1945: el verano en Middlebury

Roberto Véguez

La foto oficial de los maestros y administradores en el campus de Bread Loaf, del Middlebury College, en 1945. Paz el tercero desde la izquierda en la primera fila. Jorge Guillén, el penúltimo. La foto es propiedad de Middlebury College Special Collections and Archives

 

Roberto Véguez, profesor emérito en la Escuela de Español del legendario Middlebury College, nos ha permitido reproducir las páginas alusivas a Octavio Paz en su libro electrónico En las montañas de Vermont: los exiliados en la escuela española de Middlebury College (1937-1963).

 

Es legendario el Middlebury College porque fue una de las escuelas de español y de filología española más importantes del mundo moderno. Entre sus maestros e investigadores, a partir de 1916, levantó una nómina inverosímil de humanistas, filólogos y escritores como Pedro Salinas, Jorge Guillén, Tomás Navarro, Américo Castro, Ángel del Río, Jorge Mañach, Arturo Uslar Pietri, Fernando de los Ríos, Francisco García Lorca, Isabel García Lorca, Stephen Gilman, José María Chacón y Calvo, Mariano Picon Salas, Eugenio Florit, Samuel Gili Gaya, Concha de Albornoz, Enrique Díez-Canedo, Samuel Ramos, Margit Frenk y dos futuros premios Nobel de literatura, Gabriela Mistral y Paz.

 

En el capítulo 5 de su libro, que cubre los años de 1943 a 1949 –en el apogeo del periodo en que dirigió la escuela el gran Juan Centeno– Véguez se refiere al poeta Robert Frost, que enseñaba en la Escuela de inglés en el campus Bread Loaf del college y vivía en su pequeña cabaña cercana. Ahí lo iba a visitar un joven, nuevo profesor de español, contratado para los cursos de verano de 1945, llamado Octavio Paz, hospedado en Bread Loaf con su esposa, la escritora Elena Garro, pero sin su hija de 6 años, Laura Helena Paz.

 

Me permití agregar algunas notas (y un título) al escrito del profesor Véguez. (G.S.)


 

Un mexicano en Vermont

 

Aunque ya el final de la guerra se acercaba, la Escuela pasó otro verano en Bread Loaf, y contaba con la presencia como profesor de un joven poeta mexicano, Octavio Paz, otro futuro ganador del Premio Nobel de Literatura, el segundo que la Escuela Española cuenta entre sus antiguos profesores. La estancia de Paz en Middlebury la recuerda el propio poeta en una larga carta del 30 de agosto de 1982 al poeta catalán Pere Gimferrer. Cuenta Paz que se encontraba en San Francisco tratando de sobrevivir con “empleos pintorescos” cuando:

Un buen día […] recibí un telegrama de un profesor Zenteno [sic] (algún día te hablaré de él: vale la pena) que me invitaba a dar un curso durante unas semanas del verano de 1944, en Middlebury College. No sé quién me recomendó con él […][1] Allí conocí a Jorge Guillén y a don Fernando de los Ríos.[2]

 

A casi cuarenta años de los hechos, la memoria de Paz sobre los mismos no es precisa en algunos detalles. Algunos ejemplos: Freeman escribe en su libro[3] que Paz fue enviado por el Departamento de Estado, pero Paz no menciona esa conexión. En cuanto al año que Paz recuerda en su carta a Gimferrer como 1944, la foto de grupo del Bulletin de 1946 es indudablemente del profesorado de 1945, y ahí está el joven poeta.

Middlebury, 1945

Tampoco tenemos noticia sobre cómo estableció contacto con Robert Frost, pero es de esperar que fuera un tema de conversación entre los poetas que se encontraban en la Escuela ese verano.[4] Paz cuenta a Gimferrer detalles de la visita:

A unos pocos kilómetros, en una casita de madera despintada […] vivía Robert Frost […] Me contó del primer poema que había escrito, aún adolescente, sobre la caída de México-Tenochtitlán y me contó que era un gran lector de Prescott.[5]

 

Sobre la visita a Frost hay un artículo que Paz escribió para la influyente revista argentina Sur y que había publicado unos pocos meses después, en noviembre de 1945,[6][7] pero en la misma carta a Gimferrer, al comentar sobre el artículo, Paz reconoce: “Ahora, al releerlo, temo que le atribuí [a Frost] algunas de mis preocupaciones de entonces”.[8]

Robert Frost, ca. 1945

Sobre lo que no cabe duda es que la relación de Paz con Centeno tiene que haber sido muy buena y de mutua admiración. Ya hemos visto que Paz habría querido hablar de ella con más detalle. Y es obvio que Centeno también veía méritos en Paz, pues llegó a ofrecerle un trabajo permanente en Middlebury. Esto tuvo como consecuencia que el poeta tomara una decisión que cambiaría su derrotero artístico y existencial. Al final de ese verano, Paz volvió a Nueva York, donde trabajaba en doblaje de películas para la Metro Goldwyn Mayer.[9] Un amigo le invitó a solicitar entrada en el Servicio Exterior mexicano y Paz y el amigo fueron a Washington a tramitar el asunto.[10] La oferta desde México coincidió con la de Middlebury y escribe Paz:

Dudé, pues precisamente antes de salir de Nueva York había recibido un telegrama del providencial [énfasis mío] Zenteno ofreciéndome un puesto de profesor de literatura española en Middlebury College […] Si yo hubiera aceptado el ofrecimiento de Zenteno (que era lo más cuerdo) mi vida habría sido totalmente distinta. Mi evolución poética habría sido diferente. En lugar de haber sido amigo de los surrealistas […] habría conocido a los poetas norteamericanos de mi generación. Todos ellos vivían en el Este y todos ellos frecuentaban el mismo mundo universitario al que yo estaba destinado. ¿No te parece extraño? Y algo más: en el fondo yo estaba más cerca de ellos que del surrealismo.[11]

 

En otra carta, Paz describe con claridad retrospectiva el futuro que le hubiera esperado si hubiera aceptado la oferta de Centeno y se hubiera incorporado al grupo de poetas norteamericanos que menciona:

Releí a los poetas de esa infortunada generación: Lowell, Berryman, Roethke, Schwartz, Jarrell y su discípula y víctima: Sylvia Plath […] Elizabeth Bishop (para mi gusto ella escribió los poemas más perfectos de esa generación) […] Todos ellos vivieron sus infiernos privados en términos psicoanalíticos. Freud no los curó pero les dio un vocabulario y una sintaxis […]. El destino de estos desdichados poetas me ha hecho palpable el desarraigo del hombre moderno […] Por primera vez estamos de verdad solos.[12]

 

Este tema de la soledad lo exploraría Paz en profundidad en un libro de ensayos publicado en 1950, cinco años después del verano en Bread Loaf. El laberinto de la soledad sería una indagación del alma mexicana que profundizaría en el tema abordado por Samuel Ramos:

La soledad, el sentirse y el saberse solo, desprendido del mundo y ajeno a sí mismo, separado de sí, no es característica exclusiva del mexicano. Todos los hombres, en algún momento de su vida, se sienten solos […] La soledad es el fondo último de la condición humana.[13]

 

El origen de esta indagación se remonta a los años que pasó el poeta en los Estados Unidos antes y después de su verano en Middlebury, como Paz mismo reconoce:

Basta […] con que cualquiera cruce la frontera para que, oscuramente, se haga las mismas preguntas que se hizo Samuel Ramos en El perfil del hombre y la cultura en México. Y debo confesar que muchas de las reflexiones que forman parte de este ensayo nacieron fuera de México, durante dos años de estancia en los Estados Unidos.[14]

 

Paz sugiere que, de haber aceptado la oferta de Centeno, habría acabado como varios de los poetas norteamericanos con quienes tenía tanto en común, o sea, alcoholizado y, podríamos agregar, quizás suicida, como al menos tres de ese grupo que menciona. Providencialmente, no sucedió así y la próxima visita de Paz a Middlebury fue durante el verano de 1992 para recibir un doctorado honoris causa, dos años después de haber ganado el Premio Nobel de Literatura.

Octavio Paz, a la derecha, en 1992, frente a Mead Chapel, después de la ceremonia donde recibió el doctorado honorífico. Cortesía de Middlebury College Special Collections and Archives, Middlebury, Vermont

 

NOTAS

[1] Una invitación curiosa, en efecto, pues Paz carecía de calificaciones académicas para impartir un curso introductorio a la literatura española. Me he preguntado si no habrá sido por recomendación de Pedro Salinas, a quien Paz había tratado en México en 1939. (G.S.)

[2] Octavio Paz, Memorias y palabras: Cartas a Pere Gimferrer, 1966-1997, Pere Gimferrer, ed., Basilio Baltasar, pref., Barcelona, Seix-Barral, 1999, p. 101.

[3] Stephen A Freeman, The Middlebury College Foreign Language Schools 1915-1970: The Story of a Unique Idea, Middlebury, Vermont, Middlebury College Press, 1975.

[4] En 1939, Frost había publicado su Bread Loaf Anthology en la que, junto a dos decenas de poetas en lengua inglesa, recogió otros de sus colegas de Middlebury, Pedro Salinas y Jorge Guillén. (G.S.)

[5] Paz, op. cit., p. 229.
[6] Octavio Paz, “Visita al poeta Robert Frost” en Sur, noviembre de 1945, pp. 33-39. Impreso. Versión en inglés en American Poetry Review vol. 7, número 1, 1976, pp. 8-9. Traducido por Lysander Kemp.

[7] Luego de aparecer en la revista Sur, se recogió en Las peras del olmo, Universidad Nacional Autónoma de México, 1957. Hoy forma parte de Excursiones-Incursiones. Dominio extranjero, volumen 2 de las Obras completas en la edición del Fondo de Cultura Económica editada por Paz (y la que empleamos como referencia en esta Zona Paz), pp. 277-281. (G.S.)

[8] Paz, Memorias y…, op. cit., p. 229.

[9] De hecho, Paz toma ese trabajo circunstancial de doblaje después del verano en Middlebury. (G.S.)

[10] Francisco Castillo Nájera había sido nombrado secretario de Relaciones Exteriores. Los amigos de Paz, José Gorostiza y Rodolfo Usigli, lo convencen de ingresar al servicio diplomático. (G.S.)

[11] Paz, Memorias y…, op. cit., pp. 230-231.

[12] Ibid,p. 224-225.

[13] Octavio Paz, El laberinto de la soledad, Mexico, Fondo de Cultura Económica, 1959, p. 175.

[14] Ibid, pp. 11-12.

Autores

  • Véguez, Roberto

Tipología

  • Conversación

Lustros

  • 1945-1949
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