En la mirada de otros

En la mirada de Sara Facio

Sara Facio

Año

1970

Lustros

1970-1974

 

Sara Facio, autorretrato 1968

Durante la década de los sesenta, Sara Facio (1932), fotógrafa argentina, decidió realizar una serie de sesiones de los escritores latinoamericanos más destacados en colaboración con Alicia D'Amico; el resultado final se publicó en el libro Retratos y autoretratos, 1974.

A Paz lo retrató en Cambridge en 1970. Los recuerdos de esta experiencia fueron tomados de La foto como pasión y Foto de escritor 1963/1973 [1]. (AGA)


 

Preámbulo

Facio tuvo que cruzar el Atlántico. Corrían los años 60 y con su ex compañera en la Escuela de Bellas Artes Alicia D'Amico, se propusieron retratar su ciudad, dando lugar al libro Buenos Aires, Buenos Aires. Era 1957 y por sugerencia de la editorial, la obra iba a ser prologada por un tal Julio Cortázar, quien sólo tenía un par de libros de cuentos publicados. "No lo conocíamos para nada, pero pronto nos dimos cuenta que había sido un regalo. Era la época en que este escritor nacía y luego Rayuela se convertiría en uno de los primeros best sellers reales de la literatura argentina".

Facio tenía que enviarle la maqueta del libro a Cortázar, que vivía en París. Sin embargo, decidió ir ella en persona. Cuando le mostró la fotografía en blanco y negro de un hombre sentado frente a una botillería, supo que había cautivado al escritor. "Se emocionó", cuenta Facio sobre un encuentro que selló con otra foto que hasta hoy está en el inconsciente colectivo. En ésta, Cortázar mira fijo a la cámara y de sus labios cuelga un cigarrillo. "Estaba en la plenitud de su vida. Era un hombre muy curioso, que iba al teatro, al cine, a los conciertos, que se leía todo lo que encontraba", afirma la fotógrafa con entusiasmo.

A Facio le gustó eso de leer a los autores que luego inmortalizaba con su Leica, así es que aprovechando que el autor de Bestiario la recomendó a otros escritores, ella se propuso retratar a escritores latinoamericanos.

Profesor en la Universidad de Cambridge, abril de 1970. Fotografía de Sara Facio y Alicia D'Amico


I

Era una época en que nuestros países vivían gobernados por dictadores y dictaduras, por lo que Julio nos abrió la puerta de muchos autores que estaban viviendo en París o en Londres. Estaba Octavio Paz, Carlos Fuentes y un muchacho encantador llamado Guillermo Cabrera Infante, al que habían echado recién de Cuba.

  

II

A mí me atrae mucho la gente de carácter, inteligente. Me parece que lo que mejor define a un ser humano es inteligencia. Es lo que marca la civilización. Me gusta estar con gente que sepa más que yo. Me aburre tener que explicar todo a la gente joven, o decirle cómo son las cosas, como tienen que ser. En cambio, siento una enorme atracción por la gente que tiene más mundo, más vida, más experiencia, o más talento.

Hay gente que no es tan culta pero igual tiene una manera de mirar el mundo por su talento, por su inteligencia natural, que te deslumbra. Eso me parece fascinante. Gente que a lo mejor no sabe quiénes son los antiguos griegos, pero que te hace un comentario, tan justo que ve también esos juegos intelectuales.

 

III

Los había leído a todos, pero personalmente no los conocía, salvo algunos argentinos. A Mujica Láinez sí, a Sábato también, éramos amigos. Con Mujica trabajábamos juntos en La Nación. No éramos compañeros, pero nos veíamos en el lugar de trabajo. Y con Sábato también éramos muy amigos. En la época que lo conocí estaba haciendo la película El Túnel, e iba a la filmación, pero a los otros, a los extranjeros, no los conocía. Los vi por primera vez en el momento en que hice las fotos, García Márquez, Vargas Llosa, Octavio Paz.

 
IV

[Mi encuentro con Octavio Paz se dio] en Cambridge. Era profesor en la Universidad. Estaba en un periodo contradictorio: por un lado, con una depresión muy grande por la matanza de los estudiantes en el 68. Él era embajador de México en la India, y creo, había renunciado por ese motivo y se había recluido en Cambridge. Uno de sus alumnos era Carlos, el príncipe de Inglaterra, el marido de Diana. Paz nos mostró toda la Universidad. Estuvimos todo el día con él. Por otro lado, estaba recién casado con su mujer francesa y eso lo mantenía en un estado de enamoramiento. Fuimos desde París sólo para hacer las fotos. Era muy agradable, muy simpático y muy atractivo.

Fue el último escritor de la lista a fotografiar para aquel primer libro sobre escritores. Era imposible ubicarlo. Gracias a Julio Cortázar [...]. Vivía frente al parque de la abadía con su mujer Marie José y una gata que había parido cuatro vástagos el mismo día de mi llegada.

Paz se mostró muy interesado por conocer detalles domésticos sobre cómo escribían los poetas que había fotografiado, especialmente Neruda. Quedó deslumbrado cuando le conté que escribió un poema a Violeta Parra en un viaje en auto desde la Isla Negra a Valparaíso. Que cuando llegamos a la casa, me lo dio para que lo pasara a máquina a las horas lo vinieron a buscar para publicarlo. 


V

[A Pablo Neruda] le escribimos varias cartas que nunca nos contestó, hasta que finalmente le enviamos la última avisándole que iríamos en una determinada fecha. Teníamos cartas de recomendación de Maria Elena Walsh y de Margarita Aguirre. Margarita había sido su secretaria, y Neruda adoraba a María Elena por ser tan joven y haber escrito ya poemas tan lindos. ¡La consideraba una niña mimada! Bueno, entonces tocamos el timbre (en realidad, era una campana) y el propio Neruda no se abrió la puerta. “¡Ah, las argentinas!”, dijo, y nos hizo pasar. Vivíamos en una pensión a dos cuadras, pero nos llamaba a cada rato. Por ejemplo, nos citaba para las tres de la tarde, “después de mi siesta”, y a la una llamaba preguntando: “Pero, ¿por qué tienen que comer solas? ¡Vengan a almorzar conmigo!”. Así pasaron cinco o seis días, hasta que decidió que nos instalamos en el cuarto de huéspedes su casa. Nos quedamos un mes entero, y fue una experiencia fascinante. Matilde, su mujer, un encanto. Y como Neruda era un personaje importante del Partido Comunista, constantemente recibía visita de todo tipo. Desde gente de gran actuación social como los embajadores la Repúblicas Socialistas de la Unión Soviética, hasta sus amigos más queridos, como Jorge Edwards o Antonio Skármeta, que en aquel momento era un muchacho periodista que adoraba a Pablo. Incluso, a veces, también aparecía Salvador Allende, antes de ser presiente de Chile. Fue el momento en el momento en que se unieron los socialistas con los comunistas. Todo resultaba apasionante. Neruda siempre no sorprendía. Un día decía: “¡Basta de Isla negra! ¡Nos vamos a Valparaíso!”, y con Matilde al volante, nos llevaba de viaje. Siempre recuerdo que escribía durante todo el camino. Bueno, Neruda escribía todo el tiempo. […] Octavio Paz se preguntaba cómo podía escribir en un auto. A veces como un poema entero. “¡Yo demoró tres meses en cambiar una palabra!”, se lamentaba Octavio, también Premio Nobel de Literatura. Son estilos. Paz podía pasar semanas enteras buscando el término apropiado.

 
VI

Cuando Octavio Paz ganó el Premio Nobel de Literatura, yo estaba en París. Tengo la mala costumbre de mirar la televisión sin sonido porque no aguanto los gritos. Miraba televisión y, de golpe, aparecen mis fotos de Octavio Paz. Así que pensé: “Lástima, se habrá muerto”. Al instante apareció el zócalo Prix Nobel y dije: “¡Ah, qué suerte!”. Y al otro día, en París, estaban mis fotos Octavio Paz, en todos los diarios, porque las tenía una agencia.



Sara Facio y Alicia D'Amico, Retratos y autoretratos, 1974




NOTAS

[1] Sara Facio, La foto como pasión. En diálogo con Guillermo Gasió y Mariana Docampo, Buenos Aires, Planeta, 2016. Edición digital y de https://www.latercera.com/noticia/llega-gran-muestra-de-sara-facio-la-fotografa-del-boom-latinoamericano/ y Sara Facio, Foto de escritor 1963/1973, Buenos Aires, La azotea, 2013.