Conversaciones y novedades

Cornelius Castoriadis y Octavio Paz: reflexionar sin desfallecer y vivir por la belleza

David Noria

Tipología

Conversación

 

Cornelius Castoriadis

I

Una de las amistades más importantes en la vida de Octavio Paz, por no decir la mayor, fue la del filósofo griego Kostas Papaioannou, once años menor que él. Entre muchas y reconocidas deudas, desde la fraternidad parisina en tiempos difíciles hasta el develamiento de la naturaleza burocrática de la URSS, la dialéctica hegeliana o el arte bizantino, Paz declaró: “Otro motivo de gratitud: Kostas me presentó a otro griego, Cornelius Castoriadis, que después sería mi amigo y al que todos debemos invaluables esclarecimientos en materia de filosofía y de política”.[1]

De acuerdo con la biografía Castoriadis. Una vida de François Dosse,[2] por lo menos desde 1978 Paz sostuvo correspondencia con Castoriadis. Como director de Vuelta, Paz le pidió permiso al filósofo para reproducir un artículo aparecido en la revista Libre:

Je viens de lire votre remarquable essai sur la découverte de l’imagination chez Aristote (Libre, 3). Je ne savais pas qu’Aristote avait précédé Kant et je suis passionné de connaître la suite de vos réflexions.[3]

[Acabo de leer su notable ensayo sobre el descubrimiento de la imaginación en Aristóteles (Libre, 3). No sabía que Aristóteles había precedido a Kant y estoy apasionado por conocer la continuación de sus reflexiones.]

Sobre el concepto de imaginación en Castoriadis, Paz escribiría en 1979:

Cornelius Castoriadis ha mostrado que en todas las culturas es posible discernir un nivel funcional y otro imaginario. Las cosas y las instituciones son funciones y medios; a través de ellas la sociedad realiza cientos de fines: alimentarse, autorregularse, reproducirse, vestirse, guerrear, comerciar. Al mismo tiempo, la sociedad se imagina a sí misma e imagina otros mundos. Así se retrata, se recrea, se rehace, y se sobrepasa: habla con ella misma y habla con lo desconocido. La sociedad crea imágenes del futuro o del otro mundo. Lo más notable es que, después, los hombres imitan esas imágenes. De este modo, la imaginación social es el agente de los cambios históricos. La sociedad es continuamente otra, se hace otra, diferente; al imaginarse, se inventa. La imaginación tiene un papel cardinal en la historia humana, aunque hasta ahora no se ha reconocido su importancia decisiva. El funcionalismo, que reduce la cultura a un mero instrumento social, y el marxismo, que la piensa como una mera superestructura de la economía, no son, estrictamente, teorías falsas sino insuficientes. No sólo se les escapan muchas cosas, sino que no ven esa característica central que destaca Castoriadis: la imaginación, la capacidad que la sociedad tiene de producir imágenes y, después, creer en aquello mismo que imagina. Todos los grandes proyectos de la historia humana son obras de la imaginación, encarnada en los actos de los hombres.[4]

Fruto de este reconocimiento, Paz publicaría en Vuelta catorce artículos de Castoriadis en los años sucesivos: “El régimen social ruso” (1979), “Hacia la tercera guerra” (1980), “Ante la guerra” (1981), “¿Qué Europa? ¿Qué amenazas? ¿Qué defensa?” (1983), “Institución de la sociedad y religión” (1984), “Transformación social y creación cultural” (1987), “Los intelectuales y la historia” (1987), “El interludio de Gorbachev” (1988), “La revolución ante los teólogos” (1990), “El deterioro de Occidente” (1992), “El taparrabos de la ética” (1993), “La democracia ateniense y sus interpretaciones” (1944), “La cultura en una sociedad democrática” (1995) y “La democracia como procedimiento y como régimen” (1995).[5]


II

El amigo común, Kostas Papaioannou (con quien Castoriadis había dejado Grecia en el mismo barco, el Mataroa, en las postrimerías de la Segunda Guerra) cayó enfermo en 1981. Paz, que entonces se encontraba de viaje en París con su mujer, lo visitó en el hospital, donde se auguraba una recuperación. Por carta, Castoriadis lo mantuvo al tanto: “Kostas está muy disminuido pero conserva intacto el ánimo y clara la mente”[6]. Pero el autor de La ideología fría murió el 18 de noviembre de ese mismo año.


Kostas Papaioannou y Octavio Paz en Nueva Delhi, 1966. Fotografía: Marie José Paz, OP, OC, t. 9

Al poco tiempo Castoriadis le escribía a Paz una carta fechada el 28 de agosto de 1982 donde ya aparece el interés por la obra del poeta:

En lisant L’Arc et la Lyre, j’ai été plus que frappé par la proximité de ce que nous disons l’un et l’autre ; je regrette de ne pas l’avoir lu plus tôt, je t’aurais abondamment cité dans L’institution imaginaire de la société.[7]

(Leyendo El Arco y la Lira he estado más que asombrado por la proximidad de lo que decimos el uno y el otro; lamento no haberlo leído antes, te hubiera citado abundantemente en La institución imaginaria de la sociedad.)

No es casualidad que este libro haya resonado en Castoriadis. Paz había llegado a la idea de que la poesía moderna colindaba con los dominios de la religión y aún luchaba contra ella por hacerse de lo sagrado o, mejor, por “crear un nuevo sagrado”, existente en latencia en la vastedad del inconsciente.

El hombre moderno –escribe Paz– ha descubierto modos de pensar y de sentir que no están lejos de lo que llamamos la parte nocturna de nuestro ser. […] Freud descubrió que no bastaba con ignorar la vida inconsciente para hacerla desaparecer. […] Juzgo que la poesía y la religión brotan de la misma fuente.[8]

Por su parte, Castoriadis se había acercado con intensidad a la obra de Freud desde finales de los años sesenta, al punto que él mismo devino psicoanalista. Su noción de creación (que en griego, recordemos, es poiesis) estaba pues íntimamente ligada a la reflexión sobre el inconsciente. En sus términos, la creación (vale, la poesía) brota también del Sin-Fondo, del Caos, lo que equivale a decir que en última instancia no tiene explicación y no es captable por la lógica conjuntista-identitaria. La poesía, en el individuo, y la institución de cada sociedad, en la historia, son creaciones erigidas sobre el Caos, vacío sagrado y terrible para el hombre.

Por otra parte hay que recordar que El arco y la lira tenía de suyo un cierto trasfondo helénico que Paz le confió a Alfonso Reyes en carta fechada en Nueva Delhi el 13 de mayo de 1952, donde también le agradecía el envío de su traducción de la primera parte de la Ilíada: “Lo escribí el año pasado –una primera versión garrapateada junto al mar– en Córcega. (ahí sentí la nostalgia de lo griego.) […] Gracias, de nuevo, por la Ilíada.”[9]


III

Paz y Castoriadis se frecuentaron a lo largo de los años. Coincidieron, por el ejemplo, en 1987 en el Congreso de Valencia (cincuenta años después de aquel II Congreso Internacional de Escritores Antifascistas de 1937, al que el joven Paz acudió con la delegación mexicana). En este Congreso Paz fue nombrado presidente honorario y ofreció el discurso de inauguración. Por su parte, Castoriadis participó en la mesa sobre los intelectuales y la historia. “Un americano desde el público –recuerda Roger Bartra– incendió las cosas al reprocharles que no criticasen al imperialismo de Estados Unidos. Semprún le explicó las diferencias entre la URSS stalinista y los EU. Marta Frayde, exiliada cubana, habló de la represión en Cuba. Castoriadis se irritó y preguntó por qué intelectuales que debían ser luminarias acababan a veces como apólogos de la tiranía.”[10]


Octavio Paz y Cornelius Castoriadis en Valencia, 1987. Fotografía: Andrés Castillo

Pero acaso el primer diálogo público conocido entre Paz y Castoriadis haya sido el que sostuvieron un año después en compañía del propio Jorge Semprún y Carlos Barral en la Feria del Libro de Aix-en-Provence (dedicada ese año a la obra de Paz), el 4 de junio de 1988.[11]

Allí Castoriadis caracterizó la especificidad y la importancia del escritor laico en las sociedades democráticas a partir de esta definición de Paz: “Concibo la literatura como un diálogo con el mundo, con el lector y conmigo mismo –y el diálogo es lo contrario del ruido que nos niega y del silencio que nos ignora–. Siempre he pensado que el poeta no es sólo el que habla sino también el que oye.” A diferencia del escriba de la Revelación (Isaías, Jeremías o Pablo) que no viene a escuchar sino a decir –reflexionó Castoriadis– el escritor laico, “poeta, filósofo, o incluso historiador, sacude las certezas instituidas” y “es aquel que recuerda a los hombres que viven sobre el abismo, y no trata de ocultarlo con esperanzas vanas y falsas promesas”. Como escritores representativos del primer movimiento democrático evocó a Arquíloco, Esquilo y Sófocles y, “después de la larga noche acaecida entre el siglo IV y el siglo XII”, a Cervantes, Rabelais, Montaigne, Francis Bacon y Shakespeare, quienes, según Castoriadis, tuvieron su condición de posibilidad gracias a ese segundo movimiento de emancipación iniciado en Europa con el Renacimiento. Y puesto que la democracia (entendida en su sentido profundo, ontológico) es el régimen de las opiniones y de la crítica, el escritor, al exponer la suya, “participa esencialmente en la instauración de la democracia”, y añadió:

No podemos pedir que el escritor sea un militante político, pero tenemos derecho a esperar que esté dentro de su tiempo, que escuche la historia mientras se va haciendo y a sus contemporáneos, y que les hable de aquello que les preocupa, y que cuestione los envites más graves. Es lo que Octavio Paz ha sabido hacer tantas veces de un modo sorprendentemente justo”.[12]


IV

El segundo diálogo público, en la ciudad de México, ocurrió “en vivo” en la televisada noche del jueves 30 de agosto de 1990 en el Encuentro Vuelta “El Siglo XX: La experiencia de la libertad”. Cuando Mario Vargas Llosa acuñó la expresión “dictadura perfecta” para tipificar al México priista e insinuó que el propio Encuentro era un sutil “soborno” del régimen a los intelectuales (“espero no parecer muy inelegante por lo que voy a decir” advirtió), allí, sentado a la derecha del anfitrión y ahora aludido Octavio Paz, estaba Cornelius Castoriadis. El episodio es conocido. Paz se apresuró a rectificar la “imprecisión”. En México, a diferencia de los países de América del sur, no había habido dictadura sino “dominación hegemónica de un partido”. Entre irónico y directo, Castoriadis añadió después de Paz: “Quisiera decirle amistosamente a mi muy estimado Mario Vargas Llosa que ha olvidado un poco a sus clásicos, ya que, como decía Lenin: ‘La dictadura es un poder que no está limitado por ninguna ley’. No creo que éste haya sido el caso de México”.[13]

Hasta aquí lo que se vio por televisión abierta, “en horario triple A”, en un programa que contra todo pronóstico rompió ratings en una cadena dedicada a la telenovelas. Lo que ocurrió tras bambalinas fue detallado en la revista Proceso del 8 de septiembre de ese año en el artículo “Desencuentro en el Encuentro de Intelectuales”, donde se precisó que al término del debate en los estudios de Televisa San Ángel los participantes “y algunas esposas de los conferencistas, no más de 30 en total” pasaron a un salón lateral para el coctel:

En ese lugar, Cornelius Castoriadis se dirigió en francés a Vargas Llosa e insistió en sus críticas a la “concepción decimonónica de la propiedad privada” que en su opinión defiende el escritor peruano. Castoriadis le explicó nuevamente que la propiedad privada no es el propietario en pequeño sino los grandes consorcios como la Ford o la Mitsubishi.[14]

Naturalmente, estos grandes consorcios representaban para Castoriadis una nota dominante a la vez palpable y anónima del capitalismo, esto es, en sus propios términos, del “imaginario de la producción y el consumo ilimitados” con sus concomitancias de banalidad, privatización de los individuos y destrucción ecológica que –aunque parte de un sistema menos abyecto que el régimen comunista– resultaban sin duda inaceptable para alguien que, como él, no claudicó nunca su crítica violenta a las “oligarquías liberales”.

Un día antes, el 29 de agosto de ese 1990, Castoriadis había sostenido un diálogo con profesores y estudiantes en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM donde fue explícito en su crítica:

¿Qué ocurre en tal régimen liberal respecto del poder? Esto es bien sabido: existen mecanismos reales, sociológicos, que hacen que una oligarquía detente y ejerza el poder. Es evidente, desde todos los puntos de vista, que es preferible, no sólo subjetiva sino también políticamente, vivir en un régimen de oligarquía liberal, que en un régimen totalitario. Pero esto no resuelve la cuestión política, aunque así quieran determinarlo aquellas personas que hoy, luego del derrumbe del totalitarismo comunista, nos dicen que está claro que el problema ha sido liquidado de una buena vez y que tenemos a la vista el modelo: tal paradigma es la oligarquía (aunque no la llamen así, sino “democracia”), es el capitalismo (al que llaman “mercado”). ¿Y cuál es la implicación? Que la historia de la humanidad ha terminado y tenemos la forma más perfecta que humanamente puede realizarse. Pienso que esto es falso, y hay que decir las cosas tal como son: en un régimen en el que el poder efectivo corresponde a una oligarquía, no hay verdadera igualdad política y, en consecuencia, tampoco existe verdadera libertad. A lo sumo, hay una protección negativa de la estrecha esfera de la vida del individuo.[15]

En este diálogo un asistente cuestionó a Castoriadis por participar en el Encuentro Vuelta, auspiciado –agregó como advirtiéndole– “por el monopolio de la comunicación en México”. Castoriadis respondió llanamente que era una buena oportunidad para comunicar sus ideas a un gran público. No se equivocaba. Después del episodio (nunca mejor dicho) de la dictadura perfecta –recordaría Jorge Edwards– Televisa “entusiasmada con el éxito de estos programas, había decidido trasladar la mesa redonda final al canal 2, el de mayor audiencia”.


Vuelta, núm. 93, agosto 1984


V

En carta del 30 de junio de 1991 Castoriadis le escribió a su amigo Pierre Lanneret alias Camille, viejo camarada de Socialismo o Barbarie:

Je ne sais pas ce qui s’est passé avec Fuentes, mais je considère Marquez comme une ordure et je ne pleurerai pas sur lui. Je ne suis pas d’accord, évidemment, avec la “ligne” de Paz parce qu’il s’est rebattu sur une “réformisme” qu’il croit que Salinas peut réaliser. Je te ferai remarquer que tous les “gauchistes” si sévères ferment leur gueule maintenant sur les charniers sandinistes au Nicaragua.[16]

(No sé qué ha pasado con Fuentes, pero considero a Márquez una basura y no me lamentaré más por él. Yo no estoy de acuerdo, evidentemente, con la “línea” de Paz porque él se ha trillado sobre un “reformismo” que él cree que Salinas puede realizar. Te haré notar que actualmente todos los “izquierdistas” severos cierran la boca ante las carnicerías sandinistas en Nicaragua.)

El tiempo de Castoriadis en México y Latinoamérica era el destiempo de una reflexión crítica difícil de entender en nuestro medio. Cuenta Julián Meza respecto de una temprana visita de Castoriadis a México en los años ochenta:

Cuando invité a Castoriadis le advertí que si en Europa los marxismos empezaban a ser cosa del pasado, en México no era así. No me creyó y su sorpresa fue mayúscula cuando enfrentó la crítica visceral de comunistas, trostkistas, maoístas y otros ejemplares del pleistoceno, que en México aún hoy no se han extinguido del todo.[17]

Cuando vino a México en los ochenta, les pareció muy de derecha a nuestros comunistas. Cuando regresó en los noventa, parecía demasiado de izquierda para nuestros liberales. En 1997, incluso, se pronunció sobre el Ejército Zapatista de Liberación Nacional:

No tengo mucha información en relación al movimiento armado en Chiapas, pero lo que alcanzo a comprender es que se trata de un movimiento que no reivindica el socialismo como guía de acción y como proyecto revolucionario –lo cual me parece correcto en la medida en que el marxismo contiene una visión reduccionista y determinista del mundo–, sino como un proyecto étnico liberador en la búsqueda de la justicia social y la autonomía. Si esto es así, el zapatismo armado vendría a formar parte de las numerosas formas de resistencia que se dan en el mundo occidental como parte del conflicto inherente a las sociedades históricas y modernas. […] Creo que el caso de Chiapas es representativo de numerosos países del mundo. Chiapas nos obliga a preguntarnos por qué nuestras sociedades marchan al abismo en medio del control del conflicto social y de la conciencia individual. Hoy, tal vez lo que tenemos son nuevas formas de control y de poder y nuevas formas de la resistencia, entre las que debemos destacar el conflicto chiapaneco. En Chiapas se conjugan, de manera evidente, numerosos símbolos mundiales creados de manera imaginaria en los últimos años: el símbolo cultural étnico que resurge de la muerte y el olvido; la afirmación de la mujer negada como símbolo de emergencia; la participación de la sociedad civil —no sólo mexicana sino amplia e internacionalizada— que normalmente se organiza en torno a problemas públicos límite como es en este caso la negociación de la paz con justicia y dignidad; la religión instituida y en persecución, representada por un obispo al lado de los indígenas y de la teología de la liberación, etcétera.[18]


VI

Un tercer y último diálogo público entre Paz y Castoriadis ocurrió el 6 de junio de 1996 en una emisión radiofónica de France Culture. La ocasión era la publicación de los libros La montée de l’insignifiance (El ascenso de la insignificancia) del filósofo y la versión francesa de Itinerario del premio Nobel. Condujo el programa el escritor Alain Finkielkraut (hoy miembro de la Academia Francesa) y trazó un paralelismo introductorio: Paz y Castoriadis compartieron las grandes experiencias del siglo XX por haber participado o estado cerca respectivamente de la resistencia griega y de la guerra civil española y sobre todo por “no acompañar sus apasionadas denuncias de la política totalitaria con un elogio sin matices de las democracias modernas”.[19]

En este sentido, la conversación trató sobre lo que Paz llamaba el nihilismo de las sociedades modernas y Castoriadis la insignificancia:

C.C.– ¿Quién propaga el desierto? […] No hay conspiración del gran capital, no hay malvados particulares –incluso aunque haya malvados en abundancia, como vemos todos los días, incluso recientemente por lo demás en Francia…
O.P.– ¡Por todas partes!
C.C.– Por todas partes, sí, pero lo que hay es una especie de Niágara histórico; no hay conspiración, pero todo conspira en el sentido de que todo respira a la vez, todo respira en la misma dirección: la corrupción, que se ha vuelto sistémica; la autonomización de la evolución de la tecnociencia, que nadie controla; naturalmente, el mercado, la tendencia de la economía […]. […]
O.P.– Vivimos en una especie de espacio vacío en que la gran esperanza de los liberalismos clásicos, con la idea de progreso, y las esperanzas del marxismo se definen como un fracaso histórico grave. Lo importante, en mi opinión, será ver cómo se puede rehacer la sociedad humana. Al respecto Castoriadis ha dicho algo que considero importante. Ha hablado de sociedades heterónomas y sociedades autónomas. Se trata de una idea en discusión, pero muy fecunda. Él desearía, pues (como yo, como todo el mundo), eso que llama una sociedad autónoma, es decir, una sociedad fundada por ella misma y consciente de que la fundadora es ella misma, y no un agente externo, un dios, una idea…
C.C.– …O las leyes de la historia…[20]


VII

Consciente de que el problema de la democracia en nuestros países había sido tratado desde un punto de vista meramente materialista, “sistémico” o procedimental, Paz remitió a la reflexión de Castoriadis para complejizar y aclarar a un tiempo esta cuestión:

Durante más de un siglo América Latina ha vivido entre el desorden y la tiranía, la violencia anárquica y el despotismo. Se ha querido explicar la persistencia de estos males por la ausencia de las clases sociales y de las estructuras económicas que hicieron posible la democracia en Europa y en los Estados Unidos. Es cierto: hemos carecido de burguesías realmente modernas, la clase media ha sido débil y poco numerosa, el proletariado es reciente. Pero la democracia no es simplemente el resultado de las condiciones sociales y económicas inherentes al capitalismo y a la Revolución industrial. Castoriadis ha mostrado que la democracia es una verdadera creación política, es decir, un conjunto de ideas, instituciones y prácticas que constituyen una invención colectiva. La democracia ha sido inventada dos veces, una en Grecia y otra en Occidente. En ambos casos ha nacido de la conjunción entre las teorías e ideas de varias generaciones y las acciones de distintos grupos y clases, como la burguesía, el proletariado y otros segmentos sociales. La democracia no es una superestructura: es una creación popular. Además, es la condición, el fundamento de la civilización moderna. De ahí que, entre las causas sociales y económicas que se citan para explicar los fracasos de las democracias latinoamericanas, sea necesario añadir […]: la falta de una corriente intelectual crítica y moderna.[21]

Sin embargo, la distinción fundamental para Castoriadis entre democracia representativa y democracia directa, no tuvo eco en Paz, quien acaso en este punto era escéptico en relación a nuestro medio tomando en consideración, como él mismo lo dice, “la inercia y la pasividad, esa inmensa masa de opiniones, hábitos, creencias, rutinas, convicciones, ideas heredadas y usos”, es decir, nuestras costumbres. Es sintomático que en México prácticamente no se ha hablado de democracia directa, aún entre nuestros “politólogos” profesionales, atrapados todavía en dilemas anacrónicos como “izquierdas-derechas” y, sobre todo, encerrados imaginariamente en los paradigmas “Estado”, “nación”, “progreso”, etc. Algo he apuntado sobre el tema.[22]


Vuelta, núm., 227, octubre 1995


VIII

Más que vidas paralelas: la historia de nuestro tiempo encarnada en dos hombres de manera asombrosamente similar. Ambos nacidos en países a la vez periféricos y cargados de historia, Castoriadis fue bautizado en la iglesia cristiana ortodoxa, Paz en la católica; el joven Paz estuvo cerca de los círculos comunistas y ejerció la poesía comprometida, el joven Castoriadis fue militante, sucesivamente, del comunismo y del trostkismo; ambos salieron de sus países alrededor de sus treinta años, Paz para habitar en el extranjero por más de una década, Castoriadis para radicarse definitivamente en Francia. Además del temprano interés marxista con su ideal emancipador, cultivaron lecturas modernas similares: especialmente Freud y Lévi-Strauss, a los que dieron un importante lugar en su reflexión. Pero la ruptura y la denuncia del comunismo y sus avatares, sin resignarse por ello al mundo capitalista, es acaso el símbolo por excelencia que los une. En otro sentido, si Paz mató a su padre dos veces, según la inquietante intuición de Adolfo Castañón: a su padre el revolucionario y a su abuelo el liberal, para albergar, en sentido profundo, un talante crítico y creador, no lejano de un ethos anarquista, Castoriadis por su parte vio, precisamente, que marxismo y liberalismo son dos lados de la misma estrecha moneda; en otro sentido no aceptó nunca la autoridad incuestionable de prácticamente nadie y lo mismo juzgó por su cuenta los textos de Aristóteles, Marx y Freud que, en persona, a Sartre, Lacan, los posestructuralistas, e incluso a Lefort y Lyotard, un día sus colegas. Ambos, por su postura abiertamente combatiente y agonística –por su excelencia–, resultaban incómodos y ganaban antipatías (lo contrario es también cierto), acaso sabiendo que eso era, de un modo u otro, lo que necesariamente tenían que propiciar, pues el ejercicio de la potencia individual, la falta de gregarismo del intelecto, son precisamente los valores emancipadores, libertarios y aún, democráticos. La democracia no está peleada con la aristocracia del espíritu. Entre ellos en verdad, como decía Aristóteles, hubo una “amistad de iguales”.

Tras la muerte de Castoriadis el 27 de diciembre de 1997, Paz escribió:

Cornelius Castoriadis vient de mourir à Paris. Il possédait un esprit philosophique singulier qui, à la variété de ses intérêts intellectuels, alliait l’universalité de la pensée.
Sa personnalité convoque l’image de l’éclair, un éclair qui à tous ses amis nous éblouissait par son implacable logique, la certitude de ses intuitions et l’audace de ses déductions. Outre ces qualités intellectuelles et morales, son amour pour l’art, les mathématiques et la littérature le distinguait. Il avait un esprit généreux, complet dans tous les sens du terme. Dès que je le connus, l’éclat de son intelligence et la force de son raisonnement n’ont jamais cessé de me surprendre. Et aujourd’hui, face à sa mort je ne puis m’empêcher de m’étonner une fois de plus de ses deux qualités contradictoires : l’enthousiasme et la sobriété, qui évoquent d’une part les romantiques et, de l’autre, les classiques.
Il sera difficile de se résigner à l’absence de Cornelius Castoriadis,
Octavio Paz[23]

[Cornelius Castoriadis acaba de morir en París. Él poseía un espíritu filosófico singular que unía, a la variedad de sus intereses intelectuales, la universalidad de su pensamiento.
Su personalidad evoca la imagen del relámpago, un relámpago que a todos sus amigos nos deslumbraba por su lógica implacable, la certeza de sus intuiciones y la audacia de sus deducciones.
Además de sus cualidades intelectuales y morales, lo distinguía su amor por el arte, las matemáticas y la literatura. Tenía un espíritu generoso, completo en todo el sentido del término. Desde que lo conocí, el brillo de su inteligencia y la fuerza de su razonamiento jamás dejaron de sorprenderme. Y hoy, de cara a su muerte, no puedo evitar volver a sorprenderme por sus dos cualidades contradictorias: el entusiasmo y la sobriedad, que evocan de un lado a los románticos y, del otro, a los clásicos.
Será difícil resignarse a la ausencia de Cornelius Castoriadis.
Octavio Paz]



NOTAS

[1] Paz escribió: “Si un hombre ha merecido, entre los que he tratado, el nombre de amigo, en el sentido que daban los filósofos antiguos a esta palabra, ese hombre fue Kostas Papaioannou.” Octavio Paz, Obras completas, t. 2, Fondo de Cultura Económica, México, 1994, p. 403. Y añadió en otro lado: “Conocí a Kostas Papaioannou en 1946. Era menor que yo pero mi deuda intelectual con él es mayor que nuestra diferencia de edades. […] Su vitalidad era tan grande como su saber; su inteligencia vasta y profunda, aunque amante, por su misma amplitud, de bifurcaciones que demoraban indefinidamente la conclusión; su cordialidad, la de la mesa del mantel inmaculado, con la jarra de vino, el pan y los frutos solares¸ era jovial y era sarcástico; había guardado intacta la doble capacidad de admirar y de indignarse. Octavio, Paz, Itinerario, Fondo de Cultura Económica, México, 1993, p. 91- 92; Octavio Paz, Obras Completas, t. 9, Fondo de Cultura Económica, México, 1995, p. 41.

[2] David Noria, “Castoriadis: biografía de un viejo conocido” en Letras Libres, núm. 250, octubre 2019, pp. 72-73.

[3] François Dosse, Castoriadis. Une vie, La découvert, Paris, 2014, p. 459.

[4] Octavio Paz, “Televisión: cultura y diversidad” en Obras completas, t. 10, Fondo de Cultura Económica, México, 1996, p. 652.

[5] Vuelta. Índice de los números 1-127. Noviembre de 1977 a diciembre de 1994. Volúmenes I-XVIII, Vuelta, México, 1995, p. 77. Ver también “Hemeroteca” de Letras Libres.

[6] Paz, Obras completas, t. 2, op. cit., p. 405.

[7] Dosse, Castoriadis..., op. cit., 459-460.

[8] Octavio Paz, El arco y la lira, Fondo de Cultura Económica, México, 1967, pp. 117-118.

[9] Octavio Paz-Alfonso Reyes “Cartas cruzadas” en Vuelta, no. 257, abril de 1998, p. 9; Octavio Paz, Obras completas, t. 1, Fondo de Cultura Económica, México, 1994, p. 535.

[10] Roger Bartra, “Paz en España” en Letras Libres, blog La jaula abierta, junio 1 de 2011.

[11] Participaron en esta edición de La Fête du Livre Jacques Dupin, Jorge Semprun, Florence Delay, Élisa Breton, Claude Esteban, Cornelius Castoriadis, Carlos Barral, Eugène Guillevic y Severo Sarduy. Agradezco esta información a José Luis Martínez y Hernández, entonces diplomático en Francia.

[12] Corenelius Castoriadis, “El escritor y la democracia” en Ventana al caos, Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 2008, pp. 81-98. Este reconocimiento sería a su vez retribuido por Paz: “La mejor y más sucinta definición de prudentia la ha dado recientemente Castoriadis: ‘facultad de orientarse en la historia’.” Octavio Paz, Obras completas, t. 9, op. cit., p. 297.

[13] Ángel Gilberto Adame, “Vuelta a la dictadura” en El Universal, 17 de agosto de 2019. Para ver el video del debate aquí.

[14] Armando Ponce y Gerardo Ochoa Sandy, “Desencuentro en el Encuentro de Intelectuales”, Proceso, 8 de septiembre de 1990.

[15] Enrique Hülsz Piccone (editor y traductor), Diálogo con Castoriadis. Diálogo que Cornelius Castoriadis sostuvo con la comunidad de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM el 29 de agosto de 1990, México, Colección Cuadernos de Jornadas. Facultad de Filosofía y Letras, Universidad Nacional Autónoma de México, 1993.

[16] Dosse, Castoriadis..., op. cit., p. 460.

[17] Y añade: “Su visita me sirvió para reconciliarme con Octavio Paz, del que por estúpida soberbia me había alejado un par de años atrás”. “Nota” de Julián Meza a su traducción del artículo de Edgar Morin, “Castoriadis, un titán del espíritu”, Vuelta, núm. 255, febrero de 1998, p. 38.

[18] Guillermo Díaz-Muñoz (comentarios y notas) “Visiones sobre el México finisecular. Conversación inédita con Cornelius Castoriadis”, Metapolítica, vol 5. núm. 18, pp. 11-21.

[19] Cornelius Castoriadis, La insignificancia y la imaginación. Diálogos con Daniel Mermet, Octavio Paz, Alain Finkielkraut, Jean-Luc Donnet, Francisco Varela y Alain Connes, Madrid, Trotta, 2002, p. 35.

[20] Idem, pp. 39-40, 52.

[21] Paz, Itinerarioop. cit., p. 80.

[22] David Noria, “Democracia ateniense y régimen político mexicano”, Este País, núm. 305, septiembre 2016.

[23]Condoléances d’Octavio Paz”.