Conversaciones y novedades

El periódico de Zapata

Ángel Gilberto Adame

Año

1914

Tipología

Novedades

 

[1] La madrugada de 27 de noviembre de 1914, un grupo de periodistas y trabajadores encabezados por Conrado Díaz Soto y Gama, Octavio Paz Solórzano y Rafael Alducín laboraba a marchas forzadas en las prensas que habían sido de El Imparcial. Su encomienda era la de imprimir el primer periódico de raigambre exclusivamente zapatista, mismo que bautizaron con el nombre de El Nacional: diario independiente de la mañana.

     En aquel año infausto, la Ciudad de México había sido alcanzada por la vorágine de la Revolución. Las sucesivas huidas e incursiones de los distintos ejércitos habían sembrado el pánico entre la población. El control de la capital no sólo implicaba una ventaja táctica y militar, también significaba la posesión del poder periodístico, mismo que era empleado con fines fundamentalmente propagandísticos. Por ello, cuando Carranza huía hacia Veracruz, ordenó a sus huestes que destruyeran las imprentas capitalinas antes de que estuvieran a disposición de Villa y de Zapata.

     La meta de Zapata era vencer las reticencias que pesaban sobre su movimiento, pues el cambiante escenario político le exigía trascender el programa agrario para allegarse de nuevos apoyos que le permitieran ampliar su base de simpatizantes, máxime después de su negativa a negociar con las facciones que no promovieran el empoderamiento inmediato del campesinado. Además, gran parte de su gente se había hecho fama en el bandidaje y el saqueo, por lo que su objetivo sucedáneo era el de sanear su reputación.


     El periódico, cuya suscripción por cuatro meses tenía un valor de $4.50 y el número suelto de $0.05 en toda la República y $0.10 a bordo de los ferrocarriles, estaba dispuesto de la siguiente manera: la primera página estaba dedicada a noticias locales sobre el zapatismo; en la segunda, aparecían noticias internacionales; la página tres estaba reservada para anuncios de ocasión y, en la página cuatro, se colocaban convocatorias y publicidad. 

     En su primer número, de 27 de noviembre, El Nacional reportó la llegada de su máximo jefe a la estación de San Lázaro. También incluyo en sus páginas el Plan de Ayala, que seguía siendo, en la doctrina zapatista, el documento eje sobre el cual giraban todas las aspiraciones de la Revolución Mexicana. 

     Además, se incluyó un editorial donde Conrado Díaz Soto y Gama y Octavio marcaron la línea de acción de la publicación:


[…] reflejaremos a ocasiones el sentir ambiente; procuraremos, otras, encausarlo; y en todas sabremos ser sinceros. Si erramos, será de buena fe.
[…] Nuestro espíritu joven se inclina a lo nuevo; porque novedad es belleza. Con todo, no aceptamos las novedades como nuevas, sino como buenas.
Y por tales tenemos muchas de las reformas que se plantean en estos momentos decisivos para el país, así en los espíritus de los idealistas como en los de los llamados PRÁCTICOS; y que son las que sostienen, y esperamos implantarán, los revolucionarios sanos del Norte y del Sur. 



Curiosamente, en la última página aparece una nota sobre el ambiente teatral de Felipe de J. Haro, hermano de Joaquín Haro, cuñado de Octavio.

     Apenas entró en circulación, otros diarios y gacetas de la época le dieron la bienvenida por tratarse de una publicación “independiente y progresista”.

     El ejemplar del día 28, con un incremento de cuatro a seis páginas, anunció en su nota principal la entrada de Zapata a la capital e incluyó una entrevista con el caudillo.

     Adicionalmente se publicó una breve nota titulada “¡GRACIAS, COLEGAS!”, en la que agradecieron a los periódicos El Sol y El Correo Español sus festejos en honor a su aparición:


Hondamente reconocidos, nos descalzamos el guantelete para tenderles cordialmente nuestra mano, exenta de mácula. ¡Quieran los hados que seamos siempre merecedores de un elogio de nuestros cofrades de lucha!


El día 29 se daba cuenta de la entrada de Felipe Ángeles a la capital en unión de Francisco Villa. Es en este número en el que aparece la primera nota firmada por el licenciado Octavio Paz, en la cual reafirma las convicciones de El Nacional:


Esperamos que este periódico llene el vacío que se siente en la prensa desde hace mucho tiempo; laboramos por ideas y lucharemos en el estadio de la prensa hasta que se implanten definitivamente los principios proclamados por la revolución social que acaba de triunfar y que ha llenado de regocijo a todos los hombres.


El 30 de noviembre se informó sobre la salida de Zapata de la capital en dirección a Puebla y de la llegada de más de diez mil hombres de la División del Norte. Así bien, en el número correspondiente al 1 de diciembre aparece un editorial contra la reacción:


La reacción atisba y se despereza. Como por un bosque de leyenda para un viento de muerte, la reacción deja sentir su hálito. Pero los hombres del Sur y del Norte se hallan alertas. Ellos, que han resistido cruentas vigilias, saben no dormir, porque el sueño, en política, como el frío en las tierras hiperboreales, reconforta, pero aniquila. 


Apenas comenzaba la andadura de El Nacional cuando Villa, en aquel entonces un aliado incómodo del Ejército del Sur envió a sus hombres a las oficinas para exigir que entregaran las imprentas. 

     Una vez que los villistas mostraron las armas, Paz se rehusó a escucharlos y aclaró que Zapata era el único que podía ordenarle la suspensión del tiraje. Ante su negativa lo amenazaron con llevarlo al paredón, a lo que respondió: “¡Pues, aunque me fusilen! Y sálganse de aquí inmediatamente, porque yo sí los voy a fusilar si no se van”. Según su relato, el asunto llegó a oídos de los altos mandos surianos, quienes le recomendaron ser prudente, pues Villa tenía pensado discutir con Zapata cuál sería el rumbo que guiaría su coalición.

     A pesar del intento y de las esperanzas que hubiera podido albergar Zapata en El Nacional, una vez que éste cerró, no tuvo oportunidad de crear otro proyecto tan ambicioso. La separación de Villa, aunque se supuso estratégica desde el punto de vista de los generales, significó también el debilitamiento de sus tropas, por lo que el caudillo debió devolverse a Morelos con la intención de resguardar su proyecto de nación. Desde entonces, todos los periódicos de filiación zapatista fueron de circulación regional.[2]



[1] Una primera versión de este artículo se publicó en El Universal el 12 de mayo de 2018.

[2] Lo que se conserva del periódico se puede consultar en el portal de “East View Global Press Archive”.