Conversaciones y novedades

1937, "Raíces españolas de los mexicanos" un texto recuperado de Octavio Paz

Edgardo Bermejo Mora

Año

1937

Tipología

Novedades

 

Con autorización del autor, reproducimos a continuación un artículo de Edgardo Bermejo Mora publicado originalmente en Crónica, el 7 de abril de 2022.


Un texto extraviado del muy joven Octavio Paz salpicado de la palabra “sangre”. Una perorata que, más que prosa literaria, se trata de un discurso de exaltación surgido desde las más profundas entrañas juveniles. El texto que recupero para esta entrega es, en todo caso, una pieza de oratoria febril con valor histórico más que literario.

     Tras cumplirse en estos días el 108 aniversario del nacimiento de Octavio Paz, rescato un artículo publicado por Octavio Paz en el periódico Novedades del 7 de diciembre de 1937, a su regreso de España, donde participó como parte de la delegación mexicana en el II Congreso de Escritores Antifascistas para la Defensa de la Cultura. Se trata de sus palabras en el Ateneo Popular de Valencia, que él mismo recogió y publicó:


Con el acto de esta tarde finaliza el primer ciclo de pequeñas conferencias que ha organizado la delegación mexicana. En ausencia de la camarada encargada de desarrollar el tema 'La Revolución Mexicana en Marcha', quisiera, brevemente, recoger el significado de esta tarea realizada toda para el signo apasionado que despierta vuestra guerra y vuestra Revolución.

Yo no sé, camaradas, si a través de este rápido y casi fugitivo contacto con México, vosotros habréis logrado una imagen real, así de panorámica, de nuestro país. Ya decía Juan Marinello, ayer por la tarde, en este mismo local, que quizá el perfil de México todavía no era sino un rico, prometedor esbozo; una violenta, dura y viva suma de fuerzas en integración. No sé si vosotros habréis esa contradicción, esa violencia arrebatada, a veces dispersa y otras volcada sobriamente sobre sí misma; probablemente vosotros, como españoles, adivináis en esa tensa inmovilidad del mexicano y su paisaje, en esa constante lucha por sí mismo, algo de vuestro aliento y del vuestro propio sino. México se llamó en una época Nueva España. Los conquistadores quisieron, así, al tiempo que recordaban su patria (recuerdo que la Meseta Mexicana avivaba), dar sentido y destino a una nueva nacionalidad. Y siendo Nueva España el más rico de los Virreinatos, y la más importante de las colonias, la región americana en la que el pueblo español se virtió más plena y continuamente, adquiere, desde el siglo XVI relieve propio, contornos personales, autonomía en el estilo y el modo, ya que no en la economía ni en lo político. Y siendo cada vez más personal y distinta la Nueva España, cumplía su destino, pues aquellos que la nombraron quisieron que en verdad fuese Nueva España, otra España, y no segunda España; siendo otra era fiel al designio creador de España.

Así, los años del coloniaje transcurren, para México, como la lenta maduración de su ser, de su propio y vivo ser; y como un nuevo cuerpo y un nuevo espíritu nosotros la vemos en esos días. El régimen económico que vivía México era vuestro propio régimen, ese que ahora vosotros aplastáis por todo lo que tiene de opresor, de injusto e inhumano. El proceso independiente de México ha sido semejante al vuestro. Y ahora, después de cuatrocientos años mi país busca su propio rostro, su voz más propia. Y sabe que eso sólo será posible mediante la guerra, mediante la lucha contra todo lo postizo y ajeno, y también contra lo falsamente nacional, contra lo que no puede contener al Hombre y la Revolución. Sabemos los mexicanos que la lucha por el Hombre es, al mismo tiempo la lucha por salvar lo propio, lo español o lo mexicano, lo que no se vende ni se traduce.

Camaradas, vuestra cultura y vuestra sangre forman, desde hace cuatro siglos, nuestra cultura y sangre; y esta sangre y esta cultura, ayer regada en México tan prodigiosamente, ya crecida entre nosotros a través de una historia amarga y henchida de angustiosas esperanzas, son las que ahora ofrecemos los mexicanos que estamos en España: aquellos que luchan con el heroico Ejército Popular en los campos de la muerte y la victoria. Esta sangre española, que no fue toda de conquistadores rapaces, sino de civilizadores y constructores de pueblos, esa sangre del pueblo y de sus sabios educadores, esa que tiñó a los indios e inició el mestizaje, cualesquiera que hayan sido las características del tiempo, y la otra, la más pura y gloriosa de Javier Mina, que luchó con los revolucionarios mexicanos por la libertad de América y del Hombre; esa sangre del pueblo español que parecía olvidada ya de España, tan íntima y esencialmente mexicana era, en esta que ahora os entrega México, con su voz, su adhesión y su esperanza y certeza de la victoria.

Nacido en México en la hora universal de España, es la hora en que el pueblo español, a través de no importa qué ideas o formas económicas, daba su sangre y su voz a un mundo, ahora en esta hora de España universal y popular, en esta liberadora del Hombre y del Español, quiere recordar que la antigua voz de la sangre creadora y, como ayer Mina en México, dar la mano y el corazón a su pasado entrañable, a lo más dramático y digno de su presente, al más cercano e iluminado de su amaneceres: a España, madre, hermana y camarada.    


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