40. A Elena Garro, 18 de marzo de 1937

Octavio Paz

 

Continúan los celos, ahora con la reaparición del artista y cineasta Adolfo Best Maugard. Paz lo había conocido en 1933, como lo documentó Adame al rescatar unos textos juveniles en “Dos artículos inéditos (1933)” y también Helena, pues trató a Best cuando participó en un documental titulado “Humanidad” dedicado a la Beneficencia Pública y a la Escuela de Sordomudos en el que había escenas en las que pudo haber actuado. No hay evidencias de que Garro y Paz se hayan conocido en ese 1933 en el círculo de su mutuo amigo.

 

Ahora Helena le habrá comentado que Best Maugard prepara la filmación de un largometraje, La mancha de sangre, al que invita a actuar a las hermanas Garro. La película sucedería en los “bajos fondos” prostibularios e incluiría un elocuente strip-tease. Y bueno, a Paz no le gustó la idea… Escribí aquí sobre el asunto e incluyo la conexión que permite ver la película. (G.S)


 

Helen:

        Dudé, en este mismo instante, cómo te pondría. Mil palabras tiernas me tocaron y fue un momento muy hermoso, extraordinariamente entrañable. Por fin escogí; medio segundo duró la duda, Helen; Helen, esto es realmente lo mejor, lo más íntimo que te puedo decir. Hace cinco minutos que leí tu carta y ella me ha devuelto algo que, como te decía en la de anoche, era necesario. No has detenido el tiempo, pero quisieras detenerlo, necesitas detenerlo: estoy feliz, feliz de ser nuevamente tu Octavio, el hombre que tú quieras o que, por lo menos, necesitas. Me siento feliz e importante. Mido cada palabra, escribo despacio, quisiera que cada letra estuviera impregnada de nuestro aire, de nuestra atmósfera. Esta carta te llegará, probablemente, al mismo tiempo que la otra: esta, yo así lo veo, es la continuación de la anterior, la respuesta. Imagínate, dueña mía, que yo era presa de la misma desesperación que tú, y por poco, anoche, cometo la chiquillada de mandarte un telegrama avisándote que salía para los campos chicleros, con un comunista amigo mío, que se ha peleado con su amiga, según creo, y que estaba en el mismo plan que yo. No sé lo que me detuvo: ahora el propósito subsiste, pero en otro sentido. Tengo interés de conocer eso, de tocar esa terrible llaga de México, esa llaga del planeta y de la especie humana, pero quiero hacerlo con las manos jóvenes de la ternura, no con las del resentimiento. Iré, probablemente, dentro de un mes y mi estancia no se prolongará mucho. Del mismo modo quiero que tú te salves de la ciudad: todo lo que tú dices de ella lo digo en mi carta, lo que te angustia me angustia, y me he encontrado retratado en tí. Quiero que te salves, como tu carta última me salva. Tu carta pide auxilio y es, sin saberlo, el mismo grito mío, la misma rabia mía, la misma desesperación. Qué hermoso es eso, tú me salvas con sólo decirme que te pierdes y yo quiero que suceda lo mismo contigo. Perdona la pedantería, pero ahora me acuerdo de un pensamiento muy sabio “Cuando estamos soñando que soñamos está próximo el despertar”.[1] Sí, te das cuenta, me doy cuenta, de nuestro vacío, de nuestra esterilidad. Sé tu situación, espantosa, cercada por cien fuerzas enemigas. Sé cuál es la salida de esta horrible situación y quiero, en lo posible, conocer las causas. No quiero simplemente, las conozco y sé el fondo de todo. Jovencita perdida en la ciudad, es necesario que te refugies en mí: ya sé, también, que a lo mejor tu respuesta es que no quieres refugiarte en fantasmas, en hombres huecos. Tu me pides consejo. Yo no te doy consejos, sino te digo, simplemente, que dejes todo eso. Que te metas dentro de tí, que madures en tí misma lo duradero, la verdadera raíz, empleemos esa palabra degradada por tantos imbéciles y canallitas, a quienes desde aquí escupo con toda mi alma y mi desprecio, mequetrefes de ciudad: la verdadera raíz de la vida. Desciende a tí misma, a lo mejor de tí y encontrarás una imagen masculina, y no al teatro ni al cine ni al café. Que no traiciones esa imagen, ese destino, que no te dejes dominar por las fuerzas más débiles y falsas de la tierra. Lo de Best Maugar [sic] es idiota, sencillamente: de ese canalla estafador, de ese snob, nada, ni siquiera el saludo o la memoria de que alienta. Recuerda que, además de lo molesto y artificial que es todo esto (no hablo de las conveniencias sociales, sino de lo profundo y veraz que debe ser la conducta de todo joven, de toda joven) ese tipo es un vulgar ratero de ideas, un fifí de la cultura y de la vida. Y, por último, su sociedad es la más vana y estúpidamente perversa que existe. No te alíes, al menos, con el que me ha robado trabajo.[2]

        Ya sabes mis ideas respecto a ese punto. Conoces mis deseos. En mi anterior te suplicaba que dejaras todo eso; ahora te lo ordeno, como una necesidad de mi vida y de la tuya. Y, concretamente, creo que con dar tu clase y asistir a F.L.[3] basta. Pronto será otro tiempo, no junio ni diciembre, sino un tiempo que no tenga nombre, amor mío.

        Mis cartas no son sabias ni medidas, sino varoniles. No me desagrada que hables de México cuando hablas en el tono justo, lo que me hiere y me hunde en la peor de las tristezas es que pase el tiempo y tú cambies. Yo creía que aquí se tenía todo y es mentira. La política más sucia domina todo y no es extraño que salgamos todos expulsados de esta colonia del imperialismo mexicano; desde luego C.T.[4] parece que tendrá que irse si los sindicatos de maestros continúan en su actitud, y no es remoto que renunciemos todos. Parece, sin embargo, que todo se arreglará, pues Novaro se ha portado muy inteligentemente, con un gran decoro y dignidad, al mismo tiempo que con mucha mano izquierda. Estoy verdaderamente espantado de Novaro, de su rara capacidad para los negocios, de su frialdad y obstinación, de su silencioso, tenaz egoísmo y, sobre todo, de su habilidad para aprovechar las situaciones y los hombres. Tiene un doble fondo de seguridad, cálculo y sagacidad que no me simpatizan, pero que admiro y envidio. Algún día te contaré todo esto. Porque en las cartas nos hemos de contar todo.

        Cuando pienso que estás en México me desespero, porque las peores imágenes se me representan. No quiero que acudas a nadie, porque resulta peor; desconfío profundamente del hombre, estoy ahora como despertando a la realidad. Si tú estuvieras aquí esto sería magnífico, pues siento germinar la fuerza dentro de mí y tú me ayudarías y te aquietarías (no es vanidad, pero creo que me necesitas y yo, claro, te necesito). Pero esta sabiduría que estoy adquiriendo es un sufrimiento porque te veo amenazada, espiada, envuelta en mil tramas, desnuda en la boca de los canallas. Sé fuerte, por Dios, sélo, que yo estoy angustiado por tu situación. Es idiota, pero metodiza tu vida, conságrate a mí, a tí, a tu cultivo interior, que no se rompan tus sueños y menos los más caros para mí, los que se refieren a tu perfección femenina. No quiero que salgas en Hoy[5], ni andes en esas estupideces, así, en esa feria de vanidades, tú sé adusta y honda, como antes. [manuscrito:] Sé Helena, sé lo más profundo de ti (1).

        Termino la carta, mañana te escribiré más. Voy al correo, quiero conseguir estampillas. Si es así, recibirás esta carta al mismo tiempo que la anterior. De cualquier modo yo mañana te escribo, de modo que recibirás dos cartas. Quiero aprovechar el correo. Te beso, con dulzura, corza mía.

Octavio.

 

[Nota manuscrita al margen del segundo folio] (1) Sé lo que puedes contestar a esto y sé lo que puedo yo contestar. Sería un diálogo interminable. Todo se te revuelve en la vida. Sé, Helena, por la última vez te ordeno, Helena, la que yo quiero, la verdadera, la mía, la tuya. Te beso nuevamente. (No escribas horario sin h (eso me ha gustado mucho) mil azules y sin blus.[6] Uno más sobre todos los ya dichos.

 

[Manuscrito al margen del primer folio] Antes de cerrar la carta Novaro te saluda y C.T. con todo cariño, entristecido por no tener a quién escribirle. Besos más.

 

NOTAS

[1] Cita uno de los Fragmentos de Novalis, de la serie “Más pensamientos fugaces”. En 1956, en “Walt Whitman, poeta de América”, lo hará de nuevo: «Cuando soñamos que soñamos —dice Novalis—, está próximo el despertar.» (1:286)

[2] Ignoro el origen de este encono.

[3] La facultad de Filosofía y Letras.

[4] Su compañero de misión Ricardo Cortés Tamayo.

[5] El semanario Hoy, más bien crítico del presidente Cárdenas, se había fundado en enero de 1937 y tenía gran éxito comercial.

[6] Tal cual. Juegan con blues: azules, o música de blues (tristeza).

Autores

  • Paz, Octavio

Tipología

  • Carta

Lugares

  • México
  • Yucatán

Lustros

  • 1935-1939
Anterior
Siguiente