50. A Elena Garro, 4 de abril de 1937

Octavio Paz

 

Octavio responde a una carta en la que –como se irá viendo–  Helena le explica que va a aceptar, con su hermana Deva, la oferta de Adolfo Best Maugard para actuar en una película (que debe ser La mancha de sangre, a la que ya me referí en las notas a la carta número 40).

 

Ella argumenta que se necesita dinero en su casa, pues su padre se ha quedado sin ingresos. Paz, cuya oposición a las actividades artísticas de su novia ya hemos advertido, y cuyas críticas a lo que considera sus amistades y actividades frívolas se han agudizado en Mérida, se opone ferozmente y le envía cien pesos del ahorro que está haciendo para la boda (cien pesos de 1937 eran unos 10 mil pesos de hoy).  Es conjeturable que entre la carta anterior y ésta, los novios hayan hablado por radio y que, durante esa llamada, Paz le haya comunicado el envío de ese dinero. 

 

El reiterado uso de la palabra “esposa”, la exigencia de discreción, el súbito viaje planeado para mayo, el arreglo de su situación laboral en la escuela, la intención de escribirle al padre de Helena… Todo apunta a que los jóvenes también hablaron de contraer matrimonio, en México o en Mérida. No descarto tampoco que Paz ha recibido ya, para estas fechas, indicios de que ha sido invitado a España, lo que comienza a llamar la “sorpresa”…


 

[Manuscrita]

 

Helena:

Recibí tu carta hasta hoy. (¿Poco interés en contestar? No sé). Intenté el radio, pero imposible avisarte hoy, y menos cuando mañana no hay servicio. Igual con telegrama. Escribo de prisa. Estos días han sido horribles para mí: son las 7 ½ y a las 8 doy una conferencia que no he escrito ni pensado.[1] ¿Qué hacer? Todo el tiempo tu carta y tu silencio.

      Entiendo tu carta (la que interesa, la otra me parece extraña, pues casi no haces alusión a lo que te decía, como si no tuviera importancia). Cada día que pasa aumenta la idiota y desesperante situación. Seré breve y terminante. Los minutos me suenan a bofetadas, a rabia y llanto.

1.- Entiendo tu situación. Me angustia. Pero, creo, que pudo ser evitada. Y el hecho de tu piedad no te disculpa. Si hubieras hablado claro quizá las cosas ocurrieran de otro modo. Pero no hubo tal.

2.- Entiendo tu situación. Tú no entiendes la mía. Me obedecerás ciegamente, sin tener conciencia o iré a matarte. No seas obstinada.

3.- Usarás los cien pesos. Lo que tú ganas en esos sitios no son 100 pesos. Si es necesario enviaré más. No es ofrecimiento, sino orden.

4.- Te perdono todo, pero a condición de que me obedezcas.

5.- Nuestra situación se arreglará rápidamente. Ten fe y espera mi próxima. Tu contestación debe versar exactamente, sobre cada uno de estos puntos.

6.- Nuestra situación se aclara y arregla. No saldrán las cosas como yo pensaba, pero saldrán.

7.- Hazme favor de ser amable con mamá, aunque finjas. Y sopórtale sus cosas que debes entender que ella también sufre y que, además, ella ha soportado también mis rabias y mis crisis. Y, sobre todo, no confundas la franqueza: sé, por favor, comprensiva y humana, como ella lo es en algunas otras cosas.

8.- Respecto a lo del sitio cine: te sales y usas mi dinero. No quiero prolongar tu situación y la mía: lleno de rabia, real y verdaderamente lleno. Es infame lo que me dices. Así, esposa, usa los cien mientras yo arreglo aquí lo necesario para que, brevemente, vengas, así sea sin ir yo allá. O veremos, que mañana escribo a México. (Quizá no pueda dejar el empleo, abandonarlo[2]). Pero, te ordeno:

1.- Salirte del cine inmediatamente.

2.- Usar el dinero.

3.- Obedecerme en todo.

4.- No adelantarte a la realidad y, sobre todo, no hablar con nadie de esto. Yo, ya que me contestes, te diré lo arreglado y escribiré a tu padre.

5.- Ten la certeza de que te amo, y que pronto te besaré (un pronto prontísimo. Ya arreglo con N. lo relativo)[3]. Mañana escribo. Besos,

Octavio

(Tu carta debe ser exacta y obediente).

 

[En el margen del primer folio]:

Sé discreta.

A más tardar en 30 días estaremos juntos. Arregla que no se sepa hasta que yo quiera. Escribiré detallado. Besos

No dejes de obedecer y usar los cien pesos.

 

NOTAS

[1] No hay noticia, hasta ahora, de una conferencia dictada ese día.

[2] Recuérdese que Paz ya es empleado federal y que ya desde entonces, en México, entrar a ese estamento al servicio del Estado era un privilegio vitalicio que era impensable abandonar.

[3] “N” es Octavio Novaro, quien es formalmente su jefe en la escuela. “Lo relativo” atañe, supongo, a su situación laboral ante la Secretaría de Educación Pública.

Autores

  • Paz, Octavio

Tipología

  • Carta

Lugares

  • México
  • Yucatán

Lustros

  • 1935-1939
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