El Gran Premio Internacional de Poesía de 1963

Ángel Gilberto Adame

 

En 1951, el periodista belga Arthur Haulot[1] convocó a un congreso de poetas europeos. Así, al año siguiente, se realizó la primera Biennale Internationale de Poésie con el fin de abrir un diálogo entre pluralidades y diversificar la reflexión en torno a la poesía El prestigio que fue adquiriendo el evento, celebrado en Le Zoute, en la comunidad de Knokke-Heist, uno de los balnearios más famosos de Bélgica, pronto rebasó sus propias fronteras y el reconocimiento que empezó a entregarse desde la tercera edición, al final de la Bienal, se convirtió, en su época, en la antesala del premio Nobel.[2] Dicha condecoración la otorgaba la Maison Internationale de la Poesie, y podían obtenerla poetas de cualquier nacionalidad, siempre y cuando no hubieran ya ganado premios internacionales de mayor jerarquía. El jurado cambiaba cada edición y sus deliberaciones eran secretas.

 

Benito Milla relata lo que acontece en el Casino Kursaal, sede del premio:

los poetas se reúnen en las grandes salas del Casino para hablar y discutir de poesía. Y algunos críticos en el cómodo salón frente al mar, de un hotel silencioso, para adjudicar el Grand Prix International de Poésie instituido por el secretariado de las Bienales. […] Una de las características más simpáticas que distinguen a estas Bienales es su prescindencia en materia de ideologías, tendencias literarias y discriminaciones generacionales. En ellas fraternizan —o cuando menos se reúnen y discuten— hombres de muy distintas concepciones estéticas y de muy diferentes edades.[3]

 

El primer poeta en recibir el Grand Prix fue Giuseppe Ungaretti en 1956; en 1959 fue galardonado Saint-John Perse y, para 1961, Jorge Guillén.  En  1963, la Bienal se celebró del 5 al 9 de septiembre y fue organizada conjuntamente con Le journal des poétes —órgano oficial de la Bienal dirigido por Pierre-Louis Flouquet y Haulot—, por la reina Isabel Gabriela de Baviera y por las principales instituciones culturales de Bélgica. El tema del congreso, además de la entrega del premio, fue “La juventud de la poesía”.[4]

Casino Kursaal donde se deliberó al ganador del Gran Premio Internacional de Poesía en 1963.

Los nominados para el galardón de la sexta edición formaban un abanico multicultural: Mao Zedong, Ana Akmathova, Robert Lowell, Yorgos Seferis, Vicente Aleixandre, Aimé Césaire, Rene Char, Robert Graves, Henri Michaux, W. H. Auden, Blas de Otero, Léopold Sedar Sanghor, Ezra Pound, Francis Ponge, Tudor Arghezi, Ingeborg Bachmann, Jorge Carrera Andrade, Manuel Bandeira y Octavio Paz. El jurado estuvo integrado por quince escritores: Jesús Arellano, (México), René de Berval (Laos), Peter Huchel (Alemania), Mohammed Aziz Lahbabi  (Marruecos), John Lehmann (Gran Bretaña), Marcel Lecomte (Bélgica), René Menard, (Francia), Joaquim de Montezuma de Caravalho (Portugal), Arthur Miedzyrzecki (Polonia), Benito Milla (Uruguay), Georges Mitzkov (Bulgaria), Komao Naruse (Japón), Zdenek Smid (Checoslovaquia), Peter Viereck (Estados Unidos) y Victor E. van Vriesland (Holanda), quien fungió como presidente. Fungieron como secretarios, sin derecho a voto, Fernand Verhesen y P. Février.

 

Milla detalló las deliberaciones:

Hechas las eliminaciones de rigor cada jurado procedió a la presentación de uno de sus candidatos con carácter definitivo. Al que esto escribe le correspondió el honor de presentar y defender a Octavio Paz hasta el fin. Con limpia precisión el holandés van Vriesland, que presidía el Jurado, dejó los candidatos posibles: Seferis, que obtendría el Nobel dos meses más tarde; Ana Akmathova, defendida con perseverancia y calor por el americano Peter Vierek; Aimé Césaire, sostenido hasta el final por el Decano de la Facultad de Letras de Rabat, Aziz Lahabi; Henri Michaux, que el belga Marcel Lecomte respaldó con insistencia y criterio firme. Finalmente, en la última votación, Octavio Paz obtuvo una sustancial mayoría, adjudicándosele el Gran Premio Internacional dotado con 100.000 francos.[5]

Cartel del premio.

El 9 de septiembre, estando en la India, Paz fue notificado desde Bélgica que había sido acreedor a su primer reconocimiento internacional. La decisión de aceptar el premio le provocó cierta zozobra, pues sus perspectivas de juventud sobre la literatura comprometida y la poesía pura chocaban con la aceptación del mismo. En su correspondencia con Bona Tibertelli refirió su angustia y describió el galardón como “una enfermedad infantil: marca para siempre, pero inmuniza”.[6] A José Luis Martínez le habló de su victoria como un castigo.[7]

 

En México no se le dio su justa relevancia al mérito de Paz, a consecuencia de ello, Rubén Salazar Mallén se quejó de la ignorancia del medio cultural sobre un premio tan importante como el de Knokke. Comparó la reacción social entre el galardón al poeta mexicano y el triunfo del tenista Rafael Osuna en el abierto de EUA: “Es esa una situación que delata a México como un país sin educación”.[8]

Sellos conmemorativos de la Bienal de 1963.

Salazar Mallén  no fue el único que felicitó a Paz. El presidente le envió un telegrama al país asiático:

Felicito cordialmente por haber ganado el Gran Premio 1963 del VI Concurso Internacional de Poesía, —celebrado en Knokke, Bélgica, el cual, además de ser un valioso reconocimiento a la notable obra poética de la que usted es autor, también debe ser motivo de honda satisfacción para las letras mexicanas. Reciba un afectuoso saludo. Adolfo López Mateos [9]

 

Las  palabras de López Mateos motivaron una andanada de reacciones. Carlos Pellicer dijo que “Octavio Paz es, indudablemente, un gran poeta y en los últimos años su obra ha sido vertida a varios idiomas. Es un escritor de fama internacional y bien puede decirse que es el poeta mexicano más conocido en el mundo. Su poesía, que casi toda está dentro del surrealismo, ha recibido, en repetidas ocasiones, la aprobación de la critica internacional y el premio que ahora se le otorga, es altamente merecido. Puede decirse que todos los poetas de México, grandes y pequeños, estamos muy contentos de esta nueva muestra de aprobación internacional que recibe”. José Gorostiza señaló: “Es un premio altamente satisfactorio, no solamente porque es mi amigo, sino porque es un gran poeta”.

 

Salvador Novo, pese a no contarse entre los amigos de Paz, comentó: “Me satisface que Octavio Paz gane un premio internacional. Su obra es ampliamente conocida en otros países, porque él ha sabido aprovechar todos los medios de difusión para ese propósito. Es un poeta que se sabe administrar. Sin embargo, antes que Paz, otro poeta mexicano, Juan de Dios Peza, que ahora no se estima mucho, tuvo también una amplia difusión y vio sus poemas traducidos hasta al japones. Octavio Paz es un gran poeta, pero Carlos Pellicer es más mexicano y tiene una producción tan caudalosa como la del autor de La estación violenta, pero claro, nadie se ha ocupado de traducir la poesía de Pellicer a otros idiomas”.

 

Andrés Henestrosa afirmó: “Octavio Paz es un poeta extraordinario y un ensayista magnifico. El premio que ahora recibe me parece que es un honor para las letras mexicanas y un triunfo legítimo de un poeta que se ha consagrado al cultivo de la poesía en prosa y en verso. Muchos son los poetas mexicanos cuyas obras han sido traducidas a otros idiomas, pero que yo recuerde nadie había obtenido antes un premio mundial. Las musas mexicanas están de plácemes”.

 

Rafael Solana estuvo también entre los entusiastas de la obra de Paz: “Creo que es una cosa que nos debe llenar de orgullo, no solamente porque Paz es mexicano, sino porque es un premio perfectamente justo. Tenemos una visión de todo lo que se publica en Europa y en América y por eso podemos afirmar que la poesía de Paz es una de las más brillantes en el mundo Occidental”. Para Alí Chumacero, “el premio otorgado al autor de Libertad bajo palabra es un reconocimiento justo a toda una vida dedicada al cultivo de la poesía, no sólo con invariable vocación, sino también con un extraordinario acierto. La poesía de Octavio Paz figura actualmente entre las más notables expresiones de la literatura del mundo occidental”.

 

Los parabienes en la prensa fueron en aumento. Se dijo que era un galardón bien ganado y necesario para el poeta, quien había “llegado a la escritura madura”. Igualmente, se enfatizó la importancia del acontecimiento para las letras mexicanas:

Gran canto del mundo y del tiempo nuestros, la obra de Octavio Paz no es sólo una poesía que habla para todos nosotros y que todos podemos escuchar; es, también, un ejemplo de cómo la máxima tensión y expresividad de la palabra escrita se logra en esa zona tórrida donde pactan la raíz nacional y el diálogo con todos los hombres; la más remota tradición y la absoluta novedad.[10]

 

Hubo publicaciones que elaboraron resúmenes de sus obras; hablaron de Las peras del olmo, de Piedra de sol, de El arco y la lira, de las traducciones de sus libros.  Fedro Guillén escribió para El Nacional:

Quienes no sepan, o quieran saber, por qué Octavio Paz ha merecido un premio internacional de poesía, lean su obra poética: en la vibración de sus palabras, en sus imágenes y metáforas, en la suave cadencia de sus versos encontrarán la mejor respuesta y el premio a su curiosidad.[11]

 

Un gesto importante en torno al triunfo de Paz provino del senador Manuel Moreno Sánchez, quien pidió que el suceso quedara asentado en el Diario de los Debates, como un “estímulo y reconocimiento a un distinguido mexicano”.

En los últimos días, antes de la celebración de esta sesión, fue publicada en la prensa la noticia de que el Gran Premio Internacional de Poesía 1963, fue concedido a Octavio Paz, el gran poeta mexicano, en Bélgica. Una obra como la de Octavio Paz, que principió en el año 1935 y ha continuado hasta alcanzar gran madurez e importancia en las letras internacionales, merece nuestra admiración. Independientemente de ello, actualmente Octavio Paz sirve al país como embajador ante el Gobierno de la India. Yo quiero que en el Diario de los Debates de esta Cámara figure el texto de la noticia de este hecho que honra a las letras mexicanas y que representa indudablemente una muestra de cómo la cultura mexicana se proyecta en el mundo Internacional, No persigo, desde luego, obtener que esta Asamblea felicite oficialmente a Octavio Paz por su triunfo; simplemente he querido usar la palabra para que en los anales del Congreso Mexicano, correspondientes a la primera sesión, después de que la noticia se hizo pública, quede la constancia de la satisfacción de muchos de nosotros por un hecho que honra a la cultura nacional y evidencia, indudablemente, la calidad elevada de sus representantes.[12]

 

El 15 de septiembre, Paz le agradeció la cortesía:

Querido Manuel:

Por varios conductos me he enterado del homenaje que el Senado me hizo con motivo del otorgamiento en mi favor del Gran Premio Internacional de Poesía 1963.

Ese acto —que sé lo debo a mis amigos, y, entre ellos, a los mejores como tú— me ha conmovido profundamente. Se los agradezco (te lo agradezco) con toda sinceridad. Del premio, lo que más me complace es que se vaya conociendo cada día más la calidad de las letras mexicanas, en las que tú también estás presente.

Te abrazo, como siempre, con todo mi afecto.[13]

 

Aunque ya se había hecho público el dictamen, Paz le envió una carta a Verhesen en la que aún dubitaba:

Nueva Delhi, 24 de septiembre de 1963.

Querido amigo:

Acabo de recibir su carta. No sé cómo responderla. No me gustaría usar las frases habituales, que no significan nada, y tampoco me aventuro a escribir otras, con el miedo de que parezcan exageradas, tontas o vanidosas. No creo que nunca haya creído en los premios. Pero creo apasionadamente en la comunidad en la que se funda la poesía, o algo más, en mi opinión, la comunicación. En este sentido, el premio me ha brindado, al mismo tiempo, miedo y alegría. Con tal de que mi poesía sea verdaderamente digna de la amistad que usted le otorga, y con tal de que nunca pierda el miedo frente a la página en blanco, la incertidumbre ante la página escrita y, sin embargo, la alegría y el dolor de escribir. Eso es lo que importa. Y el desinterés: si algo he aprendido de este premio, fue la humildad.[14]

 

Para decidirse a recibir los honores, el poeta decidió meditar y ponerse en contacto con la antigua cultura india. Fue recibido por la directora espiritual, Ananda Mai. Paz cuenta que, al llegar junto con un grupo de personas que también deseaban consultarla, se sentaron en un medio círculo a su alrededor. Ananda jugaba con una cesta con naranjas, le aventó una al poeta, quien la atrapó al vuelo. Cuando llegó su turno, la mujer le dijo:

¡Qué vanidad! Sea humilde y acepte ese premio. Pero acéptelo sabiendo que vale poco o nada, como todos los premios. No aceptarlo es sobrevalorarlo, darle una importancia que tal vez no tiene. Sería un gesto presuntuoso. Falsa pureza, disfraz del orgullo… El verdadero desinterés es aceptarlo con una sonrisa, como recibió la naranja que le lancé. El premio no hace mejores a sus poemas ni a usted mismo.[15]

 

La ceremonia de entrega se celebró el 3 de julio de 1964, en el Delta Haiunaut —asentado sobre tres puntos de apoyo, un edificio de hierro y vidrio, suspendido como un conjunto de construcción— de la ciudad de Mons, ubicada en la región de Valonia. Le journal des poétes reportó:

Las organizaciones literarias son sus caprichos. Lo que generan en Flandes se concluye en Valonia. Las provincias de Flandes Occidental y Hainaut unieron sus fuerzas, y fue en Mons donde tuvo lugar la entrega solemne de este Gran Premio Internacional a Octavio Paz […]. La ceremonia fue precedida por unas horas de descubrimiento del Henuyère.

Como la poesía a veces se toma libertades con el protocolo y, además, depende poco de su propia memoria, nos permitiremos no mencionar a ningún participante: ni a las Altezas reales, ni a los embajadores ni a los grandes dignatarios de nuestras autoridades ni a los artistas y colegas, amigos atentos y fervientes. Simplemente nos conformaremos con sugerir continuar sin ceremonias, algunos recuerdos que pueden alimentar reflexiones o sueños.

Los primeros invitados se reunieron en un parque: el  Versalles belga, Beloeil. Pero su promotor, el príncipe Carlos José de Ligne, no fue formal: “me gusta el aire de jardín del bosque, el aire del bosque de los jardines”, escribió.

Con el mismo espíritu de conciliación, los veteranos de nuestro periódico se repitieron entre sí a un alejandrino del príncipe septuagenario: Avanzo en invierno a fuerza de primavera. Sus descendientes también se unen el culto del recuerdo con la aventura que siempre se reinicia: después de admirar libros y obras de arte incomparables, fuimos invitados a seguir los últimos resultados de la expedición belga en la Antártica y el camino de la amistad mexicana que pasó por Nueva Delhi.

Como los escritores belgas conocen principalmente el Borinage verde donde Émile Verhaeren pasó sus vacaciones o el de los montones negros de la tragedia minera, al regresar a Mons, cruzamos de nuevo el Borinage muy claro: magníficos cuerpos de agua y fábricas amables. Para sobrevivir, un pueblo debe inventar.

Esto no le impide respetar las buenas tradiciones: el restaurante de la parada del almuerzo se referiría a un establecimiento del siglo XV, el Hotel du Heaume, para el cual en 1546 un miembro de la Cámara de Retórica de Mons compuso una queja báquica versificada. […]

El pasado, el futuro. Este nuevo mundo de acero extrae de la savia humana, como el mundo de las piedras de Octavio Paz.[16]

 

En palarelo, Jacques Izoard entrevistó a Paz:

Es esencialmente bajo la influencia de una asombrosa abundancia lírica llena de luz suntuosa, de ácidos, de olores anticuados, de tormentas, de dulzuras increíbles, de evidencias brutales, de descripciones delicadas, de obsesiones deslumbrantes, de símbolos históricos, que existe el universo poético de Octavio Paz. De su poema nacen a menudo, mezclados con los recuerdos de la razón ardiente, las magníficas imágenes del delirio. Surge de estos cruces perpetuos, de estos intercambios siempre fructíferos, bajo el fascinante flujo y reflujo de las palabras, un canto sordo y poderoso que lleva, como un río, las noches y los días de la vida cotidiana.

Ya sea que nos haga probar esta “uva con sabor a resurrección” que para hablarnos utilice “un lenguaje de nieve” o que busque incansablemente “una fecha tan viva como un pájaro” Octavio Paz, paradójicamente, despoja la profusión original de su poema para conservar sólo la más deliciosa médula.  Pero es porque sabe cómo fijar “el sol de los soles” por lo que se le han otorgado tantos dones. A través de una hábil transmutación de realidades, el poeta nos hace vírgenes, más cercanas a la infancia indecible. A partir de ese momento, ¿no podemos empezar a vivir de nuevo?

En una obra crítica muy importante, El arco y la lira, Octavio Paz explica en detalle su concepto de la poesía: “La religión y la poesía son dos intentos de abrazar esta alteridad que Machado llamó la heterogeneidad esencial del ser. La experiencia poética… es un salto mortal: un cambio de naturaleza que es también un retorno a nuestra naturaleza original. La experiencia amorosa nos da de manera deslumbrante la posibilidad de vislumbrar la unidad indisoluble de los opuestos. Esta unidad es el ser. Para Octavio Paz, la palabra es “una libertad que se inventa y se me inventa todos los días”. La obra de Paz se inscribe en la búsqueda de la validación histórica del poema.

Izoard: ¿Su poesía es un reflejo de su experiencia personal? ¿Hasta qué punto la influencia de la mentalidad mexicana se manifiesta en sus poemas y en toda su obra? ¿Tiene una influencia preponderante?

Paz: No podría responderle. Soy mexicano y todo lo que escribo debo hacerlo de manera natural. A veces me pregunto sobre el problema de ser humano.  Ser mexicano como ser hombre a veces es difícil. Eso es un problema. Pero al final creo que la única prueba es la creación, la acción. Ahí mostramos si somos mexicanos o no. Yo no voy a decirlo. Mis poemas son los que deben responder por mí.

Izoard: Usted no se disocia de la influencia preponderante…

Paz: No podemos disociar la experiencia de la expresión de la obra. La poesía no es la vida pero está ligada a la vida. Es la expresión de la vida.

Izoard: ¿Hasta qué punto es usted parte de sus poemas? ¿Sus hechos como Octavio Paz tienen una influencia directa? ¿Podemos hacer una distinción entre los dos?

Paz: Creo que el yo es muy peligroso: es una enfermedad, una enfermedad de la civilización. Creo que escribimos poemas para deshacernos de nosotros mismos.

Izoard: Otra pregunta, ¿y el papel del amor en sus poemas?

Paz: En nuestros tiempos, en el sentido más amplio, es decir, después de la caída del mundo sagrado, cuando el individuo se ha encontrado solo en la tierra, pienso que el único vínculo sagrado es el vínculo del amor. Y creo que ahora sabemos lo esencial: el advenimiento de la mujer. Esto es muy importante. Al mismo tiempo, me gustaría que las mujeres no sean alienadas, como en el pasado, por la imagen que teníamos de ellas, sino que fueran fieles a la imagen que ellas pueden tener de sí mismas en la sociedad industrial.

Izoard: ¿Hay una evolución al interior de usted mismo? En un momento dado, se dijo que usted era un seguidor de la poesía surrealista o, al menos, del pensamiento surrealista. ¿Cuál es su opinión al respecto?

Paz: Me está haciendo dos preguntas diferentes. La primera, sobre la evolución. No sé si hay una evolución en mí. Creo que estoy vivo, estoy cambiando. Me veo a mí mismo cambiando. En este sentido, estoy consciente de mis cambios, pero sería difícil decir si soy mejor que ayer o anteayer.

Me hizo otra pregunta sobre el surrealismo. Estoy lejos de considerar al surrealismo exclusivamente en el sentido estético. El surrealismo, como estética, es un gran momento del arte occidental, pero es un momento. Con respecto al pensamiento esencial del hombre, diría incluso que, como obsesión de la civilización occidental, está vivo, porque el surrealismo siempre ha existido y se encuentra en todos los grandes momentos del arte como una especie de oposición continua a este esfuerzo racional del pensamiento que, en el fondo, nos oprime.

Izoard: Creo que nosotros, los lectores europeos, cuando hacemos contacto con nuestros poemas, distinguimos en ellos o destacamos, un trasfondo bastante pesimista. ¿Esto también es lo siente usted?

Paz: Sí, creo que no podemos ser optimistas. Eso no es posible. Pero hay muchas maneras de ser pesimista. Un escritor mexicano escribió “pesimismo alegre, pesimismo feliz”. Es una forma de optimismo, pero que parte de un cierto pesimismo.

Izoard: Toda la poesía es, por tanto, según usted, pesimista, posee un trasfondo de tristeza. ¿Eso sería algo inherente a la poesía?

Paz: No, hubo momentos, tal vez, en los que hubo diferentes posibilidades. La poesía moderna no es una poesía triste. Si hay algo que debe ser triste, es la tristeza, pero puedes ser estar contento y ser pesimista. Creo que la gran poesía de nuestro tiempo es así. La crítica que le hago a Beckett no es que sea pesimista, sino que es triste.

Izoard: ¿En México hay muchos grupos en México que se dedican a la poesía?

Paz: Creo que entre los jóvenes hay una especie de interés por la poesía. Hay un grupo de poetas jóvenes en particular. Naturalmente, los poetas que más quiero están entre los que amé o descubrí en mi juventud. Por ejemplo, cuando era adolescente descubrí “Amor loco” de André Breton. Este libro sigue siendo para mí un gran libro. También hay un poeta español poco conocido, que acaba de morir: Luis Cernuda. Me gustaba mucho, me sigue gustando. Por supuesto, no siempre eres fiel a todos los amores de tu infancia. A veces cometemos errores o cambiamos, pero hay ciertas lealtades. Me gustó mucho “Anábasis” de Saint-John Perse. Y me sigue gustando. Entre los poetas de lengua francesa que descubrí más tarde, hay un poeta que, para mí, es fundamental, Henri Michaux. Es un poeta belga de hace tiempo.[17]

 

NOTAS

[1] Arthur Haulot (1913-2005) fue un periodista que sobrevivió a dos campos de concentración nazis (Mauthausen y Dachau). Tras este episodio se dedicó a la difusión de la cultura. Las bienales de poesía fueron parte de ese trabajo.

[2] Cfr. Christopher Domínguez Michael, Octavio Paz en su siglo, México, Debolsillo, 2019.

[3] Benito Milla, “Un premio para Octavio Paz” en Número, año 2, número 34, Montevideo, mayo de 1964, pp. 183 y 184.

[4] XXV Bienal Internacional de Poesía. Recuperado de: http://francais.agonia.net/index.php

[5] Milla, op. cit., p. 184.

[6] Guillermo Sheridan, Los idilios salvajes, México, Era, 2015, p. 468.

[7] Octavio Paz a José Luis Martínez, Nueva Delhi, 18 de septiembre de 1963.

[8] Elena Osuna del Belmar, Rafael Osuna. Sonata en set mayor, México, Fundación Rafael Osuna, 1990, p. 291.

[9] “Felicitación presidencial a Octavio Paz” en El Nacional, 11 de septiembre de 1963.

[10] “Octavio Paz y el Premio Internacional” en Suplemento, número 84, 25 de septiembre de 1963.

[11] Fedro Guillen, “El triunfo de Paz” en El Nacional, 21 de septiembre de 1963.

[12] Diario de los Debates de la Cámara de Senadores; sesión del jueves 19 de septiembre de 1963, p. 28.

[13] Octavio Paz a Manuel Moreno Sánchez, Archivo Gerneral de la Nación, Fondo Manuel Moreno Sánchez.

[14] Le journal des poetes, 8 de octubre de 1963, número 8, p. 8.

[15] Octavio Paz, “Vislumbres de la India” en Obras completas, México, Fondo de Cultura Económica, 1997, p. 377.

[16] Le journal des poetes, septiembre de 1964, número 7, p. 1.

[17] Ibid, p. 2.

Autores

  • Adame, Ángel Gilberto

Tipología

  • Conversación

Lustros

  • 1960-1964
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