Conversaciones y novedades

Un intercambio epistolar

Ángel Gilberto Adame ; Mauricio Tenorio Trillo

Año

2020

Tipología

Novedades

 

El historiador Mauricio Tenorio Trillo

Conocí a Mauricio Tenorio Trillo en la Feria del Libro de Guadalajara de 2018. Él era uno de los invitados especiales de la poeta Ida Vitale para celebrar su vida y obra. Pronto quedé deslumbrado por su sabiduría y sencillez. Así inició una amistad que transcurre entre tazas de café, largas caminatas y, dado que Mauricio vive en Chicago donde es un distinguido docente, correos electrónicos.


          La última vez que lo vi, le entregué un ejemplar de mi libro Pasiones, fracturas y rebeliones: Octavio Paz, Pablo Neruda y José Bergamín, México, Taurus, 2020. Tiempo después recibí un mensaje suyo que, junto con mi respuesta, transcribo con su autorización. (AGA)



          Me ha encantado el libro. Una gran investigación. Cuánta mezquindad reina entre nosotros, hombres y mujeres de letras; también pasión por la palabra y el conocimiento. No hay una cosa sin la otra. Me deja frío la personalidad del “gran” Pablo Neruda que aparece en tu libro. Tampoco es que, con la información que tú presentas, me parezca tan agradable la actuación y personalidad de Octavio Paz. Pero la virtud de tu trabajo es que presenta una opinión, sí, pero también la información para que el lector decida.  Los pleitos y egos entre Paz y Neruda, van y pasan, pero sí me pareció mezquino de Paz su actuación ante la posibilidad del Premio Cervantes para José Bergamín. Que era un tipo difícil, no lo dudo, pero Bergamín tenía sus méritos y, además, por lo que tú descubres, lo de Paz ante Bergamín no era solo viejo odio o añejo encuentro de personalidades, sino también estrategia: la publicación de la obra de Paz con dineros oficiales españoles, vía Luis Rosales, en Seix Barral (el Premio Cervantes del año 82, con voto de Paz). Feo, porque si de personalidades controvertidas se trataba, Rosales (gran poeta) también tenía cola que pisarle —con su pasado sólidamente falangista—. Bergamín tenía mérito intelectual y, además, a diferencia de Rosales, necesitaba el dinero del premio. Para mí, con la información que tú presentas, Paz antepuso su grilla editorial a los méritos intelectuales y a las necesidades humanas de su viejo amigo, Bergamín. Gerardo Denis, ese gran poeta, sufrió el mismo ninguneo, acaso también por su difícil personalidad, ante el Premio Alfonso Reyes de El Colegio de México en el 2017.


          Tu libro me dejó intrigado por dos personajes, uno que le vengo siguiendo los pasos desde hace tiempo, y otro del que no sabía nada. Primero, Margarita Nelken. Su interlocutor natural hubiera sido —por ser medio alemana, judía y comunista— el grupo alrededor de Anna Seghers —la escritora alemana, judía y comunista que se exilió en México durante la guerra (su novela Tránsito narra las pericias de los miles de refugiados en Marsella esperando derecho de asilo en México)— y su marido László Radványi. Pero en la correspondencia publicada de Seghers no parece que haya tenido mucha relación con Nelken —se escribe más con Clara Porset, en francés y en español—.  Margarita era hija de un relojero judío alemán que Alfonso XIII mandó traer para atender los relojes reales.  En realidad, Nelken iba para Pasionaria, y es raro que la ganadora entre los comunistas fuera la Pasionaria, Dolores Ibárruri, una exfanática católica ignorante que no hablaba lenguas y que en Moscú repartía favores entre los exiliados españoles, con la ayuda de Irene Falcón, esa sí multilingüe.  Nelken por mucho tiempo parecía que sería la ganadora, hablaba alemán, francés, inglés y estaba desde el primer día en el lado estalinista de las cosas —y como la Pasionaria, perdió un hijo en el frente ruso—.  En efecto, a Nelken la muerte del hijo en la Segunda Guerra Mundial la afectó mucho.  Quisiera saber más de ella, se dedicó a la crítica de arte en la década de 1950 (en la revista Hoy), pero sus textos son muy oscuros y sin sentido.  Creo que, desilusionada, trabajó para la inteligencia soviética y luego espió para Estados Unidos la vida de los comunistas en México.  Amigo, amigo de ella yo creo que solo Max Aub; parece que nadie la quería.  Quisiera saber más de ella, si averiguas dime. Paul Preston, en Palomas de guerra, presenta un retrato de ella más o menos bien investigado.  Algo hay sobre ella y la Pasionaria en las memorias del comunista, luego férreo anticomunista, Enrique Castro Delgado (Mi fe se perdió en Moscú). Hay un libro de Eduard Puigventós López (Ramón Mercader. El hombre del piolet) que ni tú ni Guillermo Sheridan citan y deberían conocer, es una investigación interesante. Rubén Gallo (Freud’s Mexico) también tiene algo sobre Alfonso Quiroz Cuarón, el criminalista que trató a Mercader. Si averiguas más de Nelken, avísame.


          José Ferrel es el otro personaje. No sé más que lo que tú cuentas. No seas tan moral, es claro que el hombre era homosexual, pero no lo dices letra por letra. Citas el libro de Aline Pettersson, que es de editorial de autor.  Fabienne Bradu (Artaud, todavía) reproduce cartas de Luis Cardoza y Aragón que hacen referencia a las traducciones y al suicidio de Ferrel. A referencia de él, citas al indiscreto de Elías Nandino que cuenta el culo de todos. Pero, ¿Salvador Novo no habla de él? ¿Cómo averiguo más de Ferrel?


          Reproduces una foto de Jaime Gil de Biedma con Paz, pero no dices nada más de él. Danubio Torres Fierro me contaba que Gil de Biedma era un hombre inteligentísimo —quizá en los apuntes memoriosos de Danubio (Estrategias sagradas) sobre la Barcelona de los setenta, haya algo—, y me gustaría saber si Paz interactuó con esos dos grandes poetas: Gil de Biedma y Gabriel Ferrater —ellos dos eran muy amigos, el primero tiene unas memorias muy buenas (Diario del artista seriamente enfermo), pero hablan más de Filipinas y amores gays—. Habría que revisar su diario publicado en 2015. Ferrater, por su parte, es realmente admirable, escribía sobre todo en catalán, leía todo en todas las lenguas. He leído mucho a Ferrater, pero nunca he encontrado que mencione a Paz. Si me guardas el secreto, te diría que Ferrater era el realmente cosmopolita, pero profundamente local (escribía en catalán), que Paz quiso ser. Pere Gimferrer, claro está, acabó siendo el albacea de Paz en Cataluña. 


          Tú, Ángel Gilberto, investigador incansable, si averiguas más de la relación Gil de Biedma-Paz y Ferrater-Paz, comparte, como has compartido con este estupendo libro tus innumerables hallazgos. Quién diría que los historiadores encontraríamos en un notario tanto dar fe de nuestra ignorancia. 


Mauricio Tenorio 

* * *

 

Querido Mauricio, qué gusto saber de ti y que te haya agradado el libro. ¿Ya estás en Chicago?


          Estoy de acuerdo contigo. Nelken es un personaje intrigante. Su ascenso, su caída del gobierno republicano, su expulsión del Partido, todo suena raro. Estoy seguro que ella formaba parte en la trama contra Trotski. Voy a investigar más y revisar las fuentes que señalas. Te aviso lo que encuentre.


          José Ferrel y Peláez es otro personaje muy misterioso que casi nadie ha reparado en él. Muchos lo confunden (incluso Krauze, Sheridan y Christopher) con el padre, José Ferrel y Félix (un periodista de Sinaloa, enemigo de Ireneo Paz, rebelde antiporfirista que luego acabó incluso de huertista). 


          Ferrel y Peláez era amigo de los Contemporáneos, fue apadrinado por Genaro Estrada, estuvo cerca de Lombardo en la Universidad Obrera; se casó, como un medio de rescatarla de su familia, con Josefina Vicens, ambos homosexuales. Tradujo a Gide y yo creo que él influyó más en Paz de lo que el poeta reconoce. Primo del historiador José C. Valadés y tío de Diego Valadés y de Aline Petterson Ferrel (ella presenció su suicidio y me contó que el padre Ferrel y Félix destruyó todos sus papeles). Intuyo que fue amante de Villaurrutia. Aline me cuenta que, en el velorio, el poeta estaba destrozado y él murió, como sabes, misteriosamente meses después.


          Lo más extraño de Ferrel es su relación con Trotski. Él fue uno de los causantes del pleito con Diego Rivera, al ser secretario de la revista “Clave”. Era muy amigo de Ricardo García Treviño, otro lombardista convertido a trotskista. He revisado todo el expediente del magnicidio, y no aparecen menciones de ellos, nadie sospechó de estos reconvertidos. Aline ha tratado de reconstruir la vida de su tío, pero salvo los pedazos que ella y yo hemos narrado, incluyendo unas cuantas cartas con Alfonso Reyes que encontré en La Capilla, no hay más. Faltaría buscar en archivos de inteligencia estadounidenses y soviéticos. ¿Le entramos?


          Como no quieres ayudarnos con la Zona Paz, te pierdes de estas joyitas. De la generación de poetas de Barcelona:


Luis Antonio de Villena: 

https://zonaoctaviopaz.com/detalle_conversacion/453/en-la-mirada-de-luis-antonio-de- 

Jaime Salinas: 

https://zonaoctaviopaz.com/detalle_conversacion/320/en-la-mirada-de-jaime-salinas

Carlos Barral: 

https://zonaoctaviopaz.com/detalle_conversacion/296/en-la-mirada-de-carlos-barral

Josep María Castellet: 

https://zonaoctaviopaz.com/detalle_conversacion/234/en-la-mirada-de-josep-maria-castellet

Paz los conoció a todos ellos en Formentor 1961: 

https://zonaoctaviopaz.com/detalle_conversacion/468/premio-internacional-de-editores-de-1961



          Voy a revisar la correspondencia que tenemos de Paz con ellos y te informo. El único que no toleraba a Paz era Valente (otro personaje que me parece digno de estudio).


          Termino este largo correo, querido Mauricio. Dime si te animas a seguir el rastro de Ferrel, amigo de Artaud y Breton. 


Abrazo.


Ángel Gilberto