Conversaciones y novedades

Las revistas, sangre de la literatura: A propósito de la nueva época de "Barandal"

David Huerta

Año

1931

Tipología

Novedades

 

El cuerpo de la literatura tiene un corazón y una voz: los libros, la tradición oral. Por su condición misma, la tradición oral parece no tener un lugar entre las letras impresas de los libros, pues la palabra “literatura” se refiere claramente a ellas, a las letras —las letras, metonimia de la literatura—. 

         En ese sentido lo que se dice, las palabras que van de la boca al oído, no serían, en estricto sentido, “literatura”, esa cosa hecha de letras. De ahí que los alemanes, para zanjar la cuestión, hayan acuñado la hermosa palabra Wortkunstwerke, cuyo significado es precisamente “obra de arte del lenguaje” (el hispanista Helmut Hatzfeld llamaba así al Quijote cervantino: la novela del hidalgo enloquecido por el exceso de lecturas era para él “una obra de arte del lenguaje”, hermosa manera de describir un libro al que se le han colgado innumerables sambenitos que poco tienen que ver con su condición de libro de entretenimiento, historia rebosante de jovialidad).

          En el siglo XVII cervantino había libros y tradición oral, y apenas algo más. Las gacetillas de novedades llegarían con el siglo XVIII, en medio de los aires del enciclopedismo. El germen de las revistas estaba sembrado.

          Las revistas fueron apareciendo en el horizonte de la vida literaria y se convirtieron en la sangre circulante de la cultura escrita. El corazón libresco de la literatura comenzó a recibir la corriente de ese oxígeno vivificante: las páginas de las revistas y lo que en ellas se imprimía y se ponía en tránsito hacia los ojos lectores y las inteligencias despiertas.

           Muchos escritores han hecho revistas. Un modelo y ejemplo de ello es Octavio Paz: desde muy joven participó en la hechura de revistas; en 1931 se unió, adolescente de un brillo singular reconocido por sus coetáneos, al grupo que hacía la publicación estudiantil Barandal, llamada así como recuerdo de los barandales del Colegio de San Ildefonso, en cuya íntima cercanía, apoyados en ellos, los estudiantes sanildefonsinos conversaban, hacían planes, soñaban en voz alta, se hacían confidencias, discutían, se intercambiaban recomendaciones de lectura, se enamoraban y comenzaba a imaginar lo que escribirían.

          Octavio Paz vinculó su vida a las revistas literarias desde la adolescencia y nunca dejó de tener contacto directo con una o varias en cada momento. Me parece que es un mérito suyo que no se tiene tan presente cuando de él se habla o se escribe sobre su obra. Paz, editor de revistas: al lado de Paz-poeta, Paz-ensayista, Paz-polemista, está ese individuo sumamente inquieto y lleno de vivacidad consagrado a la sangre de la literatura.

       Barandal apareció en 1931 y tuvo una vida corta (un solo año), como suele suceder con las revistas estudiantiles. La sucesora de esa empresa juvenil fue Cuadernos del Valle de México (1933-1934), en la que también colaboró Paz. Más tarde comenzaron las aventuras de los dos Talleres: Taller Poético (1936-1938) y Taller (1938-1941), dirigida por Paz, y publicación insignia de su generación, directa heredera de los Contemporáneos.

          Después de esas aventuras adolescentes y juveniles en las revistas universitarias de San Ildefonso, Octavio Paz siguió haciendo revistas, colaborando en ellas —en México y fuera de México— y dirigiendo dos en el último tramo de su vida: Plural y Vuelta.

          Al lado de los libros de prosa y poesía de Octavio Paz deberíamos mencionar, o por lo menos tener en cuenta, esa labor extraordinaria, abundante, original, enérgica, del poeta mexicano en las diversas revistas que animaron sus tareas literarias.

      Por todo eso, publicar una “nueva época” de Barandal, auspiciada por el Colegio de San Ildefonso y la Universidad Nacional, debe ser una decisión entendida como franco homenaje a la memoria de Octavio Paz en esta vertiente tan fecunda de su andadura vital e intelectual. Parte de la Cátedra Extraordinaria que lleva el nombre del poeta, la nueva época de Barandal no intenta ser en modo alguno una continuación de aquella revista de hace 90 años, sino una publicación nueva, en busca de su propio destino.

          Los editores de esta nueva revista que tiene el nombre de una vieja publicación somos Jorge Gutiérrez Reyna y yo mismo.