Octavio Paz en el Colegio Williams

Ángel Gilberto Adame

Sede del Colegio Williams, en Mixcoac

 

El Colegio Williams fue fundado en 1899 por el profesor Camilo J. Williams y tuvo como primera sede la entonces calle de la Mariscala.[1] Posteriormente, en pos de mayor espacio, se trasladó a la avenida Observatorio, donde se implementaron el internado y el medio internado. En 1912, el profesor Williams se mudó a Los Ángeles, llevándose consigo la franquicia (Williams International School). Regresó a México en 1922 y reinstaló el Colegio en la calle Empresa número 8, en Mixcoac,[2] en la que fuera una de las casas de José Yves Limantour. El inmueble colindaba del lado occidental con el antiguo camino de Tacubaya a San Ángel, lo que hoy en día es la Avenida Revolución, mientras que, por el oriente, lindaba con el lecho del Río Becerra, afluente del Río de la Piedad, que más tarde se llamaría Avenida Patriotismo.

 

María Eugenia Rivera rememora los tiempos en que su familia vivió en el castillo:

Era una casa muy grande y bonita, con jardines inmensos, una huerta en la parte de atrás, tenía un cuarto fumador estilo árabe […] En la huerta sembrábamos legumbres para el asilo, también hubo un horno para hacer pan que se enviaba al manicomio de la Castañeda y al asilo. El horno estaba atrás, donde hoy está Teléfonos de México. Frente al Williams, había una escuela que se llamó Barton y que después fue el Colegio Madrid. Cuando vivíamos en el castillo no existían las calles de Revolución, Patriotismo y Extremadura, todo estaba empedrado, no había pavimento, las calles y sus plazas eran muy bellas […] Por aquí pasaba el tren Mixcoac-Merced […] La vía del tren estaba en alto, hasta había un puente para atravesar de Goya a Revolución, que eran llanos y maizales […] Había peluquerías por este rumbo. La cantina ‘La Protectora’ quedaba en Mixcoac, su dueño era un español y se dormía ahí junto con sus empleados. Había una farmacia ‘Guadalupe’ que era de los Cisneros y los hijos la atendían; había otra ‘El Sagrado Corazón’ en la calle que se llama Molinos, donde se unen Patriotismo y Revolución; otra más que se llamaba ‘La Purísima’ y donde está Liverpool aún queda el hospital San Agustín. [3]

 

La escuela se destacaba por representar una alternativa novedosa para el estudio de la educación primaria laica, prestar el servicio de internado y ofrecer en su programa tópicos que se impartían en Estados Unidos y en Europa, logrando así que las familias adineradas de la época no debieran enviar a sus hijos al extranjero.[4] Sin embargo, el plantel tuvo una sacudida con el fallecimiento, el 21 de octubre de 1924, de Camilo J. Williams. Un amigo intimo de la familia, el doctor Luis Felipe Gómez Robert —cuyo hermano Carlos influiría en la vida de Paz y José Juan Bosch en la Secundaria 3— presidió el cortejo fúnebre.

 

Para 1925, los hijos del fundador ya dirigían el establecimiento. Dentro de los matriculados, se encontraba al malogrado compositor yucateco Guty Cárdenas, quién estudió contaduría ahí. “Su interpretación de ‘Yo sé que nunca’, se vincula a la historia romántica del Colegio. Cuentan que se la llevó de serenata a Ana Williams, hija de don Camilo, quien lo desairó”. [5] Sobre ella, Paz evocaría: “La secretaria [del director] era su hermana, una joven inglesa espigada, de pelo castaño claro y facciones regulares. Era atractiva y marmórea. Yo la veía con asombro y turbación; era el otro sexo y, sobre todo, era el más allá, la otra raza”. [6]

 

Rose Williams afirmó que si bien el colegio llegó a ser importante por su internado, no alcanzó la popularidad de los eclesiásticos: “La mayoría de las mamás iban ahí porque tenían más alumnos que el Williams, porque ahí estaba Dios, y en el Williams estaba el diablo”. [7]

 

El Colegio admitía colegiales entre los seis y los veinte años de edad. El reglamento especificaba que los jóvenes debían mantener la puntualidad y un aseo personal impecable, así como limitarse a entrar a los dormitorios con permiso de un prefecto. También estaban obligados a escribir a sus padres todos los viernes, y sólo podían salir del instituto en los días de asueto, debiendo regresar los domingos a las 8:00 p.m. Si estaban bajo el régimen de medio internado —al que es posible que estuviera adscrito el niño Octavio Paz, dada la cercanía de su casa— los estudiantes debían presentarse a las 9 en punto, a mediodía recibían la misma alimentación que los internos y salían a las 17 horas.

 

Paz en su niñez

Con casi once años de edad, Octavio Paz ingresó al Williams. Ahí cursó quinto (1925) y sexto (1926) de primaria. En sus recuerdos perdurables de la infancia figuraba su arquitectura:

El edificio era hermoso aunque mal adaptado a las necesidades de un colegio […]. Por ejemplo, mi salón de clases estaba en lo que habían sido las caballerizas. La entrada era palaciega: un parque de amplias y elegantes proporciones, muchos árboles y, en el centro, una fuente. El conjunto era frío y correcto. El pabellón principal, en donde estaban las oficinas, el comedor de los alumnos y el de los profesores, la sala de visitas y el salón de actos, eran una interpretación fantasiosa pero agradable del estilo Tudor.[8]

 

Es probable que su padre, luego de su estancia en Los Ángeles, conociera la dinámica del colegio y decidiera inscribirlo sin importarle el cambio abrupto de una institución francesa a una estadounidense. También debe haber influido la creciente animadversión por la enseñanza impartida por la iglesia, lo cual sería uno de los factores que detonaron la Guerra Cristera.

 

Paz fue uno de los 42 alumnos en el sexto grado y 340 de toda la primaria. Su horario era el siguiente:

 

6:00 a.m. Baño de regadera
6:30 a 7:50 a.m. Clase de gimnasia y deporte
8:00 a.m. Desayuno
De 9:00 a.m. a 12:50 p.m. Asignaturas. La duración de cada clase era de 50 minutos, con 10 de descanso entre una y otra
1:00 p.m. Comida
De 3:00 a 4:50 p.m. Clase de inglés

Si estaba internado:
De 5:50 a 6:50 p.m. Sesión de estudio
7:00 p.m. Cena
De 7:50 a 8:20 p.m. Juegos en el casino (billar, ajedrez, etc.)
8:00 p.m. Toque de silencio
8:30 p.m. Entrada a los dormitorios

 

El personal docente estaba compuesto por: John A. Williams, director; Edward A. Williams, subdirector; Charles R. Williams, secretario y catedrático de inglés; Ángel Grosso, consejero, inspector de clases y catedrático de inglés y francés; Marta Voss de Aguilar, clase de inglés en primaria elemental; Petra Villegas, primaria elemental; Alejandro Somohano, contabilidad, aritmética mercantil y español; Francisco Montes de Oca, moral y sociología; José D. Santamaría, director técnico de instrucción primaria; Tomás de Avendaño, taquigrafía y español; Pedro Sauceda, instrucción primaria superior; Humberto Vega, inglés y primaria superior; Enrique de la Mora, instrucción primaria elemental; Luis G. Saloma, clase de violín; Romualdo Vázquez, clase de piano; Manuel Ramírez Díaz, dibujo y pintura; Pedro Pablo Rangel, médico del Colegio; Roberto Parsons, dentista; Max Weihmann, oculista; José. L. Arteaga y Federico Chávez, prefectos.

 

Entre los maestros que Paz recordaría se hallaban:

 

John “Johny” Adolph Williams Rani (1899-1958). Director. Graduado en la Escuela Politécnica de California, E.U.A. Entre sus discípulos era recordado como “una persona imponente, alto, de bigote triangular y recortado casi a ras, igual que el de su hermano Mr. Charlie. El poder saludarlo se consideraba una distinción, aunque el ser entrevistado por él era casi seguro un problema muy serio para uno, ya que sería una extrema llamada de atención, regaño, amonestación o expulsión”.

John Williams

 

Charles Ramón Williams Rani (1906-1970). Además de sus labores administrativas, fue catedrático de inglés, egresado de The Woodbury Business College en Los Ángeles, California, y “gran jugador de béisbol”.

Charles R. Williams

 

Pedro Sauceda. Maestro encargado de instrucción primaria superior, con más de veinte años de práctica a esa fecha.

Pedro Sauceda

 

Humberto Vega. Responsable de inglés y primaria superior. Era “chaparrito, ligeramente encorvado, de voz medio aguda con mucho metal en los dientes”. En 1932, Virginia Fábregas remitió una carta al Colegio, en el cual su nieto Manolo estudiaba, elogiándolo: “El Sr. Humberto Vega es un profesor muy inteligente y sumamente escrupuloso en el cumplimiento de su labor”.

Humberto Vega

 

Enrique de la Mora. “Inolvidable caballero y notable maestro”. Ingeniero topógrafo, exprofesor del Instituto Científico, responsable de educación primaria elemental.

Enrique de la Mora

 

Dentro de los eventos que la familia Paz participó, se encuentra el festival que se organizó el 26 de junio de 1926 con motivo del onomástico de ‘Johny’ Williams. Uno de los responsables de los discursos fue el alumno Rafael Mollinedo, quien llegaría a ser uno de los primeros porteros profesionales de futbol en México.

 

Invitación y programa del festival

 

Los compañeros de “Octavius” Paz (así aparece en la lista) durante 1926, cuando cursaba el sexto año, fueron Francis Alfaro, Justino Barragán, Ferdinand Candanedo, Charles R. Carrillo, Héctor Álvarez del Castillo, Richard Celayeta, Ernest Contreras, Michael Chalela, Emmanuel Escudero, Claudio Franco, Tomás Garza Gutiérrez, Anselmo Gómez, Joseph Gómez Luna, Alejo González, Alphonsus Guadarrama, Joachim Gutiérrez, Oscar Guzmán, Raphael Helbing, Henry Kuri, Julián Lascassies, Lenis Philip Lang, Jesús López, Martín Luna, Eduard Maduñan, Donato Márquez, Charles Montoya Rodríguez, Froilán Mora, Charles Olea Mora, Genaro Palacios Moreno, Jacobo Pérez, Emmanuel Pérez García, Adolph Pérez Montero, Emmanuel Rivera, Edmund Salas, Joseph Raphael Salazar, Frank Serra, George Sesim, Narcisus Trejo, Gabriel Vidal, Roland White y George Williams.

 

“Octavius” Paz en el Colegio Williams

En el colegio Williams me inicié (sin saberlo) en el método inductivo, aprendí inglés y un poco de boxeo. También, el arte de trepar por los árboles y el arte de quedarse solo, en una horqueta, escuchando a los pájaros. Cuarenta años más tarde descubrí, leyendo The Prelude, que Wordsworth había tenido experiencias semejantes en su niñez. Quizá la verdadera imaginación, a diferencia de la fantasía, consiste en ver la realidad de todos los días —con los ojos del primer día.[9]

 

 

* Mi sincero agradecimiento al licenciado Juan Camilo Williams Muldoon por las facilidades que me brindó para escribir este artículo.

 

NOTAS

[1] “El Colegio Williams celebró su LXX Aniversario” en  El Nacional, 1 de agosto de 1969, p.4.

[2] Colegio Williams. Cien años de historia, México, Edición del Colegio Williams, 2001.

[3] Ibid, pp. 74, 75 y 76.

[4] “El Colegio Williams, de Mixcoac, D.F.”en Revista Española, 10 de abril de 1925, p.21.

[5] Colegio Williams, op. cit., p. 157.

[6] Octavio Paz, “Evocación de Mixcoac” en Obras Completas, tomo 14, México, Fondo de Cultura Económica, 2004, p. 344.

[7] Colegio Williams, op. cit., pág. 103.

[8] Paz, op. cit. p. 344.

[9] Ibidem.

Autores

  • Adame, Ángel Gilberto

Tipología

  • Conversación

Lustros

  • 1925-1929
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