El joven Paz y la Secundaria 3

Ángel Gilberto Adame

Guardia de honor de la Secundaria número 3 ante la columna de la Independencia (1929). Entre ellos: Humberto Mata y Ramírez (abanderado), a la izquierda de éste, Octavio Paz y, después, Arnulfo Martínez Lavalle.

 

La segunda mitad de la década de los años veinte trajo cambios sensibles en la vida del joven Paz. Además de la muerte de su abuelo —ocurrida el 4 de noviembre de 1924— y la lejanía de su padre, sufrió la partida de su mejor amigo de la infancia, su primo Guillermo Haro y Paz, que emigró con su familia a Cuba.

 

En ese entorno, al concluir la primaria, le tocó vivir las modificaciones que, influidas por la pedagogía de John Dewey e impulsadas por el gobierno de Plutarco Elías Calles, ahora “traducían los ideales del régimen de unir estudio y trabajo” y aspiraban a “despojar a la enseñanza de su carácter verbalista y fomentar actividades manuales y corporales”.[1] Tales reformas condujeron a la creación de los estudios secundarios como antecedente obligatorio para ingresar a la preparatoria.

 

Los primeros atisbos de la educación moderna se remontan a 1915 en Veracruz. Con esa experiencia,

en el mes de diciembre de 1923, el consejo universitario decide dar luz verde al proyecto del subsecretario Gastélum y éste fue promulgado por el Secretario de Educación Pública José Vasconcelos. Poco tiempo después el maestro Moisés Sáenz creó el departamento de escuelas secundarias, el cual tenía a su cargo sólo cuatro planteles.

En el año 1925 se expidieron dos decretos presidenciales, los cuales le dieron más solidez al proyecto de la educación secundaria. El primero de ellos fue el Decreto 1848 del 29 de agosto, por el cual se autorizaba a la Secretaría de Educación Pública para crear escuelas secundarias y darles la organización que fuese pertinente. El segundo se publicó el 22 de diciembre y fue el Decreto 1849 a través del cual se facultó a la SEP para que creara la Dirección general de escuelas secundarias mediante la cual se realizaría la administración y organización del nivel.

La educación secundaria se concibió desde entonces como una prolongación de la educación primaria con énfasis en una formación general de los alumnos, es decir, su naturaleza se definió como estrictamente formativa. Mientras que, en otros países la educación secundaria fue concebida como un antecedente al bachillerato y a la educación superior, en México se pensó como un paso necesario para continuar estudiando, una escuela para la escuela.[2]

 

Paz afrontó el cambio de la educación privada —procedía del Colegio Williams— a la pública. Por lo anterior, es de extrañar las escasas referencias a su paso por la secundaria. Entre los pocos testimonios destaca el siguiente:  

Mi familia era una familia en decadencia económica. […] Mi padre, y en eso creo que tenía razón, insistió mucho en que los colegios privados me aislaban de la realidad mexicana. Entonces, [las secundarias] eran escuelas del gobierno que además estaban en aquella época muy influidas por las teorías de la educación norteamericana […]. Me acuerdo que cuando entré a la escuela secundaria lo primero que me hicieron fue un examen mental, pero las preguntas eran tan disparatadas que ni yo ni mis amigos pudimos contestar.[3]

 

Los cambios en la pedagogía no solo afectaron a Paz y a sus compañeros, también “causaron desconcierto entre los maestros, quienes exageraron los trabajos manuales en detrimento de los académicos”.[4]

 

Paz ingresó a la Escuela Secundaria número 3 a principios de 1927. Evoca Paz:

se encontraba en las calles de Marsella [y Dinamarca], en la colonia Juárez. Era una vieja casa que parecía salida de una novela de Henry James. El gobierno la había comprado hacía poco y, sin adaptarla, la había convertido en escuela pública. Los salones eran pequeños, las escaleras estrechas y nosotros nos amontonábamos en los pasillos y en una cour —en realidad: la antigua cochera— en la que habían instalado tableros y cestas de basketball.[5]

 

Al carecer el inmueble de un patio adecuado, Rafael Solana, de la generación posterior, relató que los muchachos “teníamos que desplazarnos al Estadio Nacional, a unos dos kilómetros, para hacer nuestras prácticas deportivas” También recuerda que estudiaron en la secundaria 3, además de Paz, Javier Barrios Sierra, Fernando Lanz Duret, José Revueltas, Mario Ramón Beteta, Francisco Savín, Luis Echeverría y José López Portillo.[6]

 

Los intereses de Paz durante el primer y segundo año fueron dispersos. Participó, sin éxito, en el concurso nacional de oratoria de 1928, pero creó amistad con Arnulfo Martínez Lavalle y Humberto Mata y Ramírez. Su paso por el tercer grado estuvo marcado por las convulsiones de 1929. Los alumnos de la secundaria se sumaron a las huelgas organizadas por la Escuela de Jurisprudencia con miras a lograr la autonomía de la Universidad, incitados en buena medida por José Bosch, su legendario compañero catalán, a quien conoció en la clase de álgebra y quien lo inició en la lectura del anarquismo y el marxismo, además de involucrarlo en las protestas estudiantiles.

 

El activismo de Paz lo puso a un milímetro de ser expulsado. Después de las amenazas que recibió de los directivos, se dedicó a acreditar sus materias y a concluir el ciclo escolar. Ese proceso no fue tan sencillo, ya que el joven tuvo que recurrir a la ayuda de un vecino y director de una primaria, el profesor Santamaría, quien le dio lecciones particulares de Física, para salir airoso del examen. Fue en esa época que conoció a Salvador Toscano y Rafael López Malo, alumnos de la secundaria 4, en las caminatas organizadas por los profesores por el campo y las zonas arqueológicas cercanas.

 

Para contrastar lo relatado por Paz, es necesario poner en contexto el funcionamiento de la secundaria 3 cuando él estuvo inscrito. Por esos años el director del plantel era el maestro Juan G. Holguín,[7] “un alma simple y buena, adorador de la ciencia, [a quien] se le ocurrió llamar con el nombre de científicos ilustres a cada uno de los grupos en que nos habían dividido”.[8] Las evaluaciones eran trimestrales y la plantilla docente estaba integrada por personalidades que, al paso de los años, se convirtieron en exponentes destacados en sus respectivas áreas de estudio. Entre ellos se contaban Hugo Conzzati, maestro de música egresado del Conservatorio Nacional; Jovita Elguero, una de las primeras profesoras de botánica; Elpidio López, docente de geografía y promotor de su enseñanza a nivel nacional; Rosa Arriaga, actriz y maestra de teatro. También estaba en la nómina el pintor Manuel Rodríguez Lozano, “un excelente dibujante, un artista incorruptible y un hombre de rara y cáustica inteligencia”, tan cercano a algunos de los poetas del grupo Contemporáneos.

 

Los docentes que dejaron huella en la memoria de Paz, además del director, fueron Carlos Alberto Gómez Robert (1892-1971) y Soledad Anaya Solórzano. El primero era el profesor de inglés y, según consta en informes judiciales y periodísticos, se enfrascó una vez en una discusión con Bosch que terminó en bofetadas.

 

 

Primeros docentes de la Secundaria 3

 

 

Sobre Soledad Anaya, Paz dijo: “Tuve una maestra [de literatura]: celosa, muy purista. Le escandalizaba que yo defendiese, un día en la clase, a Góngora. Leía además a los modernistas, a Rubén Darío por ejemplo”. [9] Además de ser una connotada profesora, Anaya significó para Paz una concepción de la literatura ante la cual rebelarse, un criterio estético que guiaría sus primeros pasos hacia la preparatoria de San Ildefonso. Solana evocaría a la señorita Anaya “como una mujer guapísima […] que causaba una viva impresión a aquellos chiquillos de catorce años por su belleza de mexicana morena, alta, de ojos negrísimos, y por su sabiduría. Sin embargo, no era amable, sino adusta, severa, distante. De todos modos, nos imponía, y se ganaba, al par que nuestro afecto, nuestro respeto”.[10] 

 

Con ánimo de contextualizar, reproduzco el plan de estudios de la época y ofrezco una síntesis anual de los informes de la Dirección de Enseñanza Secundaria relativos a aquellos años:[11]

 

 

Plan de estudios Secundaria 3

 

 

1927: Las clases iniciaron el 7 de febrero en un horario de 7:45 a.m. a 1:00 p.m. El plantel estaba ubicado en el número 33 de la calle de Marsella en la colonia Juárez. Ese año se mudó al 72 de la vecina calle de Dinamarca si bien, por el acondicionamiento de las instalaciones, los 342 alumnos del primer año permanecieron en el antiguo domicilio.

 

Hubo ocho grupos de nuevo ingreso —entre ellos el de Paz—, seis de varones, uno mixto y uno de señoritas, que se identificaban con los nombres de “Leibnitz”, “Pitágoras”, “Tamborrel”, “Descartes”, “Euclides”, “Covarrubias”, “Sor Juana Inés de la Cruz” (femenil) y “Enrico Martínez” (mixto)[12], distribuidos de acuerdo a las ‘aptitudes intelectuales’ que midió la profesora estadounidense Lucía Montana Hastings.[13]

 

Durante ese ciclo, el director Holguín compuso “Siempre al ideal”, el himno de la escuela que el joven Paz tuvo que masticar en cada efeméride:

 

¡Oh compañeros de ilusiones,
siempre enlazados en nuestra labor,
con apretados corazones
vamos al triunfo y al honor!

¡Oh compañeros de ideales
en el estudio y el afán,
excelsitudes puras e inmortales,
altas las frentes, siempre tocarán!

Queremos una patria grande
en donde el águila siempre triunfal
brille más alta aún que el Ande
sobre su trono de nopal.

Y los rencores, las espinas,
de ese nopal, con fe y amor
se han de trocar muy pronto en las divinas
flechas de luz y amor de un nuevo sol.

Nuestros maestros ejemplares,
que a nuestras almas dan ciencia y virtud,
siempre serán los luminares
que nos darán amor y luz.

Y dispersados en la vida,
si nos llegamos a encontrar,
de nuestra Escuela alegre y tan querida
recordaremos siempre el dulce hogar.

 

1928: Debido a la inestabilidad política y a los constantes paros de labores promovidos por los estudiantes de secundaria y bachillerato, la Secretaría de Educación ordenó la modificación de los programas de educación cívica. Para el segundo año —que Paz habría de cursar— el objetivo de la nueva materia fue el de despertar en los jóvenes:

 

a) El interés social (inteligencia cívica), por medio del conocimiento y el contacto directo con todos aquellos elementos, factores o agentes de la vida de la comunidad que de algún modo contribuyen al bienestar colectivo.

b) El sentido de la responsabilidad social (sentimiento cívico), que el maestro hará surgir en el alumno, aprovechando cada conocimiento y cada contacto, para hacerle primeramente entender que cada uno de sus actos individuales, por insignificantes que parezcan, tienen una significativa trascendencia social, y para hacerlo sentir luego la necesidad (forma activa) de trabajar constantemente y con inteligencia en la realización de actos, empresas o reformas, que contribuyan al bienestar social, y;

c) La acción social (actividad cívica), por la ejecución de todos aquellos actos que tiendan a poner en juego su interés y sentido de responsabilidad cívicos, y que, constantemente repetidos, pueden transformarse en automáticos o hábitos.

 

Estudiantes de la Secundaria 3 en el Estadio Nacional

 

La bibliografía básica para la materia de lengua castellana estaba integrada por los siguientes títulos: Gramática inductiva, Ejercicios lexicológicos, Cuentos, leyendas, poemas de Miguel Salinas, y el Manual de Gramática Castellana de Carlos González Peña.

 

1929: El incidente más relevante fue la huelga estudiantil que consiguió la autonomía de la Universidad Nacional y que paralizó las labores de la escuela por casi tres meses. En agosto, en un informe sobre el estado de la educación en México, Ezequiel Padilla reportó:

Conviene hacer notar que, durante la interrupción de clases, sólo un reducidísimo número de alumnos, de los que rebasan el límite de la edad escolar de secundaria, fueron los que tomaron participación, y que aún de estos, sólo una mínima parte puede considerarse dirigente. Estos últimos alumnos continúan siendo un problema para la disciplina, pues son jóvenes que por su edad y por su retardo intelectual tienen puntos de vista y aun intereses que distan mucho de los de la inmensa mayoría de sus compañeros. […] De lo que los alumnos directores del movimiento han expresado por escrito y de palabra, y de lo que su acción ha significado sobre el resto de la población escolar puede llegarse a la siguiente conclusión: que no es conveniente para las escuelas secundarias admitir alumnos de edades tan diversas, pues generalmente los que se inscriben en primer año y que ya tienen 15 años cumplidos, o son jóvenes […] que ameritan tratamiento educativo especial, o han pasado varios años en ocupaciones ajenas a las escolares o, por último, han ido de escuela en escuela sin aspiraciones definidas. […] Para resolver este gravísimo problema que amenaza hacer nugatorio todo esfuerzo educativo, la Secretaría piensa no admitir en el primer año de las escuelas secundarias sino alumnos que no hubieran alcanzado la edad de 15 años, para que de esa suerte la población escolar estuviera entre los 13 y 16 años.

 

Luego de la huelga, el director Holguín dejó su lugar a Joaquín Roca Zenil. Como parte de las medidas disciplinarias derivadas del paro, los estudiantes visitaron los reformatorios femeniles y varoniles entonces ubicados en Coyoacán y Tlalpan respectivamente.

 

Algunos de los compañeros de generación de Paz fueron Fidel Ábrego Pérez, Raúl Almada Peláez, Antonio Ambrosio González, Felipe Campuzano, Juan Amado Carbonell, Luis Bonilla González, José Díaz Sánchez, Gustavo Hoyo Hernández, Salomón Kann Kann, Elena Martínez Leal, Arnulfo Martínez Lavalle, Hugo Martínez Moctezuma, Humberto Mata y Ramírez, Fausto Mizuno Escobar, Leopoldo Palafox Muñoz, Jorge Prieto Zayas, José Luis Rubio, Armando Sánchez Samprón, Rubén Saucedo Echeverría, Enrique Vela Rodríguez y Manuel Zorrilla Herrera.

 

 

NOTAS

[1] Engracia Loyo, “La educación del pueblo” en Historia mínima de la educación en México, Dorothy Tanck de Estrada (coord.), México, Colmex, 2010 (Versión electrónica). 

[2] Margarita Zorrila, “La educación secundaria en México: Al filo de su reforma”, Revista Electrónica Iberoamericana sobre Calidad, Eficacia y Cambio en Educación, volumen 2, número 1, 2004. (versión en línea). 

[3] Entrevista a Octavio Paz en el programa A fondo, conducido por Joaquín Soler Serrano, 26 de junio de 1977.

[4] Loyo, op. cit.

[5] Octavio Paz, “Nota a ‘Elegía a un compañero muerto en el frente de Aragón’” en Obras Completas, , México, Fondo de Cultura Económica, volumen 11, 2010, p. 526.

[6] “Cincuentenario de la tres” en Rafael Solana, Mil nombres propios. En las planas de El Universal, México                                                                                                                                      ñ-, Fondo de Cultura Económuca, 2015, p. 556. 

[7] Juan Gualberto Holguín y Burboa. Oriundo de la ciudad de Chihuahua (1879-1952). Maestro de física. Fue autor, además de un manual especializado, de Bellezas de Monterrey: poemas, Poemas del amor conyugal, Poesía de la ciencia y el Himno excursionista “Tenochtitlan”. La secundaria 23 lleva su nombre.

[8] Octavio Paz, “Imágenes de la fe”en Obras Completas, México, Fondo de Cultura Económica, volumen 6, 2010, p. 315.

[9] “Retrato de Octavio Paz” en Enrico Mario Santí, El acto de las palabras: Estudios y diálogos con Octavio Paz, 1997 (versión en línea).

[10] “Una maestra ilustre: La señorita Anaya” en Rafael Solana, op. cit., p. 122.

[11] La información aquí reunida se verificó en el Boletín de la Secretaría de Educación, publicación mensual de la dependencia. Se consultaron los ejemplares disponibles en el Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y la Educación y en la Hemeroteca Nacional correspondientes a 1927, 1928 y 1929.

[12] La relatoría de Paz discrepa de estos datos: “En el primer año estuve en el grupo Arquímedes, en el segundo en el Newton y en el tercero en el Lavoisier” (Obras completas, 6:316)

[13] Especialista en psicología educativa de la Universidad de California; junto a las profesoras Carmen Ramos, Emma Bernal y Ana María Gómez, fue la responsable de elaborar las estimaciones críticas de aptitud, aprovechamiento y desarrollo mental de los estudiantes de secundaria.

Autores

  • Adame, Ángel Gilberto

Tipología

  • Conversación

Lustros

  • 1925-1929
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