10. A Elena Garro, 29 de julio de 1935 (nocturna)

Octavio Paz

 

Entre la carta matutina y ésta, nocturnal, Paz decidió presentarse en la casa Garro y enfrentar a los padres de Helena. Luego de una discusión acalorada, los jóvenes lograron (como se verá) que se cancelara el proyecto de internar a Helena, a cambio de mejorar sus notas en la escuela, pasar año y salir con otros muchachos. Al despedirse, Helena se mostró fría y, al salir de la casa, Octavio se pasó un buen rato bajo la lluvia, frente al balcón, esperando en vano que saliera su novia. Luego se fue a su casa a escribir esta carta (que se comenta en Los idilios salvajes, pp. 161-162.) (G.S.)


 

Querida Helena:

……..Estoy en lucha conmigo mismo. No debía hablar de mí, sino de tí. Pero me asaltan mil dudas, mil pasiones. Solo, enmedio de toda esta alma devastada que es la mía, hay una evidencia: que te quiero. Pero este amor mío está acompañado de mil serpientes, de mil pensamientos. Es la destrucción del amor,[1] nuestra —mi—  disolución en él: un día —dulce día— en medio de una atmósfera de músicas, otro —este día— en la soledad. Y yo siento cómo nos vamos aniquilando, destruyendo o desnudando.[2] Así, me despoja esta tormenta de mis rostros pasajeros, de mis conciencias y subconciencias, de todo lo que yo pensé que era mío: hasta que quedo enfrente del último de mis espectros, de mis rostros, mi definitivo e insobornable rostro,[3] yo mismo, un pedazo de ternura, un gemido, algo muy miserable y pequeño que vive y se duele en su desamparo. Esta es mi única evidencia, mi única verdad: un hombre —un hombre a secas, un hombre en medio del mundo— que sufre por una mujer. No Octavio, no el que tú soñaste o el que nunca soñaste y se te apareció, sino un simple hombre que sufre por tí. Esta es la única verdad. Lo demás son hipótesis, literatura —mala— que forjamos sobre nosotros mismos. Este desamparo, esta sensación glacial, es lo único seguro. A mi dolor me acojo ahora, como un último asidero en mi abismo; de no ser este dolor que me ata a ti, ten por seguro que no viviría, porque todo ha perdido sentido, excepto tú. El amor ha ido devastando mi alma de tal modo que yo ya no soy sino tu amor —mi amor, mejor dicho. Todo lo demás es mentira, máscara. Te amo, desesperadamente, con angustia. Si no te amara me moriría, porque todo lo que amaba antes me deja ahora indiferente. Vivo sólo gracias a eso.

……..Junto a esto lo demás es absolutamente remoto. Nada me hiere, y podrás hacer de mí lo que quieras. Yo no sé qué soy, y pronto enloqueceré o moriré: es un pecado olvidar todo de esta manera. Olvido hasta quien soy; mi destino eres tú y yo soy, solamente, un hombre que te ama. Olvídame, písame, que tu familia te quite de mí lado: te amo, no me importa lo demás. Este es el fondo de la cosa de hoy en la tarde. Quisiera que digas si tú me amas. Si no, yo sabré qué hacer.[4]

……..En este momento estoy girando, y gira todo. Si vieras —como dices tú, Helena amada (mía?)— qué distantes están los objetos. El papel se retira o se alarga y yo estoy como hipnotizado. A cada instante pienso en tí, y me dueles, me dueles en el alma, en el cerebro, en los nervios. Estoy en una tensión eléctrica, todo me estremece. Si esto sigue tomaré opio. Pero creo que antes estaré aniquilado, embrutecido. Hay un momento en que todos los cuadros, de la hostil conciencia de la biblioteca, se burlan y parece que me dicen de una muerte próxima y estúpida. La estupidez es una forma muy estremecedora de la miseria humana. ¿Sabes que me siento un miserable? No te debía escribir nada de esto, pero prefiero hacerlo; si llego a despreciarme será mejor, así me podré matar sin remordimientos. No olvides esto y sé sincera conmigo. Me complazco y me hundo en mi miseria, en mi desesperación.[5] Ilumíname. Pero tú no podrás iluminarme. Hoy supe que eras capaz de frialdad. Tu rostro lo tengo ardiente, frío, penetrante. Como una evidencia. Cuando nos despedimos, antes, te pusiste distante. Yo debía haber huído o pegado. Albano[6] fue un refugio. En ese momento no me querías. Y después te di lástima, como a un perro. Dime que eso no es cierto, que es cierto lo otro: mi dolor y el tuyo, la ausencia, nuestro cariño. Quiero que seas íntegra, es decir verdadera. Que afrontes con entereza la situación y te desnudes como yo lo hago. ¿Me odiaste en ese momento? Esto es lo que me desespera y me vuelve loco. Besa a Deva de mi parte. Ella me defendió, débilmente, pero más que nosotros. ¿Sabes que mi actitud era de desdén? Todo mi amor desesperado de meses como años, de días como siglos, revertí en desdén: desdén de mí mismo, de mis sentimientos. No quería discutir, no quería ganar ni perder: no era desinterés ni sacrificio, sino desdén. Todo lo depositaba en otras manos, manos extrañas. Hoy en la tarde estaban disponiendo de mi corazón, de mis entrañas, y los dejaba hacer. Con desdén. Porque mi última realidad era amarte, lo demás no me importaba. Por eso no accedí ni rogué: “lo que ustedes quieran”.

……..Tu mamá no me convenció. No te dejé. Ni siquiera esperé. Yo nada espero. No te dejo. Te amo, simplemente. Esto me resucita. Podré despedazarme,[7] morirme, perderme en la vida, pero te amo. Si hay Dios, que él se acuerde de mí. De que te amo y que sea lo que él quiera. ¿Me amas? No me amas. Yo te amo y viva la vida. Viva la muerte, también. Bien visto es lo mismo, si te sigo amando. ¿Te podré ver? ¿Te olvidarás de mí? Tus papás son tan sabios que te dejarán verme cuando ya no me ames. Entonces te regañarán porque no me quieres o te dirán ¿No te lo decíamos? Pero yo te amo. El internado fracasó, pero no fracasó nuestra abnegación. Sacrifico mi amor porque pases año. ¿No es ridículo? Yo no lo sacrifico, ni me abstengo por esos pequeños motivos. Hazlo comprender a tu mamá así. Desdén, desdén de mí mismo, de la muerte, de todo. Lo único verdadero es que te quiero. Hagan de mí lo que gusten. Escríbeme, háblame. O no lo hagas. Yo seré el mismo. El miserable hombre —sin nombre—[8]  que te ama. El que está en la esquina de tu casa como un limosnero. O el que nunca verá nadie ya, porque se hundió en alguna parte del globo.

……..Pero tengo tus guantes. Tengo todavía tus manos. ¿Serás mi esposa? Si es así, seré un genio, un hombre bueno. Fundamentalmente un hombre. Quiero oír tu voz. ¿Si ahora es así después cómo será? Llueve. El olor de la tierra mojada me exaspera. La fecundidad sólo viene de la muerte. ¿No es horrible? Me da horror pensar en mi esqueleto. Alma mía, ¿quieres ser mi alma, mi conciencia? Si tú quieres te arranco de tu casa, te arrebato y luego de vivir un día nos matamos. Así, no podrán hacer nada. Si me escribes, que sea con amor. También escríbeme si no me quieres, para saber a qué atenerme. No quiero hablar en pasado. Te debía haber besado hoy, al despedirme. Mi despedida no lo es, es un hasta luego. Estuve en la esquina hasta las ocho y media. No me moriré de pulmonía. Después haré proyectos. Mi amor no tiene ocupación, porque no te puedo ver. No te has muerto para mí, pero presiento que yo voy a morir para tí. Un muerto consciente de su muerte. Me lloraré a mí mismo. Luego todo lo demás mío, también morirá. Bien mío, mal mío, querida mía, adorada, te quiero besar. Te necesito.

……..Quieren que tengamos amores tranquilos y ellos nos lo impiden. No soy un caballero: explícaselos. Sabía —a pesar de que tú habías dicho que si te quedabas me veías— (acuérdate que lo dije y que tu mamá cambió rápidamente de conversación) que cuando dijera lo que dije tú no dirías nada. Tu mamá se encargó de responder por ti. Mi desdén me hizo callar, no mi cortesía. No luché, porque te amaba y me entregaba a tí, no a las conveniencias, mi vida —como siempre— está en tus manos. Sólo en las tuyas, no quiero otras. Rompe ese cerco. No me olvides, vida mía. No te traiciones. La noche es muy larga. Sigue lloviendo. ¿Piensas en mí? No dormiré hoy, piensas en mí pero no me puedes ver. Yo pienso en tí y no te puedo ver. Pasa año, aunque te repruebe Dios en el cielo, por olvidarte tanto de Él. Yo no quiero leer lo que he escrito. Hoy mismo cerraré la carta y te la mandaré. ¿Te debo seguir escribiendo? Mejor dicho, ¿mandándote lo que te escribo? Si no, haré lo que antes: te escribía y no te mandaba la carta. Unas cartas maravillosamente bien escritas. Mi amor no destruía mi estilo todavía. Ahora de todo lo antiguo sólo tengo el amor a mi madre. Lo demás ha desaparecido. Tengo un equipaje muy pequeño de afectos. Si me muero sólo sentiré a dos personas. ¿Cuántas me sentirán? Ríete un poco. Recobra el color, la tranquilidad. Si te atreves, háblale a tu papá. Si quieres nos vamos juntos. Si piensas morirte avísame para hacerlo juntos. No te importe lo cursi. Si quieres casarte conmigo, no me olvides. Abogado o no,[9] hago dinero y nos vamos a Europa. Si no me amas dímelo también: tienes ese deber. El único que te exijo. Que contestes a todo lo que te pregunto aquí. Debes contestar todo esto; de otro modo haré una locura. Contéstame. Sé alegre y hazme alegre. Si en tres días no contestas, quiere decir que me desprecias y entonces mi destino está realizado. No hables de mí con nadie. Yo tampoco. A mis amigos no les preguntes nada. Sólo a Rafael[10]. Todos triunfan menos yo: Deva, tu papá, tu mamá, Estrella, tus tíos, tus amigos, tus primos, Lavalle, Gálvez,[11] Rafael (con Amalia), todos. Yo pierdo. Pero gano con mi amor. Gano mi pureza, mi limpieza. No mi caballerosidad, sino mi amor. Sólo esto hará que Dios me perdone si pasa algo. Ahora lloro. ¿Manaña? Pero todo puede tener un happy end (¿está bien escrito?),[12] un casamiento. Es demasiado bello, pero es realizable si tú me amas, y esperas unos meses. O no esperes y te arriesgas.

13 (mala o buena suerte?)[13]

Eso sería lo único que no haría: la única locura que no haría: sacrificarte a una vida miserable. Mía con felicidad, o nada. Puede que mi azar —mi destino es azar, azaroso—  se estabilice. Felipe será como Albano. Besa a Albano y dile que si quiere ir al futbol conmigo el domingo. No se te pase eso. Quiero ir con él. Cuando yo era chico también me llevaban al futbol. Adios, Helena.

……..Tuyo, siempre, vivo y muerto, cerca o lejos, tu propiedad

………………..Octavio

 

Besa a Deva, a Albano, a tu mamá. Bésate tú, y bésame. Tengo tus guantes. No me separaré de ellos jamás. Reza por mí a Jesús. Que Él nos ilumine y me apacigue. Reza y llora por mí. Yo lo hago ahorita (las 12) por tí.

 

NOTAS

[1] De nuevo la frase/título de Vicente Aleixandre que ya se comentó en la carta número 4. En “Vigilias IV” (13:170) escribe: “Yo no sabía si mi destino era la exaltación del amor […] o si el amor era la destrucción de lo que se ama”.

[2] Escribe el joven Werther la noche de su suicidio: “En un momento soy de mí, o más bien tuyo, tuyo, adorada mía, y en el siguiente estamos separados, cortados, quizá para siempre. ¡No Charlotte, no! ¿Cómo puedo ser yo aniquilado, cómo puedes serlo tú?” (20 de diciembre).

[3] En “Vigilias III” (13:160), que da a conocer en 1941 en la revista Tierra Nueva, Paz había escrito: “Soy lo que pienso de mí. Y lo que quisiera ser, porque eso es también un pensar de mí. Tal es mi rostro visible, el único que conozco. Un rostro que es una máscara, una imagen; máscara de sangre, doloroso como carne, carne verdadera y amarga.”

[4] En la oración hay un amago de suicidio.

[5] De nuevo, en “Vigilias III” (13:167): “Te amo rabiosa y desesperadamente. Mi rabia alimenta mi desesperación y en esto reside mi fuerza, mi libertad y hasta el valor de mi súplica. Porque mi súplica está henchida de total desesperación, una desesperación tan grande como mi amor, un amor tan grande como mi desesperación: éste es el secreto de mi libertad.”

[6] Albano Garro, el hermano pequeño de Elena.

[7] Inevitable pensar en el padre despedazado por las ruedas del tren. En el poema V de Raíz del hombre  (13:61) el tiempo “despedaza mi cuerpo, abre mis venas…”

[8] En “Vigilias IV” (13:178), Paz escribe que el “unico y verdadero yo” es el “anterior a la luz y a mi nombre”.

[9] Estudiaba derecho, sin mayor entusiasmo.

[10] Rafael López Malo, el ya mencionado amigo íntimo de Paz en ese tiempo. La pareja Helena-Octavio solía reunirse con él y con su novia, Amalia Hernández.

[11] Arnulfo Martínez Lavalle y Ramón Gálvez, camaradas de generación de Paz.

[12] Helena tenía buen inglés; Paz comenzaba a estudiarlo.

[13] La carta había llegado a la página 13.

Autores

  • Paz, Octavio

Tipología

  • Carta

Lustros

  • 1935-1939
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