12. A Elena Garro, 30 de julio de 1935 (nocturna)

Octavio Paz

 

En un vaivén emocional al que la pareja se irá acostumbrando (y nosotros, los lectores, con ellos), el dolor de la carta previa se transforma en dicha exaltada. Ello obedece a una carta que Helena le hace llegar durante el día al Archivo y en la que le dice que lo ama. En su exaltación, el joven Octavio celebra su amor involucrando a las mutuas familias (en especial a las madres) en la narrativa. Comento esto, junto con la carta y sus circunstancias, en Los idilios salvajes, pp. 162 y ss.


 

Querida Helena:

……..No sé cómo escribirte. Me siento feliz con tu amor. Todo está bañado en dicha. Perdóname si te he hecho sufrir. Yo también sufrí, te lo confieso. Una angustia horrible. Pero ahora todo se ilumina. Tú eres mi guía en la tierra. Mi novia y mi esposa. Quiero hacerme digno de ti. Nada me separará. Cuando subí al camión estaba mojado y alegre. Una señora se rió de mí, yo en lugar de enojarme me reí, y creo que la inundé de simpatía, de amor a la vida. Llevaba un niño. Ese niño era muy hermoso en esos momentos: era una gloria de la vida, de ti, volver al mundo tan amable. Sabes, amaba la lluvia, la verde sombra de los árboles, el cielo fecundo. Todo fructificando, floreciendo. No una alegría superficial, no la ironía amarga o la risa inconsciente, sino un amor tierno y joven, que se asoma al mundo[1]. Mis manos eran unas manos que hacían, alegre, justamente, nacer al mundo. El mundo era como un fruto estremecido, bañado en luz, entre mis manos[2]. Y tu cercanía. La ausencia no me parecía dura. Esperaría un siglo con alegría, porque me amas y yo te amo. No eres mala. (Quiero saber el final de la carta.) Son mis impertinencias las que te enloquecen. ¡Qué avergonzado estoy de mí mismo! Te juro que seré otro. El verdadero Octavio, el joven, el sereno, bajo tus ojos. Un niño, sí, pero también un hombre. Estoy ligado a ti[3]. Juntos atravesaremos la vida, ya grande, ya pequeña, sucia o límpida. Nosotros la ennobleceremos. Tus palabras me llenan de dicha. Pero quiero que las mías te alegren también. ¡Abajo el dolor! Ese es nuestro programa. ¡Viva la vida! Cuando llegué, mi mamá se asustó: ¿qué te pasa? Me había visto hundido, seco, alegre, etc., en estos días, pero esto colmaba el vaso. Luego, tímidamente, ¿eres feliz? La besé y le dije que sí. Que tú la amabas. Ella lloró de alegría. Entonces recordé a Goethe. “Yo era como un joven dios, patinando en el hielo, con mi capa roja, bajo la mirada de mi madre. Era un danzante, un adolescente feliz y trémulo, que jugaba en la luz”.[4] Esto dice, o algo por el estilo. Mañana veré lo que dice exactamente. Tu mamá, Deva, Estrella, tu papá, Albano. Sólo los cito, no debo decir nada, porque los amo. Debemos obedecerles, para que los que vengan nos obedezcan. ¿Sabes que Estrella se ha puesto muy guapa? Me lo hizo notar Rafael, y ahora lo comprobé. Creo que a la que más quiero es a Deva. Y a tu mamá. Dime lo de Albano, y si es posible que pueda ir conmigo. ¿A ti te dejarán ir?

……..Unos parientes –un pariente, mejor dicho, va a llegar. Acaba de hablar por teléfono. Es un tío mío. Alegre y rudo: un español, andaluz, lleno de vitalidad y de sol. Puede que otro día me disgustara, pero ahora lo espero con afecto. Escríbeme mucho. Me gustaría que no rompieras las cartas. ¿Hubo alguna lucha? ¿Qué me decías en las anteriores? Yo en la que no te mandé te decía absurdos; una carta amarga y ordenada. Era yo Yván Karamasov. La de anoche era de Dimitri. Ahora soy Aliocha.[5] Esa novela es la mejor: el hombre es un compuesto de desorden amoroso y de inteligencia serenadora. Pero esta bajeza se sublima en el orden (inteligencia) amoroso. Ordo amoris. Libro que leí y que vuelvo a leer.[6] Orden amoroso. Lo demás, ese satanismo de segunda mano, es falso. El amor nos disuelve, pero esa disolución es fecunda[7], nos despoja de todo, nos hace ver que la definitiva, la raíz del hombre[8], es su amor, la evidencia del amor. Y luego reconquistamos el mundo, iluminado por la ternura. Los Parques Reconquistados: ese debía ser el título de mi libro. El amor que nos glorifica.

……..Acaba de llegar el tío. Le abrí la reja. Pasaron unas muchachas y dijo ¡Ole! Me dio risa ese loco. Ahora me está gritando. Voy a tener que terminar, porque mañana se va y debo estar un rato con él. Mañana te diré algo de él: es un tipo divertido, aunque a veces es excesivo en sus cosas.

……..Piensa en mí. Yo te amo. Con locura, con esperanzas y sin ellas. Serenadora y tranquilizadora mía[9]: he hecho un poema, que es como una acción de gracias a Dios, a tí y a la vida. Es tuyo, como mi vida y mi alma. Tu

…………………..Octavio

 

Poesía tranquilizadora[10]

 

(Helena – 30 de julio)

 

Nacían las palabras,
Y eran como palomas y luceros
Ardía en la noche mi voz[11],
La sangre llameaba y corría por mis venas,
Arquitecto del más alto de los sueños,
Y danzaban los más jóvenes danzantes
Y jóvenes ángeles, muertos en la luna,
Con júbilo de túnicas y voces [12].

Nacían las palabras.
La sangre golpeaba en sus sílabas.
Nacía la que se llama como la luna en el mar,[13]
Por la que nace la luz de su sepulcro[14]
Y las piedras se sueñan escultura.
Nacían todas las olvidadas por la vieja lluvia[15] y el hombre
Que viven en la poesía.

Nacían las palabras.
Las jubilosas sílabas de amor,
—sangre divina de tu sangre—
voces eternas en mis labios.

Nacía el mar
Y verdes presagios en el mar.

Nacía el mundo,
Nacía en áureos nombres[16].

 

xxxx

 

Y he nacido yo. Y tú. Si algún día escribo algo, ha de ser bajo el signo de tus cejas, bajo tu dorada piel[17], bajo tu nombre.

……..Debo irme. Siento dolor de terminar. No quisiera hacerlo, pero es necesario. Danza, ángel, Helena. Tranquila. Esposa. ¿qué nombre, qué voz, dignos de tí?

“Cómo dirás la voz, lengua radiante
con que saluda al verde día?”

…….Soy tan feliz que tengo el cinismo de citarme. Esos fueron los primeros versos –besos— que te hice[18].

……………….Te amo.

…………………..Octavio.

NOTAS

[1] En “Vigilias IV” (13:178) menciona el “asombro del yo cuando de pronto, en una hora cualquiera, se asoma al mundo”.

[2] Estas líneas se hablan con el poema que lleva el numeral VI de Bajo tu clara sombra (13:76).

[3] Ya se había comentado el párrafo de “Vigilias III” (13:166) que inicia “Yo estoy ligado a ti…”

[4] En sus memorias, Goethe alude repetidamente al amor al patinaje que le indujo Klopstock. En un invierno particularmente frío fue a patinar al Meno. Su madre, que gustaba de ir a ver a la multitud patinando, llegó en su carruaje, envuelta en su “capa púrpura de terciopelo”. El pequeño Johann le dice “¡Deme sus pieles, madre querida, que me estoy helando!” Sin objetar, su madre le puso la capa “orlada de piel y decorada de oro” y su apariencia excéntrica lo hizo sentirse muy ufano. Cito de The Autobiography of Goethe. Truth and Poetry: From My Own Life, libro XVI, traducción de A.J.W. Morrison de 1872. Lo demás que Paz “recuerda” no figura en esa escena, y parece referirse más bien a los bailes de las parejas dichosas de Werther (como la del 4 de mayo). Es interesante

[5] El virginal Aliocha, encantado por Lise. La diferencia entre los hermanos la aporta Dostoievski por medio del abogado Kirillovitch: Iván es un moderno de educación brillante y vigoroso intelecto que ha perdido la fe en todo (el europeanista); Aliosha abraza las “ideas del pueblo” o lo que por tal entiende “la clase intelectual” (el populista); Dimitri representa a la Madre Rusia “tal como es.”  (En el capítulo VI: “El discurso del fiscal”.)

[6] Se refiere al ensayo de Max Scheler, “Ordo amoris” (¿1916?, publicado póstumamente, en 1933; el filósofo Xavier Subiri lo tradujo y publicó en 1934 en las ediciones de la Revista de Occidente) que iba a formar parte, junto a “Amor y conocimiento”, de De lo eterno en el Hombre. Lo leo en inglés, en Selected philosophical essays (Northwestern University Press, 1973), en traducción de David Lachterman. Conjeturo que Jorge Cuesta, que divulga a Scheler en su revista Examen, se lo recomienda a Paz.

[7] Escribe Scheler: “No es por prestar más atención a nuestros sentimientos que los sentimos más; al contrario, la atención resulta en la disolución de los sentimientos” (p. 63 de la citada edición). En “Vigilias 1” –que Paz fecha en agosto de 1935– se pregunta (13:140): “Mas ¿la Poesía no es una apasionada, heroica disolución del hombre en el mundo?”.

[8] Paz titula así su poemario de 1937. En “Ordo amoris” Scheler dice que “la raíz fundamental de este ethos es, primero, el orden del amor y del odio, la organización de estas dos pasiones dominantes y predominantes” (p. 18).

[9] “Lo que es placentero y no placentero, sereno y tranquilo, puede encontrarse con la misma originalidad en el objeto de la percepción externa y, por tanto, en los objetos físicos” (Scheler, p. 23).

[10] Primera versión del poema que iniciará Bajo tu clara sombra (13: 71). El poema es una exploración de los significados y mitos asociados al nombre “Helena”. ¿Lo habrá estudiado en la Enciclopedia Espasa-Calpe?

[11] Al decir “Helena” se enciende la helene, “señal luminosa”, voz cognada de Selene, la Luna. Helena tiene su raíz en Hel, que significa “esplendor”, de ahí que los griegos se llamasen a sí mismos “helenos”.

[12] Plutarco registra en “De facie in orbe luna” (Moralia) que en la luna están las almas de los difuntos y las de quienes, felices, esperan encarnar en la Tierra. Tanto en Eurípides (Helena) como en Aristófanes (Lisístrata) y en Teócrito (La boda de Helena, idilio XVIII), Helena aparece realizando danzas rituales.

[13] Hay comentaristas para quienes Helena nace de un huevo puesto no por Leda sino por Selene y es, por tanto, “hija de la luna”.

[14] Santa Helena, enviada por su hijo Constantino a Jerusalén, descubre el Santo Sepulcro y leventa un templo sobre él. El sábado santo de cada año sucede ahí el “milagro de la Santa Luz”: una lámpara de aceite, que no quema, se enciende sola.

[15] Helena Dendritis, diosa agricultural, vigila que la lluvia caiga donde más se la necesita.

[16] La lluvia hace crecer las palabras-sílabas-semillas (analogía que reaparecerá al inicio de Blanco años más tarde) que pronuncian un nuevo mundo.

[17] El adjetivo “dorado” abunda en los poemas dedicados a Helena, por ejemplo, “si verde bajo los oros/ entre verdores dorada” (13:48) y “Toco tu piel dorada” (13:86).

[18] Primera versión del poema que lleva el numeral II (13:71) en Bajo tu clara sombra, dedicado a celebrar la voz de Helena. Los versos evolucionaron a

¿Cómo dirás su carne que se dora
al vegetal incendio de su vello;
la voz con que saluda al verde día…?

Autores

  • Paz, Octavio

Tipología

  • Carta

Lustros

  • 1935-1939
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