11. A Elena Garro, 30 de julio de 1935 (matutina)

Octavio Paz

Helena:

……………Necesito escribirte. Si no lo hago yo creo que estallo. La carta de anoche creo que era confusa y desesperada[1]. Quiero que esta solamente sea la última. La locura de anoche se ha ido o mejor dicho se ha transformado. Afortunadamente un hombre no se puede quedar en un desierto, en una lágrima estéril, en la desolación y la infecundidad. Todo fructifica, se dirige a un objeto, a un fin: hasta los huesos hacen florecer la tierra. La flor que mañana cortes para tus labios o los de tu esposo es una flor, irremediablemente, de muerto.

……………Ayer te hice varias preguntas. Mi vida está en tus manos. Ayer, mi felicidad. Hoy mi destino[2]. Si te parece una tarea demasiado violenta esa de responder a un loco, contéstame de todas maneras, para que deje de estarlo. Quiero que sepas que te amo. Quiero saber si me amas. Si estás dispuesta a explicarle –no a rebelarte— a tu papá todo. Creo que él debe estar tranquilo, pero también tú debes estarlo. La primera mentira es no decirle –si es que me amas– que quieres verme.  Mis cartas son para ti, pero si un pasaje te parece censurable dáselo a tu mamá: que ella sea la censura. Si quieres verme, me debes ver. Lo de ayer te expliqué cómo fue. No he prometido nada, pero no haré nada por verte. Sólo espero. “El que espera desespera y muere”. Estaría más tranquilo si lo de ayer –lo de Albano– no hubiera pasado.

……………Respecto a Albano: te suplico consigas de tu familia y de él, que me acompañe al futbol el domingo. No se te olvide. Sobre esto me tienes que contestar. ¿O también me van a arrebatar a un niño que quiero y a quien no le hago nada?

……………Esto al ¼ para las nueve. Estoy en el Archivo, temo que venga Rafael[3]. Su presencia sería insoportable: me recordaría con mucha viveza mi situación, la crueldad de todo esto. Si no fuera cruel, sería estúpido lo que me pasa. Pronto estaré definitivamente dormido, ya aniquilado, ya muerto. Voy a salirme antes de que llegue.

……………Mi mamá hoy, al verme, ha llorado. Es que como no me acosté se dió cuenta de algo. No sabe nada, pero llora. Esto tampoco es justo y me da rabia conmigo mismo. Estoy maldito, es lo que pasa[4]. En tres días –eso es demasiado tiempo– quiero saber si me amas, si le explicas a tu papá eso. Si me amas y haces lo que digo, y tu papá se resiste, quedan dos caminos: separarnos transitoriamente (lo que no quiero) o morirnos juntos o aislados. A todo esto quiero que me contestes. Mi vida gira en tus manos. Tus manos, no otras.

……………Tengo tus guantes, que me obseden. Pero ahora son solamente tus guantes. Tú estás lejos. ¿Lo de ayer se debió a falta de valor o de amor? También contesta eso. Si no lo haces y me limpias de dudas, no sé qué haré. Quisiera hablar contigo. Leo un poema “Y pensar que pudimos, movidos por una onda secreta, girar valsando un vals sin fin, por el planeta” [5]. Y pensar que pudimos… “Tú eres una epístola colmada de dramáticos adioses”[6]. Estoy tan tranquilo que hago citas. Eso te demuestra que lo que digo es reflexionado. También quiero que le expliques a tu mamá los verdaderos móviles de mi actitud. A tu papá dile que yo tampoco duermo. Contéstame. Besa a Deva, Albano, y a tu mamá. A Estrella[7]. Bésame y quiéreme.

……………Tuyo, el amargo

…………………Octavio

Quisiera decirle a tu mamá “mi mamá”.

 

NOTAS

[1] La carta número 10.

[2] El poema que lleva el “III” en Bajo tu clara sombra celebra los “jóvenes días:/ a orillas de tu nombre, mi destino” (13:73).

[3] Rafael López Malo, su amigo.

[4] “¡Estoy maldito, cortado de la vida!” le grita Juan a Beatriz en La hija de Rappaccini (11:256), la pieza teatral de Paz (1956).

[5] Cita (mal) “Y pensar que pudimos”, de La sangre devota (1916) de Ramón López Velarde. Debe decir: “Y pensar que pudimos/ en una onda secreta/ de embriaguez, deslizarnos,/ valsando un vals sin fin, por el planeta”.

[6] Y ahora cita (también mal) “Hoy como nunca…” de Zozobra (1919). El poema dice “toda tú una epístola de rasgos moribundos/ colmada de dramáticos adioses”.

[7] Deva y Estrella son las hermanas de Elena.

Autores

  • Paz, Octavio

Tipología

  • Carta

Lustros

  • 1935-1939
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