En la mirada de otros

En la mirada de Reinaldo Arenas

Reinaldo Arenas

Año

1990

Tipología

Novedades

 

Paz, Thomas Colchie y Reinaldo Arenas, Nueva York, ca. 1988

El cubano Reinaldo Arenas (Aguas Claras, 1943-Nueva York, 1990) fue novelista, ensayista, poeta y dramaturgo. Apoyó mucho a la revuelta de Fidel Castro contra el régimen de Batista y luego de la revolución estudió letras en la Universidad de La Habana. Trabajó para la Biblioteca Nacional, el Instituto Cubano del Libro y La Gaceta de Cuba. No tardó el régimen en ponerlo en la lista negra por sus críticas al giro dictatorial y por su homosexualismo: destruyó sus escritos y lo encarceló durante casi un lustro. Logró exiliarse en 1980 junto a los 125 mil cubanos “indeseables” del éxodo del Mariel.

En el exilio, Arenas terminó su Pentagonía, ciclo de cinco novelas con una historia personal de la Revolución Cubana. Escribió artículos encendidos contra el castrismo y sus aliados, los comunistas de champaña, los intelectuales jet-set que, desde sus cátedras universitarias en Londres, París o Nueva York, apoyaban las revoluciones en Nicaragua, Asia o la Europa del Este, y contra la imagen del latinoamericano de mambo y guayabera que impulsaba el mercado editorial.

En Antes que anochezca (Tusquets, 1992), su autobiografía, recuerda:

…Aquella generación mía leía los poemas prohibidos bajo Fidel Castro de Jorge Luis Borges, y recitábamos de memoria los poemas de Octavio Paz. Nuestra generación, la generación nacida por los años cuarenta, ha sido una generación perdida; destruida por el régimen comunista.

“No hay paz para el Nóbel”, el artículo que reproducimos, apareció en El Nuevo Herald de Miami, en 1988 y está recogido en Libro de Arenas (Prosa dispersa), publicado por Conaculta en México en 2013. Es una apología de los escritores que, como Paz, se negaron a creer en automático en las buenas intenciones proferidas por cualquier combatiente revolucionario por el simple hecho de haber combatido a dictadores tan ruines como Batista o Somoza. Es también una crítica a Carlos Fuentes y su apoyo a Daniel Ortega durante los procesos de paz tras la revolución nicaragüense…  (Patricio López)



Ahora los ministros y altos funcionarios de los países comunistas son también críticos literarios. En el periódico nicaragüense Nuevo Amanecer, el señor Tomás Borge Martínez, ministro del Interior del gobierno sandinista (es decir, la máxima autoridad policial y represiva del país) ha publicado un extenso texto donde ataca a Octavio Paz y le hace la apología literaria y política a Carlos Fuentes, a quien, desde luego, ya se le otorgó la "Orden de la Independencia Cultural Rubén Darío".

En un español balbuceante el señor ministro del Interior tilda a Octavio Paz de "reaccionario, enemigo de Nicaragua y de la revolución" y "de ser el director intelectual de la derecha mexicana" (sic).  Más adelante afirma que Octavio Paz no es más que "un lúcido fabricante de palabras" y que la revista Vuelta, dirigida por Paz "es el Rolls Royce de las revistas culturales de América Latina" ... Ah, pero sobre Carlos Fuentes, el señor ministro del interior declara "que ha escrito más de veinte libros imprescindibles, irreprochables" (sic).

Luego de cuatro páginas ministeriales dedicadas a detractar a Paz y a ensalzar a Fuentes, el periódico, consagra otras tantas a una antología crítica sobre la obra de Fuentes, donde aparecen cartas laudatorias de escritores latinoamericanos dirigidas a Carlos Fuentes y hasta un texto epistolar de Lázaro Cárdenas. La publicación de esta correspondencia privada sólo puede indicar una cosa: el propio Carlos Fuentes ha sido el promotor con el beneplácito de los comunistas nicaragüenses y sus aliados de este despliegue publicitario en su favor y contra Octavio Paz.

¿Razones? Próximamente los venerables académicos suecos otorgarán otra vez el Premio Nobel de Literatura. Este año uno de los candidatos es Octavio Paz. El Nobel para Paz anularía a Fuentes como posible ganador. A los temores y envidias de Fuentes se unen los intereses del comunismo internacional que no admite la actitud crítica y lúcida de Octavio Paz mantenida contra todas las dictaduras del planeta, incluyendo, desde luego Cuba y Nicaragua.

En 1984, Octavio Paz en su discurso de agradecimiento por haber recibido el premio de los libreros de Frankfurt dijo que "la Revolución Nicaragüense ha sido confiscada por una élite de dirigentes". Elogió la posición del diario La Prensa de Managua y habló de "las minorías indígenas en Nicaragua que ven amenazada su cultura y su forma de vida y que han sufrido despojos y atropellos bajo el régimen sandinista". Eso que no es más que un hecho evidente, resulta para el señor Borge una herejía imperdonable. Es lógico que escriba el elogio de Carlos Fuentes, amigo del ministro del Interior y vocero del régimen sandinista como lo fue de Castro en su momento oportuno, cuando ser castrista era aún un sello de garantía  "progresista".

Carlos Fuentes, calificado por Enrique Krauze como "El Dandy Guerrillero", es un ejemplar típico de intelectual oportunista, siempre aliado de la ideología y del poder en boga de los cuales ha sacado considerables ventajas económicas. Sobre el presidente Echeverría que estuvo comprometido en la matanza de Tlatelolco y que sumió al país en la ruina económica, Fuentes redactó una minuciosa defensa, y terminó afirmando que "todas las fuerzas de la reacción mexicana se confabularon para tenderle una trampa a Echeverría".  Esta apología fue bien remunerada, el señor presidente nombró a Carlos Fuentes embajador en París.

Mientras en Fuentes vemos al típico arribista político, en Octavio Paz encontramos al intelectual digno que renunció a su cargo como Embajador en la India cuando la masacre de Tlatelolco. Paz no puede hacerle el juego a Fidel Castro, ni al ministro del Interior nicaragüense, como tampoco puede hacérselo a Pinochet. Para Fuentes sólo hay un dictador, el de la derecha. Paz no establece diferencias substanciales entre uno y otro criminal. Esto cae mal. No sólo al señor Borge y a Fuentes. sino a todos los oportunistas del mundo, que suman legiones, y quienes bajo el manto de "progresistas" (porque sólo atacan a los Estados Unidos y a las dictaduras de derecha) cargan con todos los premios literarios y las medallas políticas.

No hay apoyo para el Premio Nobel a Octavio Paz, precisamente porque se lo merece, como tampoco lo hubo para Jorge Luis Borges. El oportunismo, la propaganda, la demagogia y la politiquería han invadido los predios literarios y sus certámenes. Y en ese campo, el del oportunismo, Fuentes es un verdadero maestro.

En un reciente discurso pronunciado en los Estados Unidos y cobrado, desde luego en dólares, Fuentes llamó a los sandinistas freedom fighters. Comentando ese discurso, el poeta Pablo Antonio Cuadra escribió: "Mientras Fuentes decía ese discurso, en los países vecinos donde están dispersos más de 500 mil nicaragüenses, aparecían páginas de periódicos explicando el drama de nuestro pueblo. Esta es la contraparte sangrienta y triste que el superficial discurso de Fuentes no supo ver. Es una gran lástima y una gran responsabilidad, porque el peso de hombres como él debería servir para equilibrar la balanza. Debería haber visto que nuestra pobre América ya está agobiada por esos grandes conceptos que cuestan sangre y miseria para nada... Muchos de los comandantes no son Castros sino imitadores rescatables, si tantos inteligentes no les hicieran el juego".

Todo esto es lamentable, cierto. Pero el juego de Fuentes, el juego de la izquierda festiva, del Dandy Guerrillero, es un juego rentable, y el acaudalado embajador en París, Premio Rubén Darío, Premio Cervantes y Premio Rómulo Gallegos, no va a renunciar a él. A través de ese juego se llega también fácilmente al Nobel. Y si no, que se lo pregunte a su amigo, Gabriel García Márquez.

CUBA: LITERATURA Y LIBERTAD

Con orgullo podemos decir que los intelectuales cubanos hemos jugado un papel fundamental en las incesantes luchas sostenidas, antes y ahora, por la libertad de Cuba. De ahí que el pago que los escritores cubanos han recibido por los diversos estados represivos que ha padecido nuestra isla haya sido el desprecio, la indiferencia, el insulto, la cárcel, el destierro y hasta la muerte. Desde principios del siglo XIX las bases de la nacionalidad cubana fueron creadas o alentadas por los escritores que le dieron trascendencia, y quienes a veces tuvieron que pagar con su propia vida la osadía de enfrentarse de una u otra forma al colonialismo español. Y esta confrontación con el poder opresivo la realizaron. [1]

 




[1]Arenas, Reinaldo, "No hay Paz para el Nobel" en Prosa dispersa, 1965-1990, México, CONACULTA, 2013.