28. A Elena Garro, 4 de septiembre de 1935

Octavio Paz

 

Querida Helena:

          Hoy en la tarde he caminado dos pasos, y ahora estoy sentado, junto a la ventana. Como ves, estoy mejor de lo que te esperabas. Sin embargo tengo cierta incomodidad y malestar, y una especie de mareo. Además aquí el servicio parece que no es muy bueno, y estamos un poco arrepentidos de haber accedido a venir aquí. Otro día te explicaré cómo estuvo.

          Lo de R[1]. fue una cosa casi en broma; él no podía tener la culpa de nada y nadie. Porque no había culpa. La culpa es mía, pero también es una culpa muy poco culpable. Creo que realmente era y es incómodo que vengas, por muchas razones, y estoy de acuerdo contigo y con tu mamá. Pero también –a pesar de ser un poco molesto y un poco extraño en tí– es muy dulce y muy consolador. Ahora soy muy feliz  porque te tengo a ti, dulce Helena mía, a ti que es ya, como quien dice, tener la señal bajo la que se edifica la vida, el signo bajo el qué vivir y gozar y morir. No debes tener pena con la colección de vacas que llamamos “tías”, gente a quien nunca trato y a la que veo siempre por accidente (un accidente en la calle, un tropezón o una apendicitis).

           Cómo está Deva? Estrella[2]? Tus papás?

       Lo de Amalia me lo dirás mañana. Yo, sin haberla visto, también te iba a recomendar “Mundos individuales”[3]. Nunca he tenido un primo que diga haber nacido en la India o en Hungría, de modo que debías haberte burlado. Eso, por supuesto, también hablando de un primo. Es una carta deshilvanada como mi cabeza en este momento, en que acabo de incorporarme. Quiero hablar contigo. No quiero que tu amor humille otras cosas, sino que las jerarquize debidamente. Más sabia te ha de hacer el amor; sabrás por medio de él qué es lo importante y lo no importante para el alma, y así los actos mínimos –verme, verte, horas, sitios, etc.– tendrán su verdadero rango. Sinceramente: si es molesto (mucho) venir, no vengas. Pero si no, ven, a pesar de la resistencia interior. Te amo,

Tu Octavio

(está bien así?[4])

Te saludan las violetas.

 

NOTAS

[1] Creo que, como en la carta previa, se sigue refiriendo a Rafael López Malo.

[2] Deva y Estrella Garro, las hermanas de Helena.

[3] Simpático ejercicio de celos de Amalia, la novia de Rafael. Private Worlds (1935), película con Charles Boyer y Claudette Colbert, escrita y dirigida por Gregory La Cava sobre una novela de Phyllis Bottome.

[4] Se refiere, creo, a su caligrafía, de la que tanto se queja Helena.

Autores

  • Paz, Octavio

Tipología

  • Carta

Lustros

  • 1935-1939
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