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El Premio Internacional Neustadt de Literatura de 1982

Ángel Gilberto Adame

Tipología

Novedad

Lustros

1980-1984

 

Octavio Paz recibe el Premio Neustadt de manos de William S. Banowsky, director de la Universidad de Oklahoma, Norman, Oklahoma, 9 de junio de 1982

El Premio Internacional Neustadt* de Literatura es un galardón de alto prestigio en los Estados Unidos, uno que The New York Times considera equivalente al Premio Nobel[1]. Es un reconocimiento bienal que comenzó a entregarse en 1970, auspiciado por la Universidad de Oklahoma y la revista World Literature Today. Uno de sus forjadores fue el poeta estonio Ivar Ivask, y es patrocinado por la familia Neustadt. Su promotor inicial fue el poeta Ivar Ivask, y su patrocinio vino de la familia Neustadt. En 1982 entregaba veinticinco mil dólares —hoy la suma se ha duplicado— con un certificado y una pluma de águila bañada en plata que remite a las tribus americanas nativas de Oklahoma.

          

          Cualquier escritor vivo es candidato al premio, siempre y cuando una parte importante de su obra esté disponible en inglés o francés. En su origen se llamó Premio Internacional de Literatura Books Abroad, que era el antiguo nombre de la revista World Literature Today; luego, desde 1976 cambio a su actual apelativo.


          El primer ganador fue el poeta italiano Giuseppe Ungaretti. En 1972, Ivask promovió a Paz, con el apoyo del poeta belga Fernand Verhesen, que argumentó “la extrema originalidad de su trabajo y la profundidad ferviente y lúcida con la que intenta reconciliar al hombre con el mundo exterior y consigo mismo”[2]. Sin embargo, el resto del jurado optó por otro latinoamericano, el colombiano Gabriel García Márquez.


          Ivask le escribió a Paz: “¿Qué he hecho para merecer este silencio masivo de tu parte? Espero que no estés enojado conmigo por la manera en que votaron los jueces”[3]. Y Paz le contestó: “¿Cómo se te ocurre pensar que yo puedo estar enojado contigo? Soy vanidoso como (casi) todos los que escriben, pero mi vanidad no está en los premios”[4].


          Los años siguientes el premio fue para Francis Ponge, Elizabeth Bishop, Czeslaw Milosz y Josef Škvorecký. Paz no volvería a ser nominado sino una década después. Nuevamente Ivask estaría a su favor, junto con Jaime García Terrés, quien en su presentación señaló:


Paz es uno de esos fenómenos que cambió la faz cultural de todo el continente. Al mismo tiempo, descubrió, con una visión penetrante y singular, el significado y la razón de ser de México y de lo mexicano. Precisamente porque se nutrió de las fuentes universales (incluyendo la antigüedad de Oriente y Occidente), ha sido capaz de adquirir tanta sensibilidad hacia los valores del presente inmediato que, junto con el vigor poético para rejuvenecer esos valores, ha abierto nuestra cultura a la influencia enriquecedora de lo mejor del extranjero, que nos hacen, como él mismo dice: "contemporáneos de todos los hombres”[5].


          Como cada dos años, Ivask designó al jurado internacional, en consulta con los quince integrantes del consejo editorial de la revista, cada uno con poder para nominar a un candidato. Ese año el jurado estuvo conformado por Miguel Durán —quién representaba a García Terrés—,Yehuda Amijai, Poul Borum, John L. Brown, Efim Etkind, Francine du Plessix Gray, Mimmo Morina, Hualing Nieh y Östen Sjöstrand. Otros dos designados —Giancarlo Vigorelli y Maurice Nadeau— no pudieron asistir por enfermedad y problemas de visado, respectivamente. Los candidatos, además de Paz, fueron Robert Penn Warren, John Hawkes, Laura Riding, Vladímir Nikoláyevich Voinovich, Ted Hughes, Ba Jin, Max Frisch, Artur Lundkvist, Östen Sjöstrand, Leonardo Sciascia y Eugène Guillevic.


          La deliberación comenzó el 25 de febrero. Al principio, parecía que el ganador sería el gran poeta inglés Hughes. Sin embargo, la tenacidad de Durán se impuso y Paz fue declarado ganador. Al poeta catalán le “enorgullecía señalar que defendió su causa durante las deliberaciones y fue capaz de convencer a los otros miembros, aunque debo agregar que sus logros hicieron que mi tarea fuera muy fácil”[6], y se expresó en estos términos del trabajo de Paz: “Al abordar el lenguaje a través de la poesía y la pasión, trata con un hecho universal: no hay cultura sin lenguaje, y el lenguaje nos pertenece a todos, a través de los sentimientos (sensualidad, pasión sexual) que también son nuestra herencia común”[7].



Jurado de 1982. De izquierda a derecha sentados: Ivar Ivask, Francine Du Plessix Gray, Hualing Nieh y Mimmo Morina. De pie, de izquierda a derecha: Efim Etkind, Poul Borum, Manuel Durán, John L. Brown, Östen Sjöstrand y Yehuda Amijai


           Las felicitaciones no tardaron en llegar. Jorge Guillen declaró: “Octavio Paz es la conciencia crítica, libre y lúcida del mundo en que vivimos. […] Ciertamente conoce y siente profundamente nuestra literatura española. Por ejemplo, el que escribe estas líneas está en deuda con él por varios análisis espléndidos […]. Finalmente, uno alcanza un estado en el que las palabras son insuficientes. Simplemente no puedo ‘expresar’ toda mi gratitud”[8].


Reconocimiento del Premio Neustadt 


          La ceremonia formal fue el 9 de junio y acudieron cerca de trescientos invitados. En el presídium, además de Paz y Marie José, se encontraban William S. Banowsky, director de la Universidad, Manuel Durán, Doris Neustadt y Walter Neustadt Jr. Ivask hizo la salutación y Durán leyó un ensayo sobre la obra del poeta y Paz ofreció un discurso en su lengua materna.

En todos los idiomas hay palabras límpidas que son como el aire y el agua del espíritu. Expresar tales palabras es siempre maravilloso y tan necesario, como respirar. Una de esas palabras es gracias. Hoy la pronuncio con alegría. También con la conciencia de ser objeto de una feliz confusión. La verdad es que no estoy muy seguro del valor de mis escritos. Por otro lado, estoy seguro de mi pasión literaria: nació conmigo y morirá sólo cuando yo muera. Esta creencia me consuela. Los miembros del jurado no se equivocaron por completo al otorgarme el Premio Internacional Neustadt 1982; querían recompensar, en mi caso, si no la excelencia, la obstinación... No diré más sobre mis sentimientos. No soy más que la causa incidental (¿o accidental?). Y, por lo tanto, lo que debería contar, por muy profunda que sea mi gratitud, no es mi persona, sino la importancia del Premio Neustadt. Vale la pena reflexionar sobre esto por un momento. Situada en el centro de los Estados Unidos y rodeada de inmensas llanuras, Oklahoma parecía desierta debido al destino geográfico de la actividad interior y la separación histórica. Sin embargo, la relación de cada sociedad con su realidad física circundante es una contradicción: los hombres que habitan en un valle escalan montañas que los separan del mundo, y los hombres de las llanuras se mueven a lo largo de su extensión sin fin como si fuera un mar navegable. Estas son metáforas opuestas y reversibles: el desierto es un mar para los árabes, y el mar es un desierto para los marineros. En cada caso, la metáfora es un desafío y una invitación: el horizonte sigue siendo al mismo tiempo una llamada y un obstáculo. En el dominio de la comunicación literaria, Oklahoma ha superado el aislamiento y la distancia a través de una serie de iniciativas ejemplares. […] Por otro lado, hay muy pocos premios literarios que sean verdaderamente internacionales. Entre estos, un lugar aparte está ocupado por el Premio Neustadt. Dos características le otorgan una cara única: la primera es que cada jurado está compuesto por críticos y escritores pertenecientes a diferentes idiomas y literaturas, lo que significa que constituye un organismo internacional, tan internacional como el premio mismo; la segunda característica es que el jurado no es permanente, sino que cambia de un premio a otro, es decir, cada dos años. Estas dos características se traducen en dos palabras: universalidad y pluralidad. Debido a la primera palabra, el premio ha sido otorgado a poetas y novelistas en italiano, inglés, francés, polaco, español y checo. Debido a la segunda palabra: pluralidad, encontramos entre los galardonados no sólo escritores de diferentes idiomas, también de diferentes persuasiones literarias y filosóficas. En términos estéticos, la pluralidad es una riqueza de voces, acentos, modales, ideas y visiones; en términos morales, la pluralidad significa tolerancia a la diversidad, renuncia al dogmatismo y reconocimiento del valor único y singular de cada obra y cada personalidad. La pluralidad es universalidad, y la universalidad es el reconocimiento de la admirable diversidad del hombre y sus obras. Considerando todo esto, en el mundo moderno convulsionado e intolerante que habitamos, el Premio Neustadt es un ejemplo de la verdadera civilización. Diré aún más: reconocer la variedad de visiones y sensibilidades es preservar la riqueza de la vida y así asegurar su continuidad. De ahí que el Premio Neustadt, al estimular la universalidad y la diversidad de la literatura, defienda la vida[9].

Pluma de águila de plata


          El presidente de la Universidad, William S. Banowsky le entregó el diploma, el cheque respectivo y la escultura. Un recital de Paz concluyó la velada. Una de las primeras personas a la que le escribió fue a Guillén:


[Tarjeta postal. Manuscrita]
[Oklahoma, s/f, ca. octubre de 1982]
 
Mi querido y admirado D. Jorge: Aquí estamos Octavio Paz, Marie Jo, los Ivask y trescientas personas más para lo del Premio Neustadt: todos lo hemos recordado a usted, con cálida admiración. ¡Sigue Ud. siendo nuestro héroe, el príncipe de la poesía!
Manolo Durán
               
          Y con el privilegio que tú me diste hace años en Cambridge. ¡Te tuteo, querido Jorge!, liróforo celeste, terrestre, marítimo, ígneo —los cuatro elementos y los cuatro puntos cardinales resueltos en una forma pura, transparente y que nos ilumina: tu poesía, que tiene muchos nombres —año, luz, camaleón, chispa y, ante todo, Irene.
Con un grande abrazo
Octavio y Marie José


          Ivask cuenta una anécdota que ocurrió esa noche: “Nos detuvimos en el jardín después de la cena y, de repente, el poeta mexicano sacó del bolsillo de su traje un presente para mí. Era un pedazo de una ramita de laurel de la Villa Médici que siempre llevaba consigo, como un amuleto. ¡Me compartió esas hojas de laurel!”[10].

          

          Al día siguiente, Paz declaró que “nunca he escrito para obtener premios, sino por una necesidad íntima, y luego por otras razones: autodescubrimiento y la búsqueda de un lector. Ya sea si sólo es uno, dos o un millón de buenos lectores, ese es el verdadero premio y el único monumento al que aspira un escritor. […] Los premios pertenecen a otra esfera […], son una gran simulación. Siempre ha habido premios y, desde el punto de vista social y cultural, preservan la continuidad de la literatura”[11].


          Ningún otro escritor mexicano ha vuelto a ganar el Premio Neustadt.




NOTAS

*Esta nota tiene precedente en mi columna de El Universal del día 1 de agosto.

[1] Edwin McDowell, “Publishing: The Oklahoma 'Nobel'”, en The New York Times, 26 de febrero de 1982, sección C, p. 22.

[2] William Riggan, “The 1982 jurors and their candidates for the Neustadt International Prize for Literature” en World Literature Today, otoño de 1981, volumen 55, número 4, p. 629.

[3] Ivar Ivask a Octavio Paz, 1 de enero de 1973, Norman, Oklahoma.

[4] Octavio Paz a Ivar Ivask, 7 de febrero de 1973, Ciudad de México.

[5] William Riggan, “The 1982 jurors and their candidates for the Neustadt International Prize for Literature” en World Literature Today, otoño de 1981, volumen 55, número 4, p. 629.

[6] Manuel Durán, "Remembering Octavio Paz", en World Literature Today, volumen 73, número 1 (invierno de 1999), pp. 101 a 103.

[7] Manuel Durán, “Octavio Paz: The poet as philosopher”, en World Literature Today, otoño de 1982, volumen 56, número 4, pp. 591 a 594.

[8] Jorge Guillén, “In homage to Octavio Paz, Neustadt Laureate”, en World Literature Today, otoño de 1982, volumen 56, número 4, p. 607.

[9] Octavio Paz, “Laureate's words of acceptance”, en World Literature Today, otoño de 1982, volumen 56, número 4, pp. 595 y 596.

[10] Ivar Ivask, “Shared laurel leaves: From Jorge Guillen to Octavio Paz” en World Literature Today, otoño de 1982, volumen 56, número 4, p. 589.

[11] “Paz, poet, wins Neustadt Literature Prize” en The New York Times, 27 de febrero de 1982, primera sección, p. 11.


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