Luz del pasado en el presente. Octavio Paz, politólogo

Carlos Ramírez

Octavio Paz, 2 de noviembre de 1993. Foto de Marc Deville. Gamma-Rapho.

 

Periodista, columnista, analista político, maestro en ciencias políticas, director del Diario Indicador Político digital y de la revista impresa Indicador Político, Carlos Ramírez es también profesor de la materia Sistema Político Mexicano en la Universidad Autónoma de Estado de Morelos. Sus últimos libros son La silla endiablada, La crisis de México… más allá del 2018, El 68 no existió y Octavio Paz y el 68. Crisis del sistema político priísta, todos impresos por la Editorial Indicador Político y en versión eBook en Amazon. La Zona Paz reeditó hace poco su ensayo “Las estaciones políticas de Octavio Paz”.

 

Zona Paz ha agregado al ensayo del maestro Ramírez, en notas al pie de página, la ubicación de los textos de Paz a que hace referencia, en la edición de las Obras completas del Fondo de Cultura Económica.


 

Los hombres de reflexión —de letras, letrados desde la antigüedad— se mueven en tres pistas: filósofos, intelectuales y politólogos, y algunas variantes que se pueden encasillar en las anteriores. Los primeros dudan, los segundos alumbran y los terceros analizan la realidad. El debate puede ser infinito, pues al final de cuentas todos harían lo mismo: pensar, el nous del espíritu desde Anaxágoras. México ha tenido, y tiene, filósofos e intelectuales, menos de los primeros y bastantes de los segundos. Y los politólogos se dividen en dos: los que tienen la ciencia política —o filosofía aplicada— como oficio directo o los que irrumpen en el análisis científico de la política desde cualquier especialidad.

 

Octavio Paz (1914-1998) fue, en esencia, un poeta; utilizó la palabra para (re)construir la realidad con imágenes-palabras. El salto de la palabra a la imagen y de ahí al sentimiento no es fácil. La Academia del Nobel le otorgó el premio 1990 por su poesía, pero como segundo pensamiento quedó el reconocimiento a los ensayos políticos sobre la crisis ideológica del siglo XX (1951-1998), el siglo de Paz. Sus primeras poesías se publicaron a los veinte años y su primer ensayo formal sobre ideologías circuló en 1967 en el libro Corriente Alterna, un título provocador proveniente de la ciencia y que refiere las oscilaciones en las corrientes eléctricas para una mejor transmisión de la energía. Antes, en 1958, había suscrito con otros intelectuales un breve desplegado de prensa en apoyo a las dirigencias sindicales que se rebelaron al control del sindicalismo priísta.

 

Los textos políticos de Paz han tenido tres dimensiones: la literaria, en donde la palabra exacta destruye con la crítica realidades falsas; la política —y más importante en este ensayo—, que tuvo que ver con su enfoque sistémico de la política; y la intelectual, en cuanto al replanteamiento de valores en el ejercicio de la política y el poder en la dimensión ideológica. De 1967 a su último texto en 1997 —treinta años intensos, polémicos y agobiantes—, Paz fue un crítico constante de la realidad del poder y sus contradicciones desde el universo del pensamiento intelectual, pero resultó de los pocos que rompió con la falta de autonomía teórica de la crítica política académica. El pensamiento político mexicano, cuando menos hasta la reforma política de 1978, fue unidimensional en las coordenadas del pensamiento histórico oficial y autoritario como pensamiento único: todos, dijo alguna vez el analista radical Luis Javier Garrido, somos priístas, hasta demostrar lo contrario. O, como señaló José Revueltas en el prólogo de 1976 a su ensayo México: una democracia bárbara de 1958, el Estado mexicano era un “Estado ideológico total y totalizador”, y el Estado era el PRI y el presidente de la república o éstos eran el Estado.

 

La referencia a la falta de autonomía teórica de la crítica política se puede extender a la ciencia política. El primer análisis formal del sistema político mexicano fue tempranero, sin marco teórico directo y sin continuación indagatoria: La sucesión presidencial en 1910. El Partido Nacional Democrático, del activista Francisco I. Madero, al arrancar su carrera por la presidencia de la república. Los primeros elementos estructurales del sistema fueron revelados por Madero: la presidencia absoluta, el control institucional, los hilos del poder y sobre todo el engrane principal del poder político en México de 1917 al 2018: el dominio presidencial para convertir su capacidad de designación del candidato oficial en una verdadera sucesión en términos jurídicos: el poder como herencia familiar directa y lo refirió Madero en enfoque político comparado con Roma de los Césares.

 

El primer ensayo formal con intenciones de hacer ciencia política sobre el sistema político de México fue de Daniel Cosío Villegas en 1972, como ampliación de un artículo escrito para un seminario sobre México en la Universidad de Texas en Austin en 1970: El sistema político mexicano. Las posibilidades del cambio, publicado como cuaderno por la editorial Joaquín Mortiz. Se trató del primer enfoque histórico, sin ánimo crítico, con intenciones puramente descriptivas y sin referir ningún marco teórico del sistema político. Y el primer ensayo crítico sobre el sistema priísta como tal lo escribió Manuel Camacho Solís en su fase de politólogo de El Colegio de México y se publicó en la revista Foro Internacional de El Colegio de México No. 55, volumen 14, enero-marzo-1974, págs. 331-351, titulado: El poder: Estado o feudos políticos, completado con Los nudos históricos del sistema político mexicano, revista Foro Internacional, Vol. XVII, 4, No. 68, abril-junio de 1977.

 

La hipótesis de este ensayo sobre Paz como politólogo se plantea así: sus textos de 1958 a 1997 fueron un involucramiento en el debate nacional, pero su construcción obedeció a un método analítico propio de la ciencia política: la filosofía aplicada a la realidad del poder, dentro de un marco teórico de interpretación funcionalista del poder y la política. La teoría del sistema político llegó tarde como tal a la ciencia política: en 1953 el politólogo canadiense-estadunidense David Easton publicó su ensayo The Polítical System y con ello creó la teoría del sistema político. Su texto fue conductista y analizó la realidad como un sistema de conductas en un ambiente dialéctico de estabilidad-cambio. En la teoría de la ciencia política dio un paso formal hacia el enfoque estructural. Además de lo propio de una teoría política Easton creó un enfoque analítico: el análisis sistémico de la política como parte de una revolución en la ciencia política. La aportación de Easton al análisis sistémico de la política se puede resumir así: el sistema político es un espacio físico en donde los actores participan de interacciones para la distribución autoritaria de valores y beneficios. Y Easton, como buen politólogo cuantitativito, logró presentar su modelo con una figura geométrica: una caja negra en cuyo seno se daban las interacciones y las distribuciones.

 

Aplicada esta teoría a México, el sistema político mexicano ha sido una caja negra (el partido del Estado-gobierno-élite revolucionaria) en cuyo seno (el partido que controlaba, decía Revueltas, la totalidad de las relaciones sociales) el poder presidencial absolutista distribuía de manera autoritaria valores y beneficios y con ello lograba la estabilidad.

 

La teoría de Easton fue incluida en la academia por Camacho Solís en sus ensayos, pero hasta la fecha poco se ha atendido como marco teórico referencial. Todos los libros de ciencia política sobre el sistema mexicano se agotan en el funcionamiento PRI-presidente de la república desde enfoques pragmáticos y los análisis se mueven más bien en el neoinstitucionalismo y el historicismo y en ocasiones pasan ligeramente sobre Easton. La ciencia política mexicana ha sido más funcionalista (usos del poder) e institucionalista (partidos, poderes, instituciones) que filosófica y teórica. Inclusive, la materia de “sistema político mexicano” en las licenciaturas de ciencia política de las universidades carece de marco teórico. Para la academia mexicana el sistema es el conjunto de instituciones y la distribución del poder político.

 

II

 

Octavio Paz, poeta y ensayista literario, construyó una propuesta historicista que sigue siendo otra de las deudas de los académicos. En lo político, Paz tuvo una militancia en la izquierda revolucionaria socialista, aunque desencantado desde el principio, y llegó a la orilla de la militancia al participar en los primeros sondeos para construir un verdadero partido socialista de izquierda con Heberto Castillo y Carlos Fuentes, pero se salió a tiempo de ese desafío que lo hubiera apartado de su labor creativa. Más antropológico que político, El laberinto de la soledad sentó las bases del método analítico de Paz: el estudio de los comportamientos sociales de los mexicanos, pero no meramente ontológicos, sino colocando al hombre en la circunstancia social, histórica y cultural de su polis. Su texto sobre Marx y las revoluciones en Corriente Alterna en 1967 instala un debate ideológico y teórico temprano —la crisis del socialismo estalló con el 68 checoslovaco y la invasión de Praga por tanques soviéticos— que los críticos de Paz parecen ignorar: no se opuso a Marx por socialista, sino porque su doctrina era contraria a la libertad. Hasta su muerte, Paz siguió creyendo en un socialismo con libertades.

 

Como casi todos los intelectuales mexicanos, Paz encontró un espacio funcional en el área diplomática del Estado: comenzó en 1945 como parte menor de la misión de México en las reuniones en San Francisco para fundar la ONU y duró hasta su paso a retiro en octubre de 1968. En la diplomacia ascendió por escalafón y reglamentos por todas las posiciones y terminó como embajador en la India en 1962. En 1958 firmó como intelectual el desplegado exigiendo al gobierno de Ruiz Cortines la democratización del sindicalismo y el respeto a la disidencia sindical y no hubo ningún reclamo. En 1950 hubo algunos mensajes críticos desde el gobierno por El laberinto de la soledad, pero más pareció una rencilla de grupos intelectuales.

 

El primer análisis sistémico de la política mexicana que hizo Paz fue una carta al canciller Antonio Carrillo Flores a solicitud expresa, para dar su enfoque sobre los movimientos estudiantiles de 1967 y 1968 en la India y en México, ya metido en la insurgencia juvenil desde el 22 de julio de 1968. Al conocer una cifra de muertos por un reporte de una agencia de noticias, Paz anunció su retiro de la embajada y se pasó a la reserva diplomática, lo que en los hechos fue una renuncia. En octubre de 1969 participó con un texto de 23 cuartillas sobre México: la última década en una cátedra de la Universidad de Texas en Austin. Y a partir de su carta a la cancillería y su conferencia dio a luz a su pequeño y sólido ensayo Posdata en febrero de 1970.[1]

 

Y ya no hubo marcha atrás. En 1971 aceptó la invitación del director de Excélsior, Julio Scherer García, para dirigir una revista mensual de corte literario-social y la llamó Plural. Ahí y en Vuelta (diciembre de 1976-1998), en los periódicos Excélsior, Uno Más Uno y La Jornada y en la revista Proceso, Paz se introdujo en el debate político con textos y polémicas. Sus escritos fueron de confrontación, análisis, debate y provocación, pero hubo algunos que resultaron clave para redefinir el debate sistémico de la política, es decir, analizar la política desde el enfoque del sistema político. A manera de ejemplo, cito tres:

 

• La Carta a Adolfo Gilly[2] en febrero de 1972 para comentar su ensayo La revolución interrumpida, un enfoque trotskista de la Revolución Mexicana, en el cual Paz entra al debate sistémico del partido, la corrupción y el Estado patrimonialista.
El ogro filantrópico de agosto de 1978 para explicar su propia teoría del Estado mexicano, ausente por cierto en la academia politológica mexicana.
• Y Elecciones de 1994: doble mandato, de octubre de 1994, en el cual por primera vez enlistó sus cinco propuestas de reforma del sistema político basadas en sus lecturas persistente del barón de Montesquieu y del vizconde de Tocqueville.

 

Como complemento, enlisto los textos de Paz en los que hace un análisis sistémico de la política:

 

Libros:

El laberinto de la soledad (1950).
Corriente Alterna (1967).
Posdata (1970).

 

Artículos y ensayos sobre:

1. La guerra civil española.[3]
2. Crónicas de San Francisco (fundación de la ONU).[4]
3. “Los campos de concentración soviéticos” (David Rousset) 1951.[5]
4. La crisis sindical de 1958, la represión, un desplegado.[6]
5. Palabras en la presentación de un partido político, 1970.
6. Caso Heberto Padilla,[7] Cuba. 1971.
7. Carta a Gilly. La Revolución Mexicana. 1972.
8. “La letra y el cetro”.[8] 1972.
9. Chile, Allende.[9] 1973.
10. Campaña de José López Portillo. Desayuno con intelectuales. 1976.
11. Entrevista con Julio Scherer García.[10] 1977.
12. Polémica con Carlos Monsiváis,[11] 1977.
13. Textos “1978: entre las convulsiones y la inmovilidad”.[12] 1978. Respuesta de Aguilar Camín en Nexos.
14. El ogro filantrópico. 1978.
15. El PRI en 1985: “Hora cumplida”.[13]
16. “Remache: burocracia y democracia en México”.[14] 1986.
17. Las elecciones de 1988. “Ante un presente incierto”.[15] La Jornada.
18. Pequeña crónica de grandes días, 1989.
19. “Izquierda y derecha”.[16] Vuelta. Noviembre 1990.
20. “La democracia: lo absoluto y lo relativo”.[17] Feria de Sevilla, Vuelta, 1991.
21. Alzamiento zapatista.[18] 1994.
22. Elecciones presidenciales de 1994.[19] Propuesta de reformas.
23. Textos sobre las elecciones de 1997.[20]
24. Nueva entrevista con Julio Scherer García,[21] 1997.

 

De todos estos documentos pueden extraerse enfoques analíticos de Paz más allá de la coyuntura o de la ideología para utilizarse como método analítico: habla de procedimientos sistémicos, donde se localiza la validez de toda ciencia política: un marco teórico para servir como fórmula analítica. Es decir, los textos de Paz no fueron de circunstancia, tampoco se quedaron en meras opiniones de botepronto. En su debate de diciembre de 1977, el cronista Carlos Monsiváis dijo que Paz era “un hombre de recetas” en sus análisis porque el poeta había introducido —sin que lo entendieran los intelectuales— el método de la ciencia política comparada que había aportado el politólogo Gabriel Almond en 1966 con su texto Comparative Politics. A Developmental Approach. En sus libros Paz no dio ninguna pista de haber leído a Almond, pero el modelo de política comparada de los sistemas México-Unión Soviética cumplió con los requisitos de esa vertiente de la ciencia política, además de enfurecer a la izquierda intelectual. Eso sí, Paz había leído, con ganas de aprender y no sólo de informarse, a los clásicos de la filosofía política y solía citarlos para reforzar sus propias opiniones; es decir, sí tuvo un marco teórico de la filosofía política para transformarla en análisis de hechos reales.

 

En esos textos existieron esfuerzos politológicos de Paz no sólo de crítica a abusos de poder, sino de propuesta analítica sobre el funcionamiento del sistema político; es decir: desarrolló un análisis sistémico de la política. En un adelanto que merecería mayor profundización, enumero algunos casos significativos:

 

1. En sus Cartas a la Cancillería, la conferencia en Austin y Posdata, Paz presentó su principal marco analítico del sistema político mexicano: el Estado populista, el absolutismo presidencial y el PRI como partido del Estado y el marco histórico de la Revolución mexicana como eje. También reveló el agotamiento de la legitimidad del PRI y del presidente como herederos de la Revolución Mexicana y afirmó la urgencia de un tránsito a una democracia electoral competitiva. Asimismo, presentó su principal explicación de la crisis política-económica-social en la tesis de los dos México: el desarrollado del norte y el subdesarrollado del sur, que sería después la tesis del desarrollo desigual. Y al final llegó a su advertencia: o democracia o dictadura. En esos tres textos aportó Paz una primera tesis politológica sobre el PRI como partido y ya no una institución política basada en fundamentos similares a los religiosos.

 

2. En su carta a Adolfo Gilly en 1972, Paz estableció el método politológico del examen histórico de las instituciones e ideas políticas, sin duda el primero en la literatura política y académica de la época. En el método histórico encontró una continuidad progresiva en la historia 1929-1971. Y una de sus grandes aportaciones politológicas fue la presentación del Estado-gobierno-partido como una burocracia, a partir de las dinastías chinas qué estudió Ettiene Balazs en Las burocracias celestes que había leído con ojo político-histórico, además de usar el instrumental analítico sobre burocracias de Trotsky y de Max Weber. Con pocos años de diferencia, Paz evolucionó en su enfoque crítico sobre el PRI, sus clases, sus compromisos y su achicamiento ante el crecimiento de la oposición.

 

3. En su polémica con Carlos Monsiváis por su entrevista en dos partes en la revista Proceso, Paz presentó su análisis de la ideología y la ideas y razonó de manera filosófica su oposición al socialismo burocrático soviético y cubano. De nueva cuenta Paz desarrolló su tesis dialéctica entre Estado y sociedad y el surgimiento de las burocracias autoritarias ajenas a las reglas de la democracia. Asimismo, exploró su defensa de la democracia no como objetivo final, sino como método para detectar, encarar y tratar de solucionar los problemas de la sociedad. Para despejar dudas —sin lograrlo—, Paz se declaró socialista no marxista ni prosoviético.

 

4. En 1978 publicó el ensayo histórico El ogro filantrópico como un primer acercamiento no oficial a la caracterización del Estado mexicano: una verdadera teoría histórica del Estado mexicano. Su análisis fue teórico porque partió de las teorías leviatanescas del Estado y dotó al mexicano de una fundamentación histórica. El análisis de Paz sobre el Estado mexicano ayudó a entender su funcionamiento como expresión de las burocracias. Además de las características del Estado que vienen de la teoría general, Paz añadió su configuración de poder como expresión de la conversión en burocracias de los grupos revolucionarios. Ahí explayó su teoría del Estado que había fijado en su carta a Gilly y ahondó en la categoría de Estado patrimonialista. No fue un artículo de crítica, sino un ensayo politológico para revelar el funcionamiento interno del Estado.

 

5. Los enfoques de Paz sobre el PRI fueron asumidos con desdén por la academia y por el propio PRI. Las interpretaciones de Paz sobre el PRI han padecido la superficialidad: todos creen que Paz odiaba al PRI y pugnaba por su desaparición, pero hablaba del PRI como del desarrollo de fuerzas sociales dominantes y representaciones de clase y reconocía el papel vital del partido en la estabilidad del país. Pero fue claro en la definición de sus vicios: centralismo, burocracia y dependencia del presidente de la república, olvidándose de los intereses de sus clases y la disolución de éstas al perderse el modelo ideológico de la Revolución Mexicana. Paz conocía muy bien la teoría de los partidos y su tipología —sobre todo la de Maurice Duverger—, pero propuso una propia: un partido producto de las contradicciones sociales históricas de México. Su ensayo Hora cumplida. 1929-1985 —ya dibujado en partes de textos anteriores— fue leído con enojo por los priístas suponiendo que Paz planteaba el fin histórico del partido, pero su párrafo final, al contrario, planteaba que el PRI debía recuperar su pasado maderista y de la Revolución Mexicana y se sumarse a la democratización con pluralidad de partidos.

 

6. La crisis electoral de 1988 movió a Paz a regresar al análisis de las opciones mexicanas. Su voz por encima de las rencillas Cárdenas-Salinas no fue siquiera leída y menos analizada. En 1994 el zapatismo envolvió a la sociedad mexicana y Paz se salió de los cargos de conciencia indígenas porque el subcomandante insurgente Marcos en realidad no representaba el espíritu indígena, sino que ostentaba un pensamiento marxista-leninista-castrista. Paz profundizó su teoría del Estado ante la agenda indígena de las naciones indias y fijó el debate no en el Estado sino en la democracia. Para Paz, la democracia no era el respeto al voto sino una forma de airear, discutir y solucionar de manera plural los conflictos.

 

En este contexto y a partir de la aportación de Octavio Paz a la teoría política mexicana, mi enfoque radica en el estudio de los ensayos políticos de Paz no sólo como los de un observador intelectual (de valores), sino como un científico político (realidades sistémicas): sus análisis del sistema político mexicano a partir de su funcionamiento estructural y de la tesis de Easton del sistema político como una caja negra para distribuir valores y beneficios. Sus disecciones del Estado, el partido y la ideología revolucionaria debieron de haber merecido una mayor atención de la academia politológica.

 

Y la relectura articulada de estos textos probarían que Paz no fue el conservador y derechista que marcaron los ataques en su contra, sino que fue un socialista utópico, crítico hasta el máximo, sino que esos epítetos fueron más bien argumentaciones de la trinchera del debate para evitar que los progresistas del centro-izquierda del sistema priísta discutieran las ideas y los casos detrás de las argumentaciones. Quizá el mejor reconocimiento a Paz lo dio, de manera tardía, Carlos Monsiváis en un texto publicado en Letras Libres en abril de 1999 —un año después del fallecimiento del poeta—, sólo con una frase que Paz debió de haber escuchado mucho antes: “la caída del Muro de Berlín le da la razón a Paz”, justo cuando las acusaciones de Paz a la izquierda prosoviética y procastrista rechazaba la argumentación de Paz referida al Muro y llegaban a la agresión verbal y simbólica. Esa breve frase demostró que Paz había tenido razón en sus debates con la izquierda cultural progresista mexicana desde 1971.

 

III

 

El contenido analítico de los textos políticos de Paz conserva la frescura suficiente para usarlos como método de análisis de la crisis del sistema político mexicano. Sus ensayos cumplen con el marco de construcción de interpretaciones científicas de la realidad: ensayo de ideas, estilo explicativo y método de análisis sistémico. La actualidad de sus análisis sobre coyunturas cumple también con el requisito de todo enfoque politológico: empatar reflexión con tiempo histórico. Leer en 2019 los ensayos de Paz permiten el acceso a interpretaciones científicas sobre la realidad del poder en México.

 

Los análisis de Paz, al ser científicos, permanecen como sistema analítico, porque su interés fue criticar instituciones y estructuras y no hacer crónica —como Carlos Fuentes o Carlos Monsiváis— de personajes y circunstancias. Podría decirse que el sistema político priísta (como denominación de origen) nació de una crisis, sobrevivió por la crisis y podría haberse extendido en la más profunda de los relevos de la clase gobernante porque López Obrador ha privilegiado la reconstrucción del presidencialismo autoritario dominante y busca que Morena-Congreso sea la caja negra dentro de la cual se resuelvan los conflictos y las redistribuciones de beneficios.

 

En algunos de sus escritos, Paz se refirió al instrumental de la ciencia política existente en el tiempo histórico de sus ensayos como insuficiente ante nuevas realidades y apeló a buscar nuevas formas politológicas para analizar la realidad compleja de las contradicciones mexicanas. Registro cuando menos cinco:

 

1. “¿Es necesaria una nueva teoría política? Exactamente. Esto es lo que nos pide la época. Esto es lo que no hemos podido darle. Hay que repensar toda la política… (Raymond) Aron dice que hay que repensar la herencia liberal, de Montesquieu a Tocqueville”. Entrevista con Antonio Marimón, Pasión crítica, pág. 244, publicada en Uno Más Uno en 1981.[22]

 

2. “(¿Cómo puede contribuir la poesía a la reconstitución de un nuevo pensamiento político?) … En las escuelas y facultades donde se enseñan las llamadas ciencias políticas, debería ser obligatoria la lectura de Esquilo y Shakespeare. Los poetas nutrieron el pensamiento de Hobbes y de Locke, de Marx y Tocqueville”.) En “Poesía, mito y revolución”, discurso al recibir el premio Tocqueville, junio de 1989, en Sueño en libertad, págs. 449.[23]

 

3. “Necesitamos nuevas respuestas a las viejas preguntas. Las jóvenes generaciones tendrán que construir una nueva filosofía política. Los fundamentos del pensamiento serán, sin duda, los de nuestra tradición moderna. Pienso en la tradición liberal y en la socialista, pienso en las visiones de Fourier y en la lucidez de Tocqueville. Por último, creo que el pensamiento político de mañana no podrá ignorar ciertas realidades olvidadas o desdeñadas por casi todos los pensadores políticos de la modernidad. Hablo del inmenso y poderoso dominio de la afectividad: el amor, el odio, la envidia, el interés, la amistad, la fidelidad.” (Entrevista Respuestas nuevas a viejas preguntas, 1992).[24]

 

4. “Los fundadores de la filosofía política moderna se hicieron preguntas esenciales sobre la justicia, la naturaleza del Estado, la legitimidad de la propiedad, la democracia, la fraternidad, la paz y la guerra, los derechos de los individuos, la igualdad”… “Hoy nadie cree que el secreto de la construcción de la sociedad perfecta esté en Adam Smith o en Karl Marx, en Locke o en Rousseau”… “Las jóvenes generaciones tendrán que construir una nueva filosofía política”… “El nuevo pensamiento político no podrá renunciar a lo que he llamado “la otra voz”, la voz de la imaginación política”. (Respuestas nuevas a preguntas viejas, ibíd.)

 

5. “Mis textos políticos están fechados y no están destinados a durar. Yo no soy un pensador político: soy un hombre con ciertas ideas políticas y con algunas opiniones. No ofrezco a mis contemporáneos un sistema o una filosofía. Mis opiniones son circunstanciales y, en cierto modo, pragmáticas. Son el resultado del ejercicio de mi libertad como ciudadano. Mi pasión por algunos temas políticos es de orden moral y ha sido, como le dije al principio de nuestra conversación, de mi interés infantil por la historia.” (Entrevista a Braulio Peralta recogida en El poeta en su tierra. Diálogos con Octavio Paz, 1996.)[25]

 

En este sentido, Paz estaba consciente de que el análisis de la política requería de una nueva filosofía política, de nuevas herramientas de procesamiento de la realidad, de diferentes, nuevos y modernos marcos teóricos, es decir, de una nueva teoría política y nuevas reflexiones filosóficas. Paz estudió derecho en tiempos en que esa especialidad tenía mucho de filosofía y teoría del Estado y no solo procedimientos legales. Y sus textos analíticos, por ejemplo, sobre la política comparada México-URSS, han sido eludidos por la ciencia política institucional en la UNAM, pues esta Universidad proveía los recursos humanos al Estado priísta.

 

De ahí que los ensayos de Paz requieran de nuevas formas de leer la ciencia política, pues los centros académicos comenzaron a ganar independencia teórica después de la reforma política de 1978…, y no todos. La recuperación de la relación ensayos-análisis sistémico formalizaría la contribución de Paz a la politología mexicana tan dependiente del pensamiento oficial.

 

IV

 

El ejercicio de este ensayo es doble: asumir a Paz en sus textos políticos como politólogo —o científico de la política o exponente de análisis que cumplen con los requisitos de la ciencia política— con la exposición de problemas actuales del sistema político priísta —hoy morenista, pero priísta al fin— y la recuperación de algunas de sus frases analíticas. El móvil no es sólo encontrarle una utilidad a los análisis de Paz, sino de darle valor científico a esos pronunciamientos.

 

La otra oportunidad nació de la lectura de un libro de ensayos de Hannah Arendt titulado Hombres en tiempos de oscuridad (1968, el año de las grandes crisis y redefiniciones) y basado en un párrafo de De la democracia en América (capítulo VIII, Cuarta Parte), de uno de los pensadores más admirados por Paz: el vizconde de Tocqueville:

“A pesar de que la revolución que está teniendo lugar en la condición social, las leyes, las opiniones y los sentimientos de los hombres, está aún muy lejos de consolidarse; sin embargo, sus resultados no admiten comparación con cualquier cosa que el mundo haya visto antes. Vuelvo de generación en generación hasta la más remota antigüedad, pero no encuentro paralelo a lo que está ocurriendo delante de mis ojos. Como el pasado ha dejado de arrojar luz sobre el futuro, la mente del hombre vaga en la oscuridad”. (Cursivas de CR)

 

La crisis del socialismo soviético en 1989, la reactivación del capitalismo depredador con el Consenso de Washington globalizador a lomo de la caída del comunismo soviético, la crisis de la globalización del 2008 y la ausencia de ideologías-faro en la era de la posverdad, de las fake news y del twitter como la socialización de las pasiones individuales parecen haber diluido cualquier expectativa de futuro y sobre todo desaparecido todo rastro del pasado. Ahí es donde se puede rescatar el análisis de Paz como un auxiliar en la interpretación del presente.

 

A continuación presento 17 ejemplos —podrían ser más— de circunstancias actuales que podrían ser analizadas con las herramientas del análisis sistémico de la política de Paz de 1951 a 1997, justo antes de la caída del comunismo para alumbrar la oscuridad que refería Tocqueville:

 

1. El presidente López Obrador ha instaurado una conferencia de prensa diaria para fijar su línea de gobierno y el escenario tiene como fondo las figuras de identidad de su administración: Hidalgo, Morelos, Juárez, Madero y Cárdenas.

 

En Posdata (pág. 31), Paz escribió:

“Toda dictadura, sea de un hombre o un partido, desemboca en las dos formas predilectas de la esquizofrenia: el monólogo y el mausoleo. México y Moscú (comunista) están llenos de gente con mordaza y de monumentos a la Revolución”.[26]

 

2. La crítica ha encontrado en la nueva élite gobernante morenista una enorme susceptibilidad a los cuestionamientos.

En Posdata Paz escribió:

“Una de las razones de nuestra incapacidad para la democracia es nuestra correlativa incapacidad crítica”… “La crítica del otro comienza con la crítica de uno mismo.[27]

 

3. Ahora que se habla de cambio de régimen, hay que recordar las cinco propuestas de Octavio Paz en Las elecciones de 1994: doble mandato que exhiben la regresión lopezobradorista:

“—La primera es contar con un poder legislativo independiente que realice las mismas funciones de crítica política frente al poder presidencial que cumplen los parlamentos de las naciones democráticas, tanto en los Estados Unidos como den las naciones europeas. Si queremos limitar el presidencialismo mexicano, debemos fortalecer la independencia del poder legislativo.

—La segunda es la creación de un poder judicial fuerte, honesto, libre de tutelas y presiones, capaz de defender a los ciudadanos de los abusos de las autoridades. México ha sido un país donde el poder es con frecuencia arbitrario: hay que someterlo a la ley.

—La tercera es la separación definitiva e inequívoca entre el PRI y el Estado. Ese partido debe convertirse en un partido como los otros o desparecer.

—La cuarta es la renuncia expresa a la práctica presidencial de nombrar a su sucesor. El candidato Zedillo declaró que renunciaría a ese antidemocrático privilegio, pero el presidente Zedillo debe confirmarlo solemnemente.

—La quinta es la transformación de nuestro centralismo en un auténtico federalismo. Sólo podremos alcanzar la deseada alternancia en el poder si comenzamos por la periferia, por las regiones. Hacen falta, mucha falta, más gobernadores y más presidentes municipales de la oposición.

Tareas largas y arduas, pero inaplazables.” [28]

 

4. La nueva élite morenista le apuesta a una Constitución moral concebida más como moralismo que como valores éticos. En Itinerario, Paz habló de la construcción de un nuevo pensamiento político:

“Si queremos salir del pantano y no hundirnos en el lodazal debemos elaborar una nueva moral y una política.

“No es la primera vez que aludo a la necesidad de una filosofía política. En realidad, sobra el adjetivo política; casi todas las filosofías desembocan en una política. Lo que yo sueño y que, quizá, sea la obra de una generación venidera, deberá reanudar la tradición de Kant en un aspecto fundamental: trazar un puente entre la reflexión filosófica y el saber científico”.[29]

 

5. El auge del nuevo fundamentalismo ha comenzado a minar el valor de la crítica. Paz escribió en Itinerario:

“A diferencia de los antiguos principios religiosos y metafísicos, la crítica no es un absoluto; al contrario, es el instrumento para desenmascarar a los falsos absolutos y denunciar sus atropellos”.[30]

 

 

6. El nuevo gobierno morenista llegó con el compromiso de erradicar la corrupción asumida como el lado malo del ser humano, pero Paz fue más científico y, siguiendo a Weber, acreditó la corrupción al Estado patrimonialista:

“Otro signo de los partidos políticos es la corrupción. Desde la perspectiva de la persistencia del patrimonialismo es más fácil entender este fenómeno”…

“Personas de irreprochable conducta privada, espejos de moralidad en sus casas y sus barrios, no tienen escrúpulos en disponer de los bienes públicos como si fueses propios. Se trata no tanto de una inmoralidad como de la vigencia inconsciente de otra moral: en el régimen patrimonial son más bien vagas y fluctuantes las fronteras entre la esfera pública y la privada, la familia y el Estado. Si cada uno es el rey de su casa, el reino es como una casa y la nación como una familia. Si el Estado es el patrimonio del rey, ¿cómo no va a serlo también de sus parientes, sus amigos, sus servidores y sus favoritos?”…

“La presencia de la moral patrimonialista cortesana en el interior del Estado mexicano es otro ejemplo de nuestra incompleta modernidad.”[31]

 

7. Los nuevos gobernantes llegaron con el argumento de fundar la democracia, aunque en los hechos no hagan sino acotarla.

En Remache: burocracia y democracia en México, revista Vuelta No. 127, junio de 1987, págs. 62-63 afirmó:

“Desde Posdata (1969) sostengo que la salida de México es la democracia”… “Naturalmente, hablo de la verdadera democracia, que no consiste sólo en acatar la voluntad de la mayoría sino en el respeto a las leyes constitucionales y a los derechos de los individuos y de las minorías. Ni los reyes ni los pueblos pueden violar la ley ni oprimir a los otros, Los antiguos concebían a la buena democracia —pues hay algunas que son malas: las demagógicas y las despóticas— como un régimen mixto que combina las otras formas de equilibrio de gobierno (la monarquía y la aristocracia), fundado en el equilibrio de poderes y en el culto a la Constitución.

“A los mexicanos nos hace falta, lo mismo en la esfera privada que en la pública, volver a Montesquieu, quiero decir: conocer y reconocer los límites de cada uno, los míos y los de mi vecino. De ahí que la reforma política sea inseparable de la reforma intelectual y moral. Esto únicamente puede realizarse por una acción interior e interpersonal: una enmienda, una conversión. Por eso me atrevo a decir que la reforma moral es, o debería ser, la tarea de la nueva generación intelectual”.[32]

 

8. A pesar de arrancar su lucha por el poder como una fuerza de izquierda, López Obrador en la presidencia nunca ha definido su gobierno y su pensamiento como de izquierda. En Las elecciones de 1994: doble mandato, revista Vuelta No. 215, octubre de 1994, págs. 8-13, Paz escribió:

“El PRD asistió (en 1994) a la Convención convocada por los alzados de Chiapas (el EZLN). Me pregunto: ¿cómo un partido democrático, que ha renunciado por principio a la violencia, puede colaborar y manifestar su solidaridad con un grupo armado?”

“A pesar de estos errores —“polvos son de aquellos lodos”— México necesita de un partido de izquierda moderno y democrático. ¿Podrá el PRD convertirse en ese partido?”[33]

 

9. De la crisis de 1968 a la victoria de López Obrador en 2018 ha habido una lucha por utilizar a los intelectuales como arietes para las justificaciones morales, pero a partir —y fue una de las críticas más duras, incomprendidas y repudiadas de Paz— de la fascinación de los intelectuales por el poder:

 

En “La letra y el cetro”, revista Plural No. 13, octubre de 1972, Paz criticó:

“La historia de la literatura moderna, desde los románticos alemanes e ingleses hasta nuestros días, es la historia de una larga pasión desdichada por la política. De Coleridge a Mayakovski, la Revolución ha sido la gran Diosa, la Amada eterna y la gran Puta de poetas y novelistas”.

 

Y en su entrevista con Scherer en diciembre de 1977 acotó el papel de los intelectuales.

“No predico la abstención: los intelectuales pueden ser útiles dentro del gobierno, a condición de que sepan guardar las distancias con el Príncipe”.[34]

 

10. Ahora que todos marcan su territorio hacia adelante rompiendo con el pasado de sus ideas socialistas, de manera paradójica Paz hizo cuando menos dos pronunciamientos sobre el socialismo: una antes del desmoronamiento del Muro de Berlín y cuando —como Monsiváis y en su polémica con él— lo acusaban de anticomunista y otra justo después del colapso soviético en 1991.

 

En entrevista con Julio Scherer García en Proceso, diciembre de 1977:

“Yo no rechazo la solución socialista. Al contrario, el socialismo es quizá la única salida racional de la crisis de occidente. Pero, por una parte, me niego a confundir al socialismo con las ideocracias que gobiernan en su nombre en la URSS y en otros países. Por otra parte, pienso que el socialismo es inseparable de las libertades individuales, del pluralismo democrático y del respeto a las minorías y a los disidentes. Por eso el socialismo fue pensado y diseñado para países desarrollados.”

 

Y entrevista publicada en Komsomólskaya Pravda, reproducida en La Jornada 9-12 de octubre de 1991, a raíz del desmoronamiento del Muro de Berlín y la desarticulación de la Unión Soviética:

“Da un poco de risa —o de vergüenza, según se mire— que algunos confundan el fin de los regímenes marxistas-leninistas con el fin de la utopía. Sobre todo, que oigamos esa queja en labios de personas que ayer todavía se llamaban marxistas. Parece que han olvidado que Marx y Engels señalaron siempre y con mucha energía la diferencia entre lo que ellos llamaban el ‘socialismo utópico’ y su sistema que denominaron con ingenuidad ‘científico’. Lo que se ha derrumbado no es el ‘socialismo utópico’ sino el ‘socialismo científico’.”[35]

 

11. Las conferencias de prensa de López Obrador todas las mañanas no llevan la intención de informar, sino que se han convertido en confrontaciones con sus críticos, “con todo respeto”. En la parte final de su conferencia en Austin en octubre de 1969 Paz afirmó:

“Toda revolución sin pensamiento crítico, sin libertad paraba contradecir al poderoso y sin la posibilidad de sustituir pacíficamente al gobernante por otro, es una revolución que se derrota a sí misma”… “Una sociedad plural, sin mayorías ni minorías: en mi utopía política no todos somos felices, pero, al menos, todos somos responsables”.[36]

 

12. El discurso de la “Cuarta Transformación” impuesta de arriba abajo se ha vendido como un nuevo contrato social operado por la nueva élite gobernante. Sin embargo, Paz en su texto México: después del 6 de julio: una encuesta (Vuelta No. 248, julio de 997, págs. 17-19, escribió:

“La situación actual se debe no tanto a los partidos de oposición —su crecimiento es más bien el resultado de cambios sociales más vastos y profundos— como a una transformación de la sociedad mexicana”.

 

13. El nuevo grupo gobernante lopezobradorista ha aprovechado las estructuras de dominación presidencial-partido del gobierno —el modelo sistémico de David Easton— para restaurar mecanismos de dominación social, no para promover la democracia de los equilibrios sociales. En su análisis de las elecciones presidenciales de 1988 que modificaron el equilibrio partidista y que obligaron al gobierno de Salinas de Gortari a abrir nuevas formas de negociación social, Paz escribió lo que se había terminado (Excelsior, 11 de septiembre de 1988.):

“El sistema político mexicano, tal como fue concebido por Plutarco Elías Calles en 1929, y con los cambios, reformas y adaptaciones de sus sucesores, en particular Lázaro Cárdenas y Miguel Alemán, había cumplido con su misión: evitar la doble dolencia endémica en la historia de México, el cesarismo de los caudillos y el desorden violento de las facciones.”[37]

 

14. El gobierno de López Obrador ha revalidado, cuando menos como imagen, la figura de Lázaro Cárdenas en la identidad gráfica de la documentación oficial y preside todos los mítines y conferencias oficiales. En su carta a Adolfo Gilly sobre su libro La Revolución interrumpida”, Paz contextualiza el modelo Cárdenas:

“El renacimiento cardenista se explica por la conjunción de estas circunstancias: la existencia de un ala izquierda dentro del PNR y el gobierno, la energía social liberada por las reformas de Obregón y del primer Calles, acumulada después durante el periodo de represión y que hacia 1933 empezó a manifestarse en una serie de estallidos obreros y campesinos, y el desgaste moral del callismo”.[38]

 

15. En medio de contradicciones analíticas y rechazos verbales, el debate sobre el caudillismo a la mexicana ha sido revalidado por Enrique Krauze en El redentor y en El presidente historiador: el regreso al voluntarismo personalista. Paz lo analizó desde hace 49 años en Posdata (1970). Paz celebraba el final del caudillismo con Obregón y su transformación institucional en el presidente con las reformas del partido con Cárdenas y Alemán, pero hoy parece regresar el modelo del caudillo personal:

“Herederos de México-Tenochtitlán, los españoles se encargaron de transmitir la arqueología azteca del poder político: el tlatoani y la pirámide”. … “El tlatoani es impersonal, sacerdotal e institucional; de ahí la figura abstracta del Señor Presidente corresponda a una corporación burocrática y jerárquica como el PRI. El caudillo es personalista, épico, excepcional”. … “La presidencia es una función institucional; el caudillo es una misión excepcional; el poder del caudillo siempre es personal”… “El caudillo gobierna a espaldas de la ley; él hace la ley. El tlatoani, inclusive si su poder brota de la usurpación azteca o del monopolio del PRI, se ampara siempre en la legalidad”… “Nuestra historia está llena de tlatoanis y caudillos: Juárez y Santa Anna, Carranza y Villa”.

 

En Posdata había dado Paz un perfil de la sumisión de poderes e instituciones y del dominio presidencial que resultan imágenes reconstruidas en nuestro presente inevitable:

“El Senado y la Cámara de Diputados han sido y son dos cuerpos parlanchines y aduladores (“!es un honor, estar con Obrador!”, grito de guerra de la mayoría de Morena después del 1 de julio del 2018) que jamás han ejercitado la crítica; el poder judicial es mudo e impotente; la libertad de prensa es más formal que real; la radio y la televisión están en manos de dos o tres familias más interesadas en ganar dinero anestesiando al público con sus programas que en analizar con honradez y objetividad los problemas del país”.

 

16. Las primeras reestructuraciones del sistema-régimen lopezobradorista-morenista revelan la reorganización del viejo presidencialismo centralista, incluyendo la conformación de empleados públicos sometidos a las directrices el poder presidencial. En su texto Hora cumplida (1929-1985), publicado en Vuelta 103 de junio de 1985, antes de las elecciones federales de mitad de sexenio:

“Centralismo y burocracia son vasos comunicantes que se alimentan mutuamente. El centralismo es la expresión de los grandes monopolios económicos del Estado —y de muchos privados que son sus aliados—, de los monopolios culturales en las grandes ciudades y, en fin, de los monopolios políticos. Tenemos que acabar con todo esto. El único método conocido es la democracia”.[39]

 

17. Y a propósito del apoyo del gobierno lopezobradorista a la dictadura venezolana de Nicolás Maduro ante el clamor internacional por regresar a Venezuela al sendero de la democracia, Paz encaró ese apoyo a dictaduras con el caso nicaragüense con un discurso (El ruido y la furia, 1984, al recibir un premio en Francfort y que llevó al odio político quemando su efigie frente a la embajada de los EE. UU.) con un razonamiento dialectico impecable:

“Los escritores (mexicanos) que publican manifiestos a favor del régimen sandinista, ¿se han hecho está pregunta?: ¿por qué aprueban la implantación en Nicaragua de un sistema que les parecería intolerable en su propio país? ¿Por qué lo que resulta odioso aquí resulta admirable allá?”[40]

 

 

V

 

Este texto quiere revalidar la actualidad ensayística de Paz en su método analítico, no demeritarla como ensayos intelectuales de la circunstancia histórica en que se escribieron. La función de la ciencia política es utilizar la filosofía política para explicar realidades del poder y de la polis. La relectura de los ensayos políticos de Paz sí puede configurar un sistema analítico, independientemente de su construcción literaria como estilo de redacción. Los ensayos políticos de Paz representaron un desafío a la ciencia política académica, pero ahí no ha habido más que desdén.

 

El enfoque analítico de los ensayos de Paz se ajusta al modelo de Easton: el análisis sistémico de la política. Y habrá que recuperar y poner en orden todo el análisis de Paz sobre los tres pilares del sistema político mexicano: el presidente de la república, el PRI o partido-gobierno y la legitimidad constitucional. El sistema político mexicano fue priísta completo de 1929 a 2000, aliado y estructura de gobierno del panismo presidencial 2000-2012, de nuevo priísta en 2012-2018 y priista en su estructura y funcionamiento ahora a través de Morena, un partido que nació del PRI, se convirtió en PRD y se desprendió como Morena y que está reconstruyendo el viejo régimen priísta analizado por Paz.

 

El sistema analítico de los ensayos políticos de Paz ayudaría —como todo esfuerzo politológico— a entender el contexto de funcionamiento —fortalezas y debilidades, avances y retrocesos— del gobierno de López Obrador en el proceso de desarrollo político de México. Lo más importante radica en la vigencia del pensamiento político de Octavio Paz. Y, de paso, reconocer que los ensayos políticos del poeta hicieron una propuesta politológica: el análisis sistémico de la política mexicana.

 

NOTAS

[1] Se recoge en El peregrino en su patria. Historia y política de México, volumen 8 de sus Obras completas.

[2] “Burocracias celestes y terrestres” (carta a Adolfo Gilly) se recoge en Miscelánea II, volumen 14 de sus Obras completas (pp. 296-311).

[3] Sobre todo “Aniversario español” y “El lugar de la prueba (Valencia, 1937-1987)”, recogidos en Ideas y costumbres I. La letra y el cetro, volumen 9 de sus Obras completas.

[4] Crónica trunca de días excepcionales. Edición de Antonio Saborit (México: UNAM, 2007).

[5] Ideas y costumbres I. La letra y el cetro (pp. 167-170).

[6] “Al pueblo y al gobierno” (Excélsior, 30 de agosto, p. 16).

[7] “Las ‘confesiones’ de Heberto Padilla” (1971), se recoge en Ideas y costumbres I. La letra y el cetro (p. 171).

[8] El ensayo “La letra y el cetro” se recoge en El peregrino en su patria. Historia y política de México, p. 546.

[9] “Los centuriones de Santiago” se recoge en Ideas y Costumbres I. La letra y el cetro, pp. 452-456.

[10] “Suma y sigue (Conversación con Julio Scherer)” se recoge en El peregrino en su patria. Historia y política de México, pp. 366-382.

[11] La polémica se llevó a cabo en la revista Proceso entre diciembre de 1977 y enero de 1978. Paz recogió “Aclaraciones y reiteraciones a Carlos Monsiváis” (pp. 312-317) y “Repaso y despedida” (pp. 318-323) en Miscelánea II, volumen 14 de sus Obras completas.

[12] Cuatro artículos que aparecieron en Proceso en agosto de 1978 con ese título (están en línea). Paz los recogió con el título “La libertad contra la fe” en Ideas y costumbres I. La letra y el cetro (pp. 249-268). El comentario de Aguilar Camín, “El Apocalipsis de Octavio Paz”, apareció en Nexos el 1 de octubre (está en línea).

[13] Se recogió en El peregrino en su patria, pp. 383-396.

[14] Idem, pp. 397-401.

[15] Idem, pp. 402-415.

[16] “Izquierda y derecha sesenta años después”, en Miscelánea II, pp. 374-376.

[17] Se recogió en Ideas y costumbres I. La letra y el cetro, pp. 473-487.

[18] Los muchos escritos de Paz sobre el alzamiento en Chiapas se recogen en “Días de Prueba”, en Miscelánea II, pp. 244-285.

[19] “Las elecciones de 1994: doble mandato”, en Miscelánea II, pp. 229-243.

[20] “México, después del 6 de julio” (de 1997), en Miscelánea II, pp. 281-285.

[21] La entrevista, “Tela de juicios”, se recoge en Miscelánea III. Entrevistas, pp. 552-586.

[22] La entrevista, “La política y el instante” se recoge en Miscelánea III. Entrevistas, pp. 477-491.

[23] Se recoge en La casa de la presencia. Poesía e historia, volumen 1 de las Obras completas, pp. 521-532.

[24] La entrevista con Juan Cruz se recoge en Ideas y costumbres I. La letra y el cetro, p.497.

[25] Se recoge en Miscelánea III. Entrevistas, p. 393.

[26] Recogido en El peregrino en su patria. Historia y política de México, p. 276.

[27] Idem, p. 271.

[28] En Miscelánea II, pp. 229-243.

[29] En Ideas y costumbres I. La letra y el cetro, p. 59.

[30] Idem, p. 24.

[31] El ogro filantrópico, revista Vuelta No. 21, agosto de 1978, páginas 38-44. Se recoge en El peregrino en su patria. Historia y política de México, p. 349.

[32] Idem, p. 401.

[33] Se recoge en Miscelánea II, p. 232.

[34] Se recoge en El peregrino en su patria, p. 546.

[35] “Un escritor mexicano ante la Unión Soviética”, entrevista con Eugenio Umerenkov, se recoge en Ideas y costumbres I. La letra y el cetro, p. 237.

[36] La conferencia de Austin fue el germen de Postdata. El párrafo aparece ahora en ese libro, recogido en El peregrino en su patria. Historia y política de México, p. 302.

[37] “Al otro día” se recoge también en El peregrino en su patria, p. 413.

[38] “Burocracias celestes y terrestres”, en Miscelánea II, p. 299.

[39] Recogido en El peregrino… (p. 395).

[40] “El diálogo y el ruido (Francfort, 1984)” se recoge en Ideas y costumbres I. La letra y el cetro, p. 464.

Autores

  • Ramírez, Carlos

Tipología

  • Conversación
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