Conversaciones y novedades

La expulsión

Ángel Gilberto Adame

Año

1929

Tipología

Novedades

 

En el pódium Antonio Díaz Soto y Gama. En la parte inferior derecha, Aurelio Manrique, a lado de él, de traje claro, Felipe Carrillo Puerto, agarrado de la escalera, Rafael Martínez de Escobar y en el extremo derecho, observando a la tribuna, Octavio Paz Solórzano. Fuente: El Porvenir, 13 de mayo de 1921

En la década de los veintes, los antiguos representantes de Emiliano Zapata abandonaron la lucha armada y se integraron a la contienda electoral. Al efecto, fundaron el Partido Nacional Agrarista (PNA), el cual, desde su inicio, se ciñó a la dirección de Álvaro Obregón. Al respecto, Antonio Díaz Soto y Gama apuntaba que el Manco de Celaya, quien poco a poco se consagró como un adalid del agrarismo, “se enfrentó con las dificultades de un problema ante el cual se habían detenido, vacilantes y medrosos, todos los gobiernos anteriores de la República”.[1]

     El PNA poco a poco fue adquiriendo influencia y ganando espacios, tales como curules y gubernaturas, sin embargo, a la par, también se gestaron pugnas internas que tuvieron como consecuencia las bajas de algunos de sus miembros, como Genovevo de la O y Gildardo Magaña. En 1923 se consolidó al apoyar al gobierno en la rebelión delahuertista, cuyo triunfo, al año siguiente, detonó, entre otras cosas, la extinción del mayoritario Partido Nacional Cooperativista. Así, los únicos dos institutos que subsistieron fueron el PNA y el Partido Laborista Mexicano (PLM).

     Durante el mandato de Plutarco Elías Calles, el PNA sufrió severas afectaciones derivadas del nombramiento del laborista Luis N. Morones como secretario de Industria, Comercio y Trabajo, quien, en su desempeño como funcionario público, facilitó la apropiación de sus simpatizantes, incluidos los miembros de la Confederación Regional Obrera Mexicana (CROM), de los espacios que habían pertenecido a los agraristas. Uno de los conflictos relacionados con este clima político surgió a partir de la emisión del decreto de desarme que dejó a los campesinos en completo estado de indefensión en algunas entidades, en particular, en Puebla:


El PNA protestó por los sucesos, señalando el derecho constitucional de los campesinos de poseer un arma para defensa de sus intereses y de la tierra. A la postre, para evitar la violencia y los abusos de autoridad, que fueron situaciones corrientes durante el desarme, el PNA giró instrucciones a sus agremiados a que entregaran pacíficamente solo las armas que no les pertenecían, no así las de su legítima propiedad.[2]


Una vez aprobadas las iniciativas en materia agraria de la VI Convención de la CROM, el rompimiento entre el PLM y el PNA se materializó en la Convención Agraria Zacatecana de abril de 1925 cuando Morones hizo un llamado en contra de los agraristas y convocó a los trabajadores a buscar “la solidaridad, la cooperación y la fraternidad entre las masas”, así como a las organizaciones obreras y campesinas a integrarse en una sola federación. El momento de mayor tensión tuvo lugar en el Primer Congreso de Campesinos del Estado de México, organizado por la CROM, evento al que los líderes agraristas no fueron invitados. Sin embargo, los grupos campesinos exigieron la presencia de Soto y Gama y de Rodrigo Gómez, “quienes fueron recibidos por una larga ovación que interrumpió por unos minutos el discurso de Luis L. León”. Fue así como se desveló la intención de acabar con el PNA mediante su desplazamiento por agrupaciones agrarias supuestamente autónomas, con el objeto de comprometer el apoyo de los campesinos en favor de Morones, cuya candidatura presidencial era respaldada por el PLM y la CROM. 

     En este entorno, en marzo de 1927, Soto y Gama, Rodrigo Gómez, Ángel Barrios, Octavio Paz Solórzano, Conrado Díaz Soto y Gama, Aurelio Manrique, Sabino Burgos y Lauro G. Caloca[3], se pronunciaron por la reelección de Obregón y le comprometieron su apoyo por considerarlo el único capaz de continuar con la lucha revolucionaria y la reforma agraria. 

     Para el día 20 de septiembre, el PNA solicitó la revalidación de su registro como partido político nacional para integrarse a la pugna electoral. Debido a la falta de respuesta por parte de la Secretaría de Gobernación, Soto y Gama remitió documentos probatorios de la subsistencia del partido en los que se observa la integración del mismo: “Secretario General: Rodrigo Gómez. Secretarios del Exterior: Leopoldo Reynoso Díaz[4], encargado de la Acción Política, y Alfonso Cruz, encargado de la Acción Social. Secretario del Interior: César Córdoba, inmediatamente sustituido por Lorenzo Barberi. Tesorero: Abraham González, Jr.”, lo que evidencia que, para evitar sospechas, Soto y Gama y Manrique transfirieron el control a otros cuadros y concentraron sus energías en la campaña obregonista.[5]

     Más adelante, los planes de los líderes del agrarismo se vieron frustrados, ya que Obregón fue asesinado poco después de su triunfo, el 17 de julio de 1928. Este trágico evento dirigió todas las sospechas hacia el régimen de Calles; la crítica de Manrique y Soto y Gama señalaba que el magnicidio había sido orquestado desde Palacio Nacional, rumor que accedió al Congreso de la Unión. Por otro lado, el PNA enfrentaba la remoción de Rodrigo Gómez, acto que generaría una nueva crisis interna. Su salida fue aceptada sin titubeos, debido a las acusaciones de corrupción, negligencia e ineptitud que se le imputaban; de esta manera, fue sustituido por Leopoldo Reynoso Díaz. 

     Mientras tanto, Soto y Gama y Manrique apoyaron a Gilberto Valenzuela en la búsqueda de la presidencia provisional. En sus memorias, Emilio Portes Gil recuerda que


Los señores licenciado Antonio Díaz Soto y Gama y Aurelio Manrique se habían convertido en apasionados opositores al régimen. ¡Ellos, que habían sido los iniciadores en las Cámaras de la Unión, de mi elección como presidente provisional!

La causa de esa oposición se debió, según ellos, a que seguía yo cultivando con el general Calles la vieja amistad que nos unía desde hacía 15 años y que, conforme he explicado en párrafos anteriores, creía conveniente para no dar el triste espectáculo que se ha dado en México de que la lealtad es una palabra vana y la dignidad humana una expresión sin sentido. Por otra parte, aquella amistad fue siempre a base de respeto mutuo, porque consideré que el general Calles —cuyo período presidencial había significado para México la implantación de una política progresista— era un factor de colaboración honesta, por las relevantes dotes que tuvo como estadista y como gobernante.

Por esto Soto y Gama y Manrique —ambos respetables como luchadores e idealistas— me hicieron blanco de sus ataques y se dieron a la tarea de agitar apasionadamente el ambiente nacional, en aquellos días de tragedia. Pero ¿cómo iba yo a plegarme a sus pretensiones? ¡Si apenas tenía un mes de estar gobernando el país en medio de la conmoción provocada por el clero católico que mantenía en pie de guerra a más de 30,000 hombres en el territorio nacional! ¿Cómo iba yo a desligarme de los hombres que representaban sentido de responsabilidad, experiencia y patriotismo, para unirme a los descontentos irresponsables que, en su larga vida política, no han hecho otra cosa que sembrar desorden y odio, agitación y desbarajuste? Para nadie que piense rectamente hubiera constituido un dilema la situación que se me presentó en aquellos días.[6]


Influidos por Calles, los dirigentes del PNA rechazaron las posturas de sus líderes históricos:


[...] en la actualidad, nuestra tendencia está dividida en el Partido Nacional Agrarista. A este respecto debo aclarar, para no herir susceptibilidades en el señor diputado Manrique y en el señor diputado Soto y Gama, debo aclarar, urbi et orbi, a los cuatro vientos, que yo siempre he tenido un profundo afecto por el señor diputado Aurelio Manrique, que yo siempre he tenido un profundo afecto por el señor licenciado Soto y Gama y que los considero dos figuras prominentes de la Revolución. Pero desgraciadamente, [...] para la manera de pensar de lo que pudiera llamarse el cuerpo del Partido Nacional Agrarista y no cabezas solamente [...] hemos diferido […] en estos últimos días y, en consecuencia, nosotros, que no hemos sido enemigos del señor general Calles, venimos a asentar aquí, de una manera clara y de una manera rotunda, que no estamos de acuerdo con los ataques del señor diputado Soto y Gama y del señor diputado Manrique.[7]


En este entorno turbulento, el PNA convocó a una asamblea extraordinaria el 17 de enero de 1929, en la cual ocurrió el desgajamiento. Al respecto, El Universal informó que:


Ayer, a las 18 horas, en sus oficinas de la calle del Seminario, dio principio la sesión del Partido Nacional Agrarista, celebrada con motivo de la interpelación que algunos líderes se disponían a hacer con referencia a los compromisos que los generales Leopoldo Reinoso [sic] Díaz y Adrián Castrejón, en nombre del Partido Agrarista habían contraído con el licenciado Aarón Sáenz.

Quienes se disponían a lanzar la interpelación eran los señores Soto y Gama, Manrique, Lauro G. Caloca, Silvano Sotelo[8] y otros políticos que han tomado partido por las causas del licenciado Gilberto Valenzuela. Cuando llegaron estos señores a las oficinas —no muy espaciosas— del Partido Agrarista, las hallaron rebosantes. Allí estaban los generales Reinoso [sic] Díaz, Castrejón y los demás miembros del Comité Directivo, también agraristas connotados como Velasco, Barrios, Abraham González, ingeniero Alfonso Cruz, José del Pino Hernández y copioso contingente de “infanterías”. […]


Soto y Gama pidió la palabra, acto que, aunque concedido, fue el principio de lo que sería un escándalo hostil hacia el locutor y Manrique. El estruendo del bullicio que condenaba sus palabras desencadenó la propuesta de su expulsión, junto con la de Manrique, Paz, Alfonso Cruz, Caloca, Silvano Sotelo, Alfonso L. Nava[9], Felipe Santibáñez, Román Badillo[10], e Ismael Velasco, lo que se aprobó inmediatamente entre grandes aplausos: "Fueron expulsados —se dijo— por traidores a la causa campesina; porque trataban de dividir a los agraristas en aras de sus ambiciones personales que habían sentido halago al lado del licenciado Valenzuela".[11]


Integrantes del Partido Nacional Agrarista.  Al frente, Aurelio Manrique y Antonio Díaz Soto y Gama, 1929

     El licenciado Paz, reflejando su inconformidad, mencionó que 


Ante las “porras” llevadas a la sesión por los que siempre fueron enemigos de los verdaderos agraristas en el Distrito Federal, optaron estos por retirarse; y que le satisface enormemente el haber sido expulsado del grupo por los claudicantes que tratan de formar el partido agrarista […] Espero que con Manrique, Soto y Gama y demás verdaderos revolucionarios, se continuará la obra revolucionaria emprendida desde que estuvieron en las filas del general Emiliano Zapata.[12]


En la misma nota se incluían las declaraciones del diputado Ricardo Topete, quien aseguró que la pretensión de la trifulca había sido asesinar a Soto y Gama, Manrique, Caloca y Sotelo. Por otro lado, se presentaron los dichos de Reynoso Díaz, quien justificó la expulsión por el apoyo que, sin autorización, demostraron a Valenzuela después del asesinato de Obregón:


[...] los mencionados señores, dominados por su pasión ególatra y presumiendo de un dominio absoluto sobre el conglomerado agrarista mexicano, pretendieron imponer su criterio en relación con determinada precandidatura presidencial, violando flagrantemente los estatutos de la agrupación [...] pero como los señores Antonio Díaz Soto y Gama, Manrique y Caloca, anticipadamente y por medio de la prensa metropolitana se declararon fervorosos partidarios del señor Gilberto Valenzuela, haciendo caso omiso del sentir  de la agrupaciones adherentes  a este Partido Nacional [...]

Ahora bien, el Partido Nacional Agrarista, en su calidad de conglomerado de trabajadores revolucionarios, viene notando desde hace tiempo, la impolítica actitud de sus líderes que dejándose llevar de su incontenible pasión que pudiéramos llamar fobia antigobernista, dados sus sistemáticos e infundados ataques a todos los gobiernos revolucionarios constituidos de 1920 a la fecha, ha venido creando un grave malestar y una criminal desorientación entre nuestros asociados, tratando de desvirtuar la labor eminentemente agraria y revolucionaria del ciudadano general Plutarco Elías Calles y del actual Presidente, ciudadano licenciado Emilio Portes Gil, sin que en ningún caso hayan aportado prueba alguna de sus intemperantes e insidiosos cargos. [...]

Por lo demás, la forma en que fueron eliminados del seno del Partido, no fue más que el propio resultado de la desatinada acción desarrollada por esa pretendida trilogía de Díaz Soto y Gama, Manrique y Caloca, que pomposamente proclama el senador zacatecano.[13]


Poco después, El Universal publicó un manifiesto firmado por los disidentes, entre los que se encontraba Paz, en el que narraban lo sucedido y argumentaban que, desde sesiones previas, habían comprobado la recepción de fondos de Morones y Aaron Sáenz, y la existencia de compromisos sin el consentimiento del PNA, lo cual, evidenciaba una colaboración abierta con el gobierno de Portes Gil y, por consiguiente, con Calles:


[...] los secretarios del Partido, Leopoldo Reynoso Díaz y Abraham González, después de haberse comprometido en la sombra y mediante fuertes sumas de dinero con el grupo que [apoyaba] al licenciado Sáenz y, en vista de que los firmantes reprobaron tal conducta, decretaron su expulsión mediante escandalosa maniobra consistente en llenar el local del Partido con grupos de personas extrañas que se dedicaron a cumplir su cometido lanzando vivas al licenciado Sáenz y mueras al licenciado Valenzuela e impidiendo, como se les había ordenado, dejar oír la palabra de los que condenaban tal proceder.


El ruido, la corrupción y los intereses personales, fueron factores determinantes en la estrepitosa desintegración del PNA. El silencio de varios participantes expulsados no fue más que una consecuencia del hartazgo de ser encasillados en el estereotipo de la eterna oposición, síntoma del sesgo de la revolución y la búsqueda de una solución única y absoluta. Personajes como Octavio Paz Solórzano muestran cierto tipo de alivio a raíz de su exclusión, pues, al verse salpicados no sólo con declaraciones generalizadas, sino con una constante misión que desencaminaba al Partido Nacional Agrarista, sus integrantes y el mismo partido fueron conducidos al más frágil de los caminos: 


[...] aun cuando no estemos en las oficinas de la calle del Seminario [...]. Esta es la cuarta maniobra que se ha intentado para destruir el Partido, sin lograrlo porque se trata de una agrupación muy fuerte y cuya fuerza no radica en la metrópoli. Nosotros —agregó— sabemos cuál es la mano que dirigió la maniobra y muchos lo saben también. No necesitamos dar el nombre del agitador [...]





[1] Pedro Castro Martínez, “Los partidos de la Revolución: del Partido Liberal Constitucionalista a los albores del Partido Nacional Revolucionario”, en línea.

[2] Idem.

[3] Lauro Gutiérrez Caloca (1883-1956), fue un abogado, periodista y narrador. En la actividad política fue diputado, senador y gobernador interino de Puebla. Activo revolucionario, militó en el villismo y el zapatismo. El 21 de febrero de 1925, el agente de segunda No. 17 informaba al Departamento Confidencial sobre los antecedentes del profesor Caloca —quien en ese momento era diputado por el sexto distrito electoral de Zacatecas— Actualmente pertenece al Partido Agrarista donde es bien querido. No descansa porque las leyes que protegen al campesino se terminen y asimismo estén al cubierto de los ataques de los señores poderosos. Y como complemento, se señala a este señor profesor, como un modelo en su vida privada y pública, como revolucionario, es de los que desde 1910 vienen luchando por sus ideas”.

[4] Leopoldo Reynoso Díaz (1878-1957), fue un militar mexicano que participó en la Revolución mexicana. En 1911 se incorporó a la lucha maderista con las fuerzas de Lorenzo Vázquez Herrera. Al romper relaciones Emiliano Zapata con Francisco I. Madero se mantuvo fiel al movimiento suriano, formando parte de la División “Vázquez”. Fundó, junto con Díaz Soto y Gama, Manuel Palafox y los hermanos Magaña, entre otros, el Centro de Consulta para la propaganda y Unificación Revolucionaria, el 28 de noviembre de 1916, en Tlaltizapán, Morelos. En enero de 1919 fue capturado y obligado a rendirse por las fuerzas carrancistas, en las minas de Tlalchichilpa, de Huautla, Morelos; fue trasladado al cuartel general de Pablo González Garza en Cuautla, donde fue amnistiado. En 1920, una vez integrado el zapatismo al proceso político nacional, fue elegido diputado federal por el estado de Morelos hasta 1923. En 1927 era secretario de Acción Política. Para 1930 ya era diputado por el PNR.

[5] Javier Mac Gregor Campuzano, Partidos Nacionales y programas políticos en México, 1918-1928, tesis para obtener el grado de Doctor en Historia, Centro de Estudios Históricos de El Colegio de México, 2005, p. 185.

[6] Emilio Portes Gil, “Portes Gil, presidente de la República. Su doctrina y su obra”, Autobiografía de la Revolución Mexicana, en línea.

[7] Ibidem.

[8] Silvano Sotelo, para 1928 era diputado por el estado de Morelos y secretario de Acción Social del PNA.

[9] Alfonso L. Nava fue un diputado y senador guerrerense.

[10] Román Badillo (1895-1963) fue un abogado y precandidato presidencial en 1933.

[11] “Una borrascosa sesión del partido agrarista; los líderes Manrique y Soto y Gama, expulsados”, El Universal, 18 de enero de 1929.

[12] Ibidem.

[13] “Ahora formulan cargos Soto y Gama, Manrique y Caloca”, El Universal, 19 de enero de 1929, p. 1.