menciona en la carta 52 (8 de abril). No sé quién es “Tamayo”, ¿será el pintor?

[11] “Ellos” son los Contemporáneos. Paz se refiere al libro que Octavio Novaro Fiora del Fabro (de ahí lo “italiano”) acaba de publicar en la editorial Simbad de México, Palomas al oído. Lo comento aquí https://zonaoctaviopaz.com/espacios/conversacion-y-novedades/cuatro-olvidados-en-el-barandal/

[12] En esos días publica en el Diario del Sureste un discurso, “Otra vez España”, fechado en “Mérida, Yuc. Abril de 1937” que no fue recogido. “Nos convoca España en una fraternidad viril de angustia, en una comunidad de sed y cólera”, escribe. Puede leerse en línea: http://acervo.bibliotecavirtualdeyucatan.com.mx/janium/AP5/PDF/85722.pdf

[13] Reaparece la enigmática mala compañía…

[14] De nuevo, el nombre de quien trató de seducirla.

[15] Su trabajo en la UNAM.

[16] Lamento no haber encontrado aún el comentario de Efraín Huerta sobre María. Supongo que apareció en El Nacional junto a sendos escritos de Ignacio Carrillo Zalce y Andrés Henestosa.

[17] En “Vigilias III” (sin fecha; 13:164) escribe:

Esto es el nuevo romanticismo, que busca, defiende y rescata no a la conciencia del hombre, no al individuo, no a lo que separa y aísla, sino a lo que liga. Romanticismo que no enarbola la bandera de la pasión individual, del sentimiento oprimido, del yo en libertad, como en el XIX, sino la del instinto, la de la sensación, la de lo más antiguo: esa solidaridad carnal, remota y pura que, de un modo obscuro, nos hace hermanos del hombre y nos da la clave de nuestra semejanza bajo la gran noche amenazante.

[18] En poemas de Bajo tu clara sombra aparecer algunos de estos atributos: Helena es “Mi pabellón de pájaros y peces” (13:79).

[19] Escribe en “Noche de resurrecciones”: “Entre la viva roca de mi pecho,/ forma tierna, viviente…” 13:84).

[20] En Bajo tu clara sombra aparece  la “niña de las espadas, amarilla” (13:75).

[21] La idefensión abunda en plural: “Indefensos y rotos nuestros cuerpos” (13: 93);  “yacemos indefensos” (13:83). En otro poema de esos días menciona “los senos que mis manos/ modelan, indefensos” (13: 99).

Autores

  • Paz, Octavio

Tipología

  • Carta

Lugares

  • México
  • Yucatán

Lustros

  • 1935-1939
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