Conversaciones y novedades

El camino de Cambridge

Luciano Concheiro

Año

1968

Tipología

Novedad

Lustros

1965-1969

 

Octavio Paz en Cambridge. Ha sido publicada gracias al permiso de The Master and Fellows of Churchill College

Tras abandonar la embajada de la India en señal de protesta por la represión del 2 de octubre, Octavio Paz vivió, acompañado por Marie Jo, varios años en el autoexilio.* Su histórica decisión causó natural descontento entre los adeptos al régimen y desencadenó de inmediato una acrimoniosa campaña en contra suya. Volver a México en aquel momento era, por decir lo menos, espinoso. Tiempo después, le explicaría a Julio Scherer:

No creí que fuese cuerdo volver al país inmediatamente. Aparte de la hostilidad gubernamental, me habría visto envuelto en querellas estériles y circunstanciales, lo mismo con el poder público que con la oposición. Decidí esperar un poco: era claro que la represión no podía prolongarse y que pronto se abrirían espacios libres que harían posible la crítica y el debate.[1]

Paz encontraría el refugio que necesitaba en tres universidades anglosajonas: Pittsburg, Texas (Austin) y Cambridge. En ellas se dedicaría a escribir, pero también a dar clases –práctica excepcional en su caso. Sería, como él mismo recalcaría en una entrevista tardía, su “primera y última experiencia universitaria”.[2]

La estancia en Cambridge terminaría siendo la más significativa de todas. No solamente fue la Universidad en la que permaneció más tiempo y en la última que residió antes de regresar a México en 1971, sino que ahí realizó el examen de conciencia que lo llevaría a decidir volver. En Cambridge, Paz se dio cuenta que tenía dos diálogos pendientes. El primero, con su madre: Josefina Lozano era mayor y quería acompañarla durante sus últimos años. El segundo, con su país: sentía que no podía abandonar a México en el momento crítico que vivía. Enclaustrado en la academia podría haber mantenido una vida cómoda y apacible, pero abandonar a su país le parecía una traición. En sus propias palabras: “Sí, en el extranjero habría podido escribir con más calma, pero abandonar a México en esas circunstancias hubiera sido, más que una evasión, una traición”.[3]

Hace poco tiempo, instigado por las tardes lluviosas y una conversación telefónica, decidí buscar rastros materiales del paso de Paz por Cambridge. Así descubrí, dispersos en un par de archivos, una serie de documentos relacionados con su estancia en esta Universidad.[4] Si bien, a excepción de un retrato y un par de postales, son esencialmente de índole administrativa, proporcionan información importante e iluminan varios elementos en torno a la figura de Paz durante esa época. Muestran, por un lado, el enorme prestigio que gozaba en el extranjero desde la década de los sesenta. Por otro lado, dan cuenta de la existencia de una eficaz red internacional de intelectuales constituida alrededor de él. Por último, prueban algo que resulta central para el recién resucitado debate sobre la renuncia de Paz a la Embajada en la India: la acción de Paz fue interpretada en el extranjero como una dura crítica al gobierno mexicano. Si se cambia la perspectiva de la discusión y, en lugar de centrarnos en las motivaciones e intenciones de Paz, analizamos los efectos de su decisión, resulta indiscutible que ésta fue una protesta histórica ante los hechos acaecidos el 2 de octubre en Tlatelolco.

Podemos suponer que Paz envió su carta de retiro y, de manera paralela, otras muchas pidiendo trabajo. Era 18 de octubre de 1968 y las cosas ya se estaban moviendo en Cambridge para encontrarle un puesto. Le había escrito al poeta Nathaniel Tarn expresándole su deseo de pasar algún tiempo en Inglaterra y preguntándole si alguna universidad lo podría emplear en temas de literatura hispánica o latinoamericana. Tarn, a su vez, informó a George Steiner del asunto. Fue él quien decidió interceder ante las autoridades de la Universidad de Cambridge.

Steiner procedió enviándole una carta a Sir William Hawthorne, afamado ingeniero y entonces Master del Churchill College, pidiéndole su apoyo para conseguir abrir un puesto en la Facultad de Letras Modernas para Paz. En su misiva, le explicaba que “tal y como la prensa ha revelado, Octavio Paz ha roto con su gobierno y renunciado a su Embajada debido a los tiroteos en la ciudad de México”. Más adelante, afirmaba: “Paz es, incuestionablemente, una de las tres o cuatro figuras más importantes de la literatura latinoamericana hoy en día, muy posiblemente a la par de Neruda y Borges. Sería un flamante logro si pudiésemos ser sus anfitriones”.

Sir William Hawthorne fue rápidamente persuadido y se comunicó con los directores de los departamentos o centros de investigación que pudieran estar interesados en acoger a Paz. En ninguno de ellos había vacantes. John Street, director del Centro de Estudios Latinoamericanos, sugirió una alternativa: que se le propusiera como candidato a la Cátedra Simón Bolívar, la cual había sido creada un año atrás por gestiones del gobierno venezolano y con capital donado por la compañía petrolera Shell con el propósito de estrechar las relaciones culturales entre el Reino Unido y América Latina.

Sin embargo, aquellos que buscaban que Paz se estableciera en la Universidad dudaron de la conveniencia de esta opción. Los candidatos de la Cátedra eran elegidos por un comité compuesto por académicos de Cambridge y el embajador de Venezuela en el Reino Unido. Temían que los venezolanos rechazaran su candidatura bajo el argumento de no querer ofender al gobierno mexicano apoyando a alguien que se había levantado en contra suya abiertamente al dejar la embajada que encabezaba.

Para sopesar la gravedad del asunto y ver cómo podían sortear esa dificultad,  consultaron a Sir John Walker, quien fungía como director general del Hispanic and Luso-Brazilian Council, y que por ende contaba con una visión privilegiada del ambiente intelectual y político latinoamericano. Walker contestaría contundentemente que Paz no era meramente una figura sobresaliente dentro de la cultura latinoamericana del momento, sino acaso la más importante de todas. Creía que era extraordinaria idea acercarlo a Inglaterra dado que sus relaciones con Europa hasta entonces habían estado alineadas con Francia.

Sobre el tema más delicado advertía que, efectivamente, Paz había renunciado al cargo de Embajador en protesta por la “actitud represiva del gobierno mexicano hacia los estudiantes universitarios”. Confesaba que le era difícil emitir una opinión sobre la actitud que podrían tener los venezolanos frente a Paz porque, aunque era posible que no quisieran “ofender al gobierno mexicano apoyando la candidatura de alguien que se había puesto en contra suya”, podían considerar que su posición intelectual “debería trascender consideraciones de este tipo”. Cerraba proponiendo que ésta fuera la visión de los británicos que estuvieran dentro del comité de selección.

Todo parece indicar que al final se logró que la decisión sobre quién ocuparía la Cátedra fuera tomada al margen de los representantes del gobierno venezolano y que los méritos intelectuales de Paz pesaran más que cualquier posible tensión diplomática que pudiese surgir entre México y Venezuela. A principios de diciembre de 1968, Eric Ashby, la máxima autoridad administrativa de la Universidad de Cambridge en el momento, le ofrecería a Paz de manera confidencial y no oficial la Cátedra Simón Bolívar para el año académico 1969-1970. Sabemos que la candidatura de Paz se impuso sobre la de otros distinguidos candidatos: el también mexicano Victor Urquidi; los venezolanos Pedro Grases, Humberto Fernández Morán, Ignacio Iribarren Borges, José Antonio Mayobre, Arturo Uslar Pietri y Marcel Roche; el chileno Ricardo Krebs; el argentino Aldo Ferrer; y el brasileño Sérgio Buarque de Holanda.

Paz aceptaría prácticamente de inmediato la Cátedra Simón Bolívar. Pondría tan sólo una condición: que, en lugar de permanecer en Cambridge durante el año académico, es decir, de octubre a septiembre, lo pudiera hacer de enero a diciembre de 1970. Su petición le fue concedida: querían ser sus anfitriones a toda cosa.

Los documentos administrativos que encontré guardan silencio sobre lo que hizo Paz durante el año que pasó en Cambridge. Hay decenas de folios repletos de formalismos administrativos que terminan no diciendo nada. Solamente el Cambridge University Reporter, publicación en la cual se registran obsesivamente los sucesos de la Universidad, constata su presencia y proporciona nueva información: dio un par de cursos en la Facultad de Lenguas Modernas y Medievales durante tres trimestres. Los martes, a las once de la mañana, impartía “Poesía moderna hispanoamericana: postmodernismo, vanguardia y tendencias contemporáneas” y los miércoles, de cuatro a seis de la tarde, dirigía un seminario sobre poesía española e hispanoamericana.[5] En una conversación que tuvo lugar entonces, Paz comentó que sus alumnos sabían poco de literatura latinoamericana y que existía entre ellos un españolismo trasnochado.[6] No sabemos mucho más de esos cursos, aunque por sus títulos es fácil suponer que en ellos empezó a desarrollar lo que unos meses después expondría en sus Charles Eliot Norton Lectures de la Universidad de Harvard y que luego se publicarían como Los hijos del limo: del romanticismo a la vanguardia.

Tras la inmersión en los archivos de Cambridge, me convencí de que, al menos por ahora, la mejor fuente para acercarse al tiempo de Paz en Inglaterra sigue siendo El mono gramático, el enigmático poema que escribió mientras vivía ahí. Este libro, como sugirió Paz en algún lugar, puede ser leído como su despedida de la India y el inicio de un recorrido al encuentro de sí mismo. En el fondo, de eso trató su periodo de autoexilio en el árido mundo académico: un encuentro con el Octavio Paz combativo y polemista, el intensamente comprometido con la realidad de su país y al cual el salón de clases le quedaba chico.



NOTAS

* Este artículo está publicado originalmente en Literal magazine.

[1] “Tela de juicios” Entrevista con Julio Scherer (30 de septiembre de 1993) Obras completas. Miscelánea III. Entrevistas. México: Círculo de Lectores-Fondo de Cultura Económica, 2003. p. 554. 

[2] “Soy otro, soy muchos…”. Entrevista con Silvia Cherem S. Obras completas. Miscelánea III. Entrevistas. México: Círculo de Lectores-Fondo de Cultura Económica, 2003. p. 362.

[3]“Soy otro, soy muchos…”. Entrevista con Silvia Cherem S. Obras completas. Miscelánea III. Entrevistas. México: Círculo de Lectores-Fondo de Cultura Económica, 2003. p. 363.

[4] Los documentos se encuentran en los Cambridge University Archives (GB730 Box882A File 1, GB730 Box883 File 2) y en The Churchill Archives Centre (CCPH/1/6/1-65, CCAC/110/2/3, CCAC/110/21 box 54). 

[5] Cambridge University Reporter No. 4703. 15 abril 1971. Vol. C. No 30; Special 12, 15 abril 1971. Vol. CI, p. 35. 

[6] “Octavio Paz”. Entrevista de Rita Guibert (4 de octubre de 1970): Obras completas. Miscelánea III. Entrevistas. México: Círculo de Lectores-Fondo de Cultura Económica, 2003. p. 476.