51. A Elena Garro, 6 de abril de 1937

Octavio Paz

 

Helen:

      Acabo de recibir tu carta, me apresuro a contestarla. Tuve un molesto contratiempo: mi carta del sábado, que debió salir el lunes –el domingo no hay avión—me la regresaron el propio lunes porque la dirección estaba equivocada. En lugar de poner México puse Mérida. ¿te das cuenta del acto fallido? Deseaba que estabas en M estuvieras en Mérida y ese deseo se reveló en una equivocación, en una significativa y hermosa equivocación. Eso es lo que quiero, que estés aquí. Pero, de cualquier modo, creo que a esta hora ya habrás recibido mi carta. En ella y en mi anterior te pedía algo que es urgente y vital para mí: el nombre de cierto canallita.[1] Y eso tú, no sé si concientemente, lo eludes. Te pido, para tranquilidad tuya y mía que en tu próxima me lo digas. Es algo que te exijo, que te ruego, porque no puedo estar tranquilo con esta rabia impotente, con esta desesperación en el vacío.

      Cuando leí tu carta me alegré, sentí un rumor en las sienes, fresco y despreocupado. Sin embargo, Helen, yo soy un alarmista: me alarma que digas que has cambiado de conducta: en tus cartas anteriores entendí otra cosa. En fin, yo le ruego a la Materia[2] (¿qué tal, eh?) que persevere en el “camino de perfección”, es decir, en el camino de Yucatán, en el camino de recordarme. Recuérdame, piensa en mí. Somos un par de egoístas muy absurdos: tú me pides que te diga que te quiero y yo, claro, te contesto diciéndote: eso por sabido se calla: se trata de que tú me acaricies con la palabra Amor. Esto es muy hermoso, muy claro, muy pueril. Estoy un poco fuera de mí de alegría (con la espina de la cólera y con la de la espera del informe) por tus cartas. Además recibí una carta de mi mamá, muy buena también. Te la mandaría, pero mejor te la entrego otro día. Me habla de ti y me dice que desea que tú y yo nos entendamos. Eso no quiere decir, por Dios, que intervenga, sino que te ve con gusto. Respecto a lo de tu asunto, Toscano me escribe diciéndome que ya casi está arreglado.[3] Yo he escrito a todos, recordándoselos, y me han contestado en ese sentido. No entiendo, pues, esas dilaciones. Tú sabes, amor mío, que yo hice todo lo posible, y la renuncia la mandé al día siguiente de Sin embargo creo mi llegada.[4] Sin embargo creo que todo se arreglará y tú podrás ayudar con algo en tu casa. Lo del joto ese me choca –son una gentuza miserable, estúpida, cobarde y convenenciera. Me extraña que admires a un traidor como el tal Gide.[5] En fin, cosas de mujer. Yo aquí adquiero una gran conciencia política, un gran amor a las masas. Seré un poeta al servicio del pueblo y de la Revolución. ¿No has visto a Ramírez?[6]  Mejor estate en casita. Respecto a lo de la H. de Vasconcelos,[7] ya no me la mandes, pues Toscano me debe dinero y ya se lo reclamo (no le digas nada), ese dinero es de mi sueldo y me lo mandará en libros. Estoy un poco apretado de fondos, pero creo poder conseguir aquí una chamba que me liberte de esta apretura. Así, además, ahorraré un poco más dinero. (La apretura es transitoria, pues tenía que pagar un dinero que acabará en mayo.) Aquí se tiene el delirio del ahorro. Yo estoy horrorizado. Alguien come poco, esquiva el desayuno, no va al baño, se muere de deseos insatisfechos: una sola pasión lo absorbe y esto es desagradable y hasta humillante. Es algo increíble, algo pasmoso. Dentro de una hora tendré junta con todos los compañeros del Comité Pro España. Obreros, maestros (que ya están amansados y están jalando parejo) y políticos. A estos últimos los aborrezco y mi odio sigue al del gobernador[8] (que es muy inteligente, con más chispa y cultura que muchos y que no toma en serio a nadie, empezando por el gobierno) con el que parece haré buenas migas. Esperamos a [Marcelino] Domingo el sábado y el lunes hablará en un mítin. Eso es lo que hemos hecho, dile a Deva y ve tú cómo no olvido lo doloroso de España. Trabajo incansablemente en eso, en compañía de algunos otros. Ese ese mítin sólo hablarán Domingo, un representante del gobierno local y yo.

 

Cambié de pluma (las dos son prestadas).

      Todavía no estamos totalmente instalados. Mándame Letras de México[9] en correo ordinario, es muy barato, y todo lo que ocurra. Novaro prepara otro libro, dedicado a su amor.[10] Ya lo verán ustedes allá. Hubo toros el domingo y estuvo muy buena la corrida. El lunes, ayer, hablé en un mítin del P.S.S.[11] y, además, pienso escribir algo.[12] Artículos ya tengo varios y ya te mandaré los publicados. Pienso hacer aquí nuestra novela y, sobre todo, vivir aquí, en tu compañía, horas dulces, fértiles, de trabajo y paseo, aunque después no podamos regresar. Es el único  temor que tengo, pero creo que ni a temor llega. No olvides mis recomendaciones, te suplico. ¿Qué dice L. de M.? [Letras de México] ¿Sigue la polémica? Creo que sí, por el artículo de Ramírez y por lo que dice El Nacional del domingo.

      Por más que hago no puedo imaginarte de vestido lila (pero creo que te sentará muy bien).[14] Péinate como siempre. Yo aquí ando de guayabera. Pronto recibirás una gran sorpresa. Misterio, misterio para la chiquilla rubia.[15] La joven de los cabellos de oro. Linda, ja, besa a tu, ja, boshito. Masinó (más si no, es un modismo) deja que te bese él, ja, en la boca, y, ja, en las orejas de durazno adolescente.

Tuyo

Octavio.

 

NOTAS

[1] Es ya la tercera ocasión en que Paz le pide el nombre del sujeto que la asedió.

[2] Por no decir “pido a Dios”.

[3] El trabajo para Elena en la UNAM.

[4] Se refiere a su trabajo en la Comisión Bancaria, donde tenía un trabajo circunstancial que incluía quemar billetes viejos.

[5] De nuevo se refiere al escándalo por Regreso de la URSS.

[6] Ramírez y Ramírez.

[7] La Breve historia de México que le había pedido en cartas previas.

[8] El interino Florencio Palomo Valencia, cercano a Lázaro Cárdenas .

[9] La notable “Gaceta literaria y artística” Letras de México (1937-1947) había debutado en enero, editada por Octavio G. Barreda. En ese primer número se publica, precedida por una breve introducción sin firma (supongo que de Barreda), una selección de párrafos del prólogo de André Gide a Regreso de la URSS. En la portada aparecen dos de los sonetos de Pellicer de la serie “Horas de Junio”… La revista se encuentra parcialmente en línea.

[10] Se trata de Palomas al oído, una colección de sonetos amorosos que publicará la editorial Simbad ese mismo 1937.

[11] El Partido Socialista del Sureste había nacido en 1916, bajo la guía del general Salvador Alvarado, como Partido Socialista Obrero, en el que militaría Felipe Carrillo Puerto. Para 1937 ya existía “sólo en nombre”, escribe Gilbert Joseph en Revolution from Without.

[12] No hay registro de esa participación. El escrito puede ser la “conversación” de solidaridad con España en la “Casa del Pueblo” que dictará Paz ante la Confederación de Ligas Gremiales el 12 de abril, y que luego se recogió en el Diario del Sureste, el 16 de abril.

[13] “Remedios” es el nombre secreto que le da Paz a Elena. La primera edición de Bajo tu clara sombra (Ediciones Simbad, México, 1937) está dedicado así: “Para Remedios” y luego incluye el epígrafe de Goethe:

Desciende a la tierra en formas mil,
flota sobre las aguas y vaga por los campos.
En mi juventud tenía forma de mujer.

[14] En la carta siguiente, le enviará un improvisado poema (no recogido) sobre su vestimenta lila.

[15] La sorpresa, creo, es que ya sabe de la invitación para viajar a España y participar en el Congreso Antifascista de Valencia.

Autores

  • Paz, Octavio

Tipología

  • Carta

Lugares

  • México
  • Yucatán

Lustros

  • 1935-1939
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